miércoles, 30 de octubre de 2013

El Otro Origen del Tsunahiki o China-Hichi (Obasuteyama)

Hace unas pocas semanas, mientras estaba revisando mis emails, vi una noticia que se repetía en varios medios. La atención no era para menos, puesto que era un festival okinawense que atrajo a miles de personas, entre extranjeros y locales y que se realizó en varias ciudades de Okinawa, casi en simultáneo. 

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Imagen tomada de Okinawa NightLife
Eran los festivales del Tsunahiki 綱引き o Nudo de Guerra, un festival antiguo que no pierde vigencia, a pesar de los años. Lo que recuerdo del Tsunahiki era lo que había escuchado de algunos conocidos y tíos, que era un evento en donde la gente se divide en dos grupos y cada uno jala un extremo de una soga gigante y al final gana el que hace caer al equipo contrario o haya jalado una mayor porción de la soga hacia su lado. Para mí es, simplemente, un juego de niños que se jugaba en el colegio; casi igual como mi mamá lo recuerda.

Cada vez que preguntaba a mi mamá si sabía el origen o si mi oba le contó algo sobre el tsunahiki, solo podía recordar los tsunahikis del colegio. Me contaba que en cada undokai los chicos se dividían en dos grupos: el aka gumi (equipo rojo o de las niñas) y el shiro gumi (equipo azul o de los niños) y entre los dos equipos, comenzaban a jalar una soga, cada uno para su lado. Pero no sabía nada más. O quizás no se acordaba. 

Lo último “nuevo” que me contó fue que cada equipo jalaba la soga con mucha fuerza para que el equipo contrario pierda. “¿Y por qué le llaman Nudo de Guerra?”, fue lo que le pregunté, pero solo se encogió de hombros y hasta ahora, me he quedado con la duda. 

Esa era la duda que siempre me he estado preguntando desde que escuché lo del Tsunahiki, incluso hasta hace unos pocos días en que era la “noticia del momento”. Así que decidí buscar la respuesta por mi cuenta. 

El tsunahiki es el nombre del evento en donde se utiliza una soga gigante hecha con paja de arroz como símbolo de la buena cosecha. Esta formada por dos sogas, una representando al hombre (representado por el pueblo del este) y otra, a la mujer (pueblo del oeste) que se unen, a manera simbólica de cópula, y es en ese momento que los equipos comienzan a jalar las sogas. Se decía que “así como se jala la soga, así se estaría jalando un año de abundancia”. 

Entre toda esta algarabía y adrenalina de multitudes, se confunden extranjeros y locales que participan del evento y se llevan a casa algunos trozos de la soga del equipo ganador como amuleto de buena suerte y fortuna o, quizás, como un simple recuerdo. Y cada año, esta tradición, que se remonta al siglo XVII, fue practicada para pedir paz, estabilidad y seguridad a los okinawenses. Pero poco a poco fue perdiendo ese carácter sagrado y ahora, más que un festival de agradecimiento, es un espectáculo para entretener y atraer más turismo a la isla. 

Pero, ¿qué tiene que ver la “guerra” en todo esto? Al parecer, todo se refiere a “buenas cosechas”, “fertilidad”, “properidad”y "buena suerte”. No encuentro una explicación literal que explique el por qué le llaman “nudo de guerra” al tsunahiki, o mejor dicho, al “China-hichi”. 

“China-hichi” significa en uchinaguchi “jalar la soga”, al igual que “tsunahiki”, el término japonés que se le da a esta tradición de corazón okinawense. Pero será por la costumbre y la publicidad que se le ha dado, que el “China Hichi” lo conocemos más como “Tsunahiki”. Y seguramente pasó lo mismo con su equivalente en español, “nudo de guerra”. 

