martes, 7 de enero de 2014

"¡Mottainai!, ¿Cómo Vas a Botar?, ¡Si Todavía Sirve!"

"Mottainai...." Se quedó por unos unos breves segundos contemplando el mochi que ya empezaba a honguearse (“a salirle koji”, como mi oba decía), casi con pena, mientras decía “mottainai” con una voz casi imperceptible. Al final, mi mamá lo botó a la basura, casi con resignación. 

Aunque ya pasaron las celebraciones de año nuevo, en mi casa recién terminaron ayer. En mi casa se acostumbra celebrar el año nuevo (oshogatsu, en japonés) con abundante comida japonesa, dulces japoneses (wagashi) y frutas variadas. Y como en mi casa aún continuamos con la cultura “mottainai” de mi oba (aunque creo que sería la costumbre de lo “mottainai”), tuvimos que comer todo antes que se malograra y termináramos por tirar toda esa comida a la basura ("mottainai, ¡cómo se va a botar!")
Una vista de los wagashi (dulces japoneses) que comimos en Año Nuevo
Durante esos días, tuvimos que desayunar, almorzar y cenar las sobras de la comida de año nuevo (pollo con tofú, tempura de kamaboko, arroz chaufa de kamaboko, en fin, mil y una combinaciones que uno inventa cuando tiene sobras y le da pena botarlas). Y ayer, lo último que quedaba eran unas manzanas y el kagami mochi
El Kagami mochi que pusimos en Año Nuevo
Con las manzanas, que ya estaban muy maduras y no durarían ni un día más, preparé un queque de manzanas que quedó muy rico. Y sobre el kagami mochi, bueno, ese sí tuvimos que botarlo. Mi mamá pensaba preparar un dulce japonés que aprendió de mi oba utilizando los mochi del kagami mochi, pero mis prejuicios modernos acabaron por desilusionarla. “¿Vas a cocinar algo con eso? ¡Pero, si ya está hongueado!", fue lo que le dije al verla que estaba lavando los mochi a la cocina. 

Cada vez que veía que desarmaban el kagami mochi y se llevaban los mochi a la cocina, ya sabía que iban a cocinarlos. Era una costumbre que mi oba repetía cada año y aunque casi siempre salían unos puntos negros en el mochi, (lo que significaba que "ya tenía koji”), mi oba no se desanimaba por ello y siempre preparaba un dulce con los mochi con koji

Lavaba cada mochi y retiraba cuidadosamente las partes donde había “koji” y la parte que estaba buena, la cortaba en cuadrados pequeños y lo colocaba en una sartén. A fuego lento, derretía media tapa de chancaca y cuando ya parecía una melaza, echaba los cuadrados de mochi y los mezclaba. “Con chancaca, ¡sale más ajikutá!(*) Y seguía moviéndolo hasta que los blancos trozos de mochi se oscurecieran completamente con la chancaca.  

“Mottainai… ¿Cómo vas a botar? ¡Todavía sirve!" Es la frase que podría resumir la cultura “mottainai” de mi oba, o mejor dicho, la costumbre de las obas por ver todo como “mottainai”. Sacar los cierres o botones de la ropa que ya no usábamos y guardarlos en un tarrito para cuando necesitemos algún cierre o botón o; guardar los envases de yogurt (aquellos que eran más resistentes y venían en forma de copita) para usarlos como vasitos de gelatina o; convertir nuestros polos viejos en trapos para la cocina o; incluso, lavar las bolsas de plásticos y colgarlas en el patio para que se sequen y poder usarlas nuevamente; son algunos ejemplos que mi oba junto con mi oba hacían cuando estaba pequeña y que pueden explicar mejor lo que significa la palabra “mottainai”. 

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Un ejemplo sobre lo que significa "mottainai", según el cómic "Sazae-San" de Mariko Hasegawa
Cuando mi oba era pequeña, no tenía muchas comodidades y esta misma situación se repetía (o, incluso, pudo ser más dura) cuando recién había llegado a Perú y tenía que cuidar a cinco hijos pequeños, por lo que la costumbre que trajo de Okinawa por ver todo como “mottainai” le servía de mucho. Ahora que lo pienso bien, recuerdo que a mí también me sirvió mucho la costumbre de lo “mottainai” cuando yo estaba muy pequeña, incluso hasta ahora. 

Recuerdo que mi infancia estuvo, al igual que la de mi oba, con algo de carencias o como se dice, “uno estaba con las justas”. Me daba cuenta, a mi corta edad, que “estábamos con las justas” porque veía que no tenía muchos juguetes, apenas unos cuantos. Era una época difícil, no porque fuera una época de postguerra, sino porque mi papá ya estaba muy enfermo y no podía trabajar y, sobretodo, porque era la época del gobierno de Alan García, una época que recordamos como la peor pesadilla y, quienes la recordamos, quisiéramos que nunca más volviera a repetirse. 

