viernes, 3 de mayo de 2013

Tatuajes en Mujeres Ainu: El Peculiar Concepto de la Belleza en el Antiguo Japón (Parte II)

Los Ainu, considerados como los descendientes directos de los Jomon (pueblo prehistórico de Japón) y que viven en Hokkaido (situado al norte del archipiélago japonés) practicaron una tradición muy singular: el tatuaje de los labios entre las mujeres. 

Según Krutak, antropólogo especialista en tatuajes, el término Ainu para “tatuar” fue anchi piri (“anchi”=”obsidiana”, “piri”= “corte”; puesto que en la antigüedad se utilizaban piedras obsidianas), mientras que el término actual es “nuye” (literalmente “tallar”, “tatuar”, “escribir”) o de forma más literal “sinuye” (“tallarse uno mismo”). En este caso, tatuar y tallar connotaría cierta sinonímia, porque tatuar implica dibujar sobre la piel, pero mediante cortes pequeños que formaran las cicatrices y que darán forma al dibujo o diseño sobre la piel. 

Mujer Ainu con el típico tatuaje. 
Foto tomada de la colección de Okinawa Soba, quien posee en su cuenta en Flickr una extensa colección de fotos del antiguo Japón. (Para más fotos, click aquí)
En otras palabras, tatuar es tallar sobre la piel. Estos tatuajes se realizaban principalmente alrededor de los labios, pero también en los antebrazos, la parte posterior de las manos, articulaciones de los dedos; e incluso, otras partes del cuerpo fueron tatuadas con estos diseños geométricos, a manera de amuletos contra enfermedades específicas. El tatuaje de los labios comenzaba al tercer año de vida y se finalizaba cuando la mujer contraía matrimonio. Esto puede tener una connotación machista desde el punto de vista occidental, puesto que este tatuaje simbolizaba que las palabras que salieran de la boca de la mujer, pertenecian ahora a su esposo. Pero también se considerada que el tatuaje de los labios entre las mujeres era una forma de evitar que los espíritus ingresen al cuerpo. 

Del mismo modo, se tatuaban los brazos con diseños geométricos a partir del quinto o sexto año de nacida, también con la creencia de que las protegerían de los espíritus malignos (este tatuaje de brazos, se asemeja mucho a la tradición practicada por las mujeres okinawenses: el hajichi, que indicaba el estado civil de la mujer). 

No utilizaban agujas para tatuar, sino pequeños cuchillos llamados makiri con el cual podían cortar la piel, y anteriormente, se utilizaban puntas de flechas hechas de obsidiana. Durante el proceso del tatuaje, se utilizaba un antiséptico llamado nire (un preparado a base de corteza de árboles), en caso que los pequeños cortes sangraran. Frente a esto, es fácil deducir que era un procedimiento doloroso, por lo que la mujer sometida a esta práctica debía de permanecer quieta mientras se realiza el tatuado (y de esta forma, se creía que la mujer podía prepararse para afrontar el dolor de un futuro parto). Pero en caso que no pudiera resistir el dolor y no pueda quedarse quiera, era sujetada por otras personas hasta que termine el proceso de tatuado. 

Vista de una mujer Ainu con los labios y brazos tatuados, en donde se aprecia el diseño entrelazado en los brazos.
Pero esta moda, a diferencia del ohaguro (teñido de dientes) solo la practicaban las mujeres, porque, según los Ainu, esta costumbre fue traída a la Tierra por la diosa Okikurumi Turesh Machi, considerada la hermana menor del dios creador Okikurumi. De este modo, esta tradición fue practicada solamente por mujeres y las únicas encargadas en realizarlo, eran las abuelas o tías. 

Sin embargo, esta larga tradición, “mutilante” (según el concepto occidental) y dolorosa pero aceptada por las mujeres Ainu por tradición, fue prohibida por el gobierno japonés, quien en su intento por japonizar a los Ainu (así como con los okinawenses, considerados también como un pueblo de costumbres indígenas) decreta en 1799 y posteriormente en 1871 la prohibición de estos tatuajes. 

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