jueves, 25 de julio de 2013

Creo en Dios y Soy Supersticiosa: Un Aparente Sincretismo

“Soy católico pero no practicante”. Es la definición (o mejor dicho, la excusa) que seguramente hemos escuchado cuando se toca el tema de “¿eres católico? o “¿vas a misa?” 

En la esquina de mi casa vive una chica que es también nikkei y que participa activamente en la parroquia del barrio. Una noche, llegó a mi casa para hacernos una serie de preguntas, puesto que la parroquia estaba realizando una encuesta a nivel de barrio para determinar, seguramente, el número de creyentes que vivían cerca. Después de hacernos unas cuantas preguntas, entre ellas, nuestros nombres y edades, me preguntó si era católica, a la que respondí con toda la seguridad del mundo, pero terminé dubitativamente al decir: “esteee…no, peeero sí vamos a veces”, cuando me preguntó si iba a misa todos los domingos, aunque lo dijo en un tono más bien amigable que inquisidor.

Generalmente, me incomoda un poco cuando me preguntan si voy a misa, porque no voy fielmente todos los domingos y cuando les digo que lo hago de vez en cuando, una pregunta tan sencilla puede terminar en una pequeña discusión, en caso que mi interrogadora sea una persona “católicamente” tradicional, que ya tuve la oportunidad de conocer hace mucho tiempo. Si hay algunas personas se escandalizan al escuchar decir que alguien solo va a misa a veces, ¿cómo reaccionaran si escuchan a alguien decir que practica dos religiones a la vez? o si, en mi caso, les dijera que soy católica, pero también practico algunos ritos budistas y además de eso, también creo y practico algunas creencias okinawenses, que son mayormente supersticiosas y a veces, contrarias al catolicismo? 
Y creo que no solo pasa esto en mi casa, sino en la mayoría de las familias que tenemos ascendencia okinawense.

La mayoría profesamos el catolicismo, pero si tenemos un butsudan en casa, necesariamente debemos decir que también profesamos el budismo (en cierta manera). Aunque sobre esto último, creo que no profesamos el budismo por convicción, sino por tradición.

Sobre este tema, hay muchos investigadores nikkei-peruanos que han descartado la existencia de un sincretismo religioso entre la comunidad nikkei-peruana, puesto que solo practicamos el budismo por el tema del butsudan (que se centra en el culto a los muertos, desde la perspectiva okinawense) mientras que el catolicismo es profesado en casi todas nuestras actividades: hacemos misa por salud, nos casamos por la iglesia, mandamos a bendecir la casa o el negocio, entre otras; lo que demuestra el predominio de la fe católica. Y en el caso del budismo, específicamente en el caso del butsudan, solo es practicado para continuar con la tradición familiar, es decir, practicamos ritos que pertenecen a una religión específica, pero que nosotros lo tomamos como parte de una tradición.  
Pero hay algunas personas que no comprenden que puede existir una convivencia (casi armónica) entre dos religiones, o mejor dicho, entre una fe y una tradición; pero como ya es "costumbre" en mi casa, yo lo veo como algo normal y me cuesta algo de trabajo tratar de explicar el por qué soy católica y a la vez, pagana (con respecto a algunas creencias okinawenses). Les comparto algunos recuerdos que tal vez, podrían explicar mejor a qué me refiero.

Mi familia, paradójicamente, decidió ser católica por decisión de mi oba. ¿Será por la presión social, de no sentirse marginada en una sociedad mayoritariamente católica como el Perú o porque simplemente quiso ser católica, o tal vez porque frecuentaba a un grupo religioso en donde se reunía con amigos y terminó conociendo la fe católica? No lo sé. Mi oba decidió bautizarse y adoptar un nombre católico, tal vez para simplemente pasar casi desapercibida en una sociedad de tantos Pérez o López. Al bautizarse, decidió llamarse Isabelita y mi tío, Roberto. Nunca me acostumbré a llamar así a mi oba o a mi tío, solo cuando me encontraba con algunos vecinos (no nikkei, por cierto), preguntando “¿y cómo está tu abuelita Isabelita?”, ya sabía que se referían a mi oba. Para mí, era como decir que “Isabelita” o "Roberto" eran sus apodos. Pero yo,  simplemente la llamaba "oba" y "tío".

Recuerdo que ella tenía en su dormitorio varios libros pequeños, escritos todos en japonés, pero en la portada había una pequeña cruz dorada y en una de las páginas estaba representada la Virgen de Fátima. Al pie de su cama, había pegado una manualidad que mi hermano había hecho en el colegio. Era la imagen del Corazón de Jesús, que había sacado de un calendario pasado y que estaba enmarcado con cartulinas de colores y algo de escarcha. Y aunque el paso de los años ya se hacía ver en esa imagen, puesto que ya lucía desvencijada y desteñida, mi oba nunca la quiso retirar, y para que no se caiga de la pared, la pegó con goma, directamente a la pared. 

