lunes, 10 de septiembre de 2012

Ayer cumplimos un año en la casa nueva

Hace casi medio año que no he vuelto a escribir nada para el blog. Este año ha sido un año de muchos cambios y nuevos retos (que más que dificultades, las considero retos) que junto con el trabajo, fueron las “excusas perfectas” para alejarme del blog. Como muchos sabrán, me mudé a una nueva casa y justo ayer hemos cumplido un año viviendo en ella. 

De la casa vieja casi no hemos traído nada, y hemos tenido que empezar prácticamente desde cero, por ejemplo, comprar los artefactos eléctricos, algunos muebles, y un minucioso etcétera, por lo que los primeros meses no fue nada agradable para mí, puesto que tenía que ajustarme muchísimo y dejar de ir de shopping por esos meses (que aparte de la jardinería, es uno de mis “hobbies” favoritos). En la casa antigua hemos dejado muchas cosas, que nos traen muchos recuerdos tristes, sobre todo para mí, porque me recuerda a mi tía y la enfermedad con la que tuve que lidiar sola o las continuas peleas que existían, o al perrito que murió absurdamente después de 12 años de convivencia, o las llamadas amenazadoras que hacían a mi casa… en fin, felizmente o mejor dicho, gracias a dios, esto ya solo son recuerdos, recuerdos tristes, pero al fin y al cabo, solo recuerdos. 

Todos estos malos recuerdos tuvo un origen, que comenzó con una familia que, como nos dijo una persona que nos leyó las cartas: “son gente que con una mano reciben tu ayuda, pero con la otra te tiran piedras por la espalda”. Y si no fuera por los sueños que tuve, aquello que llaman “sensibilidad para lo que no se ve”, hubiera creído que eso que me dijo el tarotista era un cuento más de algún charlatán que quería sacarnos dinero. Pero la envidia existe y puede hacer mucho daño, incluso puede destruir a una familia. En mi casa teníamos dos butsudan (uno de mi papá y otro de mi oba materna), y al “parecer” (porque no quiero pecar de supersticiosa), cuidó a mi familia y a mi durante todo ese tiempo, pero cuando ya parecía que el daño ya estaba muy cerca de nosotros, mi papá o mi oba nos avisaba por medio de sueños “extraños”, en donde nos daban “pistas” sobre que iba a pasar o simplemente, se “aparecían” en los sueños y nos hablaban. Pero como se dice, hay que dar la vuelta a la página. 

Ya casi no me acuerdo de esos malos recuerdos. El lugar donde vivimos no será tan grande como la casa anterior, pero es más acogedor. Mi mamá se enfermaba frecuentemente en la casa anterior, pero desde que se mudó a la nueva casa, se siente mucho mejor. Será el cambio de clima o ambiente, será que nos hemos alejado de esas “malas vibras”. Qué será. 
Lo que si sé, es que la mudanza ha sido necesaria y la mejor decisión, no solo para mi tranquilidad sino especialmente para mi mamá. Con esta mudanza, todas aquellas “mentiras” salieron a la luz. Aquellas “mentiras” o aquellos pensamientos que creíamos que era lo correcto hacer, pero que en realidad solo contribuían a que “infláramos” más la nube de sueños o pensamientos egoístas que nos impedían avanzar hacia lo que era verdaderamente bueno, no solo para uno, sino para todos. El orgullo, el egoísmo o incluso lo miserable que puede llegar a ser una persona, todo quedo al descubierto. Y lo “miserable” va para esa gente que nos quiso hacer daño. 

Esta mudanza, no solo nos dio tranquilidad y bienestar físico; sino también fue un “pretexto” perfecto para llorar juntos, compartir nuestros sentimientos y perdonarnos por los errores que cada uno de nosotros, como familia, hemos cometido y sobre todo, comprendernos más. Y esto, nos ha hecho que nos unamos más. Solo falta una persona, que sigue viviendo en nuestra casa antigua, que será porque permanece en esa casa que aún no se da cuenta de lo que está perdiendo. 

En fin. En la casa nueva aún conservo una caja con las fotos, papeles, cartas, o como algunos la llaman “papeles viejos” que pertenecieron a mi oba, a mi tío y a mi papá. Tantas buenos recuerdos de aquellas épocas que hay para compartir pero tan poco tiempo (o a veces, ánimo) para hacer. En mi caso, me falta tiempo y, alguna que otra vez, ánimo. Pero felizmente, que mayormente es por tiempo. Trataré de continuar con la línea del blog, compartiendo sobre la historia, anécdotas de nuestros abuelos y muchos tantos temas que se relacionen con la inmigración japonesa hacia el Perú, pero esta oportunidad quise compartir con ustedes algo de mí. Algo que sirva como una “excusa”, quizás, para no seguir escribiendo. O quizás como una catarsis sobre algo muy personal. O simplemente, quizás, para que sepan que el blog sigue “vivo”. Quizás sea todo.

domingo, 4 de marzo de 2012

SOKUSHINBUTSU: EL ARTE DE LA MOMIFICACIÓN EN VIDA

Seguramente muchos de nosotros hemos escuchado hablar acerca de las momias. Pero no solamente me estoy refiriendo a aquellas que comúnmente hemos visto por la televisión, como aquellas llenas de vendajes blancos saliendo de alguna tumba egipcia (como la que hemos visto cuando niños por la televisión), sino aquellas más reales, como por ejemplo, como la momia Juanita encontrada en la década de los 90 en Arequipa (Perú), las momias de los monjes en Palermo (Italia) o las de Guanajuato en México.

En casi todo el mundo se han encontrado muchas momias, o mejor dicho, cuerpos de personas que han fallecido pero que han conservado intacto la mayor parte de su cuerpo, incluso hay algunas momias que conservan sus órganos internos incorruptos. ¿Y cómo es que han podido sobrevivir en el tiempo hasta nuestros días? “Muy sencillo”: Estas “momias” antes de serlos, fueron seres humanos que fallecieron pero sus cuerpos no se han podrido (para ser más explícitos). 

Estas muertes fueron como consecuencia de sacrificios realizados a los dioses o simplemente por causas naturales, pero que por medio de técnicas de preservación realizadas con el fin de convertirlos en deidades terrenales o por condiciones atmosféricas que facilitaron su conservación (por ejemplo, por encontrarse en lugares donde la temperatura no supera los menos 10 grados), lograron convertirse en momias.

El caso que me llama más la atención son las momias japonesas, llamadas momias Sokushinbutsu. Sokushinbutsu 即身仏 significa “convertirse en Buda estando vivo”, y aunque esta traducción de por sí ya suena algo extraño y hasta tétrico, suena aún más escalofriante saber cómo era este proceso.

La práctica del Sokushinbutsu empezó en el siglo 11 y fue traído desde China a Japón como parte de las costumbres tántricas de la escuela Budista Shingon, pero por lo bizarro de esta práctica, fue abolida en Japón en el siglo 19. Se estima que muchos intentaron esta práctica, en su deseo por alcanzar la iluminación espiritual, pero solamente lo lograron 28 monjes, es decir, solo 28 monjes lograron convertirse en momias, mientras que los otros, se convirtieron en simples cadáveres terrenales, pero que fueron sepultados con veneración por el sacrificio realizado. 

Se dice que con este sacrificio se pretendía aliviar la furia de los dioses y evitar desgracias en el pueblo. Por eso se cuenta que muchos aspirantes a Sokushinbutsu se arrancaron un ojo porque en ese tiempo había una enfermedad que afectaba la vista de los pobladores de esa zona.


