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miércoles, 31 de julio de 2013

Los Ojos de un Gato te Pueden Decir la Hora (Nekonome Dokei)

En casa tengo una gatita que apenas pasa los 9 meses de vida pero que es tremendamente traviesa, lo que contrasta con la tranquilidad de mi “viejita”, una perrita que ya pasa los 14 años. Juega, corre, salta, en fin, hace todo lo que una gatita de su edad hace, pero el momento que más disfruto es cuando estoy trabajando frente a la computadora y se sienta sobre mi regazo, ronroneando y dándome pequeños masajitos hasta que se queda dormida. 

Puedo pasar horas y horas frente a la computadora, pero ella continua sentada sobre mí durante todo ese tiempo, y de rato en rato levanta su cabeza y me mira con sus pequeños ojitos. 

Este fin de semana, también pasó lo mismo, mi gatita me miraba como siempre, pero no sé por qué, ella hizo que me acordara de mi oba. En ese momento, tuve una sensación muy vaga, era casi como si hubiera soñado y estuviera tratando de recordar algún recuerdo etéreo, algo que no puedo explicar claramente, pero era como si estuviera relacionando mentalmente las palabras “oba”, “ojos de gato”, “dia y noche”. No podía recordar nada más. 

Le pregunté a mi mamá para saber si ella recordaba algo que mi oba haya hablado algo sobre los ojos de gato y del día o la noche o, si existía alguna tradición japonesa (u okinawense) que se relacione. Pero tampoco se acordaba. Era un recuerdo casi “dudoso” que me inquietaba y hasta me hacía dudar. 

Anteriormente había leído sobre los ninja y su técnica para saber la hora por medio de la observación de las pupilas del gato, pero no creía que ese recuerdo pudiera tener alguna relación con aquello que ya había leído, porque sentía como si fuera un deja-vú, como si hubiera vivido ese recuerdo. No creo que mi oba me haya contado algo sobre los ninja, tal vez sí de los samurai, pero no de ninjas

Pero por más que pasaban los días, no podía dejar de pensar en ese recuerdo y me puse a buscar en el Internet si realmente existía alguna tradición que se relacione con “ojos de gato” y “día y noche” y, finalmente, pude comprobar que ese “recuerdo etéreo” realmente sucedió. Se dice que podemos tener recuerdos (o memoria) de corto o largo plazo, pero son los recuerdos de infancia los que se encuentran muy bien guardados, cual tesoros, en lo más recóndito de los recuerdos y, a veces, es muy difícil de olvidarlos. Tal vez mi oba no le habría contado a mi mamá, o quizás mi mamá ya se olvidó, así que mejor lo escribo ahora, antes que yo también lo olvide, porque si bien es una cosa de niños, creo que merece la pena volver a revivirlo (y sobretodo, demostrar que realmente existió este recuerdo). 

Había hecho tantas búsquedas, pero al final, cuando ya estaba casi por rendirme, encontré casi textualmente la respuesta a mi “recuerdo”: 
 “…Cuando era niño aprendí una canción en mi escuela: 6 redonda, 5 y 7 huevo, 4 y 8 caqui, 9 aguja. El gato es imprescindible para mí. Sin él estoy perdido. Me enseñaron a medir el paso del tiempo según el tamaño de las pupilas de los gatos. A las seis las pupilas del gato son enteramente redondas, mientras que a las 5 y a las 7 tienen forma oval. A las 4 y a las 8 se estrechan y toman la forma de un caqui, a las 9 se estrechan aún más hasta el punto de parecer una aguja. Eso es todo.” 
(PARA AGRANDAR LAS IMÁGENES, HACER CLICK SOBRE ELLAS)

Imagen tomada del blog Isseicreekphilophy

Nekonome Dokei 猫の目時計 (Reloj del Ojo del Gato)

Ya pude comprobar que mi recuerdo sobre los ojos del gato ya dejó de ser un recuerdo etéreo y casi onírico.

Esta única pista en español la había encontrado en el blog del pintor Leo Vincent. Y como dice un refrán, “comienza, el resto es fácil”, a partir de esta pista, pude encontrar más referencia sobre esa canción de niños a la que se refería, aunque sinceramente, no recuerdo que me hayan enseñado alguna canción, salvo el “conocido” “Pop pop po, Hato pop-po”, una de algunas canciones infantiles que mi oba me enseñó. Las referencias que pude encontrar solamente estaban en japonés y algunos en inglés, y casi nada en español. Con el poco japonés que manejo, pude rescatar algunas referencias históricas que sustentaron que mi “recuerdo” realmente era algo real y no solo era producto de mi imaginación.

