viernes, 3 de mayo de 2013

Tatuajes en Mujeres Ainu: El Peculiar Concepto de la Belleza en el Antiguo Japón (Parte II)

Los Ainu, considerados como los descendientes directos de los Jomon (pueblo prehistórico de Japón) y que viven en Hokkaido (situado al norte del archipiélago japonés) practicaron una tradición muy singular: el tatuaje de los labios entre las mujeres. 

Según Krutak, antropólogo especialista en tatuajes, el término Ainu para “tatuar” fue anchi piri (“anchi”=”obsidiana”, “piri”= “corte”; puesto que en la antigüedad se utilizaban piedras obsidianas), mientras que el término actual es “nuye” (literalmente “tallar”, “tatuar”, “escribir”) o de forma más literal “sinuye” (“tallarse uno mismo”). En este caso, tatuar y tallar connotaría cierta sinonímia, porque tatuar implica dibujar sobre la piel, pero mediante cortes pequeños que formaran las cicatrices y que darán forma al dibujo o diseño sobre la piel. 

Mujer Ainu con el típico tatuaje. 
Foto tomada de la colección de Okinawa Soba, quien posee en su cuenta en Flickr una extensa colección de fotos del antiguo Japón. (Para más fotos, click aquí)
En otras palabras, tatuar es tallar sobre la piel. Estos tatuajes se realizaban principalmente alrededor de los labios, pero también en los antebrazos, la parte posterior de las manos, articulaciones de los dedos; e incluso, otras partes del cuerpo fueron tatuadas con estos diseños geométricos, a manera de amuletos contra enfermedades específicas. El tatuaje de los labios comenzaba al tercer año de vida y se finalizaba cuando la mujer contraía matrimonio. Esto puede tener una connotación machista desde el punto de vista occidental, puesto que este tatuaje simbolizaba que las palabras que salieran de la boca de la mujer, pertenecian ahora a su esposo. Pero también se considerada que el tatuaje de los labios entre las mujeres era una forma de evitar que los espíritus ingresen al cuerpo. 

Del mismo modo, se tatuaban los brazos con diseños geométricos a partir del quinto o sexto año de nacida, también con la creencia de que las protegerían de los espíritus malignos (este tatuaje de brazos, se asemeja mucho a la tradición practicada por las mujeres okinawenses: el hajichi, que indicaba el estado civil de la mujer). 

No utilizaban agujas para tatuar, sino pequeños cuchillos llamados makiri con el cual podían cortar la piel, y anteriormente, se utilizaban puntas de flechas hechas de obsidiana. Durante el proceso del tatuaje, se utilizaba un antiséptico llamado nire (un preparado a base de corteza de árboles), en caso que los pequeños cortes sangraran. Frente a esto, es fácil deducir que era un procedimiento doloroso, por lo que la mujer sometida a esta práctica debía de permanecer quieta mientras se realiza el tatuado (y de esta forma, se creía que la mujer podía prepararse para afrontar el dolor de un futuro parto). Pero en caso que no pudiera resistir el dolor y no pueda quedarse quiera, era sujetada por otras personas hasta que termine el proceso de tatuado. 

Vista de una mujer Ainu con los labios y brazos tatuados, en donde se aprecia el diseño entrelazado en los brazos.
Pero esta moda, a diferencia del ohaguro (teñido de dientes) solo la practicaban las mujeres, porque, según los Ainu, esta costumbre fue traída a la Tierra por la diosa Okikurumi Turesh Machi, considerada la hermana menor del dios creador Okikurumi. De este modo, esta tradición fue practicada solamente por mujeres y las únicas encargadas en realizarlo, eran las abuelas o tías. 

Sin embargo, esta larga tradición, “mutilante” (según el concepto occidental) y dolorosa pero aceptada por las mujeres Ainu por tradición, fue prohibida por el gobierno japonés, quien en su intento por japonizar a los Ainu (así como con los okinawenses, considerados también como un pueblo de costumbres indígenas) decreta en 1799 y posteriormente en 1871 la prohibición de estos tatuajes. 

lunes, 29 de abril de 2013

Mi Oba Decía "Cántale a las Plantas"

Estos últimos días las he pasado relajada, tratando de pasar mis días libres haciendo lo que más me gusta, haciendo las cosas de la casa que no hice por falta de tiempo como limpiar la casa, ir a pagar la luz, agua, impuestos, etc. (sí, yo lo hago “a la antigua”, nada de pagos por internet, voy directo a los centros de pago caminando, aprovechando que están cerca de mi casa y así hago algo de ejercicio). 

Puro relax, por así decirlo, porque cuando tengo trabajo, puedo pasarme días, o incluso, semanas enteras sin ver la luz del sol (metafóricamente hablando) y muchas veces termino cansada y estresada. Pero no todo es trabajo, sino también tengo otras obligaciones, como lo del “problema” con una tía (como les comenté en un post anterior), que a veces superan mis fuerzas y termino más cansada y estresada que al final termino como un trapo viejo. Pero luego de unos días de descanso (es decir, cuando no tengo trabajo), repongo mis energías y nuevamente a la marcha. 

En esos días de descanso, hago lo que más me gusta: shopping y jardinería. ¿Jardinería? Sí, aunque muchas personas lo relacionen con hobbies de “gente mayor”, a mí me empezó a gustar hace dos años, justo en la época cuando mi familia y yo nos mudamos. A mi oba, también le gustaba la jardinería.
Vista del patio de mi casa (a falta de jardín...buenas son las macetas)
Son pocos recuerdos que tengo de ella, pero en mi casa aún conservamos un árbol que ella misma plantó, hace unos 20 años. Lo que recuerdo de mi oba es que ella le gustaba plantar flores en mi casa, a veces traía plantitas pequeñas o brotes de árboles (sea de los paseos que realizaba o que le regalaban sus amigas) para dejarlas remojadas en agua hasta que salgan las raíces y recién plantarlas en tierra firme. Pero también recuerdo que ella nos decía que si uno quería ver crecer una planta hermosa o que tenga unas flores de colores intensos, uno debe de cantarles, hablarles mientras las riega y no ir a verlas cuando uno está muy enojado. En esa época, pensaba que eran cosas de "mayores" (¿quién sería el loco que hablaría a una planta?"), pero hasta ahora sigo pensando que son cosas de "mayores" (eso de hablar a una planta, lo dejo para los "mayores"). 

Este es el único árbol que pudimos traer de la casa anterior, porque el resto de plantas que quedaron no valían la pena trasladarlas hacia la nueva casa. Queríamos traer solo lo bueno de esa casa, y eso incluía al árbol que nos vió crecer.
El "árbol de oba": solo quedaron las ramas y las pequeñas hojas (es un crotón).
Alrededor, plantamos hierbabuena, isabelitas, arbolito chino y algo de grass.

Este árbol, que sobrepasaba apenas el metro y medio, llegó a la casa siendo un pequeño arbusto, que mi oba, con paciencia, hizo que creciera frondoso, con muchas hojitas y ramas, pero ya en estos últimos años, fue perdiendo las hojas debido a las plagas y la falta de cuidado. Ya cuando nos mudamos, y empezamos a decorar la casa, plantamos nuevamente ese árbol en el patio, o mejor dicho, lo que quedaba de ese árbol, porque tuvimos que cortarle casi todas las ramas, pero compramos nuevas plantas para colocarlas alrededor del "árbol de oba", que es como lo llamamos en mi casa. 

Y así compramos plantas aromáticas, las típicas isabelitas (o chabelitas, como me dijeron en la tienda que compré). Estas últimas, mi oba las cultivaba en mi anterior casa, y no sé si sean la razón o inspiración para su nombre de bautizo, porque mi oba se puso Isabel cuando se bautizó en el Perú. Y así de la nada, poco a poco, empezó a gustarme la jardinería, y fui comprando nuevas plantas en la nueva casa, hasta el día de hoy. El hecho de escoger una planta; coger la tierra con la pala o las manos; cortar el pasto, darle forma o simplemente regarlas, es una actividad muy relajante, no sé si será porque uno dedica toda su atención en eso que se olvida de todo lo demás, o simplemente, porque uno regresa a lo básico, a la naturaleza. O será porque uno cuida algo que tiene vida y al final ve los resultados: una planta sana y hermosa. No sé. 