Convertirse en un Sokushinbutsu o “Convertirse en Buda estando vivo” era un proceso muy doloroso para el que lo practicaba, puesto que tenía que someterse a una dieta muy rigurosa cuya única finalidad no era sobrevivir con una cantidad mínima de alimento, sino todo lo contrario, prepararlo para su propia momificación en vida.
imagen: http://www5f.biglobe.ne.jp/~syake-assi/newpage147.html

El monje debía de realizar tres etapas principales:
- En la primera etapa, que duraba unos 1000 días, en donde el monje cambiaba sus hábitos alimenticios por una completamente drástica, en donde eliminaba todo tipo de comida con excepción de semillas o frutos secos, con el fin de perder la mayor cantidad de grasa corporal, que es lo que facilitaría la descomposición del cuerpo, algo que se quiere evitar.

-En la segunda etapa, que duraba otros mil días, es cuando el monje se “alimenta” únicamente de raíces o corteza de pino y empezaban a tomar té de urushi, para eliminar sus fluidos corporales a través de la sudoración, la orina, o el vómito. Este té era bebido para hacer que el cuerpo se vuelva venenoso para las lombrices y otros parásitos propios del proceso de descomposición. Ya para esta etapa, el monje había perdido considerable masa muscular y había perdido casi todas sus fuerzas, pero aún conservaba las necesarias para dedicarlas en meditaciones y cánticos sagrados.

-En la tercera y última etapa, ya el monje siente intensos dolores físicos productos de la ingesta del venenoso té, y aquí es donde es enterrado vivo y pasa sus últimos días en una tumba preparada especialmente para él, con un tubo bambú para que entre el aire y así poder respirar y en donde puede reposar en posición de loto (sentado con las piernas cruzadas) y esperar la muerte. Todos los días debe de tocar una campana que se encontraba en la tumba para así avisar a los otros monjes que se encontraban en la superficie que aún estaba con vida.

Cuando ya no escuchaban la campana, retiraban el tubo de bambú y sellaban la tumba. Después de 1000 días, nuevamente la abrían para verificar que el cuerpo ha permanecido incorrupto, es decir, si el cuerpo se ha convertido en una momia.

En Japón, existen templos donde se puede ver a estos Sokushinbutsu, que ahora son adorados, pero que para muchos de nosotros, los de Occidente, sería algo incomprensible e interesante. Lo que me parece interesante, era el hecho que estos monjes aspirantes a Sokushinbutsu pudieron soportar tantos años aislados y en ese aislamiento, realizar esta práctica sabiendo que todo ese sacrificio era únicamente para preparar su propia muerte. 

Pienso que los mantras que recitaban y las largas horas que dedicaban para la meditación profunda durante todo el tiempo que duraba este proceso de “auto-momificación”, ayudaban a eliminar la ansiedad que podría provocar este auto-encierro. Y no solo creo que el grado de concentración que podían alcanzar estos monjes era tan alta que podría eliminar la ansiedad, sino que además, muchas personas afirman que el poder de la mente de estos monjes era tan poderosa que podía haber ayudado a la conclusión satisfactoria de este proceso, por ejemplo, ser capaz de elevar la temperatura corporal a tal grado que podían eliminar los fluidos corporales más rápidamente y así, evitar la descomposición posterior.

FUENTES:

http://www.sodahead.com/living/sokushinbutsu-the-art-of-self-mummification/question-2238437/
http://www5f.biglobe.ne.jp/~syake-assi/newpage147.html




lunes, 12 de diciembre de 2011

EL BUTSUDAN REALMENTE NOS CUIDÓ: DESPUÉS DE LA MUDANZA

Después de casi 2 meses vuelvo a postear algo nuevo. El tiempo es el peor tirano que puede haber y en mis pocos momentos libres, los he dedicado a descansar y resolver varios asuntos familiares pendientes.

No sé si será el último post que publique en este blog, el que me ha dado una oportunidad para compartir mis vivencias y también, muchos aspectos que muchos de nosotros desconocíamos acerca de la cultura japonesa (por ejemplo, los orígenes japoneses de Jesús o la misteriosa escritura de Okinawa, entre otros temas). Pero no solamente eso, sino que me dio la oportunidad de conocer a diferentes personas con quienes compartimos un mismo interés: reconstruir nuestra historia, es decir, nuestro pasado peruano-nikkei.

El hecho de mantener un blog es muy disciplinado, porque hay que tratar de publicar lo más frecuentemente posible en el blog y así mantener el interés por nuestro blog a nuestros seguidores. Pero, en mi caso y como pasa en la mayoría de bloggers, el blog solo es un pasatiempo ad-honorem, y hay que darle prioridad a una obligación mundana que es un "bien necesario": el trabajo, y que muchas veces (y como en mi caso como freelance), consume casi todo nuestro tiempo.

En fín, no quisiera dejar este blog abandonado y tal vez, dejar de postear sin decir nada, pero quisiera compartir con ustedes una vivencia que ha sido un cambio grande en mi vida y que seguramente, a muchos de nosotros nos ha pasado (o tal vez, a pocos de nosotros).

En un post anterior conté sobre el motivo por el cual mi familia y yo decidimos continuar teniendo un butsudan en casa y por un problema "ajeno" a nosotros, tuvimos que mudarnos a una casa nueva.

Mi casa anterior era grande, pero a pesar de la amplitud siempre era oscuro por dentro. Mi casa anterior tenía ventanas en todas partes, igual que en mi casa actual, pero siempre se sentía cargado (como si tuviera un aire enrarecido) el ambiente. Mi casa anterior, a pesar que la habíamos redecorado con muebles nuevos, siempre se veía triste y pobre. ¿Por qué? Muchas personas me dijeron lo mismo: tu casa está “cargada”. Mi casa anterior estaba cargada, no con los típicos "fantasmas" que te hacen "¡¡bu!!", sino cargada de envidia. "Envidia", una palabra que muchos conocemos, pero pocos saben que con la envidia ajena, también se puede destruir una familia. Una envidia que nace de unas personas que viven alrededor nuestro y que quisieron "destruirnos", pero no sabían que mi familia y yo contamos con la mejor protección de todo: el butsudan.

En el post anterior, comenté cómo a través de sueños, me advertían acerca de lo que esas personas "pensaban" sobre nosotros. En esa época fue que descubrí que tenía sensibilidad y que mi sexto sentido era mi mejor protección personal. Bueno, después de toda esa experiencia "paranormal" (y en donde el butsudan de mi papá también fue el principal protagonista), al fin encontramos la casa "elegida" y ya pudimos mudarnos.

Yo la llamo así, la casa elegida, porque mi hermano y yo tuvimos un sueño muy parecido antes de encontrar la casa. Ambos soñamos que estábamos caminando en una calle estrecha, con casas de solo dos pisos y nada de edificios. En mi sueño, veo esa misma calle estrecha, pero al final de ella, veo una casa blanca, con ventanas y puertas que se asemejaban mucho a un rostro (es decir, con los ojos y la boca y el tejado, que parecía sus cejas). Mi hermano, no vio esa casa, sino veía una cruz al final de esa calle. 

Recién vamos a cumplir un mes en la casa nueva, y en uno de esos trajines que hicimos de aquí para allá, mi hermano y yo regresamos en un taxi de noche y ya muy cerca de la casa, vimos que hay una calle paralela a la casa que "coincidentemente" se parecía mucho a la calle estrecha de nuestros sueños, y al final de esa calle, había una casa que sobresalía entre todas porque era la más grande y la que estaba al final de esa calle estrecha. Era blanca y tenía ventanas y un pequeño tejado que se parecía mucho a una cara. ¿Coincidencia? Al día siguiente, mi hermano y yo regresamos a esa calle, ya de día, y caminamos por toda esa calle y al final de esa calle, hay una iglesia. La iglesia que estaba representada por una cruz en el sueño de mi hermano. Nos quedamos sin palabras.