Se dice que hay una canción infantil que se relaciona con el samurai Yoshihiro Shimazu, que por el siglo XVI, se dirige a Corea durante una campaña militar llevando consigo a siete gatos con el fin de saber la hora. Shimazu decía, siguiendo una técnica que se relata en el Bansenshukai o Shonenki (recopilaciones de los secretos del ninjutsu o espionaje ninja) que según la forma de las pupilas de los ojos del gato, se podía determinar la hora del día, que era denominado Nekonome Dokei 猫の目時計 (literalmente, "reloj del ojo de gato"). 



Imagen tomada del blog Gatos y Gatunos 
Como las pupilas de los gatos son sensibles a la luz, cambian de forma según la intensidad de la luz, dilatándose (forma de rendija) ante una luz intensa y en cambio, contrayéndose (forma redondeada) ante una luz más tenue.

De este modo, se creó una rima para poder memorizarlas y que ahora es conocida más como una canción (para algunos, una canción antigua,  para otros, infantil): 

           「 六つ丸く、五七卵に、四つ八つは柿の核なり、九つは針 」

Se lee así: "Mutsu maru ku, itsusu nanatsu tamago ni, yottsu hatsu wa kaki no kaku nari, kokonotsu wa hari".
Es decir, "A la seis, se vuelve redonda, a las cinco y siete, como el huevo, a las cuatro y ocho, se vuelve como las semillas del kaki y a las nueve, como una aguja".

Pero, ¿qué significa? la siguiente imagen podría aclararlo un poco:
En esta imagen se puede observar la forma de la pupila del gato con respecto al momento del día.

Imagen tomada de Koneko no heya



Si la pupila del gato estaba completamente redonda, significaba que eran las 6 a.m. (según el sistema horario actual). En cambio, si tenía forma ovoide (como la de un huevo), significaba que eran las 8 a.m. Ya para las 10 a.m. se contraía un poco y se asemejaba a la semilla de un kaki y al mediodía la pupila se contraía aún más hasta parecerse a una aguja. En cambio, a las 2 p.m., la pupila se dilataba, adquiriendo nuevamente la forma de una semilla de kaki, luego a las 4 p.m. volvía a tener la forma de un huevo y a partir de las 6 p.m. se dilataba aún más hasta alcanzar una forma redondeada. 

Pero esta rima o canción aún así suena poco comprensible. Analizándola detenidamente, ¿por qué se utilizan los numerales japoneses para contar objetos, como “mutsu” (seis) o “yotsu” y no se usa simplemente los cardinales "roku" (seis) o "yon" (cuatro), si se refieren a horas? ¿o acaso están contando objetos y no horas? y, ¿por qué solamente mencionan al 6, 5, 7, 4, 8 y 9 y por qué no al 1, 2 ó 3? 

Para entenderla mejor, retrocedamos un poco en la historia de Japón, en la época en que antiguamente se utilizaba un sistema horario diferente al nuestro, que estaba vigente hasta el siglo XIX, es decir, hasta la era Meiji, que es cuando Japón adopta el sistema occidental de tiempo. 

Japón dividía el día en 12 horas o 12 koku 刻 que duraban unas 2 horas en promedio, según nuestro sistema actual, y que comenzaba de la medianoche y terminaba a la medianoche siguiente. 

La duración de las horas dependía de la estación y el momento del día, puesto que en invierno 1 koku era más largo en la noche, mientras que era lo contrario en el verano. Por ejemplo, en invierno, 1 koku era de 1 hora con 48 minutos (según nuestro sistema actual) en el día; mientras que durante la noche, era de 2 horas con 12 minutos. En cambio, en el verano, 1 koku duraba 2 horas con 36 minutos en el día y de 1 hora con 21 minutos en la noche. 