Algo de color en la casa: una de las buganvillas

A veces, lo más sencillo es lo que más gratificaciones nos da. Muchas veces por el trabajo y la vida misma, nos olvidamos de aquellos detalles o “simplezas” que nos alegra el espíritu (o que por lo menos, calma) y que con nuestro oji u oba compartíamos de pequeños, como plantar algo, cantar a las flores (bueno, en mi casa siempre me decían eso), sentarse en el parque, tirar piedritas al mar en las salidas dominicales a la playa …en fin, tantas cosas que antes hacíamos de niños, pero ya no lo hacemos. A veces es bueno recordar el pasado, sobretodo lo bueno, que muchas veces puede ayudar a uno en su vida diaria, como en mi caso, el amor por las plantas de mi oba y cómo me ayuda a relajarme.

domingo, 28 de abril de 2013

El Peculiar Concepto de la Belleza en el Antiguo Japón (parte I)

Hace poco vi la foto de una mujer japonesa muy sonriente, pero a pesar de su cándido rostro, me pareció un tanto bizarra y hasta escalofriante, porque tenía los dientes teñidos de negro; por lo que decidí investigar un poco más sobre esta “moda”, que más adelante descubrí que no era una moda pasajera, sino una costumbre que ha perdurado por varios siglos en Japón, junto con otras costumbres que, para la época, eran consideradas de buen gusto y de uso generalizado.
Seguramente habrán otras costumbres que se relacionen con la forma de vestir o la apariencia personal (sobretodo en los pueblos más alejados de Japón), pero a continuación, les mostraré algunas de ellas, que al parecer son las más conocidas. 

OHAGURO  お歯黒
OHAGURO (o = prefijo de respeto, ha= dientes, guro = color negro) es el término con el que se denomina a la técnica de pintarse los dientes de color negro y que se practicó en Japón desde el periodo Heian (años 794 a 1185) hasta el periodo Meiji (1868-1912), aunque existe evidencia que sustenta que su práctica es mucho más antigua, incluso que datan del periodo Asuka (aproximademente siglos VI-VIII). El término más utilizado y conocido es ohaguro, que fue utilizado por la gente del pueblo; aunque también se le conocía como “fushi mizu”, entre las personas de la realeza. Otros términos también utilizados son “kane”, kanetsuke” y "hagurome”, así como tesshoo y dashigane u okane, dependiendo del tipo de preparación que se utilizaba para el teñido. Algunas mezclas incluían un preparado a base de virutas de hiero oxidado remojadas en vinagre y nuez de agallas, o de la corteza de un árbol, entre otras.

 Se dice que esta moda fue impuesta por la emperatriz Genmei, aunque no se sabe con certeza el origen exacto de esta práctica, si fue importada de un país vecino, puesto que la práctica de ennegrecimiento de los dientes también puede verse en otros países del sudeste asiático, como Vietnam, Indonesia, Filipinas e incluso americanos, como la tribu de los Chontaquiros o Piros del Perú, que justamente deben su nombre a la planta Chonta y a Quiros, que significa Dientes, porque utilizan dicha planta para teñirse los dientes de color negro para que se conserven mejor. 

Sea cual fuere su real origen, esta práctica tuvo como finalidad, en un principio, de proteger los dientes contra las caries, puesto que la mezcla con la que se realizaba el ohaguro actuaba como un sellante. Pero con el paso del tiempo, fue adquiriendo una mayor importancia dentro de la sociedad, como una forma de indicar el inicio de la pubertad entre los niños y niñas de la aristocracia y de la clase guerrera (samurái). Además de estos fines, el ohaguro tenía otra finalidad, más subyacente a la ideosincracia animística de la época, porque al tener los dientes de color negro, se podía diferenciar a una demonio femenina de una mujer humana, porque los animales y espíritus malignos poseen colmillos blancos. Aquí también cabe mencionar que el ohaguro puede explicar el motivo por el que las mujeres japonesas se cubrían la boca cuando se reían (e incluso hay personas que aún lo hacen). Se decía que la inexpresividad de las emociones era una virtud practicada entre la clase acomodada, por lo que la sonrisa o la risa debería estar "disimulada" perfectamente con unos dientes teñidos de negro, pero como el ohaguro ya está en desuso, el cubrirse la boca con la mano al reirse, supliría inconscientemente la ausencia del "ohaguro" en los dientes; aunque hay otros que argumentan que simplemente, es una forma de expresar inconscientemente la timidez de una persona.

Asimismo, se dice que el ohaguro era practicado como una forma de embellecer el rostro, puesto que ocultaba los dientes, que era la parte visible del esqueleto y que estaba relacionado con la muerte. Antes del siglo VIII, esta costumbre era practicada por hombres, mujeres y niños de la nobleza, pero a partir del periodo Nara (710-784) solamente fue practicada por mujeres casadas, por influencia de la cultura china, predominante por aquella época en Japón, que no seguía esta tendencia. Ya en el periodo Heian, el ohaguro fue practicada por mujeres más jóvenes, antes del inicio de la pubertad y posteriormente, nuevamente los hombres de la nobleza también se incluyeron en esta costumbre elitista. Y como toda tendencia, la práctica del ohaguro se amplió a hombres y mujeres de la nobleza incluso después de haber alcanzado la pubertad; asimismo, se incluye a la clase guerrera (samurái), sean niños, mujeres y hombres. 

Ya por el siglo XIV, esta moda se impuso a todas las clases sociales, salvo los burakumin o los marginados de Japón. Durante el periodo Edo, las mujeres practicaban esta costumbre a la edad de catorce años, mientras que los hombres, a los quince o dieciséis. Sin embargo, con la restauración Meiji, que es cuando Japón abre sus puertas al mundo, se dicta un decreto imperial en 1870 en donde se prohíbe a los nobles que se tiñan sus dientes de negro. Y tres años después, la emperatriz se mostró en público con los dientes blancos, sin teñir, haciendo que las mujeres de la nobleza siguieran rápidamente su ejemplo, aunque las mujeres del pueblo continuaron esta tradición por más tiempo. Este cambio en la moda, coincide con la apertura de Japón al mundo, en donde Japón ya no solo estaba expuesto a la tecnología y conocimientos foráneos, sino también a los cánones de belleza occidentales.

FUENTES (click en los títulos para acceder al texto original):

jueves, 10 de enero de 2013

Mi Convivencia con la Demencia Senil

Han pasado 4 meses (más o menos) desde la última vez que escribí algo para el blog y veo que hay varias personas que aún continuan leyéndolo (e incluso le han dado "like" en el facebook; lo que me obliga a contarles el por qué de mi larga ausencia).

¿Cómo empezar....? bueno, creo que por el comienzo (aunque suene irónico), como escuché un refrán en un libro "comienza, el resto es fácil". Y sí, comenzar algo es fácil, porque uno puede tener todo el entusiasmo y ganas de hacer algo que no piensa mucho en lo que podría suceder si uno falla y perder el tiempo en hipotéticos "pero si lo hago, puede ser que pase esto...." y entre tantos "peros", al final puede ser que ni siquiera intentemos algo, por temor a fracasar; así que, muchos, como ese refrán, nos dicen: inténtalo o arriésgate, o no existe el mañana ni el futuro, sino el hoy, entre otros. Pero pienso que muchas veces es mejor no arriesgarse en hacer algo, sino pensarlo dos veces, especialmente si otra persona depende de uno.