No me acuerdo quien empezó esa costumbre, si mi mamá o mi oba, pero desde que tengo memoria, cada vez que hacíamos alguna manualidad en el colegio, ya sea alguna tarjeta festiva o algún dibujo mal-hecho, siempre nos dejaban pegarlos en la pared, sea con goma o cinta adhesiva. Y en mi cuarto, mi mamá también había pegado una imagen de un Cristo con su rebaño, sacado también de un calendario viejo. Nunca nos dejó quitarlos, por más viejos, roídos o descoloridos que lucieran, siempre nos decían los mayores: “eso no se bota, ahí sale kamisama”, como si esos recortes de revistas o calendarios ya descoloridos fueran algo sagrados y por más que estuvieran, y lucieran, viejos, nunca podíamos deshacernos de ella, sino, nos hacían sentir como si fuéramos unos sacrílegos. 
Ya cuando mis hermanos y yo crecimos, esas imágenes descoloridas “desaparecieron". 

Pero lo que no pudimos hacer desaparecer, como arrancarlas fácilmente de la pared, fueron las creencias okinawenses que mi oba nos enseñó y que fueron (y son) parte de nuestra esencia como familia. 

Hay muchas creencias (sean japoneses u okinawenses) que podrían entrar en contradicción con la fe católica, como la cremación o los contactos con el más allá, pero que muchos la profesamos simplemente por tradición, para continuar preservando la memoria de nuestros antepasados a través de las costumbres o tradiciones. Por lo tanto, no puede existir sincretismo, más bien, existe una simple amalgama de culturas. 

Cuando era pequeña, veía que mi mamá oraba en frente al butsudan, pero siempre se persignaba al final. Y eso para mí era una clara evidencia que su fe católica primaba sobre la budista y que la forma como uno recuerda a sus antepasados solo lo practicamos por tradición. 
Partida de Bautizo de mi mamá (1953)
(Parroquia del Sagrario, Lima)


Entre el desorden de los álbumes familiares, había encontrado el certificado de bautizo de mi mamá del año 1953, es decir, ya había pasado la mayoría de edad cuando recibió este primer sacramento católico. Quise que mi mamá me contará la razón por la que se bautizó a esa edad, pero no se acuerda mucho. Lo único que se acuerda es que mi oba frecuentaba el Comité de San Francisco de Asís, que es un grupo de ayuda y en donde ella afianzó (y tal vez aprendió) los misterios de la fe católica. Le gustaba reunirse porque se encontraba con muchas amistades y compartían tal vez, experiencias de vida, o simplemente, conversaban con gente contemporánea y que vivieron lo mismo que ella: todas eran japonesas que habían llegado al Perú. Era la época en que mi oba participaba activamente dentro de las diferentes organizaciones de la colectividad, como Fujinkai, el Comité San Francisco, entre otras. 
(PARA AGRANDAR LA FOTO, HACER CLICK SOBRE ELLA; VOLVER A HACER CLICK PARA REGRESAR AL TAMAÑO ORIGINAL)
Título de la Foto: 
"Comité San Francisco 25 Aniversario de Fundación
9 de julio de 1950 - 9 de julio de 1975"
コミテ-サンフランシスコ創立廿五周年記念
1950年7月9日ー 1975年7月9日
 
Mi oba aparece sentada al lado derecho, 
la primera de la fila
En este grupo, mi oba recibió varios libros, como una pequeña biblia y algunos libros de oración, todos en japonés, y varias ediciones de un mismo libro, el antiguamente conocido “Sonrisas del Sol”, que relatan pequeños cuentos con personajes japoneses en situaciones que mostraban ejemplos de caridad, perdón, humildad, entre otros valores, y que fueron entregados a cada miembro del Comité para que los comparta (regale) entre sus familiares y conocidos que no sabían leer japonés. 

Algunas veces, mi oba regresaba a casa con varios furoshiki pequeños, trayendo diferentes dulces japoneses, para compartir entre la familia, especialmente nosotros, sus nietos, que aún éramos pequeños. Los había traído porque había regresado de un paseo, no sé si a la playa o al campo, o simplemente porque se reunieron en el mismo Comité, y como toda costumbre japonesa, las oba traían los dulces que “sobraban” a la casa (mi oba siempre llevaba en su bolso un furoshiki o una tela cuadrada grande, en caso que haya "sobrado algo" y tenga que envolver ese "algo" para traerlo a casa.) Y es que así era la costumbre de mi oba, y creo de muchos inmigrantes japoneses, que era la de compartir. Y no solo traía a casa esos dulces, sino que también nos traía algunas luces de la fe católica. 