Ya en la casa elegida, ya nos hemos instalado y nos va bien. La casa tiene "nuevos aires", la sentimos más fresca, está más iluminada, y con los mismos muebles que habíamos usado en la casa anterior, la hemos decorado y aquí se ven más lindos. 

La parte triste de esta historia, es que si bien nos hemos mudado y sentimos ese cambio de ambiente y de personas, que era tan necesario, hemos perdido a dos seres muy queridos.
Uno de ellos no ha muerto, pero su enfermedad (a consecuencia de una extraña caída por las escaleras de la casa anterior), hace que no nos reconozca y sea totalmente dependiente. Y el otro ser querido, fue nuestro perrito. Un perrito que falleció con una extraña enfermedad y su muerte fue muy rápida. Primero estaba perdiendo la vista (como cualquier perrito de más de 10 años), y a pesar de eso, seguía siendo tan juguetón. A una semana de mudarnos, se cayó de las escaleras (seguramente, porque ya no podía ver muy bien) y ahí empezó su sufrimiento. Poco a poco se iba debilitando y tuvo una enfermedad muy extraña, según el veterinario, “un caso atípico”. Sus últimos días, la pasó entre sondas y tratamientos, pero al final, murió. Por esos mismos días, mi familiar (que es mi tía), se puso muy mal y ya no nos reconocía. 

A pesar de todo eso, no podíamos quedarnos un día más en esa casa, y nos mudamos el día que ya habíamos decidido. Los días pasaron y actualmente, estamos bien, como se dice, “la tranquilidad no tiene precio”. A mi tía (quien es la que vivía junto con mi familia y la que se cayó de las mismas escaleras desde donde se cayó mi perrito), tuvimos que internarla en una casa de reposo. La atienden muy bien, e incluso se ha hecho algunos “amigos” (pacientes con su misma enfermedad). Ayer la visitamos y la veíamos mucho mejor, está más atenta, más despierta y ya no tiene aquél extraño dolor (de la cual siempre se quejaba en la casa vieja).

Lo único triste es mi perrito, aquel que nos acompañó durante más de diez años, y que lo recogimos de la calle, enfermo y sin un hogar. Pero, después de consultar con varias personas, incluso con una yuta (guía espiritual o “chaman” okinawense), nos hemos dado cuenta que nuestro perrito “absorbió” lo malo de la casa (se dice que los animales y las plantas, así como los niños, son más sensibles que los adultos). Pero, las “coincidencias” abundan en nuestro caso que parece que fue por eso (puede ser que exista una explicación lógica a esto, pero hasta ahora, nadie puede explicarnos).

Hemos trasladado el butsudan, tanto de mi papá como de mi oba (uno de mi familia paterna, y el otro, materna) a la casa nueva. Llamamos a una yuta para que hiciera la misa (budista) y así, “pedir permiso” a mi papá y a mi oba para hacer el traslado, y ya en la casa nueva, junto con la yuta, armamos nuevamente el butsudan. Uno de los butsudan está en el comedor y el otro, en la sala.

Pero, por la falta de espacio y sobretodo, porque aún nos recomiendan que no tengamos dos butsudan en una misma casa, hemos conversado con una tía (hermana de mi mamá) para que cuide el butsudan de mi oba. Para eso, vamos a hacer otra misa y pronto enviaremos el ihai (tablita donde está escrito los nombres del difunto) hasta Japón.

Lo que si me gustaría mencionar, no sé si a manera de anécdota, es que nosotros ya sabemos, o mejor dicho, ya hemos experimentado eso que muchas personas nos dicen “el butsudan cuida”.
No solamente por los “accidentes” que hemos tenido, sino por lo que hemos sentido al regresar a la casa vieja sin los butsudan.

Como todo el proceso de la mudanza ha sido muy rápido, nos hemos olvidado varias cosas para la nueva casa, como ropa, algunos libros, etc.
Cuando hemos ido a la casa vieja últimamente, de solo entrar, sentía el ambiente demasiado cargado. No podía respirar y parecía que me estaba ahogando. Me dolía mucho la cabeza y esa tarde, al regresar a la casa nueva, no podía trabajar y me quedé descansando en la cama (tenía un fuerte dolor de estómago y náuseas).

Pensé que era porque no había comido nada y por eso me sentí mal, pero a la segunda vez que fuimos, mi hermano y yo nos sentimos mal nuevamente, y nos dolía nuevamente la cabeza. A pesar que las ventanas están abiertas, no sabemos por qué el ambiente está tan enrarecido.
Antes de esas dos visitas, cada vez que íbamos a la casa vieja, no sentíamos “casi” nada. Todo era “normal”. Antes de esas dos visitas, aún estaban los dos butsudan en la casa vieja.

Luego que hicimos el traslado de los butsudan, la sensación que sentimos en la casa vieja es la de “aire enrarecido”, “soledad”, “algo que no hay vida” (a pesar que aún vive un familiar), “tristeza”, “algo viejo”. Algo muy raro que nunca la habíamos sentido antes y ahora me pregunto, ¿cómo hemos podido vivir así tantos años? 

Coincidentemente, con los butsudan en casa, nunca hemos sentido eso, aún después de hacer la mudanza y vivir varios días en la casa nueva, y recién cuando ya no hay butsudan en la casa vieja, experimentamos esa desagradable sensación. ¿Será que realmente, el butsudan de mi papá o de mi oba nos había protegido?

lunes, 10 de octubre de 2011

UNA EXPERIENCIA QUE HIZO QUE CONTINUÁRAMOS CON LA TRADICIÓN DEL BUTSUDAN

El tema del butsudan es un tema muy complejo, porque conlleva a la práctica de rituales que son casi desconocidos así como su significado para mucho de nosotros que poseemos un butsudan en casa (y que somos sansei, yonsei, etc.).

Pero, ¿por qué, entonces, se sigue manteniendo una tradición que es propio del budismo si la mayoría somos católicos (o de otra religión que no sea budista)? Muchos dirán que es una tradición que “no podemos perder porque refuerza nuestra identidad japonesa”; pero hay otro grupo que aún conservan un butsudan en casa simplemente porque “quiero que me cuide”.
En mi caso (y en mi casa), pertenecemos a este último grupo, el de “quiero que me cuide” y no es por una simple creencia “a ciegas”, sino es por experiencia propia.

Muchos opinarán que es un tema de superstición, pero yo pregunto si creemos en la muerte, ¿por qué no creer entonces que lo sobrenatural si existe?
Por naturaleza, soy una persona muy desconfiada y siempre saco una conclusión lógica a algo aparentemente “paranormal”, pero lo que me ocurrió a mí y a mi familia el año pasado en vísperas de obon, es algo que no podemos explicar.

En un post anterior, he contado parte de esta experiencia y en donde publiqué una foto del butsudan de mi papá en donde aparece supuestamente una figura humana, pero consultando a un grupo especialista en Lima (Grupo Dharma), me dijeron que se puede explicar científicamente dicho fenómeno pero que no puede descartarse nada, especialmente si se ha sentido un ambiente “pesado” o “cargado”. Particularmente, yo sí creo que mi papá ha estado ahí presente. Por ejemplo, en mi casa tengo dos butsudan, en esas fechas especialmente, en el de mi oba la siento como vacía, como si fuera un mueble más, lo que podría significar que mi oba realmente está “descansando en paz”; en cambio, en el de mi papá, la siento “con más vida”, como si estuviera ahí presente y en el día que tomé la foto, eso se sintió con más fuerza. Esto es un ejemplo de lo que llamamos “sexto sentido” o tal vez, “sensibilidad”.