En fin, tengo una tía muy cercana que padece demencia senil. Para mí, es una de las peores enfermedades que puede existir, porque no solamente afecta a la persona que lo padece sino a los que la rodean; y es en todo sentido, emocional y material.  
Hace casi 4 años he terminado la universidad, y con todas las ganas del mundo empecé a estudiar cursos complementarios y a buscar un buen trabajo. Y como todos, yo también tenía muchas ilusiones, de crecer profesionalmente y ayudar a los que me rodean. Pero casi al poco tiempo, tuve un "pequeño problema" con unas "personas", que realmente ya no valen la pena mencionar, porque como se dice: "árbol que crece torcido....torcido queda", puesto que hay personas que por envidia o complejo de inferioridad pueden causar "problemas" a uno y para evitar continuar con esa situación muy desagradable, decidimos mudarnos. Además de eso, casi paralelamente a este problema , todo mi mundo se me vino encima, cuando mi tía tuvo un accidente muy extraño y producto de ello, le diagnosticaron demencia senil.

Ya se va a cumplir 3 años desde que le diagnosticaron ese mal, es una enfermedad que comenzó con pérdidas leves de memoria, algunos días estaba lúcida y otros días completamente fuera de sí (gritaba sin motivo en las noches, se quería escapar de casa...). A veces no quisiera recordar todo lo que ha hecho, porque mi tía vivía en mi casa, no tiene ni hijos ni a nadie, solo a nosotros, es decir, mi familia. Una familia, que en ese momento estaba compuesta por mi mamá, mi hermana mayor y yo y mi hermano mayor, quien en esa época se encontraba de viaje. Al principio, la enfermedad era llevadera, es decir, se podía controlar, con medicamentos para calmar su ansiedad, su euforia (por eso gritaba en las noches o en cualquier momento del día) y con un constante chequeo por parte de su médico.

Como nadie en mi familia ha padecido de esa enfermedad, muchas veces pensamos que su enfermedad se había detenido, e incluso, ilusamente, pensábamos que podría curarse. Mi mamá, por su edad, no podía ayudarme a cuidarla, y mi hermana mayor, podía hacerlo, pero no quería, así de simple. Como todo comienzo, pensé: "puedo ayudar, me va bien en el trabajo, puedo postergar los estudios que quiero hacer... mmmm... voy a ayudarla; A AYUDARLA". Pero a medida que fue pasando el tiempo, esa "ayuda" mía, se convirtió en una total dependencia por parte de mi tía hacia mí. Pasé más de un año cuidándola, preocupándome por ella y sus necesidades, pero no me había dado cuenta que había descuidado mi vida, en mis planes personales. 

Me encargué de bañarla, cuidar que tome sus medicamentos, sacarla a pasear, etc. En resumen, ella se comportaba como una niña pequeña y yo en su mamá, una "mamá" que trabajaba freelance, que iba corriendo (literalmente) a la computadora para comenzar o terminar las traducciones que tenía pendientes, echando un ojo, de vez en cuando, a mi tía para que no intentara escaparse de la casa (abría la puerta e intentaba salir), que no volviera a bajar sola las escaleras (porque se podía resbalar y caer)...

Fue una época realmente horrible para mí, trabajar y cuidar a una persona con esa enfermedad. Casi no tenía tiempo para mí, en hacer vida social, o seguir estudiando. Pero sobretodo, vivir con todo eso y ver que nadie me ayudaba. Mi mamá no podía ayudarme por la edad que tiene y mi hermano tampoco, porque estaba de viaje. Así que sobra decir quien no me ayudó a cuidarla. Puede ser que haya sido porque uno ya tenga planes que quiere hacer realidad, y no quiere que nada (ni nadie) se interponga en ellos; o puede ser que haya sido por un simple sentimiento egoísta. Muchos me dijeron, y ahora también así lo pienso, que fue más por esto último.  

Cuando mi hermano mayor regresó de viaje, el vió toda la situación y me ayudó mucho en cuidarla. Le daba de comer, me ayudaba a cargarla (porque llegó a un estado en que no quería ni comer ni caminar, como si estuviera en estado vegetal). Con él fue quien ahora me acompañaba, tanto moral como económicamente, a las constantes visitas a la clínica, y al final, en la búsqueda de una casa de reposo. 

La situación con mi tía se volvía muy difícil en la casa. Mi hermano y yo trabajábamos y no podíamos dejar a mi tía en casa sola con mi mamá. La enfermedad de mi tía me agotó mucho, sobretodo emocionalmente. Ya no planeaba nada, no quería pensar en mi futuro, solo pensaba en el hoy, en cuidar a mi tía. 
Pero esta enfermedad no solo le está afectando a ella, sino también a mí y a mi familia en general. Por el mismo estrés de la situación, de tener a una persona totalmente dependiente en casa, poco a poco nuestras relaciones afectivas se iban resquebrajando.
Es por eso, que decidimos internarla en una casa de reposo. Muchos pensaran quizás, que es lo peor que se le puede hacer a un ser querido, a "abandonarla" en un centro de esos, con la atención de enfermeras desconocidas y añorando en su lejana lucidez, el calor de la casa familiar. Incluso hubo un familiar que criticó, en cierto modo, el hecho de haberla internado en esa casa de reposo (o asilo, como quieran llamarla). Pero aquel que critica, pienso que no sabe lo que dice si no lo ha vivido.

Mi mamá está con nosotros y también tenemos que cuidar de ella. Así como el futuro de nosotros, de mi hermano y del mío, que durante todo este tiempo habíamos postergado nuestros planes personales y profesionales, solo por pensar en el hoy, en cuidar a mi tía.
Y muchos seguro preguntarán, que si no tengo más familia. Sí, tengo varios familiares, pero supongo que no quisieran comprometerse a ayudarla o siquiera, a visitarla en la casa de reposo, por el temor a eso mismo, de comprometerse. Tampoco no les debo de culpar, seguro que yo también haría lo mismo (¿a quién le gustaría vivir con problemas?).

Bueno, pero el hecho de haberla internado en esa casa, no nos libra de ninguna preocupación. Es más, hace un momento me llamaron del asilo, para avisarme que mi tía no ha querido comer desde la mañana, y ayer casi no ha comido). Ahora mi hermana mayor (sí, ella misma, por no decir más), se está encargando de contactarse con el médico para hacerle exámenes y descubrir el por qué no quiere comer. Mi hermano y yo tuvimos que pasar casi un año entero peleando con mi hermana para lograr que ella también aceptara en ayudarla económicamente. 

¿Y saben qué?, lo que rescato de todo esto son tres cosas:
- si tienes un sueño, trata de cumplirlo, aunque no lo logre completamente, aunque sea lo he intentado. No soy partidaria de "el fin justifica los medios", pero si algo nos hace feliz, hay que tratar de hacerlo, aunque nos demoremos un poco; pero tratar de avanzar. Si no lo hacemos, siempre tendremos esa sensación de frustación del "¿por qué no lo hice?", y que la descargaremos con quienes nos rodean.

-la comunicación no es la solución de todo, pero sí es la mejor arma contra los problemas. Cuando mi tía estaba a mi cargo, lo que pienso que tenía que hacer era contarle mis proyectos a mi hermana mayor, para que yo sola no sea la que esté cuidando a mi tía. O por lo menos, que ella nos cuente sobre sus proyectos y no dejar que las cosas pasen, sin importar a quien le afecte. Es decir, no ser egoísta y ser comunicativa.

-y un consejo que me dieron: no te cargues un problema encima de modo que te afecte completamente. Está bien ayudar, pero también está bien progresar, avanzar. Así puedes ayudar mejor a tu familia.

Y aunque no es un consejo, pero fue lo que mi mamá me dijo al verme muy abatida, preocupada por lo de mi tía (constantemente se enferma, no quiere comer): "no quiero que te enfermes por la preocupación, ....no quiero que te pase nada, solo te tengo a tí".Y es verdad, mi mamá depende de mí y de mi hermano, y por eso tenemos que estar bien.
Eso me dió un impulso más para tratar de afrontar los problemas con más fuerza.

