domingo, 29 de septiembre de 2013

La Corona de Okinawa que fue Tomada como Botín de Guerra en 1945 (El Tamanchaabui)

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Imagen tomada de Flickriver (Bryce Garner)
Ayer en la mañana estaba leyendo las noticias por internet y había encontrado una en donde mencionaban el misterio aún sin resolver sobre la desaparición de la corona real de Ryukyu o Tamanchaabui (como se llama en uchinaguchi) o Hibinkan o Tama mi Kabuiri (en japonés).

(Imagen de una copia de la corona real que se encuentra en el Museo de la Ciudad de Naha, Okinawa)
Hasta ahora no sabe en dónde está o quién tiene la corona, pero hace unos 70 años el misterio de su desaparición apuntaba a un comandante estadounidense Carl Sternfelt, quien había estado en Okinawa en los años 40, precisamente durante la Segunda Guerra mundial.

(Imagen del Comandante Sternfelt, tomada de Stars and Stripes)

Sin embargo, desde hace más de 10 años no han aparecido nuevas evidencias que vinculen a este comandante estadounidense o a sus descendientes con la corona; por lo que crece la posibilidad de que la corona podría haberse simplemente perdido. Pero, ¿cómo fue que la sospecha recayó en él? Para responder a esta pregunta, retrocedamos unos cuantos años atrás. 

Antes que Okinawa se convirtiera en la prefectura japonesa que ahora conocemos, hasta 1879 era el Reino de Ryukyu. El Reino de Ryukyu llegó a su fin en 1879 cuando Japón la convirtió en una de sus prefecturas, llamándose “Okinawa” a partir de esa fecha.

Su último rey, Sho Tai, fue obligado a vivir en Tokyo. Junto con él, también fueron llevados la mayor parte de las obras de arte, antigüedades y documentos pertenecientes a la familia real de Ryukyu (las que permanecieron en la misma residencia de Sho Tai en Tokyo). El resto de las reliquias permanecieron en el Castillo de Shuri en Okinawa. 

Entre estas reliquias, se encontraban dos coronas casi idénticas del Reino de Ryukyu. Ambas estaban decoradas con oro, jade, perlas y piedras preciosas y fueron usadas como tocados ceremoniales por los reyes de Ryukyu durante cientos de años. 

Una de estas coronas se encontraba en Tokyo con los descendientes del rey Sho Tai, pero posteriormente fue donada al Museo de Naha en Okinawa. En cambio, la otra corona no corrió la misma suerte, puesto que se perdió junto con otras reliquias del reino de Ryukyu en abril de 1945, que fue cuando los soldados estadounidenses invadieron la isla de Okinawa durante la segunda guerra mundial. 

Mientras que los descendientes del rey Sho Tai ya vivían en Tokyo, en Okinawa aún permanecían ocho mayordomos encargados de custodiar las reliquias reales en el Castillo de Shuri, entre los cuales se encontraba la corona real y el Omoro Soshi, uno de los documentos históricos más importantes de Okinawa. Pero, ante la inminente llegada de los soldados estadounidenses y verse ya acorralados, tuvieron que abandonar el castillo, no sin antes esconder la corona junto con el Omoro Soshi y las otras reliquias reales en una alcantarilla del castillo, pensando que, una vez terminada la guerra, las encontrarían nuevamente sanas y salvas. Pero fue todo lo contrario. 

Cuando la guerra terminó, estos mayordomos regresaron al castillo, o lo que quedaba de él, ya que se dieron con la sorpresa de que solo quedaban cenizas del castillo y no habían rastros de las reliquias que habían escondido. La única evidencia que demuestra la veracidad de este tesoro real escondido era el testimonio de Maehira Bokei, uno de los mayordomos que ayudó a esconder los tesoros reales. 


Maehira recuerda que solo los mayordomos de mayor antigüedad estaban autorizados a tocar la corona, pero pudo observar que sus compañeros la colocaron dentro de una caja negra laqueada que tenía el escudo real antes que fuera escondida en la alcantarilla. Y en este mismo lugar, Maehira también ayudó a esconder los 22 volúmenes del Omoro Soshi. Pero todo esto desapareció, junto con el incendio que destruyó el castillo. O quizás no. 

Maehira se enteró que el tesoro real que había escondido había sido saqueado por los soldados estadounidenses. Y posteriormente esta sospecha fue confirmada en diciembre de 1945 en los Estados Unidos, cuando el comandante Sternfelt trataba de vender algunas reliquias de Okinawa. 

Carl Sternfelt, quien había participado en la batalla de Okinawa, fue al museo Fogg de la Universidad de Harvard en diciembre de 1945 para tasar las reliquias que había traído de Okinawa. Entre estas reliquias, se identificaron al Omoro Soshi, que era una colección de antiguos poemas okinawenses que datan del siglo XII y que describen el origen del hombre de Okinawa. Pero no estaba la corona, o por lo menos, no hay registros o alguna evidencia que indiquen que la corona real también se encontraba junto con estas reliquias cuando fueron presentadas por Sternfelt en el museo.

