martes, 9 de diciembre de 2014

EL ORIGEN DEL KAJIMAYAA: ¿PODEMOS DESPISTAR A LA MUERTE CON UNA CELEBRACIÓN?

Hay un antiguo proverbio okinawense que dice: 
“A los 70 años, aún eres un niño; a los 80, un joven. Y si a los 90 alguien del cielo te invita a que vayas allá, pídele que espere hasta que cumplas los 100 años".[1] 
Imagen tomada de:
琉球村・道ジュネー
Realmente, tiene mucho de cierto. ¿Quién acaso no ha escuchado decir a alguien: “Todavía es una “jovencita”, al referirse cariñosamente a una señora de unos 60 años o el comercial de una conocida cadena de farmacias limeña que ofrece descuentos a los “Jovencitos Mayores de 50”? 

Actualmente, es casi común ver en Japón o en Okinawa a personas que pasan fácilmente los 80, 90 e incluso, los 100 años con buena salud y vitalidad de acuerdo a su edad (o quizá muchos de nosotros tenemos a un oji o a una oba longeva en casa), por lo que creo que sería difícil definir cuándo comienza esa “tercera edad”, como antiguamente se les conocía a los “jovencitos mayores de 50”. 

He conocido a personas que pasan incluso sus 70 primaveras pero aún así, mantienen una vitalidad tan contagiante que no tendría nada que envidiar a alguien de 30. Realmente, hay personas que temen a la vejez, pero creo que el secreto está en que para poder disfrutarla, hay que saber cómo vivirla, porque lo que realmente importa no sería la edad, sino cómo uno se siente por dentro. 

Recuerdo que mi oba decía que era importante celebrar los cumpleaños porque al hacerlo, uno se aseguraba una buena salud y, por lo tanto, una larga vida. Para ella, ser un año más vieja, era como una bendición, puesto que compartía un año más con su familia. 
Aunque mi oba tenía sus achaques propios de la edad, creo que se sentía orgullosa de su edad, porque aunque no lo decía, recuerdo que ella siempre mostraba con orgullo sus cabellos canos. Y cada vez que alguien le preguntaba “¿Cuántos años tiene?”, ella no ocultaba su edad, al contrario, siempre decía su edad real. “¿Para qué voy a mentir?, si parezco de menos", era lo que siempre contestaba cuando alguien resaltaba su sinceridad. 

Con esa misma inocencia en sus respuestas, casi como la de un niño, mi oba se hacía querer bastante entre la familia y hasta con los amigos. Como decía mi mamá: "Ya cuando uno es viejo, se vuelve como un niño". 
¡Qué curioso!¿No?, da a entender que si uno envejece, paradójicamente, sería como si uno estuviera metiéndose a la fuente de la juventud y volviera a ser otra vez un niño, aunque solo de espíritu, como sucede también en el Kajimaya


UNA ANTIGUA COSTUMBRE QUE NACIÓ EN OKINAWA Y SE PRACTICA EN EL PERÚ 
El Kajimayaa es una antigua costumbre okinawense en donde la persona agasajada celebra sus 97 años de vida en un día distinto a su onomástico, que sería el séptimo día del noveno mes del año (7mo día de setiembre), según el calendario lunar. 
Actualmente, es una costumbre que se celebra con la familia y la comunidad en Okinawa, a diferencia de Perú, en donde también se celebra, pero de una forma no tan abierta, sino solo entre la familia, los amigos y conocidos. 

Generalmente, se realiza en un local grande (como en las instalaciones de la APJ o de la AOP) en donde no faltan las presentaciones artísticas típicas de Okinawa como danzas tradicionales o música en vivo y abundante comida okinawense. 
En esta fecha, la persona agasajada usa un traje especialmente hecho para la ocasión, generalmente de un color rojo o amarillo brillante. 

Imagen tomada de: 
Yaeyama Mainichi Shinbum 八重山毎日新聞
En Okinawa, la escena sería casi similar, solo que allá se incluye un pequeño desfile, en donde las personas agasajadas son las protagonistas y se pasean en un auto descapotado por algunas calles del pueblo, para que la gente pueda verlas y saludarlas. 
Como parte de su atuendo para esta ocasión, llevan consigo un Kajimayaa (o “molino de viento” en uchinaguchi), tal y como si fueran unos niños con su juguete, porque, como así me decía mi mamá: "Ya cuando uno es viejo, se vuelve como un niño". 