Pero esta es una experiencia que muchas otras personas también la han sentido, especialmente cuando el familiar recién ha fallecido, es decir, dentro de los 49 días (según la tradición japonesa y okinawense). Ellos dicen que han podido “sentir” a su mamá, por ejemplo, caminando por los pasadizos de la casa. Esto es lo que me contó un familiar lejano. Pero en mi caso, mi papá ya tiene más de 20 años de fallecido y ya debería de haber “descansado en paz” y no deberíamos sentirlo en la casa. Entonces, ¿qué pasa?

Mi familia es católica pero a la vez, cree en algunos preceptos del budismo y del “chamanismo” okinawense, por influencia mayormente de mi oba materna. Mi oba siempre decía que hay que confiar en los sueños, ya que éstos nos alertan de los peligros que están escondidos a simple vista (es decir, mi abuela ya hablaba en términos “paranormales”, pero a su manera, para decir que el subconsciente capta aquellos “mensajes ocultos” que está a nuestro alrededor pero que en estado de alerta no podemos “descifrarlos”, por así decirlo).

También, nos decía que si veíamos frecuentemente en sueños a nuestros parientes fallecidos debiamos de molestarnos con ellos en lugar de alegrarnos cuando nos despertáramos, especialmente si esos sueños se daban dentro de los 49 días, o incluso un poco más y si solo podíamos ver a ese pariente y a nadie más; porque no solo podía significar que extrañáramos a esa persona, sino que esta persona está intentando comunicarse con nosotros o que quiere “llevarnos” con ella. Por ejemplo, mi madre soñaba mucho con su padre recientemente fallecido cuando ella recién entraba a la adolescencia pero mi abuela decía que eso no era bueno; y en mi caso, yo he soñado con algo relacionado con mi papá (en donde yo con apenas 4 años soñé que subía unas escaleras blancas muy altas que iban hacia el cielo, pero al mirar hacia abajo, miré a mis tíos (con quienes me he llevado muy bien) que me llamaban y me pedían que no siguiera subiendo y ahí fue que me desperté y nunca más volví a tener ese sueño. 

La segunda y última vez que tuve un sueño similar, fue con mi tío (el mismo que me decía que no siguiera subiendo la escalera) quien a pocos meses de haber fallecido, soñaba mucho con él, sentados alrededor de una mesa circular en un cuarto completamente oscuro y me conversaba. Al despertarme, me sentía muy bien, no sé por qué. Después de eso, habrán pasado unos 6 años cuando volví a soñar con él, pero fue cuando estaba en Japón, un día antes de regresar a Perú, cuando soñé que estoy entrando al avión, y veo a lo lejos a mi tío que estaba sentado en un asiento cerca de la ventana y me llamaba con una mano, mientras, sonriente, tocaba el asiento del costado como diciendo “siéntate conmigo”. Esto sería un simple sueño, si no hubiera pasado que en el 2do avión que tomé para llegar a Lima, éste estaba casi lleno, menos dos asientos, justo los que estaban al costado de la ventana, y en donde me tocó sentarme al costado de la ventana mientras que el asiento del costado estaba vacío, mientras que alrededor mío, los asientos estaban ocupados. Para mí, creo que es una feliz coincidencia, porque sentí como si mi tío estuviera acompañándome en mi viaje de retorno a casa.

Regresando al tema del butsudan, a pesar que hemos tenido una fuerte influencia por parte de mi abuela sobre esta clase de temas, por la vida misma, tan ajetreada y cada vez más “moderna”, muchas veces hemos conversado sobre la posibilidad de no continuar con esta tradición, es decir, ni bien mi papá cumpla los 33 años de fallecido (el último aniversario y en donde se piensa que el alma ya ha llegado al cielo), “cerraríamos” el butsudan. Pero en mi casa pasó algo en el obón del año pasado que nos ha mostrado que realmente, como comúnmente se dice, el “butsudan cuida la casa”.

Conversé con parientes, amigos cercanos e incluso vecinos, que tienen un butsudan en casa y algunos que ya no lo tienen, pero consideran nuevamente continuar con la tradición. Conversando, pude darme cuenta que, en general, la gente conserva un butsudan por "temor a que si no cuido el butsudan cuando me corresponda, me puede castigar por ello” y en segundo lugar, “el butsudan me cuida”, muy aparte de lo que debería ser, es decir, “para continuar con la tradición”.

Unos me decían que por el hecho que no querían tener más el butsudan en casa (sea por espacio o tiempo para cuidarlo) se lo encargaron a otra persona y después de algún tiempo, ocurrieron una serie de accidentes o cosas muy negativas (enfermedades, pérdidas de trabajo o fallecimientos sin razón) para la persona que le correspondía tenerlo (por ejemplo, siempre lo debe tener, el primer hijo varón de la familia) y que relacionan todas esas con el butsudan. También, me decían que el butsudan les ha protegido y como si fuera una imagen de veneración, les ha pedido cosas materiales (por ejemplo, un nuevo trabajo) que se ha cumplido o que les ha protegido contra robos.

Lo que si es cierto, y lo he corroborado con algunos yuta, es que el butsudan en sí no castiga a nadie, es solo un altar que sirve para recordar y venerar a nuestros parientes fallecidos y ayudarlos, a través de oraciones o misas, a recorrer su transito hacia la Plenitud (igual como en el catolicismo y otras religiones). El hecho que pensemos que nos castiga si hacemos algo malo, es “solamente” que el butsudan nos protege, más bien, el pariente o parientes que allí dentro se encuentran, nos protegen contra los males o peligros a los que podemos estar expuestos, tal como lo harían si estuvieran vivos. Aquí también se dice, según la creencia okinawense (e incluso muchas de Occidente),que el hecho que aparezcan de pronto todos los males a la vez, se debe al año en que actualmente estamos (por ejemplo, el año funesto para el mono fue el año del tigre) o la maldad que puedan desearnos otras personas.

En mi caso, esto último fue lo que pasó el año pasado.
El año pasado, el 2010, fue el peor año de mi vida. Suena algo fatalista, pero a pesar de haber tenido pensamientos positivos, el año pasado no había concretado nada, ni en lo académico, ni en lo laboral ni mucho menos en lo económico.

Tenía muchos planes que quería cumplir, pero a diferencia de los años anteriores, no los pude cumplir, a pesar que me esforcé mucho en concretarlos. Habiendo terminado la universidad, quería seguir una especialidad y si eso no se concretaba, quería encontrar un buen trabajo, y si eso no se concretaba, quería encontrar al menos un trabajo; deseos propios de quien termina recién la universidad. Pero ninguno de esos planes se concretó. Hasta ahora no me puedo explicar que pasó, pero a pesar que mantenía buen ánimo ante un fracaso, éste ánimo poco a poco se iba extinguiendo, a medida que no lograba nada de nada. Habiendo llegado al último proyecto de mi “lista de metas para el 2010”, me di cuenta que simplemente tenia que encontrar un trabajo, sea bien remunerado o no, porque ya me daba cuenta que estaba perdiendo tiempo y no lograba nada. Ha pesar que había repartido mis hojas de vida (mis CVs, que para mí eran muy buenos, porque tenía buenos antecedentes académicos y laborales) a diestra y siniestra, no me llamaban de ningún lado y así pasó unos 6 meses (en ese tiempo, felizmente tenía el apoyo de mi familia, quienes no me apresuraban en mi búsqueda de trabajo).