Sin embargo, dada la situación, Sternfelt se convirtió automáticamente en el principal sospechoso del saqueo del tesoro real de Okinawa, puesto que la corona real había sido escondida junto con el Omoro Soshi y otras reliquias por Maehira y sus compañeros, por lo que era de suponer que si Sternfelt tenía en su poder el Omoro Soshi, necesariamente debería de tener la corona. Después de todo, no pudo vender ninguna de las reliquias, puesto que fueron confiscadas y devueltas a Okinawa en 1953. 

En ese año, el gobierno estadounidense devolvió a Okinawa el Omoro Soshi junto con otras reliquias reales, bajo pretexto de conmemorar los 100 años de la primera llegada del Comodoro Mathew Perry a Okinawa. Los Estados Unidos quería aprovechar esta oportunidad para reforzar sus relaciones con Okinawa, ya que por aquella época participaba en la Guerra con Corea,  y necesitaba a la isla de Okinawa como una base estratégica.

Y aunque no se encontraban mayores evidencias que vinculen a Sternfelt con la corona, aún era el principal sospechoso, por lo menos para Shizuo (Alex) Kishaba. Kishaba,  presidente de Ryukyu American Historical Research Society (Sociedad Americana de Investigación Histórica de Ryukyu) y quien ha estado durante muchos años detrás de la corona y de otros objetos históricos de Okinawa, aún sospecha que Sternfelt habría escondido la corona en algún lugar secreto de su casa o quizás la habría vendido a algún museo en Boston. 

Sin embargo, aunque aún no se haya podido recuperar la corona, existen otros objetos históricos que sí han podido ser recuperados a lo largo de todos estos años, como las campanas del Templo Gokokuji y del Templo Daisho Zenji, álbumes fotográficos, cartas, objetos personales, entre otros.

Pero aunque pasen los años, el misterio de la corona aún sigue vigente. Actualmente, el FBI (Federal Bureau Investigation u Oficina Federal de Investigación de los Estados Unidos) está ayudando a difundir, a través de su website, el caso de la corona real desaparecida, junto con otros objetos históricos de Okinawa, con el fin de encontrarlos y devolverlos al lugar donde pertenecen, es decir, a Okinawa. Sin embargo, a pesar de las sospechas fundadas de Kishaba sobre Sternfelt y ante la falta de nueva evidencia, lo único que queda es continuar la búsqueda de la corona, así como los otros objetos perdidos (o saqueados). Los hijos de Sternfelt aún continúan afirmando que nunca vieron la corona real entre el “botín de guerra” que había traído su padre desde Okinawa, aunque su argumento podría debilitarse ante la evidencia de Maehira, que dice que el Omoro Soshi y la corona fueron escondidas juntas. 


Esta constante negativa podría deberse a que temen que el Ryukyu American Historical Research Society los demande con el fin de recuperar el dinero que su padre ha obtenido de la venta de su botín de guerra. Además, se dice que ellos han vendido varios objetos después de la muerte de su padre. 

Y aunque aún no hay rastros de la corona original, podemos encontrar en exhibición una copia en el Museo de Historia de la Ciudad de Naha, puesto que, como dice Kishaba, "nuestra cultura podría estar en peligro de ser olvidada", por lo que no se puede dejar de lado un objeto tan importante como la corona dentro de un museo de historia sobre Okinawa. Esta corona, además de su valor histórico, es la evidencia que atestigua que realmente existió un pueblo que tuvo  un sistema político y cultural casi independiente de Japón, como lo fue el Reino de Ryukyu.

Así como pasó en la batalla de Okinawa, y en todas las guerras y conflictos en general, los soldados estadounidenses se llevaron consigo muchas reliquias históricas como simples "botines de Guerra” y que al final, terminaron en alguna vitrina de un museo estadounidense o quizás, exhibidos como simples trofeos en algún estante de alguna casa.

Aunque hay que reconocer, también, que muchos de los objetos okinawenses que se encuentran desperdigados por los Estados Unidos, y quizás en otras partes del mundo, no fueron parte de algún botín de guerra, sino que fueron adquiridos legalmente por algún coleccionista privado o una institución con fines de investigación antes y después de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, no podemos pasar por alto aquella forma ilícita de saquear el patrimonio cultural de un pueblo, que son los "botines de guerra".

Estos botines o trofeos, que además de recordar la destrucción, muerte y violencia hacia un pueblo, también provocan la depredación de su patrimonio cultural, provocando que las generaciones futuras puedan olvidar fácilmente su pasado lleno de historia y cultura, el que muchas veces no basta con ser simplemente contado de generación en generación o ser leído a través de los libros (o en el internet).   

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