domingo, 28 de abril de 2013

El Peculiar Concepto de la Belleza en el Antiguo Japón (parte I)

Hace poco vi la foto de una mujer japonesa muy sonriente, pero a pesar de su cándido rostro, me pareció un tanto bizarra y hasta escalofriante, porque tenía los dientes teñidos de negro; por lo que decidí investigar un poco más sobre esta “moda”, que más adelante descubrí que no era una moda pasajera, sino una costumbre que ha perdurado por varios siglos en Japón, junto con otras costumbres que, para la época, eran consideradas de buen gusto y de uso generalizado.
Seguramente habrán otras costumbres que se relacionen con la forma de vestir o la apariencia personal (sobretodo en los pueblos más alejados de Japón), pero a continuación, les mostraré algunas de ellas, que al parecer son las más conocidas. 

OHAGURO  お歯黒
OHAGURO (o = prefijo de respeto, ha= dientes, guro = color negro) es el término con el que se denomina a la técnica de pintarse los dientes de color negro y que se practicó en Japón desde el periodo Heian (años 794 a 1185) hasta el periodo Meiji (1868-1912), aunque existe evidencia que sustenta que su práctica es mucho más antigua, incluso que datan del periodo Asuka (aproximademente siglos VI-VIII). El término más utilizado y conocido es ohaguro, que fue utilizado por la gente del pueblo; aunque también se le conocía como “fushi mizu”, entre las personas de la realeza. Otros términos también utilizados son “kane”, kanetsuke” y "hagurome”, así como tesshoo y dashigane u okane, dependiendo del tipo de preparación que se utilizaba para el teñido. Algunas mezclas incluían un preparado a base de virutas de hiero oxidado remojadas en vinagre y nuez de agallas, o de la corteza de un árbol, entre otras.

 Se dice que esta moda fue impuesta por la emperatriz Genmei, aunque no se sabe con certeza el origen exacto de esta práctica, si fue importada de un país vecino, puesto que la práctica de ennegrecimiento de los dientes también puede verse en otros países del sudeste asiático, como Vietnam, Indonesia, Filipinas e incluso americanos, como la tribu de los Chontaquiros o Piros del Perú, que justamente deben su nombre a la planta Chonta y a Quiros, que significa Dientes, porque utilizan dicha planta para teñirse los dientes de color negro para que se conserven mejor. 

Sea cual fuere su real origen, esta práctica tuvo como finalidad, en un principio, de proteger los dientes contra las caries, puesto que la mezcla con la que se realizaba el ohaguro actuaba como un sellante. Pero con el paso del tiempo, fue adquiriendo una mayor importancia dentro de la sociedad, como una forma de indicar el inicio de la pubertad entre los niños y niñas de la aristocracia y de la clase guerrera (samurái). Además de estos fines, el ohaguro tenía otra finalidad, más subyacente a la ideosincracia animística de la época, porque al tener los dientes de color negro, se podía diferenciar a una demonio femenina de una mujer humana, porque los animales y espíritus malignos poseen colmillos blancos. Aquí también cabe mencionar que el ohaguro puede explicar el motivo por el que las mujeres japonesas se cubrían la boca cuando se reían (e incluso hay personas que aún lo hacen). Se decía que la inexpresividad de las emociones era una virtud practicada entre la clase acomodada, por lo que la sonrisa o la risa debería estar "disimulada" perfectamente con unos dientes teñidos de negro, pero como el ohaguro ya está en desuso, el cubrirse la boca con la mano al reirse, supliría inconscientemente la ausencia del "ohaguro" en los dientes; aunque hay otros que argumentan que simplemente, es una forma de expresar inconscientemente la timidez de una persona.

Asimismo, se dice que el ohaguro era practicado como una forma de embellecer el rostro, puesto que ocultaba los dientes, que era la parte visible del esqueleto y que estaba relacionado con la muerte. Antes del siglo VIII, esta costumbre era practicada por hombres, mujeres y niños de la nobleza, pero a partir del periodo Nara (710-784) solamente fue practicada por mujeres casadas, por influencia de la cultura china, predominante por aquella época en Japón, que no seguía esta tendencia. Ya en el periodo Heian, el ohaguro fue practicada por mujeres más jóvenes, antes del inicio de la pubertad y posteriormente, nuevamente los hombres de la nobleza también se incluyeron en esta costumbre elitista. Y como toda tendencia, la práctica del ohaguro se amplió a hombres y mujeres de la nobleza incluso después de haber alcanzado la pubertad; asimismo, se incluye a la clase guerrera (samurái), sean niños, mujeres y hombres. 

Ya por el siglo XIV, esta moda se impuso a todas las clases sociales, salvo los burakumin o los marginados de Japón. Durante el periodo Edo, las mujeres practicaban esta costumbre a la edad de catorce años, mientras que los hombres, a los quince o dieciséis. Sin embargo, con la restauración Meiji, que es cuando Japón abre sus puertas al mundo, se dicta un decreto imperial en 1870 en donde se prohíbe a los nobles que se tiñan sus dientes de negro. Y tres años después, la emperatriz se mostró en público con los dientes blancos, sin teñir, haciendo que las mujeres de la nobleza siguieran rápidamente su ejemplo, aunque las mujeres del pueblo continuaron esta tradición por más tiempo. Este cambio en la moda, coincide con la apertura de Japón al mundo, en donde Japón ya no solo estaba expuesto a la tecnología y conocimientos foráneos, sino también a los cánones de belleza occidentales.

FUENTES (click en los títulos para acceder al texto original):

2 comentarios:

  1. Creo que el concepto de belleza japonesa sigue siendo bien peculiar hoy en día para mis ojos occidentales... y bueno, cosas como Tsukeyaeba (付け八重歯) aun no lo entiendo...

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    1. Hola Cristobal, así es, puede parecernos raro estos tipos de "moda", pero si compartimos la misma idiosincracia del país, no lo serían. Mientras que nosotros tratamos de corregir nuestros dientes, usamos los típicos frenos o brackets, muchas japonesas prefieren lucir al "natural", muchos dicen que lucen más atractivas y "kawaii" puesto que muestran un rostro más aniñado, más tierno. Cuestión de culturas.

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