lunes, 10 de octubre de 2011

UNA EXPERIENCIA QUE HIZO QUE CONTINUÁRAMOS CON LA TRADICIÓN DEL BUTSUDAN

El tema del butsudan es un tema muy complejo, porque conlleva a la práctica de rituales que son casi desconocidos así como su significado para mucho de nosotros que poseemos un butsudan en casa (y que somos sansei, yonsei, etc.).

Pero, ¿por qué, entonces, se sigue manteniendo una tradición que es propio del budismo si la mayoría somos católicos (o de otra religión que no sea budista)? Muchos dirán que es una tradición que “no podemos perder porque refuerza nuestra identidad japonesa”; pero hay otro grupo que aún conservan un butsudan en casa simplemente porque “quiero que me cuide”.
En mi caso (y en mi casa), pertenecemos a este último grupo, el de “quiero que me cuide” y no es por una simple creencia “a ciegas”, sino es por experiencia propia.

Muchos opinarán que es un tema de superstición, pero yo pregunto si creemos en la muerte, ¿por qué no creer entonces que lo sobrenatural si existe?
Por naturaleza, soy una persona muy desconfiada y siempre saco una conclusión lógica a algo aparentemente “paranormal”, pero lo que me ocurrió a mí y a mi familia el año pasado en vísperas de obon, es algo que no podemos explicar.

En un post anterior, he contado parte de esta experiencia y en donde publiqué una foto del butsudan de mi papá en donde aparece supuestamente una figura humana, pero consultando a un grupo especialista en Lima (Grupo Dharma), me dijeron que se puede explicar científicamente dicho fenómeno pero que no puede descartarse nada, especialmente si se ha sentido un ambiente “pesado” o “cargado”. Particularmente, yo sí creo que mi papá ha estado ahí presente. Por ejemplo, en mi casa tengo dos butsudan, en esas fechas especialmente, en el de mi oba la siento como vacía, como si fuera un mueble más, lo que podría significar que mi oba realmente está “descansando en paz”; en cambio, en el de mi papá, la siento “con más vida”, como si estuviera ahí presente y en el día que tomé la foto, eso se sintió con más fuerza. Esto es un ejemplo de lo que llamamos “sexto sentido” o tal vez, “sensibilidad”.

Pero esta es una experiencia que muchas otras personas también la han sentido, especialmente cuando el familiar recién ha fallecido, es decir, dentro de los 49 días (según la tradición japonesa y okinawense). Ellos dicen que han podido “sentir” a su mamá, por ejemplo, caminando por los pasadizos de la casa. Esto es lo que me contó un familiar lejano. Pero en mi caso, mi papá ya tiene más de 20 años de fallecido y ya debería de haber “descansado en paz” y no deberíamos sentirlo en la casa. Entonces, ¿qué pasa?

Mi familia es católica pero a la vez, cree en algunos preceptos del budismo y del “chamanismo” okinawense, por influencia mayormente de mi oba materna. Mi oba siempre decía que hay que confiar en los sueños, ya que éstos nos alertan de los peligros que están escondidos a simple vista (es decir, mi abuela ya hablaba en términos “paranormales”, pero a su manera, para decir que el subconsciente capta aquellos “mensajes ocultos” que está a nuestro alrededor pero que en estado de alerta no podemos “descifrarlos”, por así decirlo).

También, nos decía que si veíamos frecuentemente en sueños a nuestros parientes fallecidos debiamos de molestarnos con ellos en lugar de alegrarnos cuando nos despertáramos, especialmente si esos sueños se daban dentro de los 49 días, o incluso un poco más y si solo podíamos ver a ese pariente y a nadie más; porque no solo podía significar que extrañáramos a esa persona, sino que esta persona está intentando comunicarse con nosotros o que quiere “llevarnos” con ella. Por ejemplo, mi madre soñaba mucho con su padre recientemente fallecido cuando ella recién entraba a la adolescencia pero mi abuela decía que eso no era bueno; y en mi caso, yo he soñado con algo relacionado con mi papá (en donde yo con apenas 4 años soñé que subía unas escaleras blancas muy altas que iban hacia el cielo, pero al mirar hacia abajo, miré a mis tíos (con quienes me he llevado muy bien) que me llamaban y me pedían que no siguiera subiendo y ahí fue que me desperté y nunca más volví a tener ese sueño. 

