Ir al contenido principal

Lo bueno, lo malo (y lo feo) de los yutas en Lima (Una opinión personal sobre el oficio de yuta en Lima)


¿Alguien ha fallecido y hay que “armar” un butsudan? Hay que llamar a la yuta(*). ¿La economía en casa anda algo floja? La yuta nos puede ayudar. ¿Te echaron mal de ojo? La yuta te va a limpiar. ¿Sueñas con la oba fallecida? Llama a la yuta. 
Para casi todo, la yuta es la solución. 

Y esto pasaba en mi casa y seguramente, en la casa de muchos de ustedes, sobretodo si son nikkei uchinaanchu y hay un butsudan en casa. Pero no es nuestra culpa, o personalmente hablando, no es mi culpa. Si buscamos a algún “culpable”, entonces sería mi oba.

Cuando vino al Perú, mi oba trajo sus costumbres, entre ellas, sus creencias sobre el “más allá” y cómo influyen en el “más acá”. 
Mi oba, quien venía de un pueblo bien al sur de Okinawa, siempre decía: “Existe vida después de la muerte”. Bueno, no lo decía de esa forma, pero es lo que sus enseñanzas así reflejaban. 

Recuerdo lo que mi mamá me contó una vez. Ella era pequeña y le dijo a oba que había soñado con oji. Oba fue directo al butsudan de la casa. No fue para orar, pero sí para resondrar. En uchinaaguchi le resondraba a oji. “No entendía lo que decía, pero por la voz, sé que ostaba molesta con él”, contaba mi mamá. 

Según mi oba, es malo que uno sueñe con un familiar que acaba de fallecer. Hay que resondrarle para que no vuelva a hacerlo. “Si se te aparece en el sueño… ¡Es porque quiere que lo acompañes!”, así decía oba. Ella creía en la vida después de la muerte. “Así como existe la vida, existe la muerte. Así como existe el bien, también existe el mal.” Una reflexión simple, pero significativa. 

Ahora que ya no está oba, sus enseñanzas fueron reemplazadas por lo que decían los yuta que mi mamá solía consultar y con el tiempo, con los yuta que yo misma he conocido. Bueno, creo que es una dependencia creada por nosotros mismos, que comenzó con consejos sobre butsudan y terminó con predicciones sobre nuestra suerte para todo el año y baños de florecimiento cada vez que el negocio bajaba. 

Muchos de nosotros tenemos muchas dudas o problemas y solemos recurrir a quien nos promete solucionarlos rápida y “fácilmente”. Y si es nikkei, mucho mejor. Hay más confianza, aunque a veces, esta confianza termina siendo rota por quien creíamos casi a fe ciega. 

Quienes somos algo cancheros en estos temas, sabemos que hay “yutas” en Lima. Y hasta hay quienes sin serlo, solitos se autodenominan como tales. Ahora, si nos preguntan “¿Qué buen yuta en Lima me recomiendas?” Silencio casi total. “¿Vale también nombrar a los que ya no ejercen o fallecieron?” Bueno, como dicen, “todo tiempo pasado fue mejor”.

(Imagen derecha): Yuta Chinen, una de las yuta más reconocidas de Lima, cuya fama y recuerdo traspasa algunas generaciones.

Los mejores yuta ya no ejercen o ya han fallecido. Eran buenos en su trabajo y su fama (o por lo menos, su recuerdo), traspasa generaciones.
Yuta Chinen
Los yuta de ahora son, generalmente, videntes, chamanes, tarotistas. Como no existen escritos sobre yutas y sus artes (por lo menos en Lima y en español), los conocimientos transmitidos de generación en generación sobre este campo tan misterioso y cautivante se van perdiendo o modificando con el paso del tiempo. Ahora, algunos usan maracas, cruces y espadas, al mismo estilo de los chamanes del norte y no creo que eso se use en Okinawa. 

En fin, ya uno se da cuenta si son buenos yuta o no. Saben más de lecturas de cartas, baños de florecimientos, videncia o limpieza, que de cuestiones propias del butsudan. Confunden muchas veces una creencia con otra y aun así, toman la figura del butsudan como parte de sus rituales de limpieza o hasta lo culpan por la mala racha que pasa una familia. Caen en un sincretismo disfrazado y al final, nos confunden aún más. 

Pero hay otros yuta que son buenazos y más de una vez me he quedado con la boca abierta por sus predicciones (o coincidencias). Pero siempre hay una excepción a la regla. 

Aprovechándose de la desesperación que produce un problema, hay algunos yuta que te “agrandan” intencionalmente el problema que ya tienes metiéndote más ideas en la cabeza. “Si no haces lo que te digo, esto empeorará”, “Solo yo puedo resolver el problema” y lo más desfachatado que he escuchado “Yo cobro XXX… ¿No tienes esa cantidad? Mmmm… No puedo cobrar menos” y para desesperarte aún más, te apresuran diciéndote “No dejes mucho tiempo, porque el daño que te hicieron avanza rápido”. Así que si uno no tiene dinero, ¿tendré que resignarme a mi (mala) suerte? 

Bueno, así uno piensa y se sugestiona más mientras consigue el dinero y pase el tiempo hasta que uno encuentre a un buen yuta (o a un buen vidente) que le ayude, sinceramente, a solucionar los problemas. 