Pensé que era el clásico “ahora no hay trabajo”, hasta que me di cuenta que había algo raro en todo esto (quién no se habrá preguntado alguna vez, “qué raro, nunca me ha pasado esto!”), y esto fue cuando tuve mi primer sueño. Soñé que se me caían mis dientes y que los escupía, lo cual nos hizo preocupar mucho, porque según mi oba, la caída de los dientes significaba muerte de alguien. A la siguiente noche, soñé que me daban tres ratas muertas sobre un plato de comida y luego, con perros negros que se comían entre sí. Y eso, mi mamá se preocupó aún más, porque recordó que mi oba decía que tanto ratas como perros negros significan enemigos ocultos.

Al día siguiente, llamamos al primer yuta (porque hemos consultado a dos en total) y después de leernos las cartas de Tarot, y leer el senko (a través del humo, puede ver siluetas de personas) nos dijo que yo tenía un enemigo oculto que me quería hacer daño.
Pero no solo eso, sino que además, el yuta nos dijo que ese mal deseo por parte de ese enemigo oculto, iba a afectar directamente a una tía que vive en mi casa. Textualmente dijo, “que después de dos meses de la celebración grande, que sea la más próxima, mi tía iba a morir”. Nos recomendó hacer unos rituales (hechos en mi casa pero la mayoría hechos por él y en su casa, por lo que no sé qué habrá hecho o qué no habrá hecho) para así evitar dicho desenlace infeliz, lo que según él, no era nada natural, sino provocado por aquella mala intención. No podíamos perder nada, excepto dinero para hacer eso, así que lo hicimos. 

Cumplimos con realizar todos los rituales y después de eso, nos olvidamos del tema. Cabe resaltar que ni bien comenzamos a hacer los rituales, mi situación laboral ya mostraba signos de mejoría. Tenía varias ofertas de trabajo de distintas empresas, todas muy tentadoras pero me quedé solo con una. ¿Coincidencia?

No solo eso, sino que mientras hacíamos los rituales, me “mostró” al enemigo oculto. Aquí no puedo decir que me mostró a un “supuesto enemigo”, porque al final descubrimos quien era ese enemigo oculto, quien incluso llegó a llamar a mi casa para amenazarme de manera anónima. Pero al final de toda esta historia, al increparle directamente de todos lo que ha hecho en mi casa (invasión de propiedad ajena, robo, injuria, etc.) , no soportó más y amenazó mi integridad física (está demás decir, que tuvimos que llamar a la policía a reportar dicha agresión). 

¿Y quién era ese enemigo oculto? Pues nada menos un “vecino” y su madre quien desde que nací me acuerdo que mi mamá siempre le regalaba comida o cualquier otra cosa, todo de buena intención.

Pero, ¿y por qué se convirtió en mi "enemigo oculto"? Simplemente, porque tenemos casi la misma edad y porque de pequeños hemos jugado juntos y al crecer cada uno a seguido su destino, aunque uno torcido y el otro derecho; y al parecer, ha crecido con resentimiento y envidia.

“Envidia”. Así es, “envidia” y existe y es real. Lo que esos “enemigos ocultos” hicieron fue lo que comúnmente se dice “mal de ojo” y cargaron mi casa con las peores intenciones y deseos. Y esos deseos se materializaron coincidentemente dos meses después del obón (la celebración “más grande” que en mi casa se celebra), cuando mi tía se cayó inexplicablemente del 2do piso. A pesar de la gran caída (del 2do piso y de cabeza) y de la edad (más de 80 años), no se hizo “nada”, solo unos raspones y moretones, pero ningún hueso roto (a pesar de tener una osteoporosis avanzada).

Los médicos que la atendieron no podían explicar el por qué no se hizo “nada”, porque podía haberse dislocado el cuello y quedarse paralítica o “sencillamente”, pudo fallecer en el acto.

Cuando pasó eso, mi familia y yo nos miramos asombrados. ¿Coincidencia?

Pero después de eso, al empezar el nuevo año, tuve otros sueños recurrentes simplemente horribles. Soñé con una caja de madera llena de agua, pero que tenía gusanos dentro y yo colocaba mis brazos en ella. Luego, soñé que había una bolsa de comida podrida en mi casa, a lo que yo seguía colocando basura en ella. Después de esto, empecé a “ver” en mis sueños, a una mujer que no veía muy bien su rostro, pero que siempre me acariciaba el brazo mientras dormía o me hablaba, todo esto, de una manera que no me asustaba, sino que sentía como si me estuviera cuidando.¿Habrá sido mi oba?

Definitivamente, estaba algo mal en mi casa, o conmigo, no sabía que pensar. Consultamos esta vez a otra yuta y también me leyó las cartas y me dijo que aún hay algo en mi casa que debo sacar, y claro, mencionó nuevamente al “enemigo oculto”.

¿Qué tenía que hacer? “simplemente”, hacer unos rituales y hacer una limpieza en la casa, con quema de incienso, frutas y otros “ingredientes”.

Al principio pensé que iba a hacer esos rituales medio “espectaculares” (en el sentido de hacer un teatro) como se ve en algunos chamanes, pero no fue así. Mientras hacia los rituales en mi casa, nos decía muchas cosas familiares que nunca habíamos comentado con nadie.
Al final, nos dijo que ya la casa estaba limpia. Y efectivamente, la casa ya no se sentía cargada, sino más acogedora. Y está más decir que en el plano laboral, al día siguiente ya pude ver las mejoras. Si con el otro yuta las cosas mejoraron, éstas eran muy lentas, pero con estos rituales y la limpieza, fueron sucediendo de manera más rápida. Todo esto pasó sin un ápice de exageración.

Pero, ¿en dónde se menciona al butsudan? Simplemente, el butsudan, mejor dicho, mi papá, fue quien a través de sueños hizo que nos diéramos cuenta de los peligros que nos rodeaba, porque todo comenzó a casi un mes del obón del 2010 y terminó, coincidentemente a un mes del obón pasado, justamente cuando empecé a sentir el butsudan de mi papá como algo "más especial", como si alguien estuviera allí.

No solamente yo, sino que mi hermano mayor, también tuvo sueños muy extraños en esa época e incluso hemos llegado a tener el mismo sueño (siempre relacionado con todo esto) en el mismo día. Es lo que llaman “sincronicidad”, algo extraño, puesto que no somos hermanos gemelos, sino que nos llevamos 8 años de diferencia. Y con esto, además, pude comprobar que mis sueños no eran lo que psicológicamente se definiría como los deseos reprimidos del inconsciente, sino,¿por qué también él los tendría? 

Hay dos sueños que me parecen muy simbólicos y que podrían demostrar que el butsudan “nos cuida”, sobretodo mi papá y mi tío. Mi hermano soñó con la yuta quien iba a limpiar la casa (esto fue antes que lo hiciera) y en donde vio a mi tío (el mismo del avión) que estaba protegiendo mi casa y colocaba galletas de arroz a la casa del “enemigo”, a manera de escudo o como para taparlo. Y el otro sueño, con mi papá, también fallecido, quien trancaba las puertas de la casa. Qué raro que sean los “hombres” la casa que estén protegiendo la casa (siempre lo han hecho estando en vida, y no sería raro que lo hicieran ya fallecidos).

Ahora, después esa experiencia tan “extraña” nos va bien, mientras que el “enemigo”, al parecer, no. Con toda esta experiencia, desde esa fecha hemos cambiado muchas cosas, que más adelante los podré contar. Y todo esto, a causa de unas personas a las que hemos ayudado, y como uno de los yuta nos dijeron: “con una mano te reciben la ayuda, pero con la otra, te tiran piedras cuando te volteas”. Pero no contaban que teníamos a alguien que nos cuidaría.