A su vez, cada koku se dividía en 4 intervalos de tiempo o bun 分 (actualmente, serían como los "minutos", que duraban unos 30 minutos aproximadamente, cada uno, según el sistema actual), y como en el caso del koku, dependía de la estación y del momento del día, es decir, su duración era variable. Se le denominaba hitotsu, futatsu, mitsu y yotsu (es decir, "uno", "dos", "tres" y "cuatro"). El numeral con la que están representandos, (es decir, "hitotsu", "futatsu", "mitsu" y "yotsu", en lugar de decir, "ichi", ni", san" o "yon"), indican que eran utilizados con campanas, es decir, estos numerales indicaban el número de campanadas con las cuales se indicaba la hora del día. 

El uso de campanas era usual por aquella época, en donde las horas eran indicadas mediante el repique de una campana que se encontraba colgada a la cuesta de las montañas durante el día y, en el caso de la noche, había un cuidador que se encargaba de dar la hora golpeando dos palos entre sí. 

Si nos hemos dado cuenta, hay tres números (1, 2 y el 3) que fueron omitidos, y que actualmente se argumenta que fue por motivos religiosos, puesto que correspondían al número de campanadas utilizado por los monjes budistas para el llamado a la oración. Aunque, también se debería mencionar a Hildreth con su libro “Japan As It Was And Is” (“Japón, Como Fue y Es”) publicado en 1855 y que parece que encajaría mejor con el contexto. Se cuenta que se omitieron simplemente porque se podría confundir al momento de dar la hora, puesto que antes de dar la hora (o mejor dicho, las campanadas), se anunciaba previamente con 3 campanadas que se iba a dar la hora, llamando así la atención de los pobladores, luego se hacía una pequeña pausa de un minuto y medio aproximadamente y se daban las campanadas respectivas que indicarían la hora. 
En caso que se utilizara el 1, 2 ó el 3, habiendo establecido previamente un repique de campanas como señal de anuncio de la hora, se podría llegar a confundir la hora en caso que se utilicen, puesto que se podría malinterpretar las horas en caso que se anuncien las 6:30, 4:30 ó 7:30, mencionando algunos ejemplos.

En la vida cotidiana, cuando alguien deseaba decir simplemente, la “hora”, podía hacerlo de dos formas: nombrando al animal del zodiaco chino que corresponde a la hora seguido del término koku o sino, utilizando números, pero que no eran según el orden occidental que todos conocemos, sino en forma reversa, pero empezando con el 9, es decir: 9, 8, 7, 6, 5 y 4 (no olvidemos que no se incluía ni el 1, el 2 ni el 3), seguidos del término “doki” 時.

Así, por ejemplo, para decir que son las 6:26 a.m., se diría, según este sistema, akemutsu mitsu doki 明六つ三つ時 (el tercer intervalo de la sexta campanada del amanecer) o hitsuji no koku mitsu doki 未の刻三つ時 (el tercer intervalo de la hora de la oveja). 

A continuación, se muestra una tabla que resume este sistema horario, mostrando su equivalencia con el sistema que actualmente utilizamos:


Zodiaco Chino
Designación del tiempo 
(época antigua)
Equivalencia actual
Ne no koku
子の刻
Hora de la Rata
Akatsuki kokonotsu
九つ
Novena (campanada) de la aurora
Medianoche
11p.m. a 1 a.m.
Ushi no koku
丑の刻
Hora del Buey
Akatsuki yatsu
八つ
Octava (campanada) de la aurora
2 a.m.
1 a.m. a 3 a.m.
Tora no koku
寅の刻
Hora del Tigre
Akatsuki nanatsu
七つ
Sétima (campanada) de la aurora
4 a.m.
3 a.m. a 5 a.m.
U no koku 
卯の刻 
Hora del Conejo
Ake mutsu
明六つ
Sexta (campanada) del amanecer
6 a.m.
5 a.m. a 7 a.m.
Ta su no koku
辰の刻 
Hora del Dragón
Asa itsutsu
朝五つ
Quinta (campanada) de la mañana
8 a.m.
7 a.m. a 9 a.m.
Mi no koku
巳の刻 
Hora de la Serpiente
Asa yotsu
朝四つ
Cuarta (campanada de la mañana)
10 a.m.
9 a.m. a 11 a.m.
Uma no koku
午の刻 
Hora del Caballo
Hiru kokonotsu
昼九つ
Novena (campanada) del día
Mediodía
11 a.m. a 1 p.m.
Hitsuji no koku
未の刻
Hora de la Oveja
Hiru yatsu
昼八つ
Octava (campanada) del día
2 p.m.
1 p.m. a 3 p.m.
Saru no koku
申の刻 
Hora del Mono
Yuu nanatsu
夕七つ
Sétima (campanada) de la tarde
4 p.m.
3 p.m. a 5 p.m.
Tori no koku
酉の刻 
Hora del Gallo
Kure mutsu
暮六つ
Sexta (campanada) del anochecer
6 p.m.
5 p.m. a 7 p.m.
Inu no koku
戌の刻
Hora del Perro
Yoru itsutsu
夜五つ
Quinta (campanada) de la noche
8 p.m.
7 p.m. a 9 p.m.
I no koku
亥の刻 
Hora del Jabalí
Yoru yotsu
夜四つ
Cuarta (campanada de la mañana)
10 p.m.
9 p.m. a 11 p.m.

