viernes, 23 de agosto de 2013

Un Pequeño Recuerdo: Un Ocha para mi Oba

Debo confesar que soy una adicta al café y al té. Recuerdo que cuando estaba en Japón, solía comprarme los six pack de Boss(*) que me duraban casi una semana, puesto que me tomaba una lata diaria, tal y como si fuera mi complemento vitamínico para iniciar la larga jornada en el trabajo. Y junto con mi lata, no podía faltarme una cajetilla de Marlboro mentol, que si bien me (pareciera que me) quitaban esa ansiedad tan típica del estrés, me gustaba mucho aquel sabor tan fresco del mentol que salía en cada bocanada de ese aire impuro. 
Así estuve por tres años en Japón, aunque sumando otros 5 años atrás en Lima, serían como 8 años que estuve fumando. El día que decidí dejar de fumar, fue cuando aún estaba en Japón. Era un día como muchos, en que tenía que ir a trabajar en bicicleta, pero había un camino tan empinado que no podía cruzarlo, a menos que me bajara de la bicicleta y la recorriera caminando y con la bicicleta al costado. Ese día sentía que el aire entraba escasamente a mis pulmones. Me asusté y recordé a mi papá, que también se había enfermado por esa misma adicción. A partir de ese día, ya no volví a comprar otra cajetilla.

Pero, la única adicción que conservo hasta ahora es por el café y el té. Anteayer fue uno de esos días en las que el café fue el protagonista de la casa.
Habían venido mis tíos paternos y un sobrino a la casa, y entre los tempura y okashi que comíamos, todos teníamos nuestra taza de café al costado. Mi mamá había colocado un frasco de café y varios sobres de té negro para escoger (u ocha, como lo llamamos en casa). Pero nadie se animó a tomar el tradicional ocha para acompañar los okashi. Todos estuvimos tomando café, excepto el sobrino, quien había pedido un vaso de agua. 
Una de las teteras de mi oba que aún conservamos

Me quedé un poco extrañada. “¿Agua para un niño de cinco?” Pero de todos modos, le ofrecí un vaso. Y recordando mis épocas de infancia, pensé que seguramente le gustaría más una Inca-Kola o un  Frugos, y le ofrecí uno, pero al final mi tío me dijo que solo le diera agua. Y así pasó esta vez, y la vez anterior que vino. Me di cuenta que esa era la costumbre en su casa, desde pequeño lo están acostumbrando a tomar agua pura. Me quedé pensativa. ¿Y yo, hace cuanto tiempo que no tomo un saludable vaso de agua? 

Si bien desde hace un par de años, he decidido tener una vida más saludable, no suelo tomar agua sola. Aunque dicen que es bueno beber ocho vasos de agua al día para mantener una buena salud, realmente prefiero tomar algo azucarado, como una buena taza de café (o de té). 

Creo que esta afición por la cafeína (y la teína) es una tradición de familia. Al igual que los cigarrillos. Mi oba solía fumar cuando leía la biblia en su dormitorio. Ella decía que fumaba para olvidar, como una forma de escaparse de aquella nostalgia que de cuando en cuando aparecía. Era la nostalgia que sentía por haber dejado a su familia, su casa en Okinawa, después de tantos años atrás. Aún no la entiendo. Quizás, al ver las volutas de humo perderse en la nada, sentía como si fueran esas penas que poco a poco ya se iban disipando. Cuando bajaba al comedor, le gustaba sentarse con nosotros a comer, pero nunca la he visto ni triste ni nostálgica mientras estaba con nosotros. Tal vez por eso siempre preferia sentarse sola en su sillón o se iba a su dormitorio para fumar.

Ya en el comedor, siempre la esperaba una tetera. A mi oba le gustaba tomar bastante ocha. Sea té negro o té jazmín, siempre nos decía que era ocha. Ella solía colocar una tetera en la mesa del comedor listo para servir. Cada vez que mi oba se servía una taza, siempre la levantaba instintivamente hasta su frente y bajaba ligeramente la cabeza, como si estuviera brindando con alguien más. Mi mamá me decía que era como su forma de agradecer por el ocha que estaba bebiendo. Aunque creo que también era porque todavía extrañaba a mi oji y pensaba que aún estaba sentado con ella. Y así, lo bebía despacio, como queriendo disfrutar cada sorbo. 
También hago lo mismo, a veces. Cuando tengo una buena taza de café o de té, me gusta beberlo despacio. No por alguna cortesía o quizás, alguna nostalgia perdida, sino simplemente para disfrutarlo. No llegué a compartir una taza de ocha con mi oba, pero ahora no quisiera perder la oportunidad esta vez. Ahora, cada vez que puedo, suelo sentarme a la mesa junto con mi mamá para conversar sobre cualquier cosa mientras tomamos una buena taza de ocha (o quizás, de café).

(*)Boss= marca de café enlatado listo para beber
ocha= "té" en japonés
oba="abuela" en japonés
okashi="dulce" en japonés
Inka-Kola=agua gasificada (soda)
Frugos=marca de bebida con sabor a frutas en caja

2 comentarios:

  1. Hola Milagros!
    A esta entrada me la salteé,y recién ahora la vi. A mi también me cuesta tomar sólo agua, las gaseosas me pueden... pero estoy tratando de dejarlas. Eso sí, si voy a comer algo japonés lo acompaño con sanpincha (según un amigo uchinanchu te de jazmin).
    Saludos!

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    1. ¡Hola Luca! Sí, es la costumbre que vamos adquiriendo desde niños (como la de no "soportar" tomar agua sola). Me hiciste acordar lo del "sanpincha", mi oba no hacía distinciones entre el jazmín o el té normal, siempre le decía ocha, pero recuerdo que lo llamaba "sanpincha". Gracias por hacerme acordar.

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