A veces, me pongo a pensar: ¿hasta dónde uno debe de ayudar? Comencé ayudando a mi tía, pensando que estaba dando una ayuda a mí tía, pero terminé involucrándome tanto, que en estos últimos meses, me sentí un poco mal, deprimida. Por eso dejé de escribir en el blog, y me dediqué a buscar respuestas, a conversar con personas para buscar consejos sobre como lidiar esta enfermedad de mi tía, y a pensar un poco más acerca de lo que quiero.

Pero al fin y al cabo, he decidido que seguiré ayudando a mi tía, cuento con el apoyo de mi hermano y para mí, es lo que me da más fuerza, de sentir que no estoy sola en esto. Claro está, que este año, trataré en lo posible de avanzar con mis planes personales y profesionales. Como siempre, un equilibrio en la vida. Y como siempre digo: un problema me hará caer una vez, pero hace que me levante dos. 





  








lunes, 10 de septiembre de 2012

Ayer cumplimos un año en la casa nueva

Hace casi medio año que no he vuelto a escribir nada para el blog. Este año ha sido un año de muchos cambios y nuevos retos (que más que dificultades, las considero retos) que junto con el trabajo, fueron las “excusas perfectas” para alejarme del blog. Como muchos sabrán, me mudé a una nueva casa y justo ayer hemos cumplido un año viviendo en ella. 

De la casa vieja casi no hemos traído nada, y hemos tenido que empezar prácticamente desde cero, por ejemplo, comprar los artefactos eléctricos, algunos muebles, y un minucioso etcétera, por lo que los primeros meses no fue nada agradable para mí, puesto que tenía que ajustarme muchísimo y dejar de ir de shopping por esos meses (que aparte de la jardinería, es uno de mis “hobbies” favoritos). En la casa antigua hemos dejado muchas cosas, que nos traen muchos recuerdos tristes, sobre todo para mí, porque me recuerda a mi tía y la enfermedad con la que tuve que lidiar sola o las continuas peleas que existían, o al perrito que murió absurdamente después de 12 años de convivencia, o las llamadas amenazadoras que hacían a mi casa… en fin, felizmente o mejor dicho, gracias a dios, esto ya solo son recuerdos, recuerdos tristes, pero al fin y al cabo, solo recuerdos. 

Todos estos malos recuerdos tuvo un origen, que comenzó con una familia que, como nos dijo una persona que nos leyó las cartas: “son gente que con una mano reciben tu ayuda, pero con la otra te tiran piedras por la espalda”. Y si no fuera por los sueños que tuve, aquello que llaman “sensibilidad para lo que no se ve”, hubiera creído que eso que me dijo el tarotista era un cuento más de algún charlatán que quería sacarnos dinero. Pero la envidia existe y puede hacer mucho daño, incluso puede destruir a una familia. En mi casa teníamos dos butsudan (uno de mi papá y otro de mi oba materna), y al “parecer” (porque no quiero pecar de supersticiosa), cuidó a mi familia y a mi durante todo ese tiempo, pero cuando ya parecía que el daño ya estaba muy cerca de nosotros, mi papá o mi oba nos avisaba por medio de sueños “extraños”, en donde nos daban “pistas” sobre que iba a pasar o simplemente, se “aparecían” en los sueños y nos hablaban. Pero como se dice, hay que dar la vuelta a la página. 

Ya casi no me acuerdo de esos malos recuerdos. El lugar donde vivimos no será tan grande como la casa anterior, pero es más acogedor. Mi mamá se enfermaba frecuentemente en la casa anterior, pero desde que se mudó a la nueva casa, se siente mucho mejor. Será el cambio de clima o ambiente, será que nos hemos alejado de esas “malas vibras”. Qué será. 
Lo que si sé, es que la mudanza ha sido necesaria y la mejor decisión, no solo para mi tranquilidad sino especialmente para mi mamá. Con esta mudanza, todas aquellas “mentiras” salieron a la luz. Aquellas “mentiras” o aquellos pensamientos que creíamos que era lo correcto hacer, pero que en realidad solo contribuían a que “infláramos” más la nube de sueños o pensamientos egoístas que nos impedían avanzar hacia lo que era verdaderamente bueno, no solo para uno, sino para todos. El orgullo, el egoísmo o incluso lo miserable que puede llegar a ser una persona, todo quedo al descubierto. Y lo “miserable” va para esa gente que nos quiso hacer daño. 

Esta mudanza, no solo nos dio tranquilidad y bienestar físico; sino también fue un “pretexto” perfecto para llorar juntos, compartir nuestros sentimientos y perdonarnos por los errores que cada uno de nosotros, como familia, hemos cometido y sobre todo, comprendernos más. Y esto, nos ha hecho que nos unamos más. Solo falta una persona, que sigue viviendo en nuestra casa antigua, que será porque permanece en esa casa que aún no se da cuenta de lo que está perdiendo. 

En fin. En la casa nueva aún conservo una caja con las fotos, papeles, cartas, o como algunos la llaman “papeles viejos” que pertenecieron a mi oba, a mi tío y a mi papá. Tantas buenos recuerdos de aquellas épocas que hay para compartir pero tan poco tiempo (o a veces, ánimo) para hacer. En mi caso, me falta tiempo y, alguna que otra vez, ánimo. Pero felizmente, que mayormente es por tiempo. Trataré de continuar con la línea del blog, compartiendo sobre la historia, anécdotas de nuestros abuelos y muchos tantos temas que se relacionen con la inmigración japonesa hacia el Perú, pero esta oportunidad quise compartir con ustedes algo de mí. Algo que sirva como una “excusa”, quizás, para no seguir escribiendo. O quizás como una catarsis sobre algo muy personal. O simplemente, quizás, para que sepan que el blog sigue “vivo”. Quizás sea todo.

domingo, 4 de marzo de 2012

SOKUSHINBUTSU: EL ARTE DE LA MOMIFICACIÓN EN VIDA

Seguramente muchos de nosotros hemos escuchado hablar acerca de las momias. Pero no solamente me estoy refiriendo a aquellas que comúnmente hemos visto por la televisión, como aquellas llenas de vendajes blancos saliendo de alguna tumba egipcia (como la que hemos visto cuando niños por la televisión), sino aquellas más reales, como por ejemplo, como la momia Juanita encontrada en la década de los 90 en Arequipa (Perú), las momias de los monjes en Palermo (Italia) o las de Guanajuato en México.

En casi todo el mundo se han encontrado muchas momias, o mejor dicho, cuerpos de personas que han fallecido pero que han conservado intacto la mayor parte de su cuerpo, incluso hay algunas momias que conservan sus órganos internos incorruptos. ¿Y cómo es que han podido sobrevivir en el tiempo hasta nuestros días? “Muy sencillo”: Estas “momias” antes de serlos, fueron seres humanos que fallecieron pero sus cuerpos no se han podrido (para ser más explícitos). 

Estas muertes fueron como consecuencia de sacrificios realizados a los dioses o simplemente por causas naturales, pero que por medio de técnicas de preservación realizadas con el fin de convertirlos en deidades terrenales o por condiciones atmosféricas que facilitaron su conservación (por ejemplo, por encontrarse en lugares donde la temperatura no supera los menos 10 grados), lograron convertirse en momias.

El caso que me llama más la atención son las momias japonesas, llamadas momias Sokushinbutsu. Sokushinbutsu 即身仏 significa “convertirse en Buda estando vivo”, y aunque esta traducción de por sí ya suena algo extraño y hasta tétrico, suena aún más escalofriante saber cómo era este proceso.

La práctica del Sokushinbutsu empezó en el siglo 11 y fue traído desde China a Japón como parte de las costumbres tántricas de la escuela Budista Shingon, pero por lo bizarro de esta práctica, fue abolida en Japón en el siglo 19. Se estima que muchos intentaron esta práctica, en su deseo por alcanzar la iluminación espiritual, pero solamente lo lograron 28 monjes, es decir, solo 28 monjes lograron convertirse en momias, mientras que los otros, se convirtieron en simples cadáveres terrenales, pero que fueron sepultados con veneración por el sacrificio realizado. 