* Lo que está escrito en rojo, es la pronunciación en japonés; en azul se muestra la escritura  y en negro, la traducción al español. 

Aún así, con toda la explicación, no es muy fácil saber la hora según este sistema. Tal vez porque ya nos hemos acostumbrado al sistema occidental actual. 

Pero, ¿habrá sido exacto? Aparentemente no, pero si consideramos el hecho que la duración del tiempo se adaptaba a la estación y al momento del día, que es casi lo que actualmente hacemos al hacer el cambio de horario de invierno o de verano, sobretodo en las oficinas o negocios, parece que para la época en que fue utilizada si cumplía la exactitud que se requería. Pero no está del todo olvidado, puesto que recientemente, en el 2008 un relojero japonés, Masahiro Kikuno, ha diseñado un wadokei (reloj antiguo japonés) que se basa en este antiguo sistema horario.
El Wadokei de Masahiro Kikuno (año 2008)
Imagen tomada de World Tempus 


¿Y sobre el nekono me dokei? ¿Habrá sido exacto?. Es muy improbable determinar su exactitud, puesto que las pupilas son muy sensibles a la luz, y reaccionan de diferentes formas en una misma hora pero en días diferentes . ¿Y si llovía por las mañanas y estaba un poco nublado, las pupilas de un gato reaccionarían a la luz natural  de la misma forma como lo harían en una misma hora, pero en una soleada mañana? Quizás para la época, servía como una simple referencia, y quizás se utilizaban otros recursos para corrobar la hora, de forma natural, como el comportamiento de los demás animales,el movimiento del sol, entre otros. 
Pero lo que puede rescatarse de esta técnica, desarrollada primordialmente por los ninjas o shinobi, es la capacidad de observación tan detallada con respecto a la naturaleza, y en este caso, a los ojos de un gato, para medir algo tan mundano (pero que es necesario), como es el tiempo.
   
No me acostumbraría a este sistema antiguo, porque es un poco complicado para recordarlo, pero lo que creo que ya nunca podré olvidarme será este recuerdo de infancia, al principio "dudoso" y que alguna vez mi oba me contó. ¿Como recordarlo? ¿Como un cuento de niños? ¿O como algo histórico? Creo que, más bien, lo recordaré como algo que mi oba compartió conmigo en mi infancia.

FUENTES:

viernes, 3 de mayo de 2013

Tatuajes en Mujeres Ainu: El Peculiar Concepto de la Belleza en el Antiguo Japón (Parte II)

Los Ainu, considerados como los descendientes directos de los Jomon (pueblo prehistórico de Japón) y que viven en Hokkaido (situado al norte del archipiélago japonés) practicaron una tradición muy singular: el tatuaje de los labios entre las mujeres. 

Según Krutak, antropólogo especialista en tatuajes, el término Ainu para “tatuar” fue anchi piri (“anchi”=”obsidiana”, “piri”= “corte”; puesto que en la antigüedad se utilizaban piedras obsidianas), mientras que el término actual es “nuye” (literalmente “tallar”, “tatuar”, “escribir”) o de forma más literal “sinuye” (“tallarse uno mismo”). En este caso, tatuar y tallar connotaría cierta sinonímia, porque tatuar implica dibujar sobre la piel, pero mediante cortes pequeños que formaran las cicatrices y que darán forma al dibujo o diseño sobre la piel. 