Parece que la traducción “nudo de guerra” ha sido copiado directamente del “tug of war” inglés que del mismo término japonés (o uchinaguchi), porque no tiene nada “de guerra”. Sin embargo, seguramente le dieron esa equivalencia, porque el tsunahiki viene de un deporte muy antiguo, que también consistía en jalar una soga entre dos equipos y que era practicado como deporte en la antigua Grecia o como parte del entrenamiento de los guerreros en la antigua China. Seguramente, esa connotación entre “disputa” o “competencia” se derivó en “guerra” y se creó el "nudo de guerra". Puede ser una posibilidad. 

En fin, para muchos sería algo irrelevante, pero como soy traductora, no puedo evitar pasar por alto este tema de la semántica o sus equivalencias. Para mí, el “tsunahiki” es “tsunahiki” (o aún mejor, “China-hichi”), sea por escrito o hablado, y no lo traduciría como “nudo de guerra”. 

Sin embargo, a pesar de todo, aún sigo con la duda sobre el origen del tsunahiki. 
Encontré una posible explicación, o mejor dicho, la leyenda detrás de su origen. Decía que antiguamente se celebraba el Tsunahiki para pedir por una abundante cosecha o buena salud. Todo empezó con cuatro pueblos (Nishi-Machi, Higashi-Machi, Wakasa-Machi e Izumizaki) del Reino de Ryukyu que actualmente conocemos como Naha que se dividieron en dos grupos, el equipo del este y el del oeste, que participaron en batallas “simuladas” usando el conocido juego de “jalar la soga” en busca de la victoria. 
Los chamanes o yutas utilizaban esta victoria como un signo para predecir el futuro de los pueblos que competían. 

Pero, encontré otra leyenda que va más allá de cualquier batalla o guerra. Se cuenta que un hijo busca el consejo de su padre ya anciano para deshacerse de la plaga que azotaba al pueblo. El padre, quien vivía en la montaña, le aconseja que colocara un nudo de guerra en llamas en medio de los arrozales mientras tocaba gongs y encendiera antorchas. Con todo ese ruido y humo que salía de ese nudo de guerra, la plaga abandonó los arrozales, pensando que se estaba incendiando. La plaga desapareció del pueblo. Así, su consejo fue todo un éxito  y a partir de esa fecha se realizaron tsunahikis en Okinawa. 

Imagen tomada de Yahoo Blog
Esta leyenda se parece mucho a una antigua leyenda japonesa, por no decir que es la misma. Es la leyenda de Obasuteyama, la montaña en donde las mujeres ancianas eran abandonadas. (Obasuteyama 姥捨て山 significa literalmente "la montaña de las ancianas abandonadas" y también es conocido como Ubasuteyama).

Existen varias versiones de esta leyenda, que han cambiado con el paso del tiempo, y quizás, por el olvido mismo. Se cuenta que, antiguamente, existía una ley que ordenaba abandonar a los ancianos en las montañas alejadas del pueblo, una vez que llegaran a los 70 años y se convirtieran en una carga para su familia y la comunidad. Tenían que valerse por sí mismos en el campo, teniendo solo dos opciones: sobrevivir o morir. 

En el pueblo vivía un hijo con su madre, quien ya era anciana y por lo tanto, tenía que ir a la montaña para morir. El hijo, a pesar que quería mucho a su madre, tenía que cumplir con la ley. Aún así, la madre lo entendía. 

El hijo cargó sobre sus espaldas a su madre y la llevó rumbo a la montaña. Durante todo el camino, la madre, aún sobre las espaldas del hijo, extendía sus brazos y cogía las ramas que había en el camino y las arrojaba al suelo. El hijo notó lo que su madre estaba haciendo y le preguntó el por qué lo hacía. 

“Estoy dejando las ramas en el suelo para que no te pierdas. Si las sigues, puedes regresar al pueblo sin problemas”. Aquellas palabras conmovieron mucho al hijo puesto que, incluso estando en una situación tan penosa y miserable, la madre seguía pensando en el bienestar del hijo. 