Se dice que con este sacrificio se pretendía aliviar la furia de los dioses y evitar desgracias en el pueblo. Por eso se cuenta que muchos aspirantes a Sokushinbutsu se arrancaron un ojo porque en ese tiempo había una enfermedad que afectaba la vista de los pobladores de esa zona.


Convertirse en un Sokushinbutsu o “Convertirse en Buda estando vivo” era un proceso muy doloroso para el que lo practicaba, puesto que tenía que someterse a una dieta muy rigurosa cuya única finalidad no era sobrevivir con una cantidad mínima de alimento, sino todo lo contrario, prepararlo para su propia momificación en vida.
imagen: http://www5f.biglobe.ne.jp/~syake-assi/newpage147.html

El monje debía de realizar tres etapas principales:
- En la primera etapa, que duraba unos 1000 días, en donde el monje cambiaba sus hábitos alimenticios por una completamente drástica, en donde eliminaba todo tipo de comida con excepción de semillas o frutos secos, con el fin de perder la mayor cantidad de grasa corporal, que es lo que facilitaría la descomposición del cuerpo, algo que se quiere evitar.

-En la segunda etapa, que duraba otros mil días, es cuando el monje se “alimenta” únicamente de raíces o corteza de pino y empezaban a tomar té de urushi, para eliminar sus fluidos corporales a través de la sudoración, la orina, o el vómito. Este té era bebido para hacer que el cuerpo se vuelva venenoso para las lombrices y otros parásitos propios del proceso de descomposición. Ya para esta etapa, el monje había perdido considerable masa muscular y había perdido casi todas sus fuerzas, pero aún conservaba las necesarias para dedicarlas en meditaciones y cánticos sagrados.

-En la tercera y última etapa, ya el monje siente intensos dolores físicos productos de la ingesta del venenoso té, y aquí es donde es enterrado vivo y pasa sus últimos días en una tumba preparada especialmente para él, con un tubo bambú para que entre el aire y así poder respirar y en donde puede reposar en posición de loto (sentado con las piernas cruzadas) y esperar la muerte. Todos los días debe de tocar una campana que se encontraba en la tumba para así avisar a los otros monjes que se encontraban en la superficie que aún estaba con vida.

Cuando ya no escuchaban la campana, retiraban el tubo de bambú y sellaban la tumba. Después de 1000 días, nuevamente la abrían para verificar que el cuerpo ha permanecido incorrupto, es decir, si el cuerpo se ha convertido en una momia.

En Japón, existen templos donde se puede ver a estos Sokushinbutsu, que ahora son adorados, pero que para muchos de nosotros, los de Occidente, sería algo incomprensible e interesante. Lo que me parece interesante, era el hecho que estos monjes aspirantes a Sokushinbutsu pudieron soportar tantos años aislados y en ese aislamiento, realizar esta práctica sabiendo que todo ese sacrificio era únicamente para preparar su propia muerte. 

Pienso que los mantras que recitaban y las largas horas que dedicaban para la meditación profunda durante todo el tiempo que duraba este proceso de “auto-momificación”, ayudaban a eliminar la ansiedad que podría provocar este auto-encierro. Y no solo creo que el grado de concentración que podían alcanzar estos monjes era tan alta que podría eliminar la ansiedad, sino que además, muchas personas afirman que el poder de la mente de estos monjes era tan poderosa que podía haber ayudado a la conclusión satisfactoria de este proceso, por ejemplo, ser capaz de elevar la temperatura corporal a tal grado que podían eliminar los fluidos corporales más rápidamente y así, evitar la descomposición posterior.

FUENTES:

http://www.sodahead.com/living/sokushinbutsu-the-art-of-self-mummification/question-2238437/
http://www5f.biglobe.ne.jp/~syake-assi/newpage147.html




lunes, 12 de diciembre de 2011

EL BUTSUDAN REALMENTE NOS CUIDÓ: DESPUÉS DE LA MUDANZA

Después de casi 2 meses vuelvo a postear algo nuevo. El tiempo es el peor tirano que puede haber y en mis pocos momentos libres, los he dedicado a descansar y resolver varios asuntos familiares pendientes.

No sé si será el último post que publique en este blog, el que me ha dado una oportunidad para compartir mis vivencias y también, muchos aspectos que muchos de nosotros desconocíamos acerca de la cultura japonesa (por ejemplo, los orígenes japoneses de Jesús o la misteriosa escritura de Okinawa, entre otros temas). Pero no solamente eso, sino que me dio la oportunidad de conocer a diferentes personas con quienes compartimos un mismo interés: reconstruir nuestra historia, es decir, nuestro pasado peruano-nikkei.

El hecho de mantener un blog es muy disciplinado, porque hay que tratar de publicar lo más frecuentemente posible en el blog y así mantener el interés por nuestro blog a nuestros seguidores. Pero, en mi caso y como pasa en la mayoría de bloggers, el blog solo es un pasatiempo ad-honorem, y hay que darle prioridad a una obligación mundana que es un "bien necesario": el trabajo, y que muchas veces (y como en mi caso como freelance), consume casi todo nuestro tiempo.

En fín, no quisiera dejar este blog abandonado y tal vez, dejar de postear sin decir nada, pero quisiera compartir con ustedes una vivencia que ha sido un cambio grande en mi vida y que seguramente, a muchos de nosotros nos ha pasado (o tal vez, a pocos de nosotros).

En un post anterior conté sobre el motivo por el cual mi familia y yo decidimos continuar teniendo un butsudan en casa y por un problema "ajeno" a nosotros, tuvimos que mudarnos a una casa nueva.

Mi casa anterior era grande, pero a pesar de la amplitud siempre era oscuro por dentro. Mi casa anterior tenía ventanas en todas partes, igual que en mi casa actual, pero siempre se sentía cargado (como si tuviera un aire enrarecido) el ambiente. Mi casa anterior, a pesar que la habíamos redecorado con muebles nuevos, siempre se veía triste y pobre. ¿Por qué? Muchas personas me dijeron lo mismo: tu casa está “cargada”. Mi casa anterior estaba cargada, no con los típicos "fantasmas" que te hacen "¡¡bu!!", sino cargada de envidia. "Envidia", una palabra que muchos conocemos, pero pocos saben que con la envidia ajena, también se puede destruir una familia. Una envidia que nace de unas personas que viven alrededor nuestro y que quisieron "destruirnos", pero no sabían que mi familia y yo contamos con la mejor protección de todo: el butsudan.

En el post anterior, comenté cómo a través de sueños, me advertían acerca de lo que esas personas "pensaban" sobre nosotros. En esa época fue que descubrí que tenía sensibilidad y que mi sexto sentido era mi mejor protección personal. Bueno, después de toda esa experiencia "paranormal" (y en donde el butsudan de mi papá también fue el principal protagonista), al fin encontramos la casa "elegida" y ya pudimos mudarnos.

Yo la llamo así, la casa elegida, porque mi hermano y yo tuvimos un sueño muy parecido antes de encontrar la casa. Ambos soñamos que estábamos caminando en una calle estrecha, con casas de solo dos pisos y nada de edificios. En mi sueño, veo esa misma calle estrecha, pero al final de ella, veo una casa blanca, con ventanas y puertas que se asemejaban mucho a un rostro (es decir, con los ojos y la boca y el tejado, que parecía sus cejas). Mi hermano, no vio esa casa, sino veía una cruz al final de esa calle. 

Recién vamos a cumplir un mes en la casa nueva, y en uno de esos trajines que hicimos de aquí para allá, mi hermano y yo regresamos en un taxi de noche y ya muy cerca de la casa, vimos que hay una calle paralela a la casa que "coincidentemente" se parecía mucho a la calle estrecha de nuestros sueños, y al final de esa calle, había una casa que sobresalía entre todas porque era la más grande y la que estaba al final de esa calle estrecha. Era blanca y tenía ventanas y un pequeño tejado que se parecía mucho a una cara. ¿Coincidencia? Al día siguiente, mi hermano y yo regresamos a esa calle, ya de día, y caminamos por toda esa calle y al final de esa calle, hay una iglesia. La iglesia que estaba representada por una cruz en el sueño de mi hermano. Nos quedamos sin palabras.