El Kajimayaa representaría así un retorno simbólico a la infancia, en donde se desea una vida larga y saludable a la persona agasajada. Como “es bueno celebrar los cumpleaños” (así como decía mi oba), en la cultura okinawense se acostumbra celebrar los Tushibii, como el Kajimayaa, puesto que son las edades consideradas como especiales, que comienza a los 13 años y luego, en múltiplos de 12 (25, 37, 49, 61, 73, 85 y 97 años)[2].

Imagen tomada de:
エンタ魂 Entertainment Mabui
Pero, ¿Por qué se dice que uno vuelve a ser un niño a los 97 años? ¿Por qué en Okinawa se acostumbra hacer desfiles en donde la persona agasajada recorre las calles? ¿Por qué esta celebración se le conoce como “Kajimayaa”?... Bueno, son algunas dudas que seguramente muchos de nosotros tenemos acerca de esta celebración. 

Pero como ya pasaron aquellas épocas en que si no entendíamos algo, teníamos que conformarnos con aceptar lo que nuestros abuelos nos decían porque "así es la costumbre y punto", estuve buscando algo de información que pudiera responder a casi todas esas dudas y creo que lo encontré. 


MUKASHI MUKASHI ARU TOKORO NI…(**)
Hay un antiguo cuento okinawense[3] que relata el origen del Kajimayaa
Hace mucho tiempo en Okinawa había un árbol tan alto que llegaba hasta el cielo. Un día, el Dios del Cielo encontró ese árbol y decidió bajar a la Tierra a través de él. 

Ni bien ya estaba cerca del suelo, saltó del árbol y cayó en un lugar que tenía mucha arcilla de consistencia muy suave. Al ver que había mucha de esa arcilla, se dijo a sí mismo: “Esta es una excelente arcilla. Con ella, puedo crear a los seres humanos que he estado pensando desde hace tiempo”

Sin dudarlo, el Dios del Cielo tomó un poco de esa arcilla y comenzó a modelar seis figuras humanas: tres hombres y tres mujeres. No se dio cuenta, pero pasó todo el día en su creación. Ya casi era de noche cuando terminó y se dijo a sí mismo: “Ahora está muy oscuro para darles vida a estas figuras. Mejor, regresaré mañana.” 

A la mañana siguiente, el Dios del Cielo regresó a la Tierra y encontró que sus seis figuras de arcilla habían sido destruidas en pequeños pedazos. Desconcertado, pensó: “¿Quién habrá hecho algo tan horrible? Tendré que hacerlos nuevamente”

Sin perder tiempo, el Dios del Cielo comenzó a modelar seis figuras de arcilla otra vez pero cuando terminó, ya era de noche como la vez anterior. No quería dar vida a sus creaciones en plena oscuridad, por lo que decidió regresar al día siguiente y con la luz del día, convertiría a estas figuras de arcilla en seres humanos. El Dios del Cielo regresó a la mañana siguiente y encontró que todas sus figuras de arcilla fueron destruidas una vez más. 

Esta vez, el Dios del Cielo se enojó tanto que del cielo mismo llovieron truenos y relámpagos. Luego, ya un poco más calmado, pensó que era mejor quedarse en la Tierra esa noche para descubrir quién se había atrevido a destruir sus figuras de arcilla. 
Se trepó al árbol y subió hasta donde podía ver a sus figuras. Allí se sentó y se puso a esperar. 

Alrededor de la medianoche,  el suelo comenzó a temblar de repente y apareció una brillante bola de fuego que salió del centro de la tierra, haciendo que ésta se dividida en dos. Era el Dios de la Tierra, quien al ver a las figuras de arcilla, las cogió y las destruyó en pequeñas piezas, tal y como hizo en las noches anteriores. 

En ese momento, el Dios del Cielo bajó furioso del árbol mientras gritaba: “¡No!, ¡Detente! ¿Qué estás haciendo con mis creaciones?” Al oír los gritos, el Dios de la Tierra miró a su alrededor y vio al Dios del Cielo, a quien le dijo: “¡Así que eras tú quien hizo estas figuras de arcilla sin mi permiso!” 

El Dios del Cielo se dio cuenta de la falta que había cometido, al haber tomado arcilla de un lugar que no le pertenecía y le respondió al Dios de la Tierra: “Tienes razón. Admito que tuve la culpa por no haberte pedido permiso para tomar esa arcilla. Mi intención era hacer estas figuras de arcilla y darles vida como seres humanos. Realmente, siento no haberte pedido permiso antes para usar esta maravillosa arcilla. Pero, si me das permiso, yo podría terminar de crear a estos humanos y así permitirles vivir durante 100 años”

El Dios del Cielo le pidió perdón humildemente al Dios de la Tierra para que le permita usar su arcilla. Al final, el Dios de la Tierra accedió al pedido del Dios del Cielo para crear seis nuevas figuras de arcilla y darles vida. 
El Dios del Cielo volvió a hacer las figuras de arcilla y les dio vida a la mañana siguiente. 
Las seis figuras fueron emparejadas entre sí, convirtiéndose en tres parejas de hombre y mujer, dando origen a la vida humana en Okinawa. 