Mujer Ainu con el típico tatuaje. 
Foto tomada de la colección de Okinawa Soba, quien posee en su cuenta en Flickr una extensa colección de fotos del antiguo Japón. (Para más fotos, click aquí)
En otras palabras, tatuar es tallar sobre la piel. Estos tatuajes se realizaban principalmente alrededor de los labios, pero también en los antebrazos, la parte posterior de las manos, articulaciones de los dedos; e incluso, otras partes del cuerpo fueron tatuadas con estos diseños geométricos, a manera de amuletos contra enfermedades específicas. El tatuaje de los labios comenzaba al tercer año de vida y se finalizaba cuando la mujer contraía matrimonio. Esto puede tener una connotación machista desde el punto de vista occidental, puesto que este tatuaje simbolizaba que las palabras que salieran de la boca de la mujer, pertenecian ahora a su esposo. Pero también se considerada que el tatuaje de los labios entre las mujeres era una forma de evitar que los espíritus ingresen al cuerpo. 

Del mismo modo, se tatuaban los brazos con diseños geométricos a partir del quinto o sexto año de nacida, también con la creencia de que las protegerían de los espíritus malignos (este tatuaje de brazos, se asemeja mucho a la tradición practicada por las mujeres okinawenses: el hajichi, que indicaba el estado civil de la mujer). 

No utilizaban agujas para tatuar, sino pequeños cuchillos llamados makiri con el cual podían cortar la piel, y anteriormente, se utilizaban puntas de flechas hechas de obsidiana. Durante el proceso del tatuaje, se utilizaba un antiséptico llamado nire (un preparado a base de corteza de árboles), en caso que los pequeños cortes sangraran. Frente a esto, es fácil deducir que era un procedimiento doloroso, por lo que la mujer sometida a esta práctica debía de permanecer quieta mientras se realiza el tatuado (y de esta forma, se creía que la mujer podía prepararse para afrontar el dolor de un futuro parto). Pero en caso que no pudiera resistir el dolor y no pueda quedarse quiera, era sujetada por otras personas hasta que termine el proceso de tatuado. 

Vista de una mujer Ainu con los labios y brazos tatuados, en donde se aprecia el diseño entrelazado en los brazos.
Pero esta moda, a diferencia del ohaguro (teñido de dientes) solo la practicaban las mujeres, porque, según los Ainu, esta costumbre fue traída a la Tierra por la diosa Okikurumi Turesh Machi, considerada la hermana menor del dios creador Okikurumi. De este modo, esta tradición fue practicada solamente por mujeres y las únicas encargadas en realizarlo, eran las abuelas o tías. 

Sin embargo, esta larga tradición, “mutilante” (según el concepto occidental) y dolorosa pero aceptada por las mujeres Ainu por tradición, fue prohibida por el gobierno japonés, quien en su intento por japonizar a los Ainu (así como con los okinawenses, considerados también como un pueblo de costumbres indígenas) decreta en 1799 y posteriormente en 1871 la prohibición de estos tatuajes. 

domingo, 28 de abril de 2013

El Peculiar Concepto de la Belleza en el Antiguo Japón (parte I)

Hace poco vi la foto de una mujer japonesa muy sonriente, pero a pesar de su cándido rostro, me pareció un tanto bizarra y hasta escalofriante, porque tenía los dientes teñidos de negro; por lo que decidí investigar un poco más sobre esta “moda”, que más adelante descubrí que no era una moda pasajera, sino una costumbre que ha perdurado por varios siglos en Japón, junto con otras costumbres que, para la época, eran consideradas de buen gusto y de uso generalizado.
Seguramente habrán otras costumbres que se relacionen con la forma de vestir o la apariencia personal (sobretodo en los pueblos más alejados de Japón), pero a continuación, les mostraré algunas de ellas, que al parecer son las más conocidas. 

OHAGURO  お歯黒
OHAGURO (o = prefijo de respeto, ha= dientes, guro = color negro) es el término con el que se denomina a la técnica de pintarse los dientes de color negro y que se practicó en Japón desde el periodo Heian (años 794 a 1185) hasta el periodo Meiji (1868-1912), aunque existe evidencia que sustenta que su práctica es mucho más antigua, incluso que datan del periodo Asuka (aproximademente siglos VI-VIII). El término más utilizado y conocido es ohaguro, que fue utilizado por la gente del pueblo; aunque también se le conocía como “fushi mizu”, entre las personas de la realeza. Otros términos también utilizados son “kane”, kanetsuke” y "hagurome”, así como tesshoo y dashigane u okane, dependiendo del tipo de preparación que se utilizaba para el teñido. Algunas mezclas incluían un preparado a base de virutas de hiero oxidado remojadas en vinagre y nuez de agallas, o de la corteza de un árbol, entre otras.