Por todo esto, ¿cómo podía dejar de continuar con el butsudan? Hay personas que sin ser budistas, tienen un altar en su casa, en donde “veneran” a algún familiar fallecido, colocando fotos y flores, y alguna que otra estampita o cruz. ¿Y cual sería la diferencia de llevar un butsudan con uno de estos altares? Pues, a mi parecer, el butsudan encierra una doble veneración(*): a la memoria del pariente fallecido y a la costumbre familiar que se practica desde muchos años atrás. Una costumbre que implica la práctica de ritos que son inherentes a nuestra cultura, en mi caso, la cultura okinawense, y que eran practicados por mis abuelos y cuya memoria sigue viva a través de estos ritos.
 
(*) Y para quienes piensen que esto es simple idolatría al decir "venerar", esto no es lo mismo que rendir culto, sino, que es rendir respeto por la memoria.



miércoles, 5 de octubre de 2011

EL NAMAZU: EL PEZ QUE PROVOCABA LOS TERREMOTOS

Últimamente han ocurrido una serie de terremotos en casi todo el mundo. La tierra se encuentra en constante evolución y no debe parecernos raro que existan esta clase de fenómeno natural, que para nosotros más bien son desastres naturales.

Con la tecnología que actualmente disponemos, podemos determinar el epicentro o el lugar donde se originó el terremoto, e incluso se puede predecir un terremoto con unos pocos segundos de anticipación, lo “suficiente” como para ponerse a salvo. Pero con esta tecnología, no solamente podemos determinar el lugar, grado de daños causados, etc., sino también, llegamos a investigar el origen de dicho movimiento, que actualmente van desde el famoso calentamiento global, el mítico fin del mundo, o incluso, el proyecto HAARP en donde se dice que la mayoría de los terremotos que han sucedido últimamente, fueron provocados por el hombre (ya no se puede descartar nada).

Pero antiguamente, las personas no iban tan lejos, sino más bien, ellos pensaban que el origen de todo lo inexplicable para el hombre de aquella época, era de origen divino. Por ejemplo, en el Japón del siglo XIX, se creía que el origen de los terremotos era por los movimientos de un pez gato o siluro enterrado debajo de la tierra llamado namazu.

Esta “teoría” cobró más fuerza cuando ocurrió un devastador terremoto en Edo (ahora Tokyo) en octubre de 1855, en donde dejó más de 5000 muertos y cuantiosos daños materiales. Días después, se comenzaron a comercializar imágenes de estos siluros o namazu como una forma de conmemorar dicha noticia, o incluso, como una forma de talismán o amuleto, y de esta forma, nuevamente volvió esta creencia del namazu como el causante de los terremotos. ¿Pero, por qué?


El origen de esta creencia se basa en varias hipótesis, por ejemplo, se cree que comenzó cuando apareció el Hyounenzu 瓢鯰図 (pintura a tinta que representa a un hombre pescando a un namazu con una calabaza) en el siglo XIV y que fue pintada por el sacerdote Josetsu. Y el origen de esta pintura, tal vez se deba a un antiguo proverbio de la filosofía Zen.

También se dice que durante la construcción del castillo Fushimi del shogun Hideyoshi Tomotomi, éste ordenó al encargado de su cosntrucción a hacerlo a prueba de terremotos y para ello, tenía que observar el comportamiento de los siluros, esto fue por el siglo XIV. 

También encontramos construcciones antiguas que datan del siglo XIII y que han sobrevivido al paso de los años y sobre todo de los terremotos, porque fueron diseñados de manera sofisticada para la época (e incluso para nuestros días) para soportar los movimientos bruscos del siluro, o mejor dicho, de un terremoto, por ejemplo, la pagoda Goju-no-To 五重塔 (Pagoda de Cinco Pisos) en Miyajima, que no tiene un mecanismo que no posee clavos sino juntas que se unen entre sí ante un movimiento, reforzándo la estructura.



Por eso se dice que otra hipótesis para el origen de dicha teoría, y la que me parece más lógica, sería que el siluro es un animal, mejor dicho, un pez, que posee una  sensibilidad especial para predecir los terremotos, y que antes que ocurra uno, pueden sentir las vibraciones u ondas expansivas a través del agua y comienzan a comportarse de manera inusual. Por eso, y debido a la imaginativa popular, se ha asociado al siluro o namazu como el causante de los terremotos.


El Namazu era un pez que se encontraba debajo de la tierra y que era sujetado por una gran roca colocada por el dios Kashima, quien era el único que podía controlar al gigante pez colocándole una pesada roca (el kaname-ishi 要石) encima, pero cuando éste se descuidaba, el pez se movía, originándose así los terremotos.


Según la creencia popular, se dice que el gran terremoto de 1855 ocurrió porque el dios Kashima tenía que reunirse con los otros dioses y pidió al dios Ebisu que controlara al namazu, pero se quedó dormido y así, el namazu pudo moverse de la gran roca que lo aplastaba y movió su gigantezca cola, produciéndose así el gran terremoto que terminó cuando el dios Kashima regresó al lugar.


No solamente la imaginativa popular se quedó allí, sino que también se creía que los terremotos eran una forma divina de distribuir la riqueza a costa de pérdidas humanas, y en donde los constructores, vendedores de materia prima, etc. (es decir, todas aquellas personas involucradas directamente con la construcción de casas) eran los más beneficiados porque participaban en la reconstrucción de las grandes mansiones de las élites, quienes por ende, perdieron parte de su riqueza con el terremoto.

Esto es lo que denominaron "yo-naoshi" 世直し , que significa "corregir el mundo", es decir, "corregir" una sociedad que ya se encuentra corrompida.

Sin embargo, no hay que pensar que por aquella época, no existía una lógica científica para dichos fenómenos. Por el siglo XIV, eran muy pocos los privilegiados que tenían acceso a la educación y en este reducido grupo, se sostenía que el origen de los terremotos eran a causa del desbalance de ying y del yang, mientras que la gente del pueblo creía en algo más simple y entendible que dicha teoría, que era que los dioses provocaban esas calamidades.

En los libros de aquella época referentes a los terremotos, solían explicar este desbalance acompañado de grandes ilustraciones metafóricas, es decir, exponían la teoría y la ilustraban con un namazu, como una manera que todos entiendan. Junto con la creencia popular cohabitaban las teorías científicas de la época que trataban de explicar los terremotos. Así,  por ejemplo, junto con la creencia popular, en 1759 se publicó un manuscrito en donde se pretendía exponer las señales que antecede a un terremoto, describiendo 20 tipos de nubes y sus respectivos cambios climáticos. Pero no solo eran las nubes sino que también la formación de gases o neblinas inusuales en el cielo podían considerarse como la antesala de un terremoto; idea que no solo era compartida en el Japón antiguo, sino también en otros países como China o Egipto.


Pasaron los años, e incluso siglos, y fue recién en el siglo XIX cuando las ilustraciones de los siluros volvieron a hacerse populares con el terremoto de Edo en 1855, donde se aprovechó esta situación y muchos artistas vendieron ilustraciones de los siluros (pinturas que fueron llamados namazu-e), a manera de una forma caricaturesca para recordar el terremoto vivido y también, como una forma supersticiosa, es decir, como un talismán para protegerse, o proteger la vivienda contra un terremoto.


PARA SABER UN POCO MÁS: (en inglés)

- Animales y fenómenos atmosféricos usados para anticipar terremotos en la antiguedad 
Legends of Unusual Phenomena Before Earthquakes — Wisdom or Superstition?

