Así fue cómo me refugié en mi adicción (y nació Jiritsu)

Cuando me sirvo café, me lo sirvo tan ralito que parece ochá. Más que una preferencia, es por costumbre. En invierno, tomo más de cinco tazas de ochá, perdón, café. Lo hago tan ralito que, en realidad, solo serían 2 tazas al día. 
Por el título de este post, ya habrán adivinado cuál es mi adicción. Sí, sería el café, una de ellas. 
De las tres adicciones que han marcado mi vida, están el café y el cigarrillo.

Cuando viajé a Nihon por primera vez, me gustaba tomar café en lata y fumar Marlboro. No podía empezar el día sin mi lata y mi cigarrito. 
Cuando se me hacía tarde para trabajar, metía mi bento (almuerzo) en mi mochila, mi lata de café y mi cajetilla. No desayunaba en la casa, sino en la calle, caminando. Tomaba mi lata de café y comía mi quequito en bolsa. 
Al llegar a la fábrica, prendía un cigarrito antes de entrar al genba (área en donde yo trabajaba). “Para darme fuerza”, pensaba dentro de mí. 

Así eran todos los días. Hasta que un día me quedé sin café. Me había olvidado de comprar y ya se me hacía tarde para ir a una tienda o máquina. Me fue fatal en la fábrica. Trabajé con dolor de cabeza y me sentía muy ansiosa. En la noche, ni bien llegué a la casa, pasé por una máquina y compré una lata de café. Me la tomé rapidito. El dolor de cabeza desapareció en un 2 por 3. 
No podía creerlo. Me había vuelto adicta a la cafeína por tomar una lata diaria de café. Para que no vuelva a pasar esto y sentir los efectos de la abstinencia, empecé a comprar six packs de latas de café. Así nunca más me pasaría lo mismo. 

Realmente, no sé cómo lo hice.
Han pasado más de 10 años desde que estuve en Nihon y ahora, puedo estar sin una gota de café al día. No me acuerdo cómo logré cortar con esa adicción. El cigarrillo, más que adicción, más bien creo que fue por costumbre. 

Realmente, podía pasarme días sin probar uno y no sentía nada. Recuerdo que mi oba fumaba en la casa. No recuerdo la marca, pero ella solía fumar, mientras miraba al vacío. Creo que estaba pensando o recordando algo y el cigarrillo acompañaba sus pensamientos (o sus penas). Recordando al hijo que perdió en la guerra o la familia que dejó por la guerra, no sé. 
A ella no le gustaba hablar sobre sus cosas. Mi mamá me dijo que oba solo fumaba para acompañarse, para no sentirse sola en sus pensamientos. De un momento a otro, dejó de fumar y no pasó nada. 
Realmente, mi oba no era adicta a la nicotina. Quizás por eso, yo también fumaba y lo dejaba sin problemas. Podían pasar años hasta el siguiente cigarrillo y no pasaba nada. (Ahora, ya no fumo, por si acaso...). 

La otra adicción, que no puedo dejar, es escribir. Cambié una adicción (o mejor dicho, cambié dos adicciones por otra). Cuando me preguntaban “¿cómo nació Jiritsu?”, yo siempre respondía, “porque había llevado cursos y no quería desaprovecharlos, así que los volqué en un blog”. Esa era mi razón, lógica y fría.

En el camino, fui recordando muchas cosas sobre mi oba. Recuerdos que se encapsularon en el tiempo y que despertaron justo en el momento que más necesitaba. Hace unos 5 ó 6 años, no recuerdo bien, yo estaba sentada frente al mismo escritorio en el que estoy ahora, escribiendo un nuevo post para el blog. Pero la situación era distinta. 

Hace unos 5 ó 6 años, mi tía, que vivía con nosotros, estaba postrada en cama. Le habían diagnosticado demencia senil, pero al final, descubrieron que era depresión. Era una enfermedad que muchos nikkei mayores padecían, pero cuyo diagnóstico era confuso y se generalizaba como demencia. En esa época, nadie quería cuidarla, salvo yo. “Si está en la casa, no creo que sea tan difícil”, pensé. 