 Se dice que esta moda fue impuesta por la emperatriz Genmei, aunque no se sabe con certeza el origen exacto de esta práctica, si fue importada de un país vecino, puesto que la práctica de ennegrecimiento de los dientes también puede verse en otros países del sudeste asiático, como Vietnam, Indonesia, Filipinas e incluso americanos, como la tribu de los Chontaquiros o Piros del Perú, que justamente deben su nombre a la planta Chonta y a Quiros, que significa Dientes, porque utilizan dicha planta para teñirse los dientes de color negro para que se conserven mejor. 

Sea cual fuere su real origen, esta práctica tuvo como finalidad, en un principio, de proteger los dientes contra las caries, puesto que la mezcla con la que se realizaba el ohaguro actuaba como un sellante. Pero con el paso del tiempo, fue adquiriendo una mayor importancia dentro de la sociedad, como una forma de indicar el inicio de la pubertad entre los niños y niñas de la aristocracia y de la clase guerrera (samurái). Además de estos fines, el ohaguro tenía otra finalidad, más subyacente a la ideosincracia animística de la época, porque al tener los dientes de color negro, se podía diferenciar a una demonio femenina de una mujer humana, porque los animales y espíritus malignos poseen colmillos blancos. Aquí también cabe mencionar que el ohaguro puede explicar el motivo por el que las mujeres japonesas se cubrían la boca cuando se reían (e incluso hay personas que aún lo hacen). Se decía que la inexpresividad de las emociones era una virtud practicada entre la clase acomodada, por lo que la sonrisa o la risa debería estar "disimulada" perfectamente con unos dientes teñidos de negro, pero como el ohaguro ya está en desuso, el cubrirse la boca con la mano al reirse, supliría inconscientemente la ausencia del "ohaguro" en los dientes; aunque hay otros que argumentan que simplemente, es una forma de expresar inconscientemente la timidez de una persona.

Asimismo, se dice que el ohaguro era practicado como una forma de embellecer el rostro, puesto que ocultaba los dientes, que era la parte visible del esqueleto y que estaba relacionado con la muerte. Antes del siglo VIII, esta costumbre era practicada por hombres, mujeres y niños de la nobleza, pero a partir del periodo Nara (710-784) solamente fue practicada por mujeres casadas, por influencia de la cultura china, predominante por aquella época en Japón, que no seguía esta tendencia. Ya en el periodo Heian, el ohaguro fue practicada por mujeres más jóvenes, antes del inicio de la pubertad y posteriormente, nuevamente los hombres de la nobleza también se incluyeron en esta costumbre elitista. Y como toda tendencia, la práctica del ohaguro se amplió a hombres y mujeres de la nobleza incluso después de haber alcanzado la pubertad; asimismo, se incluye a la clase guerrera (samurái), sean niños, mujeres y hombres. 

Ya por el siglo XIV, esta moda se impuso a todas las clases sociales, salvo los burakumin o los marginados de Japón. Durante el periodo Edo, las mujeres practicaban esta costumbre a la edad de catorce años, mientras que los hombres, a los quince o dieciséis. Sin embargo, con la restauración Meiji, que es cuando Japón abre sus puertas al mundo, se dicta un decreto imperial en 1870 en donde se prohíbe a los nobles que se tiñan sus dientes de negro. Y tres años después, la emperatriz se mostró en público con los dientes blancos, sin teñir, haciendo que las mujeres de la nobleza siguieran rápidamente su ejemplo, aunque las mujeres del pueblo continuaron esta tradición por más tiempo. Este cambio en la moda, coincide con la apertura de Japón al mundo, en donde Japón ya no solo estaba expuesto a la tecnología y conocimientos foráneos, sino también a los cánones de belleza occidentales.