Los humanos que había creado vivían en felicidad y el Dios del Cielo estaba muy complacido en ver cómo aumentaba el número de hombres y mujeres a través del tiempo. 
Pasaron 97 años y ya había todo tipo de humanos viviendo en la Tierra: hombres y mujeres, viejos y jóvenes. 

Un día, el Dios de la Tierra visitó al Dios del Cielo y le dijo “Ya es hora que me devuelvas la arcilla que te presté”. Sorprendido, el Dios del Cielo miró al Dios de la Tierra y le respondió: “Pero aún no han pasado 100 años”, a lo que el Dios de la Tierra le explicó: “Estás equivocado. Hubieron 3 años bisiestos durante todo este tiempo; por lo que, desde el día que hicimos el pacto hasta el día de hoy, han pasado exactamente 100 años y hoy he venido para que me devuelvas la arcilla. Además, tengo el deber de informar al Dios Todopoderoso acerca de este pacto.” 

Comprendiendo la situación, el Dios del Cielo le respondió: “Entiendo tu misión. Pero, tu mismo puedes ver que estos humanos son niños, adultos y ancianos y hasta también hay algunos recién nacidos y no todos han vivido los 100 años. Por eso, te suplico que les regales un tiempo más de vida a aquellos humanos que hayan cumplido los 97 años”. 

Después de una larga negociación entre los dos dioses, el Dios de la Tierra accedió finalmente al pedido del Dios del Cielo, para que aquellos que hayan alcanzado los 97 años, puedan vivir por más tiempo. 
La condición era simple: si querían vivir por más tiempo, los humanos que celebraran su 97 aniversario de vida, tenían que hacerlo como si fueran unos bebés y así, no habría problema con el pacto. Pasó el tiempo y este cuento se convirtió en una costumbre de Okinawa que hasta el día de hoy se celebra. 

LO QUE HAY DETRÁS DEL "KAJIMAYAA": LOS 3 SIGNIFICADOS
Pero la explicación no termina aquí. 
La celebración del Kajimayaa toma ese nombre por el molino de papel que las personas agasajadas llevan consigo durante la celebración y que en uchinaguchi se le llama “Kajimayaa”. 
Según la creencia okinawense, se cree que a medida que una persona envejece, se parece más a un niño[4] y el “Kajimayaa” (o “molino de viento”) representaría el regreso a su infancia, en donde el agasajado se viste como un niño (chaleco y gorro o una diadema) y lleva consigo un Kajimayaa como juguete. 

Esta creencia se relaciona con el zodiaco chino y sus 12 animales (uno por cada año), en donde cada 12 años se estaría completando un ciclo. En el caso del Kajimayaa, por ejemplo, así como en las otras celebraciones especiales de Tushibii (por ejemplo, la de 73 u 88 años de edad, como vimos anteriormente), se cree que es el inicio de un nuevo ciclo de vida[5], en donde se pide generalmente una buena salud a través de una gran celebración. 

Hasta ahora, hemos visto que el término Kajimayaa tiene 2 significados en uchinaguchi: el “Kajimayaa” como la celebración de los 97 años y el de “molino de viento”. 
Pero hay un tercer significado, que es el de “intersección” o “cruce” (refiriéndose a un camino). Puede parecer difícil de creer, pero estos 3 significados tendrían cierta relación entre sí, confirmando de esta manera la existencia de una antigua costumbre que se practicaba en Okinawa cuando una persona cumplía 97 años de edad. 

Antiguamente, las personas agasajadas recorrían las calles del pueblo, teniendo que pasar por 7 intersecciones y 7 puentes[6]. 
Se cuenta que esta costumbre se practicaba en Okinawa hasta la era Meiji[6] y que con el tiempo, cayó en desuso y en el olvido. A simple vista, no nos llamaría la atención esta costumbre, en donde las personas agasajadas desfilaban por las calles (seguramente en carrozas) para recibir los saludos y buenos deseos de los amigos, familiares y vecinos del pueblo, pero si supiéramos la verdadera razón por la que se practicaba, seguro que nunca olvidaríamos esta explicación. 