Era una época en donde todo escaseaba y lo poco que había, “estaba por las nubes” y, en mi caso, los juguetes que yo quería estaban muy lejos de mi alcance. Así de simple puede resumirse esta época. Aunque parecería que no hubiera tenido nada, sí tuve juguetes, aunque eran pocos, pero tenía. 

En mi casa había un triciclo que era de mi hermano mayor, pero como pasa en todas las familias, fue pasando de hermano a hermano, hasta que me tocó a mí. Pero, después de tanto uso, ya no estaba tan nueva y hasta le faltaban algunos adornos y, lo más importante, le faltaba el asiento. Solo había una varilla de acero en su lugar. Aún así, mi oba no quiso botarlo y más bien, me alentaba a usarlo. Amarraba algunos cojines de la sala y los colocaba en donde se suponía que tenía que haber un asiento y después de unos nudos aquí y allá, ¡voilá! ya estaba listo. Me abría la puerta de la casa y yo salía pedaleando feliz con mi triciclo todo despintado y sentada encima de una ruma de cojines de sala como asiento. 

Ahora, me daría vergüenza salir así o de hacer salir así a un niño; pero mi oba no, ella más bien, decía "Mottainai…¡Como van a botar! Todavía sirve!” Y sí, realmente servía, aunque todo destartalado, pero servía. Mi oba me veía sonriente cómo iba pedaleando por el jardín. 

Y no solo con mis juguetes, sino también con todo. Mi oba tenía una tienda en donde tampoco desaprovechaba la oportunidad para ver todo como “mottainai”. 

Solía guardar los papeles platinas de los cigarrillos que vendía en la tienda y cuando ya tenía una cantidad considerable, las transformaba en blocks de notas o para hacer tsurus con ellos. O, también, recuerdo que guardaba todas las chapitas de gaseosa para que nos hiciérmos panderetas con ellas (aunque después, nos las quitaba porque hacíamos mucha bulla en la casa). O los cuchillos de la cocina, que por el uso terminaban sin el mango de madera; pero, como "todavía cortan, mottainai para botar", mi oba forraba con rafia el extremo del cuchillo hasta que se pudiera agarrar sin problemas.

O en sus reuniones con las amigas, tampoco podía faltar la costumbre de lo "mottainai". Casi todas las oba de aquellas épocas solían llevar dentro de sus bolsos un trozo de tela llamada furoshiki y que servía para envolver paquetes y llevarlos fácilmente. Recuerdo las veces que regresaba de alguna reunión de Fujinkai o del Comité San Francisco con algún dulce japonés o, incluso, huevos de codorniz y los dejaba sobre la mesa diciéndonos que "Sobró mucha comida. Mottainai para botar. Ya coman". Y así fue que cada vez que los mayores venían de alguna reunión o de la calle; nosotros, los chicos, siempre los esperábamos ansiosos pensando qué nuevo dulce habrán traían en su "bolsita" (furoshiki).
 
Ya con el tiempo, eso de traer lo que sobraba de las reuniones ya  no se veía tan bien y mi oba dejó, gradualmente, de traer lo que había sobrado (o lo "mottainai" que había sobrado, por así decirlo).

Y como se dice, "lo que se hereda, no se hurta" ni mi mamá ni yo pudimos deshacernos de esta costumbre por ver todo como "mottainai". Mi mamá, por ejemplo, solía colocar tapas de lapiceros a mis colores que ya estaban tan chiquitos de tanto haberlos tajado y que, por eso, apenas podía cogerlos para pintar. Pero ya con las tapitas, podía usarlos hasta que, realmente, ya no sirvieran (es decir, hasta que ya no tuvieran mina). 

O también, solía conservar las muñecas japonesas que colocaba como adorno en la sala, aunque por los años y la luz del sol que entraba por la ventana ya lucían descoloridas y, por lo tanto, poco atractivas. Siempre decía, "No importa, son bien kawaii... Mottainai para botar". Pero ya cuando nos mudamos de casa, aproveché en "regalarlas" al ropavejero, porque, realmente, daba pena dejarlas en la calle y que el camión de la basura las recogiera. Realmente era "mottainai para botarlas así nomás".

O en mi caso, que acostumbro guardar los envases en que se venden las salsas o la comida preparada en los supermercados para guardar las verduras picadas en la refrigeradora, aunque creo que lo hago más por practicidad o por ser ecológica que por la costumbre de lo "mottainai".
Creo que eso de ver todo como "mottainai", no es del todo tan malo o tan "cachivachero", como siempre le decía a mi mamá cada vez que ella guardaba cualquier cosa por un simple "Mottainai... ¡Da pena botarlo!". Es una enseñanza (pordría llamarse "de vida") que nos dió nuestras oba para que valoremos las cosas que tenemos y no caigamos en el simple consumismo, como el que actualmente es, donde casi todo es "usar y botar". Ahora, las nuevas generaciones tienen todo a la mano y todo es más fácil que antes que, muchas veces, no aprecian o valoran las cosas que tienen. 