Ya en la casa elegida, ya nos hemos instalado y nos va bien. La casa tiene "nuevos aires", la sentimos más fresca, está más iluminada, y con los mismos muebles que habíamos usado en la casa anterior, la hemos decorado y aquí se ven más lindos. 

La parte triste de esta historia, es que si bien nos hemos mudado y sentimos ese cambio de ambiente y de personas, que era tan necesario, hemos perdido a dos seres muy queridos.
Uno de ellos no ha muerto, pero su enfermedad (a consecuencia de una extraña caída por las escaleras de la casa anterior), hace que no nos reconozca y sea totalmente dependiente. Y el otro ser querido, fue nuestro perrito. Un perrito que falleció con una extraña enfermedad y su muerte fue muy rápida. Primero estaba perdiendo la vista (como cualquier perrito de más de 10 años), y a pesar de eso, seguía siendo tan juguetón. A una semana de mudarnos, se cayó de las escaleras (seguramente, porque ya no podía ver muy bien) y ahí empezó su sufrimiento. Poco a poco se iba debilitando y tuvo una enfermedad muy extraña, según el veterinario, “un caso atípico”. Sus últimos días, la pasó entre sondas y tratamientos, pero al final, murió. Por esos mismos días, mi familiar (que es mi tía), se puso muy mal y ya no nos reconocía. 

A pesar de todo eso, no podíamos quedarnos un día más en esa casa, y nos mudamos el día que ya habíamos decidido. Los días pasaron y actualmente, estamos bien, como se dice, “la tranquilidad no tiene precio”. A mi tía (quien es la que vivía junto con mi familia y la que se cayó de las mismas escaleras desde donde se cayó mi perrito), tuvimos que internarla en una casa de reposo. La atienden muy bien, e incluso se ha hecho algunos “amigos” (pacientes con su misma enfermedad). Ayer la visitamos y la veíamos mucho mejor, está más atenta, más despierta y ya no tiene aquél extraño dolor (de la cual siempre se quejaba en la casa vieja).

Lo único triste es mi perrito, aquel que nos acompañó durante más de diez años, y que lo recogimos de la calle, enfermo y sin un hogar. Pero, después de consultar con varias personas, incluso con una yuta (guía espiritual o “chaman” okinawense), nos hemos dado cuenta que nuestro perrito “absorbió” lo malo de la casa (se dice que los animales y las plantas, así como los niños, son más sensibles que los adultos). Pero, las “coincidencias” abundan en nuestro caso que parece que fue por eso (puede ser que exista una explicación lógica a esto, pero hasta ahora, nadie puede explicarnos).

Hemos trasladado el butsudan, tanto de mi papá como de mi oba (uno de mi familia paterna, y el otro, materna) a la casa nueva. Llamamos a una yuta para que hiciera la misa (budista) y así, “pedir permiso” a mi papá y a mi oba para hacer el traslado, y ya en la casa nueva, junto con la yuta, armamos nuevamente el butsudan. Uno de los butsudan está en el comedor y el otro, en la sala.

Pero, por la falta de espacio y sobretodo, porque aún nos recomiendan que no tengamos dos butsudan en una misma casa, hemos conversado con una tía (hermana de mi mamá) para que cuide el butsudan de mi oba. Para eso, vamos a hacer otra misa y pronto enviaremos el ihai (tablita donde está escrito los nombres del difunto) hasta Japón.

Lo que si me gustaría mencionar, no sé si a manera de anécdota, es que nosotros ya sabemos, o mejor dicho, ya hemos experimentado eso que muchas personas nos dicen “el butsudan cuida”.
No solamente por los “accidentes” que hemos tenido, sino por lo que hemos sentido al regresar a la casa vieja sin los butsudan.

Como todo el proceso de la mudanza ha sido muy rápido, nos hemos olvidado varias cosas para la nueva casa, como ropa, algunos libros, etc.
Cuando hemos ido a la casa vieja últimamente, de solo entrar, sentía el ambiente demasiado cargado. No podía respirar y parecía que me estaba ahogando. Me dolía mucho la cabeza y esa tarde, al regresar a la casa nueva, no podía trabajar y me quedé descansando en la cama (tenía un fuerte dolor de estómago y náuseas).

Pensé que era porque no había comido nada y por eso me sentí mal, pero a la segunda vez que fuimos, mi hermano y yo nos sentimos mal nuevamente, y nos dolía nuevamente la cabeza. A pesar que las ventanas están abiertas, no sabemos por qué el ambiente está tan enrarecido.
Antes de esas dos visitas, cada vez que íbamos a la casa vieja, no sentíamos “casi” nada. Todo era “normal”. Antes de esas dos visitas, aún estaban los dos butsudan en la casa vieja.

Luego que hicimos el traslado de los butsudan, la sensación que sentimos en la casa vieja es la de “aire enrarecido”, “soledad”, “algo que no hay vida” (a pesar que aún vive un familiar), “tristeza”, “algo viejo”. Algo muy raro que nunca la habíamos sentido antes y ahora me pregunto, ¿cómo hemos podido vivir así tantos años? 

Coincidentemente, con los butsudan en casa, nunca hemos sentido eso, aún después de hacer la mudanza y vivir varios días en la casa nueva, y recién cuando ya no hay butsudan en la casa vieja, experimentamos esa desagradable sensación. ¿Será que realmente, el butsudan de mi papá o de mi oba nos había protegido?

lunes, 10 de octubre de 2011

UNA EXPERIENCIA QUE HIZO QUE CONTINUÁRAMOS CON LA TRADICIÓN DEL BUTSUDAN

El tema del butsudan es un tema muy complejo, porque conlleva a la práctica de rituales que son casi desconocidos así como su significado para mucho de nosotros que poseemos un butsudan en casa (y que somos sansei, yonsei, etc.).

Pero, ¿por qué, entonces, se sigue manteniendo una tradición que es propio del budismo si la mayoría somos católicos (o de otra religión que no sea budista)? Muchos dirán que es una tradición que “no podemos perder porque refuerza nuestra identidad japonesa”; pero hay otro grupo que aún conservan un butsudan en casa simplemente porque “quiero que me cuide”.
En mi caso (y en mi casa), pertenecemos a este último grupo, el de “quiero que me cuide” y no es por una simple creencia “a ciegas”, sino es por experiencia propia.

Muchos opinarán que es un tema de superstición, pero yo pregunto si creemos en la muerte, ¿por qué no creer entonces que lo sobrenatural si existe?
Por naturaleza, soy una persona muy desconfiada y siempre saco una conclusión lógica a algo aparentemente “paranormal”, pero lo que me ocurrió a mí y a mi familia el año pasado en vísperas de obon, es algo que no podemos explicar.

En un post anterior, he contado parte de esta experiencia y en donde publiqué una foto del butsudan de mi papá en donde aparece supuestamente una figura humana, pero consultando a un grupo especialista en Lima (Grupo Dharma), me dijeron que se puede explicar científicamente dicho fenómeno pero que no puede descartarse nada, especialmente si se ha sentido un ambiente “pesado” o “cargado”. Particularmente, yo sí creo que mi papá ha estado ahí presente. Por ejemplo, en mi casa tengo dos butsudan, en esas fechas especialmente, en el de mi oba la siento como vacía, como si fuera un mueble más, lo que podría significar que mi oba realmente está “descansando en paz”; en cambio, en el de mi papá, la siento “con más vida”, como si estuviera ahí presente y en el día que tomé la foto, eso se sintió con más fuerza. Esto es un ejemplo de lo que llamamos “sexto sentido” o tal vez, “sensibilidad”.

Pero esta es una experiencia que muchas otras personas también la han sentido, especialmente cuando el familiar recién ha fallecido, es decir, dentro de los 49 días (según la tradición japonesa y okinawense). Ellos dicen que han podido “sentir” a su mamá, por ejemplo, caminando por los pasadizos de la casa. Esto es lo que me contó un familiar lejano. Pero en mi caso, mi papá ya tiene más de 20 años de fallecido y ya debería de haber “descansado en paz” y no deberíamos sentirlo en la casa. Entonces, ¿qué pasa?