Hasta me sorprendió cuando un geriatra me recomendó que no la cuide sin ayuda, porque yo podría terminar mal. No sabía qué significaba eso. Tenía que atenderla, bañarla, darle de comer; en fin, hacer todo y, “encima”, como siempre le decía a mi mamá, tenía a un familiar que no quería ayudarme con mi tia, viviendo en la misma casa. Tenía un hermano mayor con el que podía contar, pero estaba de viaje. Estando lejos, poco podía ayudarme. 

Pasó como un año y creo que yo terminé deprimiéndome. Andaba irritada y me ponía a llorar del cansancio, porque además de cuidarla, tenía que buscar trabajo. Recién había terminado la universidad. En casi un año, no podía encontrar trabajo. No sé cómo empezó todo. 

Un día prendí el internet y vi cómo hacer blogs. Había llevado cursos de historia fuera de la universidad y quise sacar provecho. Me gustaba escribir y dibujar. Por primera vez, después de tantos años, hacía lo que me gustaba. 
Realmente, mi vida no fue fácil, así como la de muchos. Voy a compartir con ustedes algo sobre mí. 

Yo viajé a Nihon porque quería ahorrar y terminar mis estudios, pero al final, terminé enviando remesas a mi casa para ayudar a mi mamá, así que no pude ahorrar. Ya estaba avanzando en Nihon, pero al tercer año, mi mamá tuvo un accidente y como sea, me regresé a Perú. Yo tenía trabajo y hasta mi propio departamento en Nihon, pero dejé todo para ver a mi mamá. Mi hermano me ayudó muchísimo en esa época. Pero comencé de cero otra vez en Perú. Aun así quería terminar de estudiar. Hasta postulé a una beca nikkei, pero no me la dieron. 

Seguí adelante nomás, hasta que un día, decidimos resolver unos asuntos familiares y pudimos resolver muchas cosas, entre ellas, terminar la universidad. Hasta me di el lujo de hacer estudios complementarios, porque quería ser diplomática, pero tampoco pasé el examen. “Báñate en ruda”, dirán. 

Cuando todo parecía resolverse, mi tía se accidentó y cayó enferma (depresión). Así fue como empezó todo. 

Por lo general, frente a dificultades o problemas, las personas se refugian en adicciones para evadir la realidad, aunque sea por pocos minutos. Yo también hice lo mismo. 

Pero yo me refugié en una de las más bellas adiciones que puede haber, creo yo. Comencé a escribir. Un día prendí el internet y descubrí que podía sacar provecho a lo que yo había estudiado y, además, haciendo lo que más me gustaba. Así fue como nació Jiritsu, en realidad.
Esta es la razón por la que realmente nació el blog.

Mantuve ocupada mi mente cuando no tenía que trabajar (o cuando no tenía trabajo) y podía sobrellevar el cuidado de mi tía. Tenía un propósito en mi vida, no todo era solo atender y atender. Había algo que yo podía hacer para mí. 
Las cosas en casa comenzaron a mejorar y encontré un buen trabajo. Pero, paradójicamente, era como traductora freelance, o sea, trabajando desde casa. Lo malo era que paraba recluida en la casa, casi no salía. No tenía tiempo. Si no era el trabajo (traduciendo en casa frente a la computadora), tenía que atender a mi tía. Mi vida social era casi nula. “Era bien triste todo eso”, me digo yo misma ahora, porque a nadie podía decirle lo que yo sentía en ese momento. 

Y mientras veía como las cosas se arreglaban en casa, me refugiaba en mi blog, para olvidar la pena que tenía en ese momento: mi tía. 
Escribía para desahogarme, para volver a recordar aquellas épocas felices en donde mi tía estaba bien y mi oba estaba conmigo. Dejaba que mis recuerdos fluyeran y mi mano escribiera. 