Y créanme, muchos de los problemas solo pueden solucionarse (o detectarse) con la ayuda de un yuta (o un vidente). La maldad y la envidia existen y pueden hacer mucho daño. Así como uno desea “buena vibra” o se carga de energías positivas, también puede pasar lo contrario. 

Pero como me aconsejó el último vidente que consulté: “Esa persona seguirá haciéndote daño. Depende de ti que eso te afecte”. Tuvo razón. Cuanto uno más piense en algo, más fuerza le dará y al final, uno mismo hace que el daño haga efecto. 

Luego de hacer lo que tenía que hacer según las recomendaciones del vidente, al fin pude romper con mi adicción de consultar yutas. Sí, era como una adicción. Por cualquier cosa, consultaba a uno. Y a otro y así. La moraleja: el verdadero “poder” está en uno mismo. 

Bueno, ese consejo no te lo dará cualquier yuta (o vidente). Sino, ya no nos volverían a ver y su negocio ya no sería tan rentable. Y esa adicción por los yuta que tenemos algunos, es de lo que se aprovechan algunos malos yuta. 

Así fue como crecí. Entre viejas creencias okinawenses que lindarían más con la superstición según nuestras creencias más modernas, frente a algunos prejuicios mundanos (o la viveza de algunos malos yuta que sacan provecho de estas creencias). 

(*)Yuta: figura propia de Okinawa, equivalente a un vidente o chaman en Occidente.

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN EL FACEBOOK DE JIRITSU, el 16 de septiembre de 2016

Comentarios

Entradas populares de este blog

"Ganbatte" y "Suerte": ¿Cuestión de Suerte... o del Esfuerzo? (Un Recuerdo de mi Oba)

Cada día, se aprende algo nuevo, o tal vez, se recuerda algo con nostalgia, como me pasó ayer. Ayer había escrito un post en el Facebook (13/MAR/2014) sobre la medicina natural de mi oba y varias personas habían comentado sobre el tema, compartiendo, más que nada, sus experiencias personales. 
Es algo inevitable, pero en toda conversación, sea en persona o virtual, uno suele irse por las ramas y traer consigo o, mejor dicho, desenterrar recuerdos que, muchas veces, el tiempo se encarga de borrarlos.  Pero hay recuerdos que, realmente, no deberían olvidarse por el simple paso de los años o de la modernidad, sino que deberían permanecer en nuestra memoria no como un simple recuerdo que queda solo en la nostalgia de haberlo vivido sino, más bien, como un ejemplo de vida que perdure a través de las generaciones. 
Conversando con Raúl Matsumoto (un nikkei argentino que conocí a través del Facebook) sobre el tema de la medicina natural que había publicado ayer, me sugirió amablemente escribir …

¿POR QUÉ LOS NOMBRES DE LOS BARCOS JAPONESES TERMINAN EN “MARU”? / WHY DO THE NAMES OF THE JAPANESE SHIPS END IN “MARU”?

Los nombres de muchos buques mercantes japoneses como el Nippon Maru (日本丸) y el Shonan Maru (昭南丸) terminan en "maru" (丸), una palabra japonesa que significa "círculo".
El caso registrado más antiguo de un barco con esta terminación es el Bandou-maru (坂東丸), que aparece en un documento del templo Niwaji (仁和寺) en 1187 (durante el período Heian). Además, se usaba la palabra "maru" en los nombres de niños varones, denominados youmyou, youmei (幼名), tal como Ushiwakamaru (牛若丸), que era el nombre de niño de Miyamoto no Yoshitsune (源義経). También, en los nombres de espadas, como Onimaru (鬼丸), que es uno de los tesoros imperiales, así como partes de castillos japoneses llamados kuruwa, que si tenían forma circular, se llamaban "maru" (丸).

Algunos dicen que el origen de la palabra maru en los nombres de los niños viene de una palabra japonesa para “excremento”, “maro”, o de “bacinica”, “o-maru”, en un intento por alejar a los demonios, al dar a los niños un n…

Historia de mi mamá (Agradecimiento especial a Roberto Oshiro, por compartir este emotivo recuerdo de su mamá)

Esta es la historia de mi mamá.
Sus padres vinieron al Perú en año incierto, dejando su pueblo natal, Yonabaru (Okinawa).
En realidad, no sé con qué barco ni en qué año fue; pero sé que vinieron por el mismo sueño que tenían todos los inmigrantes de esa época: hacer okane para tener un mejor porvenir.  Ésa era la idea. Ellos querían regresar a su país lo más pronto posible, pero la verdad es que no ocurrió así. 
Aquí nacieron los hijos y así es como comienza su historia.  En total eran 8 hijos, siendo mi mamá la tercera. Era común en esos tiempos las familias numerosas. 
A mi mamá la llamaron Saturnina. En realidad, nunca le gustó ese nombre, pero se lo pusieron porque una vecina se llamaba así.  Por no saber el idioma, eso les pasó a mis abuelos: podían escoger nombres que a los hijos no les gustaban o inscribirlos mal en los registros, en donde los apellidos mal deletreados de los hermanos de una misma familia (del mismo padre y madre), no coincidían y terminaban siendo solo “medio hermano…