Imagen tomada de:
Yaeyama Mainichi Shinbum 八重山毎日新聞  

La razón por la que las personas agasajadas desfilan por las calles, no solo es para que la gente las pueda ver, sino también, porque era una forma en la que ellas pueden compartir su buena salud y longevidad con la gente del pueblo. 

En el pasado, se creía que las personas longevas tenían poderes especiales para alcanzar la longevidad, prosperidad y buena salud y que podían compartirlas con la gente que participaba de esta celebración a través de la ceremonia del Ayakaru, en donde la gente trataba de tocar o de estrechar la mano de la persona longeva o sino, recibir de ella un vaso con sake[7] o, seguramente de awamori, en el caso de Okinawa.

EL FUNERAL SIMULADO COMO PARTE DE LA CELEBRACIÓN
Pero, además de compartir la buena suerte a través del Ayakaru, el propósito principal del desfile era, por así decirlo, la de despistar a la muerte. 
Se cuenta que antiguamente, probablemente hasta la era Meiji[6], se celebraba un funeral simulado o un funeral falso en el Kajimayaa

Se cuenta que un día antes de la celebración, la persona longeva era vestida con el traje que usaban los fallecidos y se les hacía dormir en una posición determinada, en la cual su cabeza estuviera apuntando hacia el oeste (de la misma manera en que los fallecidos eran colocados). Se les colocaba inciensos y cuencos con arroz al lado de su casa, como si lo estuvieran velando, según la costumbre japonesa. Al día siguiente, la persona agasajada, a quien habían velado la noche anterior como si hubiera fallecido[8] es llevada por la calles del pueblo, a modo de un desfile y en donde tenía que pasar por las 7 intersecciones y 7[6] puentes del pueblo hasta que llegaban al cementerio, lugar en donde la persona agasajada echaba la bendición a sus familiares y vecinos de la comunidad.[8] 

Y ¿por qué se hacía un funeral simulado o falso? Simplemente, para despistar a los dioses. Recordando el cuento que hemos leído casi al principio de este artículo (en donde una de las condiciones que exigía el Dios de la Tierra para que los longevos de 97 años tengan más años de vida, era la de celebrar su cumpleaños número 97 como si fueran bebés), la razón por la que se fingía el funeral de la persona agasajada, era para que los dioses creyeran que esa persona había fallecido y que la persona que estaba desfilando por las calles, con ropa muy colorida y brillante y con un juguete en sus manos (en este caso, un molino de papel) era aún un bebé, de modo que le perdonarían la vida por más tiempo.[9] 

El hecho de recorrer las calles, cruzando intersecciones y puentes, precisamente para despistar a los dioses, me hizo acordar de una creencia okinawense muy similar, que dice que los espíritus suelen desplazarse en forma recta y por ello, se suele colocar talismanes de piedra en las intersecciones y cruces de las calles okinawenses, llamadas Ishiganto, que evita que los espíritus ingresen a las casas que se encuentren en estos cruces (se cree que sin estos Ishiganto, los espíritus errantes que caminan por el pueblo, podían entrar a las casas que se encuentren en su camino). O también, la antigua costumbre de hacer Masumiyii[10] cuando uno regresa del cementerio, que consistía en despistar a los espíritus para que no nos sigan hasta la casa, ya sea entrando a un restaurante para comer o a una tienda o a otro lugar antes de llegar a casa, para que el espíritu que nos haya seguido desde el cementerio, se quede en ese lugar. 

Realmente, la celebración del Kajimaya, así como muchas otras de la cultura okinawense, encierra todo un conjunto de símbolos en donde cada elemento que se muestra tiene un significado especial y no es tomada simplemente al azar, pero como la memoria es frágil, muchas veces, se pierde con el tiempo. 

Al conocer el cuento sobre el origen del Kajimayaa y cómo antiguamente se celebraba, me doy cuenta que mi oba realmente sabía de todo esto, al decirnos que era importante celebrar los cumpleaños para tener una larga vida, pero no nos contó, como se dice, toda la historia. Como éramos chicos, quizás no nos explicó el por qué, porque no podríamos entender cómo una celebración podría "despistar" a la muerte.

(*) APJ= Asociación Peruano Japonesa
AOP= Asociación Okinawense del Perú 
(**)"Mukashi mukashi, aru tokoro ni..." = frase en japonés con la que se comienzan los cuentos para niños, que se traduciría al español como "Había una vez..."


FUENTES

Grupo de sanshin “Presentación en Seinen Iwai”. Publicado el 21 de mayo del 2014. 







[10] GANAHA KAMISATO, Ricardo Munehide. "Okinawa: el reino de la cortesía y testimonio de un peruano okinawense". Lima. 2006 (Pág. 107). 

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