Libro "Mottainai Baasan"
Mientras estaba terminando de escribir este post, estaba buscando alguna imagen que ilustre sobre lo mottainai por internet y descubrí que hay un libro que habla precisamente sobre lo "mottainai". Es un libro que, a modo de cuento, nos da algunos trucos sobre cómo aprovechar al máximo lo que comúnmente consideramos como "basura" o "cosa inservible".
"Mottainaibaasan" ("Abuela Mottainai") es el título del libro publicado por Mariko Shinju en el 2005 y que intenta explicar,  a través de ejemplos e ilustraciones, el significado de "mottainai" entre los niños. 
Por ejemplo, si quedaran sobras en el plato y viniera "Mottainaibaasan" (la "Abuela Mottainai"), diría "¡Mottainai!... ¡Cómo dejan tanta comida! Mejor yo lo termino". O, si ve que pelamos una mandarina y botamos las cáscaras, diría, "¡Mottainai! Mejor, hay que secarlos al sol y usarlos en el baño. Las cáscaras secas de mandarina te harán sentir tan bien!"
"¡Mottainai, tantas sobras!"
"Antes de botar, mejor, me lo como"

Así como Mottainaibaasan, y como nuestras propias oba, ¿acaso no tienen razón con lo de "mottainai"? Como estamos en un mundo tan tecnológico y consumista, ¿no sería bueno regresar a la "filosofía" de lo "mottainai"?

ACLARACIÓN DE ALGUNOS TÉRMINOS:
  • ajikuta: palabra en uchinaguchi que significa "delicioso".
  • chancaca: conocida también como panela, dulce hecho a base de la caña de azúcar.
  • Fujinkai: Asociación de Damas Japonesas en el Perú 
  • Comité San Francisco: grupo o asociación en donde se reunía los japoneses que profesaban la fe católica para compartir experiencias, reunirse o conocer un poco más sobre la fe.
  • arroz chaufa: arroz al estilo cantonés, al estilo chino.
  • kamaboko: pastel de pescado
  • tofú: queso de soya
  • tsuru: grulla, en japonés (y que se hace con papel, con la técnica llamada origami).

FUENTES:

6 comentarios:

  1. Hola! Acabo de encontrar tu blog por un trabajo que estoy realizando sobre la fusión cultural de Japón y Perú y me siento tan feliz de haberte encontrado! Mi oba también es de Okinawa y todo lo que dices pasó y pasa en mi casa! Me encantaría que nos pusiéramos en contacto, me ayudarías muchísimo! Mi correo es bananafishbones39@gmail.com. Saludos! :)

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    1. Hola Ang, gracias por leer el blog. Cualquier consulta o recuerdo que quisieras compartir, puedes escribirme a mi email: mtsukayamashinzato@yahoo.com o al inbox del fanpage de Jiritsu en Facebook: https://www.facebook.com/pages/Jiritsu/199199100095216

      Gracias
      ¡Saludos!

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  2. Con la excusa de esa palabra cuanto he comido en mi vida...JAJAJA!!!

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    1. Hola Manuel, sí, es como si nuestras oba, en lugar de decir "Come un poquito más, ándale...", nos dijera "Mottainai..." para que comamos más (haha)

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  3. Esa forma de vida creo que fue trasmitida de generación en generación, ya que ellos vinieron a Perú en muchos de los casos en busca de un futuro mejor, sin casi nada y muchos sin educación, pobres, solo con su trabajo y es por eso les daba pena de botar las cosas, así que se arreglaban, por eso que muchos de nuestros padres, tíos, los oyí eran mil oficios, carpinteros, pintores, electricistas, hacían de todo y en la mayoría de los casos autodidactas. Por eso que en la época de hiperinflacíon, paquetazo, estábamos preparados para todo, se lo debemos a ellos, los tiempos han cambiado, no?, pero igual hace poco nos mudamos a otra casa e inicialmente todo sirve y uno no lo quiere botar o quizás cada cosa tiene un recuerdo, pero finalmente si vas a una casa mejor no puedes llevarte cosas muy viejas, así que cerrando los ojos botamos o regalamos muchas cosas, pero ahora luego de dos años, veo igual conservamos algunas, pero así en el fondo nos criaron y sigue dentro de cada uno de nosotros.

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    1. Hola Roberto, lo mismo pasó con nuestro caso, teníamos muchas cosas que queríamos conservar no solo por lo "mottainai" que encerraba, sino también porque guardaban muchos recuerdos. Pero, como nos aconsejaron, es mejor llevar lo imprescindible a la casa nueva y no dejar que los recuerdos nos sigan atando y solo conservar aquello que realmente valga la pena conservarlo.

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