La segunda y última vez que tuve un sueño similar, fue con mi tío (el mismo que me decía que no siguiera subiendo la escalera) quien a pocos meses de haber fallecido, soñaba mucho con él, sentados alrededor de una mesa circular en un cuarto completamente oscuro y me conversaba. Al despertarme, me sentía muy bien, no sé por qué. Después de eso, habrán pasado unos 6 años cuando volví a soñar con él, pero fue cuando estaba en Japón, un día antes de regresar a Perú, cuando soñé que estoy entrando al avión, y veo a lo lejos a mi tío que estaba sentado en un asiento cerca de la ventana y me llamaba con una mano, mientras, sonriente, tocaba el asiento del costado como diciendo “siéntate conmigo”. Esto sería un simple sueño, si no hubiera pasado que en el 2do avión que tomé para llegar a Lima, éste estaba casi lleno, menos dos asientos, justo los que estaban al costado de la ventana, y en donde me tocó sentarme al costado de la ventana mientras que el asiento del costado estaba vacío, mientras que alrededor mío, los asientos estaban ocupados. Para mí, creo que es una feliz coincidencia, porque sentí como si mi tío estuviera acompañándome en mi viaje de retorno a casa.

Regresando al tema del butsudan, a pesar que hemos tenido una fuerte influencia por parte de mi abuela sobre esta clase de temas, por la vida misma, tan ajetreada y cada vez más “moderna”, muchas veces hemos conversado sobre la posibilidad de no continuar con esta tradición, es decir, ni bien mi papá cumpla los 33 años de fallecido (el último aniversario y en donde se piensa que el alma ya ha llegado al cielo), “cerraríamos” el butsudan. Pero en mi casa pasó algo en el obón del año pasado que nos ha mostrado que realmente, como comúnmente se dice, el “butsudan cuida la casa”.

Conversé con parientes, amigos cercanos e incluso vecinos, que tienen un butsudan en casa y algunos que ya no lo tienen, pero consideran nuevamente continuar con la tradición. Conversando, pude darme cuenta que, en general, la gente conserva un butsudan por "temor a que si no cuido el butsudan cuando me corresponda, me puede castigar por ello” y en segundo lugar, “el butsudan me cuida”, muy aparte de lo que debería ser, es decir, “para continuar con la tradición”.

Unos me decían que por el hecho que no querían tener más el butsudan en casa (sea por espacio o tiempo para cuidarlo) se lo encargaron a otra persona y después de algún tiempo, ocurrieron una serie de accidentes o cosas muy negativas (enfermedades, pérdidas de trabajo o fallecimientos sin razón) para la persona que le correspondía tenerlo (por ejemplo, siempre lo debe tener, el primer hijo varón de la familia) y que relacionan todas esas con el butsudan. También, me decían que el butsudan les ha protegido y como si fuera una imagen de veneración, les ha pedido cosas materiales (por ejemplo, un nuevo trabajo) que se ha cumplido o que les ha protegido contra robos.

Lo que si es cierto, y lo he corroborado con algunos yuta, es que el butsudan en sí no castiga a nadie, es solo un altar que sirve para recordar y venerar a nuestros parientes fallecidos y ayudarlos, a través de oraciones o misas, a recorrer su transito hacia la Plenitud (igual como en el catolicismo y otras religiones). El hecho que pensemos que nos castiga si hacemos algo malo, es “solamente” que el butsudan nos protege, más bien, el pariente o parientes que allí dentro se encuentran, nos protegen contra los males o peligros a los que podemos estar expuestos, tal como lo harían si estuvieran vivos. Aquí también se dice, según la creencia okinawense (e incluso muchas de Occidente),que el hecho que aparezcan de pronto todos los males a la vez, se debe al año en que actualmente estamos (por ejemplo, el año funesto para el mono fue el año del tigre) o la maldad que puedan desearnos otras personas.

En mi caso, esto último fue lo que pasó el año pasado.
El año pasado, el 2010, fue el peor año de mi vida. Suena algo fatalista, pero a pesar de haber tenido pensamientos positivos, el año pasado no había concretado nada, ni en lo académico, ni en lo laboral ni mucho menos en lo económico.

Tenía muchos planes que quería cumplir, pero a diferencia de los años anteriores, no los pude cumplir, a pesar que me esforcé mucho en concretarlos. Habiendo terminado la universidad, quería seguir una especialidad y si eso no se concretaba, quería encontrar un buen trabajo, y si eso no se concretaba, quería encontrar al menos un trabajo; deseos propios de quien termina recién la universidad. Pero ninguno de esos planes se concretó. Hasta ahora no me puedo explicar que pasó, pero a pesar que mantenía buen ánimo ante un fracaso, éste ánimo poco a poco se iba extinguiendo, a medida que no lograba nada de nada. Habiendo llegado al último proyecto de mi “lista de metas para el 2010”, me di cuenta que simplemente tenia que encontrar un trabajo, sea bien remunerado o no, porque ya me daba cuenta que estaba perdiendo tiempo y no lograba nada. Ha pesar que había repartido mis hojas de vida (mis CVs, que para mí eran muy buenos, porque tenía buenos antecedentes académicos y laborales) a diestra y siniestra, no me llamaban de ningún lado y así pasó unos 6 meses (en ese tiempo, felizmente tenía el apoyo de mi familia, quienes no me apresuraban en mi búsqueda de trabajo).