Mi familia es católica pero a la vez, cree en algunos preceptos del budismo y del “chamanismo” okinawense, por influencia mayormente de mi oba materna. Mi oba siempre decía que hay que confiar en los sueños, ya que éstos nos alertan de los peligros que están escondidos a simple vista (es decir, mi abuela ya hablaba en términos “paranormales”, pero a su manera, para decir que el subconsciente capta aquellos “mensajes ocultos” que está a nuestro alrededor pero que en estado de alerta no podemos “descifrarlos”, por así decirlo).

También, nos decía que si veíamos frecuentemente en sueños a nuestros parientes fallecidos debiamos de molestarnos con ellos en lugar de alegrarnos cuando nos despertáramos, especialmente si esos sueños se daban dentro de los 49 días, o incluso un poco más y si solo podíamos ver a ese pariente y a nadie más; porque no solo podía significar que extrañáramos a esa persona, sino que esta persona está intentando comunicarse con nosotros o que quiere “llevarnos” con ella. Por ejemplo, mi madre soñaba mucho con su padre recientemente fallecido cuando ella recién entraba a la adolescencia pero mi abuela decía que eso no era bueno; y en mi caso, yo he soñado con algo relacionado con mi papá (en donde yo con apenas 4 años soñé que subía unas escaleras blancas muy altas que iban hacia el cielo, pero al mirar hacia abajo, miré a mis tíos (con quienes me he llevado muy bien) que me llamaban y me pedían que no siguiera subiendo y ahí fue que me desperté y nunca más volví a tener ese sueño. 

La segunda y última vez que tuve un sueño similar, fue con mi tío (el mismo que me decía que no siguiera subiendo la escalera) quien a pocos meses de haber fallecido, soñaba mucho con él, sentados alrededor de una mesa circular en un cuarto completamente oscuro y me conversaba. Al despertarme, me sentía muy bien, no sé por qué. Después de eso, habrán pasado unos 6 años cuando volví a soñar con él, pero fue cuando estaba en Japón, un día antes de regresar a Perú, cuando soñé que estoy entrando al avión, y veo a lo lejos a mi tío que estaba sentado en un asiento cerca de la ventana y me llamaba con una mano, mientras, sonriente, tocaba el asiento del costado como diciendo “siéntate conmigo”. Esto sería un simple sueño, si no hubiera pasado que en el 2do avión que tomé para llegar a Lima, éste estaba casi lleno, menos dos asientos, justo los que estaban al costado de la ventana, y en donde me tocó sentarme al costado de la ventana mientras que el asiento del costado estaba vacío, mientras que alrededor mío, los asientos estaban ocupados. Para mí, creo que es una feliz coincidencia, porque sentí como si mi tío estuviera acompañándome en mi viaje de retorno a casa.

Regresando al tema del butsudan, a pesar que hemos tenido una fuerte influencia por parte de mi abuela sobre esta clase de temas, por la vida misma, tan ajetreada y cada vez más “moderna”, muchas veces hemos conversado sobre la posibilidad de no continuar con esta tradición, es decir, ni bien mi papá cumpla los 33 años de fallecido (el último aniversario y en donde se piensa que el alma ya ha llegado al cielo), “cerraríamos” el butsudan. Pero en mi casa pasó algo en el obón del año pasado que nos ha mostrado que realmente, como comúnmente se dice, el “butsudan cuida la casa”.

Conversé con parientes, amigos cercanos e incluso vecinos, que tienen un butsudan en casa y algunos que ya no lo tienen, pero consideran nuevamente continuar con la tradición. Conversando, pude darme cuenta que, en general, la gente conserva un butsudan por "temor a que si no cuido el butsudan cuando me corresponda, me puede castigar por ello” y en segundo lugar, “el butsudan me cuida”, muy aparte de lo que debería ser, es decir, “para continuar con la tradición”.

Unos me decían que por el hecho que no querían tener más el butsudan en casa (sea por espacio o tiempo para cuidarlo) se lo encargaron a otra persona y después de algún tiempo, ocurrieron una serie de accidentes o cosas muy negativas (enfermedades, pérdidas de trabajo o fallecimientos sin razón) para la persona que le correspondía tenerlo (por ejemplo, siempre lo debe tener, el primer hijo varón de la familia) y que relacionan todas esas con el butsudan. También, me decían que el butsudan les ha protegido y como si fuera una imagen de veneración, les ha pedido cosas materiales (por ejemplo, un nuevo trabajo) que se ha cumplido o que les ha protegido contra robos.

Lo que si es cierto, y lo he corroborado con algunos yuta, es que el butsudan en sí no castiga a nadie, es solo un altar que sirve para recordar y venerar a nuestros parientes fallecidos y ayudarlos, a través de oraciones o misas, a recorrer su transito hacia la Plenitud (igual como en el catolicismo y otras religiones). El hecho que pensemos que nos castiga si hacemos algo malo, es “solamente” que el butsudan nos protege, más bien, el pariente o parientes que allí dentro se encuentran, nos protegen contra los males o peligros a los que podemos estar expuestos, tal como lo harían si estuvieran vivos. Aquí también se dice, según la creencia okinawense (e incluso muchas de Occidente),que el hecho que aparezcan de pronto todos los males a la vez, se debe al año en que actualmente estamos (por ejemplo, el año funesto para el mono fue el año del tigre) o la maldad que puedan desearnos otras personas.

En mi caso, esto último fue lo que pasó el año pasado.
El año pasado, el 2010, fue el peor año de mi vida. Suena algo fatalista, pero a pesar de haber tenido pensamientos positivos, el año pasado no había concretado nada, ni en lo académico, ni en lo laboral ni mucho menos en lo económico.

Tenía muchos planes que quería cumplir, pero a diferencia de los años anteriores, no los pude cumplir, a pesar que me esforcé mucho en concretarlos. Habiendo terminado la universidad, quería seguir una especialidad y si eso no se concretaba, quería encontrar un buen trabajo, y si eso no se concretaba, quería encontrar al menos un trabajo; deseos propios de quien termina recién la universidad. Pero ninguno de esos planes se concretó. Hasta ahora no me puedo explicar que pasó, pero a pesar que mantenía buen ánimo ante un fracaso, éste ánimo poco a poco se iba extinguiendo, a medida que no lograba nada de nada. Habiendo llegado al último proyecto de mi “lista de metas para el 2010”, me di cuenta que simplemente tenia que encontrar un trabajo, sea bien remunerado o no, porque ya me daba cuenta que estaba perdiendo tiempo y no lograba nada. Ha pesar que había repartido mis hojas de vida (mis CVs, que para mí eran muy buenos, porque tenía buenos antecedentes académicos y laborales) a diestra y siniestra, no me llamaban de ningún lado y así pasó unos 6 meses (en ese tiempo, felizmente tenía el apoyo de mi familia, quienes no me apresuraban en mi búsqueda de trabajo).

Pensé que era el clásico “ahora no hay trabajo”, hasta que me di cuenta que había algo raro en todo esto (quién no se habrá preguntado alguna vez, “qué raro, nunca me ha pasado esto!”), y esto fue cuando tuve mi primer sueño. Soñé que se me caían mis dientes y que los escupía, lo cual nos hizo preocupar mucho, porque según mi oba, la caída de los dientes significaba muerte de alguien. A la siguiente noche, soñé que me daban tres ratas muertas sobre un plato de comida y luego, con perros negros que se comían entre sí. Y eso, mi mamá se preocupó aún más, porque recordó que mi oba decía que tanto ratas como perros negros significan enemigos ocultos.

