martes, 20 de septiembre de 2016

Lo bueno, lo malo (y lo feo) de los yutas en Lima (Una opinión personal sobre el oficio de yuta en Lima)


¿Alguien ha fallecido y hay que “armar” un butsudan? Hay que llamar a la yuta(*). ¿La economía en casa anda algo floja? La yuta nos puede ayudar. ¿Te echaron mal de ojo? La yuta te va a limpiar. ¿Sueñas con la oba fallecida? Llama a la yuta. 
Para casi todo, la yuta es la solución. 

Y esto pasaba en mi casa y seguramente, en la casa de muchos de ustedes, sobretodo si son nikkei uchinaanchu y hay un butsudan en casa. Pero no es nuestra culpa, o personalmente hablando, no es mi culpa. Si buscamos a algún “culpable”, entonces sería mi oba.

Cuando vino al Perú, mi oba trajo sus costumbres, entre ellas, sus creencias sobre el “más allá” y cómo influyen en el “más acá”. 
Mi oba, quien venía de un pueblo bien al sur de Okinawa, siempre decía: “Existe vida después de la muerte”. Bueno, no lo decía de esa forma, pero es lo que sus enseñanzas así reflejaban. 

Recuerdo lo que mi mamá me contó una vez. Ella era pequeña y le dijo a oba que había soñado con oji. Oba fue directo al butsudan de la casa. No fue para orar, pero sí para resondrar. En uchinaaguchi le resondraba a oji. “No entendía lo que decía, pero por la voz, sé que ostaba molesta con él”, contaba mi mamá. 

Según mi oba, es malo que uno sueñe con un familiar que acaba de fallecer. Hay que resondrarle para que no vuelva a hacerlo. “Si se te aparece en el sueño… ¡Es porque quiere que lo acompañes!”, así decía oba. Ella creía en la vida después de la muerte. “Así como existe la vida, existe la muerte. Así como existe el bien, también existe el mal.” Una reflexión simple, pero significativa. 

Ahora que ya no está oba, sus enseñanzas fueron reemplazadas por lo que decían los yuta que mi mamá solía consultar y con el tiempo, con los yuta que yo misma he conocido. Bueno, creo que es una dependencia creada por nosotros mismos, que comenzó con consejos sobre butsudan y terminó con predicciones sobre nuestra suerte para todo el año y baños de florecimiento cada vez que el negocio bajaba. 

Muchos de nosotros tenemos muchas dudas o problemas y solemos recurrir a quien nos promete solucionarlos rápida y “fácilmente”. Y si es nikkei, mucho mejor. Hay más confianza, aunque a veces, esta confianza termina siendo rota por quien creíamos casi a fe ciega. 

Quienes somos algo cancheros en estos temas, sabemos que hay “yutas” en Lima. Y hasta hay quienes sin serlo, solitos se autodenominan como tales. Ahora, si nos preguntan “¿Qué buen yuta en Lima me recomiendas?” Silencio casi total. “¿Vale también nombrar a los que ya no ejercen o fallecieron?” Bueno, como dicen, “todo tiempo pasado fue mejor”.

(Imagen derecha): Yuta Chinen, una de las yuta más reconocidas de Lima, cuya fama y recuerdo traspasa algunas generaciones.

Los mejores yuta ya no ejercen o ya han fallecido. Eran buenos en su trabajo y su fama (o por lo menos, su recuerdo), traspasa generaciones.
Yuta Chinen
Los yuta de ahora son, generalmente, videntes, chamanes, tarotistas. Como no existen escritos sobre yutas y sus artes (por lo menos en Lima y en español), los conocimientos transmitidos de generación en generación sobre este campo tan misterioso y cautivante se van perdiendo o modificando con el paso del tiempo. Ahora, algunos usan maracas, cruces y espadas, al mismo estilo de los chamanes del norte y no creo que eso se use en Okinawa. 

En fin, ya uno se da cuenta si son buenos yuta o no. Saben más de lecturas de cartas, baños de florecimientos, videncia o limpieza, que de cuestiones propias del butsudan. Confunden muchas veces una creencia con otra y aun así, toman la figura del butsudan como parte de sus rituales de limpieza o hasta lo culpan por la mala racha que pasa una familia. Caen en un sincretismo disfrazado y al final, nos confunden aún más. 

Pero hay otros yuta que son buenazos y más de una vez me he quedado con la boca abierta por sus predicciones (o coincidencias). Pero siempre hay una excepción a la regla. 

Aprovechándose de la desesperación que produce un problema, hay algunos yuta que te “agrandan” intencionalmente el problema que ya tienes metiéndote más ideas en la cabeza. “Si no haces lo que te digo, esto empeorará”, “Solo yo puedo resolver el problema” y lo más desfachatado que he escuchado “Yo cobro XXX… ¿No tienes esa cantidad? Mmmm… No puedo cobrar menos” y para desesperarte aún más, te apresuran diciéndote “No dejes mucho tiempo, porque el daño que te hicieron avanza rápido”. Así que si uno no tiene dinero, ¿tendré que resignarme a mi (mala) suerte? 

Bueno, así uno piensa y se sugestiona más mientras consigue el dinero y pase el tiempo hasta que uno encuentre a un buen yuta (o a un buen vidente) que le ayude, sinceramente, a solucionar los problemas. 

Y créanme, muchos de los problemas solo pueden solucionarse (o detectarse) con la ayuda de un yuta (o un vidente). La maldad y la envidia existen y pueden hacer mucho daño. Así como uno desea “buena vibra” o se carga de energías positivas, también puede pasar lo contrario. 

Pero como me aconsejó el último vidente que consulté: “Esa persona seguirá haciéndote daño. Depende de ti que eso te afecte”. Tuvo razón. Cuanto uno más piense en algo, más fuerza le dará y al final, uno mismo hace que el daño haga efecto. 

Luego de hacer lo que tenía que hacer según las recomendaciones del vidente, al fin pude romper con mi adicción de consultar yutas. Sí, era como una adicción. Por cualquier cosa, consultaba a uno. Y a otro y así. La moraleja: el verdadero “poder” está en uno mismo. 

Bueno, ese consejo no te lo dará cualquier yuta (o vidente). Sino, ya no nos volverían a ver y su negocio ya no sería tan rentable. Y esa adicción por los yuta que tenemos algunos, es de lo que se aprovechan algunos malos yuta. 

Así fue como crecí. Entre viejas creencias okinawenses que lindarían más con la superstición según nuestras creencias más modernas, frente a algunos prejuicios mundanos (o la viveza de algunos malos yuta que sacan provecho de estas creencias). 

(*)Yuta: figura propia de Okinawa, equivalente a un vidente o chaman en Occidente.

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN EL FACEBOOK DE JIRITSU, el 16 de septiembre de 2016

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