Y así fue como salían de su escondite aquellos recuerdos tan lejanos, incluso aquellos de cuando yo tenía unos 4 años y mi papá aún estaba vivo. Hasta llegué a recordar la vez que me resondró y hasta simuló que se sacaba la correa, porque yo no quería hacer caso a la oba. Pero no importa. 
También tengo otros recuerdos de él, en donde él me llevaba de la mano para visitar a mamá a la tienda (en esa época mi papá ya estaba enfermo y mi mamá era quien trabajaba en el negocio familiar). 
Realmente, él quería ser un papá serio, pero en el fondo, era muy bueno. 
Esa clase de recuerdos, eran los que me gustaba recordar cuando me sentía sola. 
Uno puede vivir dentro de una casa llena de gente, pero si hay alguien enfermo y nadie (que pueda ayudar) quiere ayudar, prácticamente, es como estar sola. Yo con mis recuerdos, quería sentirme acompañada, aunque sea con aquellos que físicamente ya no estaban conmigo. En fin, suena algo raro, pero así me sentía. 

Ya mi tía no está y mi mamá, fue la última persona a la que tuve que cuidar. Bueno, esa es una desventaja de tener padres mayores. Prácticamente, pasé mi juventud (digamos, entre los 20 y 30 años de edad) pensando en los mayores de la casa. 

"Ya vas a estar tranquila. Cuídate mucho”, fue lo último que me dijo mi mamá antes de caer inconsciente, hace dos años. 
Ella falleció en la clínica y bueno, lo triste (no sé para quién, si para mí o también, para quienes leen esto) es que, el mismo familiar que podía ayudarme con mi tía, no estuvo presente ese día, se fue a trabajar (o a estudiar, según me comentaron). 
Yo había dejado de trabajar para pasar el mayor tiempo con mi mamá y, prácticamente, la clínica se convirtió en mi segundo hogar durante dos semanas. 

Todos sabíamos que mi mamá iba a fallecer, pero era cuestión de tiempo. Un día, desde temprano, las manos de mi mamá comenzaron a exudar agua, lo que significaba que ya el día había llegado. Falleció ese mismo día, por la noche. 
Bueno, es un recuerdo que me ha quedado marcado. 

Realmente, y volviendo al tema, mi adicción por escribir, ha sido la adición que ha durado más tiempo. ¡Ni la del café me ha durado tanto! Siete años escribiendo para el blog y parece que va para un añito más, hehehe. 
Ahora, a poquitos años de cumplir 40, recién estoy pensando en mí. 

Cuando era más joven y estaba cuidando a mi tía, podía haberme escapado. Viajar al extranjero con el pretexto de estudiar por beca y salir de la realidad en la que me encontraba en aquella época y ser, como dirían, "una joven normal", pero no lo hice. No sé por qué. 

Retrocedo en el tiempo y me pongo a pensar. Si no hubiera cuidado a mi tía o tenido todos esos obstáculos (y, aun así, preferí quedarme con ella), quizás hoy hubiera sido una exitosa traductora en otro país o hasta diplomática. 
Pero también, me pongo a pensar. 
Si no hubiera pasado por todo eso y no me hubiera deprimido y buscado refugiado en mi adicción por escribir, realmente, no hubiera nacido Jiritsu.
Mi adicción por escribir es lo que más satisfacciones me han traído, a nivel personal y hasta laboral. Pero en el fondo, mi blog fue mi mejor terapia para afrontar los obstáculos que tuve.
Esta "pequeña" experiencia de vida la comparto con ustedes para demostrar que, a pesar de los obstáculos, hay que seguir adelante. Vale la pena.


La imagen que comparto, muestra un merchandising de mi marca favorita de café ("Boss").
Solía comprarme tantas latas cuando estuve en Nihon, que hasta coleccionaba merchandising que venía gratis en temporadas.
Este es un colgador de celular (por dentro contiene un papelito enrollado para apuntar los datos personales, como un ID).

Comentarios

  1. Creo que empecé a leerte hace unos cuatro años y desde siempre me atrajo la añoranza con las que te expresabas de tu pasado. Lo de estar al lado de un ser querido enfermo es algo que marca, me pasó en el 2014 y quizá aún hoy no lo he superado. Lo de dejar todo por ver a tu madre me parece admirable. No creo que muchos jóvenes de ahora harían lo mismo. El café también fue una de mis adicciones pero cuando tenía nueve años y la dejé gracias a que mis padres se negaron a comprarme más así que eventualmente, lo superé. Lo malo es que si ahora pruebo un poco me pongo mal, no puedo respirar ni estar quieta xD me causa gracia pero es lo que es. Y muy agradable que comprartas esto con nosotros. Lo reitero, admirable!

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