Pensé que era el clásico “ahora no hay trabajo”, hasta que me di cuenta que había algo raro en todo esto (quién no se habrá preguntado alguna vez, “qué raro, nunca me ha pasado esto!”), y esto fue cuando tuve mi primer sueño. Soñé que se me caían mis dientes y que los escupía, lo cual nos hizo preocupar mucho, porque según mi oba, la caída de los dientes significaba muerte de alguien. A la siguiente noche, soñé que me daban tres ratas muertas sobre un plato de comida y luego, con perros negros que se comían entre sí. Y eso, mi mamá se preocupó aún más, porque recordó que mi oba decía que tanto ratas como perros negros significan enemigos ocultos.

Al día siguiente, llamamos al primer yuta (porque hemos consultado a dos en total) y después de leernos las cartas de Tarot, y leer el senko (a través del humo, puede ver siluetas de personas) nos dijo que yo tenía un enemigo oculto que me quería hacer daño.
Pero no solo eso, sino que además, el yuta nos dijo que ese mal deseo por parte de ese enemigo oculto, iba a afectar directamente a una tía que vive en mi casa. Textualmente dijo, “que después de dos meses de la celebración grande, que sea la más próxima, mi tía iba a morir”. Nos recomendó hacer unos rituales (hechos en mi casa pero la mayoría hechos por él y en su casa, por lo que no sé qué habrá hecho o qué no habrá hecho) para así evitar dicho desenlace infeliz, lo que según él, no era nada natural, sino provocado por aquella mala intención. No podíamos perder nada, excepto dinero para hacer eso, así que lo hicimos. 

Cumplimos con realizar todos los rituales y después de eso, nos olvidamos del tema. Cabe resaltar que ni bien comenzamos a hacer los rituales, mi situación laboral ya mostraba signos de mejoría. Tenía varias ofertas de trabajo de distintas empresas, todas muy tentadoras pero me quedé solo con una. ¿Coincidencia?

No solo eso, sino que mientras hacíamos los rituales, me “mostró” al enemigo oculto. Aquí no puedo decir que me mostró a un “supuesto enemigo”, porque al final descubrimos quien era ese enemigo oculto, quien incluso llegó a llamar a mi casa para amenazarme de manera anónima. Pero al final de toda esta historia, al increparle directamente de todos lo que ha hecho en mi casa (invasión de propiedad ajena, robo, injuria, etc.) , no soportó más y amenazó mi integridad física (está demás decir, que tuvimos que llamar a la policía a reportar dicha agresión). 

¿Y quién era ese enemigo oculto? Pues nada menos un “vecino” y su madre quien desde que nací me acuerdo que mi mamá siempre le regalaba comida o cualquier otra cosa, todo de buena intención.

Pero, ¿y por qué se convirtió en mi "enemigo oculto"? Simplemente, porque tenemos casi la misma edad y porque de pequeños hemos jugado juntos y al crecer cada uno a seguido su destino, aunque uno torcido y el otro derecho; y al parecer, ha crecido con resentimiento y envidia.

“Envidia”. Así es, “envidia” y existe y es real. Lo que esos “enemigos ocultos” hicieron fue lo que comúnmente se dice “mal de ojo” y cargaron mi casa con las peores intenciones y deseos. Y esos deseos se materializaron coincidentemente dos meses después del obón (la celebración “más grande” que en mi casa se celebra), cuando mi tía se cayó inexplicablemente del 2do piso. A pesar de la gran caída (del 2do piso y de cabeza) y de la edad (más de 80 años), no se hizo “nada”, solo unos raspones y moretones, pero ningún hueso roto (a pesar de tener una osteoporosis avanzada).

Los médicos que la atendieron no podían explicar el por qué no se hizo “nada”, porque podía haberse dislocado el cuello y quedarse paralítica o “sencillamente”, pudo fallecer en el acto.

Cuando pasó eso, mi familia y yo nos miramos asombrados. ¿Coincidencia?