En casa, cuando estaba sola en su dormitorio, veía que mi oba pasaba algunas horas leyendo la biblia que le regalaron mientras fumaba. Recordarla así me resulta un poco extraña, pero así era ella. Por lo que recuerdo, ella creía en la existencia de Dios, de alguien superior, pero también creía en la protección de los antepasados. Recuerdo que cada vez que alguien se asustaba en casa, especialmente yo, que aún era muy pequeña, ella (al igual que mi tío Sokuko, y quien también se convirtió al catolicismo) hacían unos ritos okinawenses, que ya casi nadie en la familia se acuerda. 

Cuando era pequeña, casi tuve un accidente automovilístico cerca de mi casa, y después que me curaron mis heridas, solo unos pequeños raspones, puesto que mayor fue el susto, mi tio me llevó nuevamente al lugar para curar, según decía, mi mabui (alma). Nos paramos cerca de la pista y comenzó a pasarme un zapato viejo mientras decía unas frases en uchinaguchi que no entendía y luego tiró ese zapato cerca del lugar y regresamos a casa. Él le dijo a mi mamá que ya estaba curada “del susto” (ante una fuerte impresión, se dice que alguien puede quedar en shock y puede presentar diversos síntomas, como fiebre, semi-parálisis temporal, pesadillas nocturnas en niños, entre otros sin razón aparente). 

Mi oba, en cambio, nos hablaba sobre diferentes supersticiones, que son propias de la religión okinawense, una religión basada en ánimas y supersticiones, a diferencia de la católica o budista. Ella fue la que nos inculcó la creencia en la existencia de una vida después de la muerte, en las ánimas, en el significado de los sueños, entre otras. Cada vez que alguien fallecía en la familia y alguien soñaba con ese familiar, uno tenía que enfadarse, puesto que mi oba decía que ese familiar ya fallecido no debería de presentarse en sueños (tal vez porque estaba "llamando" al familiar aún vivo para que lo acompañe en el más allá), y mi oba se colocaba delante del butsudan y comenzaba a orar, pero más que orar, era como una queja, casi como si fuera una reprimenda. Y en caso que continuaran los sueños con ese familiar, mi oba nos decía que teníamos que llamar a un yuta para que se contacte con el difunto, y saber por qué no descansa en paz. Y esta es una costumbre que aún mi mamá lo hace (y yo también).  

Hay una frase que mi oba le enseñó a mi mamá y que ahora, me lo dice algunas veces: "Cuídate tu misma que Dios te cuidará". No sé en dónde lo habrá aprendido, pero me parece que es tan sencillamente hermosa para tomarla en cuenta.  


Me hubiera gustado preguntarle directamente a mi oba: "por qué te bautizaste", o "por qué leías esos catecismos en la casa, pero nunca te veía en las misas los domingos?", o incluso preguntarle: "¿te parece bien si comparto estos recuerdos en mi blog?"; pero ya es un poco tarde para ello. Cuando ella aún vivía yo todavía era pequeña para entender muchas cosas. Lo único que me queda son los recuerdos que tengo, y lo poco que se acuerda mi mamá sobre el pasado (o tal vez siente cierta nostalgia al recordar el pasado y simplemente lo quiere olvidar). 

Por experiencia propia, puedo atestiguar que sí puede existir (cierta) convivencia entre una fe y otra (tradición) dentro de una familia; porque en este caso, es la fe católica que convive con las tradiciones (y costumbres) okinawenses, porque eso es lo que son para mí: tradiciones y costumbres de familia.

PARA SABER MÁS SOBRE EL TEMA:
La Religión entre los Nikkei del Perú. Amelia Morimoto. 1 de mayo del 2007. Discover Nikkei.  

1 comentario:

  1. En realidad el sintoismo, es una veneración a nuestros muertos, no se considera una religión, esto es aceptado por la iglesia católica, por eso se puede ver a nuestro padre Kato o el fallecido padre Martinez, que ponían osenko en el butzudan. Lo que si es cierto es que muchos llevamos a la religión a nuestra manera, quizás para muchos es una forma cómoda hacerlo así, pero creo que mientras uno no haga daño a los demás y tenga bien definidos sus valores, sea la religión que tengamos, Dios no nos va a castigar si la etiqueta es evangélico, testigo de jehová, budista, etc. En cuanto a la adopción de la religión católica de parte de todos los inmigrantes japoneses, nuestros abuelos lo hicieron en un primer momento por ser aceptado por la sociedad peruana, incluso si nos damos cuentas al final se volvieron muy criollos y se integraron a la sociedad peruana.

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