- Ilustraciones del Namazu 
Namazu-e: Earthquake catfish prints


-Resumen de la posición del gobierno japonés frente al terremoto de 1855
Bakufu Responses to the 1855 Ansei Edo Earthquake


- Diapositivas sobre el Namazu y pinturas sobre el terremoto de 1855
A Brief Account of the Catfish (Namazu) as a Cultural Symbol in Japan, 15th-20th Centuries

viernes, 16 de septiembre de 2011

CÓMO PREPARÉ EL OBÓN 2011 EN MI CASA: LA EXPERIENCIA DE UNA TRADUCTORA FREELANCE

¡Por fin! Ya terminé un trabajo que me dejó sin feriados ni tiempo libre desde el mes pasado, pero para muchos que somos freelance (sea la profesión u oficio que tengamos) sabemos que no podemos rechazar ningún trabajo. Bueno, en mi primer día libre, voy a aprovechar para presentarles un artículo que si bien no es tan académico como algunos artículos que he escrito hasta ahora en este blog, es más bien uno que puede ser de utilidad para muchos nikkei que tenemos un butsudan en casa, en este caso, sobre lo que compramos y lo importante, cuánto, cómo y dónde.

Hace poco hemos celebrado el obón, que para quienes no lo saben, es celebrado en agosto y es cuando se cree que los familiares fallecidos visitan a sus familiares vivos y son agasajados con comidas y dulces típicos japoneses durante tres días.

En mi casa tenemos 2 butsudan, uno es de mi familia paterna y el otro, de mi familia materna. Muchos dirán que no es aconsejable tener dos altares en una misma casa, pero consultamos a varios yuta, y “acordamos” en que si lo colocamos en dos ambientes diferentes separados por una pared (uno está en el comedor, y el otro, en la sala) o si la casa tiene dos puertas de entrada (dicen que es mejor, porque se cree que así cada butsudan tendría su propia puerta de entrada y salida) no pasaría nada malo (existen muchos casos y ejemplos sobre lo que parece que podría pasar). Regresando al tema, como tenemos dos butsudan o altares en casa, tenemos que comprar todo por dos. Es decir, comprar dos ramos de flores, dos chawaki, dos cajas de sushi, etc.

Mi madre colando las cenizas donde se colocan el senko o incienso.
Comenzaré por contarles lo que hicimos a partir del día 6 de agosto. En Okinawa se acostumbra (o se acostumbraba) (para ver artículos relacionados, aquí está la parte 1, parte 2 parte 3), ir a los cementerios a limpiar los osarios (donde están depositados los huesos del fallecido) pero como en Lima, no practicamos ese ritual, nos limitamos a ir al cementerio para limpiar el nicho y colocar flores. Además de limpiar el lugar donde reposan los restos del fallecido, también se debe limpiar el altar en donde se le recuerda, es decir, el butsudan. Siempre hay que tener dos paños destinados únicamente para limpiar el butsudan y el otro para limpiar el ihai (tablita en donde está escrito el nombre del fallecido). Y solo en esta fecha, es cuando se puede colar el senkotate (en donde se colocan los senko). Colar el senkotate es utilizar un colador de cocina y cernir todo el contenido del senkotate o recipiente y con el contenido ya colado, nuevamente regresarlo al recipiente. (el contenido del senkotate simplemente es ceniza, que puede ser las cenizas del carbón y las cenizas que se desprenden del senko o incienso cuando se consumen).

Este proceso de colado, se realiza el mismo día que uno debería ir al cementerio, y este año, fue el día 6. ¿Y por qué cambia la fecha todos los años? Simplemente, porque se basa en el calendario lunar. (es un tema, que posiblemente lo leeremos en otros posts).

Mi madre fue la que hizo el colado de las cenizas, y yo había planeado ir al Mercado Central a comprar todos los insumos, incluso yo misma iba a preparar los sushi (parecen difíciles, pero son fáciles de hacer), pero se presentó un trabajo a último momento que hizo que cambiara mis planes y ya no podía ir al mercado ni mucho menos preparar la comida. Antes, el obón se celebra a lo grande en mi casa, en donde mi oba junto con mi mamá y mis tías preparaban la comida y los dulces. Sin embargo, los tiempos cambian, pero las tradiciones no, entonces, no sabía cómo hacer para tener ya lista esa misma comida tradicional para esa fecha sin que perjudique mi tiempo en el trabajo. Entonces, me puse a analizar tres opciones para comprar: en una tienda de insumos japoneses, en el Mercado Central, y en cualquier supermercado.

Primero comenzaré con la opción del supermercado: he visto que en Wong y Vivanda venden cajas con 5 ó 6 piezas de maki (parecido al sushi) entre S/.10 a S/.15., el precio como que está bien, pero si es para una sola persona, pero sale caro si se necesita 30 piezas, entonces, descarté esta opción. Lo que compré en el supermercado (Metro), fue la fruta, que seguramente me hubiera salido más barato comprarlo en el mercado, pero aquí me ahorraba bastante tiempo para escoger (ya que no está tan estropeada como la que venden en algunos mercados, por ejemplo, de mi casa). Y además de la fruta, compré las flores que vienen con un sobre que contiene un polvo que permite que las flores no se marchiten tan rápido, el ramo más barato está a S/.14. 

Sobre la fruta, tenía que comprar 7 frutas diferentes y una piña con su típico “moñito” (como así le dicen a la hoja de la piña). Esto de la piña, ya es tradicional en las casas okinawenses, y en algunas casas acostumbran a hacer rodar literalmente las piñas en el suelo. Los precios son como los del mercado, por cada fruta he gastado un promedio de S/. 1 a S/.2.

Vista de la comida y los dulces comprados en Tenshi
Ya tenía las frutas, las flores, pero me faltaba lo principal, la comida y los dulces. Y ahora, ¿qué hago? Felizmente, ya existe el delivery. En Pueblo Libre hay una tienda en donde se vende casi todos los insumos y comida japonesa y justo en estas fechas preparan todo lo necesario para celebrar el obón (y también cuando es año nuevo.). Compré tres moldes de sushi, dulces variados y el chawaki. El chawaki es un plato típicamente japonés, en donde se coloca diversos alimentos, en este caso, como tofu, kamaboko, kombu, etc. Es como un snack o aperitivo.

En el mercado central, en la dulcería Tsukayama, también venden dulces japoneses, pero el problema era que quien iba a recogerlos (puesto que no hacen delivery) y no vendían carne de cerdo (un insumo que no puede faltar en esats celebraciones). Comparando precios, los precios casi eran los mismos, aunque con una ligera diferencia de 2 soles, en algunos casos, pero me gustó más la forma de presentación de los productos de la tienda de Pueblo Libre.
Aquí hay algunas fotos que muestran como venían envasados.

Vista del envase abierto con el chawaki.

Vista del envase cerrado con el chawaki (el envase es de aluminio, el que se usa para hornear pavos, etc).





Los okashi (masa rellena con crema pastelera, dulce de frijol, etc.)















Existen otras tiendas e incluso personas que desde casa preparan los dulces o comida especial para estas fechas, pero los que nos salvó del apuro en este año fue Metro y Tenshi, el primero por la cercanía a mi casa y porque la fruta ya estaba escogida (ahorrándome un tiempo valioso si lo hacía en el mercado); y el segundo, por el delivery.
La diferencia de precios entre Tenshi y la dulcería Tsukayama es:

- 1 molde de tofu costó 6 soles (igual en ambas tiendas).
- 1 molde de kamaboko (sea rojo o blanco): S/. 8 (igual)
- 1 molde de kamaboko con verduras S/. 8 (en Tsukayama, no he preguntado si había).
- 1 molde de sushi S/. 13 (aproximadamente, en Tsukayama, es S/. 10, la diferencia estaría en la presentación, porque cada molde de sushi estaba en su propio envase de plástico, mientras que en en la otra tienda, el año pasado me lo entregaron en una caja de cartón o simplemente envuelto en papel, no me acuerdo bien).
- 1 chawaki S/. 65 (solo compré un set de chawaki, aunque tengo dos butsudan, pero pude hacer que rinda para dos).
- okashi surtido, cada uno a  S/. 1.20 (en la dulcería Tsukayama, estaba creo a S/. 0.80 cada uno, y S/. 9.60 la docena).
En total, solo en okashi y comida para dos butsudan, gasté S/. 171.50. Las flores y la fruta, algo de 30-40 soles y para la carne de cerdo (infaltable en estos días), compré una tira de costilla de cerdo a S/. 16 (aproximadamente), la que cocinó mi mamá al estilo okinawense. 
Y en Tenshi, el servicio por delivery era de 10 soles, creo, según la zona.

