jueves, 30 de enero de 2014

Cien Años de la Inmigración de Yonabaru al Perú (100 Años de Historia, Sacrificio, Alegrías, Penas y Anécdotas)

Hoy en la mañana, me enteré por el Facebook de Yonabaru Chojinkai Peru que ya este 5 de febrero se celebran los 100 años del arribo del primer inmigrante de Yonabaru al Perú. ¡Cómo pasa el tiempo! Realmente, no puedo imaginarme que ya se cumple cien años: cien años de trabajo, de sacrificios, de alegrías y penas y, también, de triunfos y fracasos de nuestros oji y oba. Mis abuelos (tanto paternos como maternos), vinieron de Yonabaru, así que no puedo dejar de recordar una fecha tan importante.

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Logo tomado del Facebook de Yonabaru Chojinkai Perú
Logo tomado del Facebook de Yonabaru Chojinkai Perú
Contar una historia de 100 años, realmente sería interminable, no solo hablaríamos de fechas o nombres de personajes importantes, sino que también habrán anécdotas o quizás secretos o costumbres de familia y, como dicen, “una imagen vale más que mil palabras”, qué mejor que ver algo de esa historia a través de unas fotos. Estas fotos son significativas para mí, puesto que son fotos familiares y que seguramente, muchas familias compartirán un recuerdo similar.

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FOTO 1: UN VIAJE DE SUEÑOS Y ESPERANZAS. Mi oba (izquierda), aún con el cabello muy largo, posa para la cámara para una foto del recuerdo. Quizás haya sido su última foto tomada en Japón antes de emprender el largo viaje de sueños y esperanzas hacia el Perú junto con su esposo (mi oji).
FOTO 2: NO UN SOLO ADIÓS, SINO MILES. Mis tíos maternos representando lo que podría haber sido una escena muy recurrente en los primeros años de la inmigración al Perú (o a Latinoamérica): la despedida de los seres queridos en los puertos japoneses, partiendo hacia un lugar muy lejano y distinto (y, seguramente, con un futuro y reeencuentro incierto).
FOTO 3: "¡GRACIAS!" Los años pasan y ya podemos ver que estos primeros inmigrantes lograron cosechar los frutos que con tanto sacrificio lograron: lograr establecerse en una ciudad distinta en donde consiguieron cierta estabilidad económica. "Gracias" es lo que siempre mi oba decía, así como muchos otros inmigrantes de Yonabaru. A pesar que ya pasaron muchos años, aún la gratitud persiste. Foto en recuerdo a una misa budista de agradecimiento por un aniversario más del barco que los trajo al Perú, el Anyou Maru. (Mi oba es la segunda del lado izquierdo).
FOTO 4: LAS COSTUMBRES AÚN PERSISTEN. Matrimonio de mis tíos maternos (los mismos que aparecen en la foto 2), en donde mi oba quiso celebrar la boda de la mayor de sus hijas en Perú según la usanza japonesa. Pero contagiada, quizás, por el romanticismo de los velos y encajes de la moda occidental, no pudo resistir vestirla con un vaporoso traje blanco. (Año 1946).
FOTO 5: TRABAJA DURO Y COSECHARÁS LOS FRUTOS. Mi oba trabajó por poco tiempo en una hacienda azucarera porque quería independizarse y colocar su pequeño negocio, así como muchos inmigrantes en aquellas épocas. Después de años de trabajo arduo, logró tener un cafetín y ayudó a su hija mayor a instalar una peluquería, que estaba también en el Centro de Lima.
Aqui aparecen mi oba (lado izquierdo), mi tia materna (la misma que aparece en la foto 2 y 4) junto con los padrinos de la inauguración, su esposo (mi tío) y el sacerdote que ofició la ceremonia.  (Año 1960).
FOTO 6: LA GUERRA NO SOLO DESTRUYE VIDAS, SINO TAMBIÉN SUEÑOS. Casi todos mis tíos maternos pertenecieron a aquella generación de los "Kirai nisei" (hijos de inmigrantes japoneses que regresan a Japón para recibir educación japonesa). Mi oba quería que aprendieran la cultura e historia japonesa y, quizás, con el tiempo, regresar a Japón. Pero empezó la guerra y todos sueños y planes cambiaron. Todas mis tías se quedaron a vivir en Japón y el único hijo varón murió en la guerra. Esta imagen es el postal que mi tío envió a mi oba para mostrarle cómo era su colegio. Este, por ejemplo, era el auditorium en donde todos los alumnos se reunían. Realmente, quiso terminar la secundaria en ese colegio, pero la guerra destruyó todo.
FOTO 7: DÍAS DE COLEGIO. No todos los hijos de inmigrantes japoneses viajaron a Japón para estudiar, sino que muchos otros se quedaron a estudiar en Perú en los colegios japoneses o en los colegios nacionales. Mis tías por parte materna estudiaron en colegios japoneses, pero mi papá, por ejemplo, estudió en un colegio nacional, el Pedro Labarthe de La Victoria. Aquí aparece mi papá (lado derecho, en cuclillas) junto con sus compañeros de la clase de atletismo. (Año 1956)
FOTO 8: TODO CAMBIA. Mi oba, después de más de 40 años, regresó a Okinawa para visitar a la familia que dejó. Muchos familiares ya no estaban, habían fallecido por la edad o por la guerra. Las calles, las casas, el paisaje y, quizás, la misma gente. Todo cambió. Los años y la guerra hicieron lo suyo. "Ya no es lo mismo que antes", parece que estuviera diciendo mi oba en esta foto, mirando a la distancia con una extraña expresión de enfado o, quizás, de resignación, mientras que los otros turistas solo disparan sus flashes queriendo conservar el recuerdo de ese momento. ¿Pueden imaginarse lo que es regresar a su país luego de tantos años y verla tan cambiada y extraña, todo por culpa de una guerra sin sentido?
Realmente, hay tantas historias o anécdotas que toda familia yonabarunchu conservará, pero no podemos negar que todos compartimos un mismo origen: el sacrificio y esfuerzo que hicieron nuestros oji y oba.

2 comentarios:

  1. Todo cambia.....a veces me parece que nuestros antepasados que vinieron a Perú, fueron un grupo único que se congeló en el tiempo, lo más importante conservaron sus costumbres, sus principios, su forma de ver las cosas, Japón cambió, evolucionó, pero ellos no, se quedaron con el ideal en sus mentes y siempre pensando en regresar y ver que las cosas seguían igual, su pueblo, su gente, pero para los que regresaron...todo cambió, no solo lo exterior, más bien en el interior de la gente, por eso algunos guardaron esa decepción dentro de sus corazones....

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    1. Hola Roberto, así es, a veces, la gente no cambia solo por el paso del tiempo, sino también por la guerra, y creo que por eso mi oba decidió quedarse en Perú, como muchos de nuestros oji y oba.

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