Al día siguiente, llamamos al primer yuta (porque hemos consultado a dos en total) y después de leernos las cartas de Tarot, y leer el senko (a través del humo, puede ver siluetas de personas) nos dijo que yo tenía un enemigo oculto que me quería hacer daño.
Pero no solo eso, sino que además, el yuta nos dijo que ese mal deseo por parte de ese enemigo oculto, iba a afectar directamente a una tía que vive en mi casa. Textualmente dijo, “que después de dos meses de la celebración grande, que sea la más próxima, mi tía iba a morir”. Nos recomendó hacer unos rituales (hechos en mi casa pero la mayoría hechos por él y en su casa, por lo que no sé qué habrá hecho o qué no habrá hecho) para así evitar dicho desenlace infeliz, lo que según él, no era nada natural, sino provocado por aquella mala intención. No podíamos perder nada, excepto dinero para hacer eso, así que lo hicimos. 

Cumplimos con realizar todos los rituales y después de eso, nos olvidamos del tema. Cabe resaltar que ni bien comenzamos a hacer los rituales, mi situación laboral ya mostraba signos de mejoría. Tenía varias ofertas de trabajo de distintas empresas, todas muy tentadoras pero me quedé solo con una. ¿Coincidencia?

No solo eso, sino que mientras hacíamos los rituales, me “mostró” al enemigo oculto. Aquí no puedo decir que me mostró a un “supuesto enemigo”, porque al final descubrimos quien era ese enemigo oculto, quien incluso llegó a llamar a mi casa para amenazarme de manera anónima. Pero al final de toda esta historia, al increparle directamente de todos lo que ha hecho en mi casa (invasión de propiedad ajena, robo, injuria, etc.) , no soportó más y amenazó mi integridad física (está demás decir, que tuvimos que llamar a la policía a reportar dicha agresión). 

¿Y quién era ese enemigo oculto? Pues nada menos un “vecino” y su madre quien desde que nací me acuerdo que mi mamá siempre le regalaba comida o cualquier otra cosa, todo de buena intención.

Pero, ¿y por qué se convirtió en mi "enemigo oculto"? Simplemente, porque tenemos casi la misma edad y porque de pequeños hemos jugado juntos y al crecer cada uno a seguido su destino, aunque uno torcido y el otro derecho; y al parecer, ha crecido con resentimiento y envidia.

“Envidia”. Así es, “envidia” y existe y es real. Lo que esos “enemigos ocultos” hicieron fue lo que comúnmente se dice “mal de ojo” y cargaron mi casa con las peores intenciones y deseos. Y esos deseos se materializaron coincidentemente dos meses después del obón (la celebración “más grande” que en mi casa se celebra), cuando mi tía se cayó inexplicablemente del 2do piso. A pesar de la gran caída (del 2do piso y de cabeza) y de la edad (más de 80 años), no se hizo “nada”, solo unos raspones y moretones, pero ningún hueso roto (a pesar de tener una osteoporosis avanzada).

Los médicos que la atendieron no podían explicar el por qué no se hizo “nada”, porque podía haberse dislocado el cuello y quedarse paralítica o “sencillamente”, pudo fallecer en el acto.

Cuando pasó eso, mi familia y yo nos miramos asombrados. ¿Coincidencia?

Pero después de eso, al empezar el nuevo año, tuve otros sueños recurrentes simplemente horribles. Soñé con una caja de madera llena de agua, pero que tenía gusanos dentro y yo colocaba mis brazos en ella. Luego, soñé que había una bolsa de comida podrida en mi casa, a lo que yo seguía colocando basura en ella. Después de esto, empecé a “ver” en mis sueños, a una mujer que no veía muy bien su rostro, pero que siempre me acariciaba el brazo mientras dormía o me hablaba, todo esto, de una manera que no me asustaba, sino que sentía como si me estuviera cuidando.¿Habrá sido mi oba?

Definitivamente, estaba algo mal en mi casa, o conmigo, no sabía que pensar. Consultamos esta vez a otra yuta y también me leyó las cartas y me dijo que aún hay algo en mi casa que debo sacar, y claro, mencionó nuevamente al “enemigo oculto”.

¿Qué tenía que hacer? “simplemente”, hacer unos rituales y hacer una limpieza en la casa, con quema de incienso, frutas y otros “ingredientes”.

Al principio pensé que iba a hacer esos rituales medio “espectaculares” (en el sentido de hacer un teatro) como se ve en algunos chamanes, pero no fue así. Mientras hacia los rituales en mi casa, nos decía muchas cosas familiares que nunca habíamos comentado con nadie.
Al final, nos dijo que ya la casa estaba limpia. Y efectivamente, la casa ya no se sentía cargada, sino más acogedora. Y está más decir que en el plano laboral, al día siguiente ya pude ver las mejoras. Si con el otro yuta las cosas mejoraron, éstas eran muy lentas, pero con estos rituales y la limpieza, fueron sucediendo de manera más rápida. Todo esto pasó sin un ápice de exageración.

Pero, ¿en dónde se menciona al butsudan? Simplemente, el butsudan, mejor dicho, mi papá, fue quien a través de sueños hizo que nos diéramos cuenta de los peligros que nos rodeaba, porque todo comenzó a casi un mes del obón del 2010 y terminó, coincidentemente a un mes del obón pasado, justamente cuando empecé a sentir el butsudan de mi papá como algo "más especial", como si alguien estuviera allí.

No solamente yo, sino que mi hermano mayor, también tuvo sueños muy extraños en esa época e incluso hemos llegado a tener el mismo sueño (siempre relacionado con todo esto) en el mismo día. Es lo que llaman “sincronicidad”, algo extraño, puesto que no somos hermanos gemelos, sino que nos llevamos 8 años de diferencia. Y con esto, además, pude comprobar que mis sueños no eran lo que psicológicamente se definiría como los deseos reprimidos del inconsciente, sino,¿por qué también él los tendría? 

Hay dos sueños que me parecen muy simbólicos y que podrían demostrar que el butsudan “nos cuida”, sobretodo mi papá y mi tío. Mi hermano soñó con la yuta quien iba a limpiar la casa (esto fue antes que lo hiciera) y en donde vio a mi tío (el mismo del avión) que estaba protegiendo mi casa y colocaba galletas de arroz a la casa del “enemigo”, a manera de escudo o como para taparlo. Y el otro sueño, con mi papá, también fallecido, quien trancaba las puertas de la casa. Qué raro que sean los “hombres” la casa que estén protegiendo la casa (siempre lo han hecho estando en vida, y no sería raro que lo hicieran ya fallecidos).

Ahora, después esa experiencia tan “extraña” nos va bien, mientras que el “enemigo”, al parecer, no. Con toda esta experiencia, desde esa fecha hemos cambiado muchas cosas, que más adelante los podré contar. Y todo esto, a causa de unas personas a las que hemos ayudado, y como uno de los yuta nos dijeron: “con una mano te reciben la ayuda, pero con la otra, te tiran piedras cuando te volteas”. Pero no contaban que teníamos a alguien que nos cuidaría.

Por todo esto, ¿cómo podía dejar de continuar con el butsudan? Hay personas que sin ser budistas, tienen un altar en su casa, en donde “veneran” a algún familiar fallecido, colocando fotos y flores, y alguna que otra estampita o cruz. ¿Y cual sería la diferencia de llevar un butsudan con uno de estos altares? Pues, a mi parecer, el butsudan encierra una doble veneración(*): a la memoria del pariente fallecido y a la costumbre familiar que se practica desde muchos años atrás. Una costumbre que implica la práctica de ritos que son inherentes a nuestra cultura, en mi caso, la cultura okinawense, y que eran practicados por mis abuelos y cuya memoria sigue viva a través de estos ritos.
 
(*) Y para quienes piensen que esto es simple idolatría al decir "venerar", esto no es lo mismo que rendir culto, sino, que es rendir respeto por la memoria.



LA SANBASAN (PARTERA) "MÁS FAMOSA" EN LA LIMA DE LA PREGUERRA: LA SANBASAN TOKESHI

La foto que muestro fue tomada el 27 de febrero de 1930.  Es una vista del patio de Lima Nikko en una ocasión especial.  En ese día, hubo un...