Como yo vivo más cerca de Tenshi que de la dulcería Tsukayama, entonces me salía más a cuenta comprarlos ahí, además que para fechas especiales (léase obón, año nuevo), existe servicio de delivery.

Pero esta comida solo era para agasajar a los verdaderos invitados, es decir, a mis abuelos y papá ya fallecidos. Faltaba la comida para compartirla con mis familiares, pero felizmente, que ellos prepararon comida típica japonesa, que en el siguiente post lo estaré compartiendo.

ARTÍCULOS DE INTERÉS:
El Tanabata de Okinawa, por Munetaka Ganaha

Y para quienes quieren visitar las tiendas:
Dulcería Tsukayama
Jr. Ucayali 628- Lima


Tenshi 
Av. La Mar 1963- Pueblo Libre

miércoles, 27 de julio de 2011

4 SIGNIFICA "MUERTE"; PERO 444, ¡FELICIDAD!

Ayer me acordé de un chiste que hace muchos años atrás había leído sobre un okinawense que llegó al Perú, quien sin saber nada de español, toma un taxi. Después de recorrer varias calles, se dio cuenta que ya estaba muy cerca de donde quería bajar. Se acerca al taxista y le dice que quiere bajarse (en japonés): “¡Kochi tomare!”. Naturalmente, el okinawense se bajo del taxi con un ojo morado. (Y aunque no lo crean, "kochi tomare" no es una invención, es japonés, porque "kochi" こち viene de "koko" ここ que significa "aquí" y "tomare" 止まる es "detenerse".)

Como este, hay tantos ejemplos de frases que coinciden con otras en otros idiomas, en donde se juega mucho con la fonética (por ejemplo, la similitud de sonidos) o la semántica (por ejemplo, los casos de palabras con doble sentido, como en el chiste que hemos visto) para crear situaciones jocosas o simplemente, utilizarlas como recursos estilísticos. 

En el caso del español, seguramente habremos escuchado muchos ejemplos en donde se puede jugar con las palabras (ya sea en el sonido, forma o significado), y en el japonés (así como en todos los idiomas) también se hace lo mismo, solo que en el caso del japonés, este juego de palabras se refleja mucho en las supersticiones. (Este juego de palabras al que me estoy refiriendo se denomina paranomasia en el mundo de la literatura, en donde se usan palabras con sonidos iguales o parecidos pero cuyos significados son totalmente distintos).

El pueblo japonés es muy supersticioso y refleja la influencia que tiene la religión en la vida cotidiana, y es en el idioma en donde podemos apreciarlo claramente. Estas supersticiones se centran en el término “muerte” y términos relacionados a éste.

Por ejemplo, el número 4 es considerado en Japón como un número de mala suerte, porque el 4 se lee en japonés “shi” 四, que es similar al kanji de muerte (shi) 死, y por eso se evita, por ejemplo, colocar 4 piezas de sushi en un plato; y ahora se prefiere pronunciar el 4 como “yon” en lugar de “shi”. Al igual que el 4, el 9 también tiene una connotación negativa. El sonido del 9 es "ku" , (y ahora se prefiere pronuciarlo como “kyu”), que se asemeja a "ku" 苦, que es dolor, sufrimiento.

Por eso muchas veces he escuchado que es un mal augurio vivir en una casa cuya denominación sea 4, es decir, si sumamos todos los números de la numeración de una casa hasta llegar a un solo dígito y coincidentemente es 4, nos dicen que la casa está más propensa a males. Por ejemplo, si la numeración de una casa es 346, se suma cada dígito hasta llegar a uno solo, así 3+4+6= 4.

Pero no solamente se ve a estos números aislados como portadores de mala suerte o infortunios, sino que si se unen con otros números (aunque no sean ni el 4 ni el 9) que al pronunciarlos juntos nos recuerdan a frases funestas, los japoneses prefieren evitar dichos números o frases; por ejemplo, en los hospitales se evitan todos aquellos números que al pronunciarse se asemejan a los términos "muerte" o "dolor", mayormente combinaciones con 4 y 9.

En el caso de la combinación de números que se tratan de evitar, tengo aquí una pequeña muestra (lo que está en paréntesis, muestra la pronunciación en japonés):

- 24: ( 二十四 ni jyuu yon/ ni jyuu shi), significa "muerte doble" si lo leemos como "dos cuatro", es decir, "ni shi".
 
- 33: (三十三 san jyuu kyuu), pero si lo pronunciamos como “tres tres” en japonés sería “san zan”, que significa también 散々"penoso", "terrible".
- 42: (yon jyuu ni): que es un caso parecido al 24.
Para quienes están aprendiendo japonés, seguramente encontraran ciertas dificultades para memorizarse algunos contadores (números para contar objetos planos, objetos alargados, papeles, etc.) porque el 1, por ejemplo, se pronuncia "hitotsu", "ippon", etc. y todos significan "1" y en el caso del 4, hay un ejemplo supersticioso, cuando hay 4 personas no se dice "shi nin", sino "yo nin", porque "shinin" 死人 significa "cadáver".

- 43 (shi zan) 死産, que significa "nacimiento de un niño muerto", "no nacido", y por esto, este número tiene un significado malo en una maternidad.

- 49: (yon jyuuku/ shi jyuuku) 四十九, que no solamente significa “49”, sino que su pronunciación se parece a la frase: “morir con dolor”.

Pero no todo son números negativos, sino también existen números de la buena suerte. Por ejemplo, el numero 8 es considerado el más auspicioso, puesto que se escribe así: (hachi), lo que hace recordar la forma triangular de una montaña, símbolo de buena suerte en Japón.

El número 4 también llega a convertirse en un número de buena suerte, pero solo si juntamos tres números 4, es decir: 444, eso se dice en japonés しを合わせる” (juntar el 4”)suena muy similar a shiawase 幸せ, que significa felicidad o buena suerte.


El número 7 también es considerado de buena suerte, puesto que se deriva de la creencia en los siete dioses de la fortuna, denominados "Shichifukujin" 七福神. 

Así vemos como las supersticiones influyen no solo a los objetos (por ejemplo, gatos negros, espejos rotos, etc.) sino también a los números. Y estos números considerados de mala suerte influyen en casi todos los aspectos de la vida del pueblo japonés y vemos, por ejemplo, los famosos "yakudoshi" 厄年, que son las edades críticas en las que las personas deben tener más cuidado. Por ejemplo, cuando el hombre cumple 25, 42 y 61 y la mujer, 19,33 y 37, se dice que debe cuidarse más porque está más propenso a enfermedades, accidentes o infortunios. Aquí vemos que varios números considerados de mala suerte, son considerados también como edades críticas.


Para saber un poco más:

LA SANBASAN (PARTERA) "MÁS FAMOSA" EN LA LIMA DE LA PREGUERRA: LA SANBASAN TOKESHI

La foto que muestro fue tomada el 27 de febrero de 1930.  Es una vista del patio de Lima Nikko en una ocasión especial.  En ese día, hubo un...