Pero después de eso, al empezar el nuevo año, tuve otros sueños recurrentes simplemente horribles. Soñé con una caja de madera llena de agua, pero que tenía gusanos dentro y yo colocaba mis brazos en ella. Luego, soñé que había una bolsa de comida podrida en mi casa, a lo que yo seguía colocando basura en ella. Después de esto, empecé a “ver” en mis sueños, a una mujer que no veía muy bien su rostro, pero que siempre me acariciaba el brazo mientras dormía o me hablaba, todo esto, de una manera que no me asustaba, sino que sentía como si me estuviera cuidando.¿Habrá sido mi oba?

Definitivamente, estaba algo mal en mi casa, o conmigo, no sabía que pensar. Consultamos esta vez a otra yuta y también me leyó las cartas y me dijo que aún hay algo en mi casa que debo sacar, y claro, mencionó nuevamente al “enemigo oculto”.

¿Qué tenía que hacer? “simplemente”, hacer unos rituales y hacer una limpieza en la casa, con quema de incienso, frutas y otros “ingredientes”.

Al principio pensé que iba a hacer esos rituales medio “espectaculares” (en el sentido de hacer un teatro) como se ve en algunos chamanes, pero no fue así. Mientras hacia los rituales en mi casa, nos decía muchas cosas familiares que nunca habíamos comentado con nadie.
Al final, nos dijo que ya la casa estaba limpia. Y efectivamente, la casa ya no se sentía cargada, sino más acogedora. Y está más decir que en el plano laboral, al día siguiente ya pude ver las mejoras. Si con el otro yuta las cosas mejoraron, éstas eran muy lentas, pero con estos rituales y la limpieza, fueron sucediendo de manera más rápida. Todo esto pasó sin un ápice de exageración.

Pero, ¿en dónde se menciona al butsudan? Simplemente, el butsudan, mejor dicho, mi papá, fue quien a través de sueños hizo que nos diéramos cuenta de los peligros que nos rodeaba, porque todo comenzó a casi un mes del obón del 2010 y terminó, coincidentemente a un mes del obón pasado, justamente cuando empecé a sentir el butsudan de mi papá como algo "más especial", como si alguien estuviera allí.

No solamente yo, sino que mi hermano mayor, también tuvo sueños muy extraños en esa época e incluso hemos llegado a tener el mismo sueño (siempre relacionado con todo esto) en el mismo día. Es lo que llaman “sincronicidad”, algo extraño, puesto que no somos hermanos gemelos, sino que nos llevamos 8 años de diferencia. Y con esto, además, pude comprobar que mis sueños no eran lo que psicológicamente se definiría como los deseos reprimidos del inconsciente, sino,¿por qué también él los tendría? 

Hay dos sueños que me parecen muy simbólicos y que podrían demostrar que el butsudan “nos cuida”, sobretodo mi papá y mi tío. Mi hermano soñó con la yuta quien iba a limpiar la casa (esto fue antes que lo hiciera) y en donde vio a mi tío (el mismo del avión) que estaba protegiendo mi casa y colocaba galletas de arroz a la casa del “enemigo”, a manera de escudo o como para taparlo. Y el otro sueño, con mi papá, también fallecido, quien trancaba las puertas de la casa. Qué raro que sean los “hombres” la casa que estén protegiendo la casa (siempre lo han hecho estando en vida, y no sería raro que lo hicieran ya fallecidos).

Ahora, después esa experiencia tan “extraña” nos va bien, mientras que el “enemigo”, al parecer, no. Con toda esta experiencia, desde esa fecha hemos cambiado muchas cosas, que más adelante los podré contar. Y todo esto, a causa de unas personas a las que hemos ayudado, y como uno de los yuta nos dijeron: “con una mano te reciben la ayuda, pero con la otra, te tiran piedras cuando te volteas”. Pero no contaban que teníamos a alguien que nos cuidaría.

Por todo esto, ¿cómo podía dejar de continuar con el butsudan? Hay personas que sin ser budistas, tienen un altar en su casa, en donde “veneran” a algún familiar fallecido, colocando fotos y flores, y alguna que otra estampita o cruz. ¿Y cual sería la diferencia de llevar un butsudan con uno de estos altares? Pues, a mi parecer, el butsudan encierra una doble veneración(*): a la memoria del pariente fallecido y a la costumbre familiar que se practica desde muchos años atrás. Una costumbre que implica la práctica de ritos que son inherentes a nuestra cultura, en mi caso, la cultura okinawense, y que eran practicados por mis abuelos y cuya memoria sigue viva a través de estos ritos.
 
(*) Y para quienes piensen que esto es simple idolatría al decir "venerar", esto no es lo mismo que rendir culto, sino, que es rendir respeto por la memoria.



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