“No te puedo abandonar, vamos a regresar a la casa” fue lo que dijo a su madre y aunque, la ley decía lo contrario, nuevamente la llevó sobre las espaldas a su madre de regreso a casa. En casa, no tuvo la mejor idea que esconderla en un lugar secreto, que había acondicionado especialmente para su madre, evitando que esté a la vista de todos; protegiéndola, así, de esa temida ley emitida por el señor feudal. 

Un día, un rey vecino amenazó al señor feudal con invadir sus tierras, a menos que resolviera algunos problemas que éste le planteara. 
El primer problema era hacer una cuerda hecha de cenizas. El señor feudal no sabía cómo resolver el problema y pidió ayuda a su pueblo, ofreciendo una buena recompensa a aquél que pueda resolverlo y traerlo a su castillo. Así como el rey, nadie del pueblo sabía cómo resolver el problema. 

El hijo, al enterarse del pedido del señor feudal, acudió donde su madre en busca de un consejo, quien permanecía escondida en un lugar de la casa. La madre, sin pensar tanto, le dió la respuesta: tenía que hacer una soga con paja y prenderle fuego, no sin antes haberla bañado en sal. El hijo hizo lo que su madre le aconsejó y al final obtuvo una soga de cenizas. Lo llevó al castillo y fue muy bien recompensado. Pero, el rey planteó un segundo problema. Quería que le fabricara un tambor que sonara, incluso si nadie lo estuviera tocando. El problema parecía más difícil que el anterior, pero no lo fue para la anciana que seguía escondida. 

Nuevamente, el hijo pide consejo a su madre, quien le da una solución sencilla para un problema aparentemente imposible. El hijo tenía que aflojar un poco el cuero del tambor para poder meter algunas abejas por ese orificio. Ajustó nuevamente el cuero y ya estaba listo el tambor. Las abejas volarían dentro y se chocarían contra el cuero del tambor, haciendo que el tambor suene sin que nadie lo estuviera tocando. Y una vez más, el hijo fue recompensado por el señor feudal. 

Pero, el rey no contento aún, planteó un último problema. Se tenía que coger un palo de madera que sea del mismo grosor en ambos extremos y tenía que indicar cuál extremo había sido la raíz y cuál había sido la rama. Parecía aún más difícil, pero la madre, una vez más, lo solucionó con gran sabiduría. 

La madre aconsejó al hijo colocar el palo en un cubo lleno de agua. El extremo que se hunda sería la raíz. Con estos tres problemas solucionados, el rey ya no tuvo más que cumplir con su palabra y no invadió el pueblo. El señor feudal, agradecido e intrigado por la inteligencia del hijo, le preguntó cómo había podido encontrar la solución a los enigmas. 

El hijo, aprovechando la situación, dijo con orgullo que fue su madre quien le aconsejó todo lo que tenía que hacer. A partir de ese momento, el señor feudal derogó esa absurda ley y permitió que los ancianos vivan en el pueblo junto con su familia. Una leyenda con un final feliz. 

Aunque es una leyenda, no podemos dejar de pensar si realmente existía esta costumbre en el Japón feudal. Parecería que fuera una metáfora a la sociedad moderna y su actitud con respecto a los mayores, en la que los asilos o casas de reposos son los "obasuteyama" modernos de aquellos miembros que son considerados como "carga" dentro de una familia.

Muchas veces me he preguntado, si lo que leemos simplemente como leyendas o cuentos, ¿habrá tenido un origen real? o ¿cómo fue que inventaron una leyenda como ésta? ¿cuál habría sido su musa inspiradora? Tantas preguntas pero que al final quedarían como está ahora, es decir, sin respuesta. Como generamente se dice "al fin y al cabo, son solo leyendas".

A veces, las leyendas esconden muchos secretos, que se van perdiendo con el paso del tiempo o de las generaciones; así como pasó con el otro origen del Tsunahiki, que escondía una leyenda que era muy conocida en la antiguedad, pero que pasa casi desapercibida en nuestros tiempos.

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