FUENTES (click en los títulos para acceder al texto original):

domingo, 4 de marzo de 2012

SOKUSHINBUTSU: EL ARTE DE LA MOMIFICACIÓN EN VIDA

Seguramente muchos de nosotros hemos escuchado hablar acerca de las momias. Pero no solamente me estoy refiriendo a aquellas que comúnmente hemos visto por la televisión, como aquellas llenas de vendajes blancos saliendo de alguna tumba egipcia (como la que hemos visto cuando niños por la televisión), sino aquellas más reales, como por ejemplo, como la momia Juanita encontrada en la década de los 90 en Arequipa (Perú), las momias de los monjes en Palermo (Italia) o las de Guanajuato en México.

En casi todo el mundo se han encontrado muchas momias, o mejor dicho, cuerpos de personas que han fallecido pero que han conservado intacto la mayor parte de su cuerpo, incluso hay algunas momias que conservan sus órganos internos incorruptos. ¿Y cómo es que han podido sobrevivir en el tiempo hasta nuestros días? “Muy sencillo”: Estas “momias” antes de serlos, fueron seres humanos que fallecieron pero sus cuerpos no se han podrido (para ser más explícitos). 

Estas muertes fueron como consecuencia de sacrificios realizados a los dioses o simplemente por causas naturales, pero que por medio de técnicas de preservación realizadas con el fin de convertirlos en deidades terrenales o por condiciones atmosféricas que facilitaron su conservación (por ejemplo, por encontrarse en lugares donde la temperatura no supera los menos 10 grados), lograron convertirse en momias.

El caso que me llama más la atención son las momias japonesas, llamadas momias Sokushinbutsu. Sokushinbutsu 即身仏 significa “convertirse en Buda estando vivo”, y aunque esta traducción de por sí ya suena algo extraño y hasta tétrico, suena aún más escalofriante saber cómo era este proceso.

La práctica del Sokushinbutsu empezó en el siglo 11 y fue traído desde China a Japón como parte de las costumbres tántricas de la escuela Budista Shingon, pero por lo bizarro de esta práctica, fue abolida en Japón en el siglo 19. Se estima que muchos intentaron esta práctica, en su deseo por alcanzar la iluminación espiritual, pero solamente lo lograron 28 monjes, es decir, solo 28 monjes lograron convertirse en momias, mientras que los otros, se convirtieron en simples cadáveres terrenales, pero que fueron sepultados con veneración por el sacrificio realizado. 

Se dice que con este sacrificio se pretendía aliviar la furia de los dioses y evitar desgracias en el pueblo. Por eso se cuenta que muchos aspirantes a Sokushinbutsu se arrancaron un ojo porque en ese tiempo había una enfermedad que afectaba la vista de los pobladores de esa zona.


Convertirse en un Sokushinbutsu o “Convertirse en Buda estando vivo” era un proceso muy doloroso para el que lo practicaba, puesto que tenía que someterse a una dieta muy rigurosa cuya única finalidad no era sobrevivir con una cantidad mínima de alimento, sino todo lo contrario, prepararlo para su propia momificación en vida.
imagen: http://www5f.biglobe.ne.jp/~syake-assi/newpage147.html

El monje debía de realizar tres etapas principales:
- En la primera etapa, que duraba unos 1000 días, en donde el monje cambiaba sus hábitos alimenticios por una completamente drástica, en donde eliminaba todo tipo de comida con excepción de semillas o frutos secos, con el fin de perder la mayor cantidad de grasa corporal, que es lo que facilitaría la descomposición del cuerpo, algo que se quiere evitar.

-En la segunda etapa, que duraba otros mil días, es cuando el monje se “alimenta” únicamente de raíces o corteza de pino y empezaban a tomar té de urushi, para eliminar sus fluidos corporales a través de la sudoración, la orina, o el vómito. Este té era bebido para hacer que el cuerpo se vuelva venenoso para las lombrices y otros parásitos propios del proceso de descomposición. Ya para esta etapa, el monje había perdido considerable masa muscular y había perdido casi todas sus fuerzas, pero aún conservaba las necesarias para dedicarlas en meditaciones y cánticos sagrados.

-En la tercera y última etapa, ya el monje siente intensos dolores físicos productos de la ingesta del venenoso té, y aquí es donde es enterrado vivo y pasa sus últimos días en una tumba preparada especialmente para él, con un tubo bambú para que entre el aire y así poder respirar y en donde puede reposar en posición de loto (sentado con las piernas cruzadas) y esperar la muerte. Todos los días debe de tocar una campana que se encontraba en la tumba para así avisar a los otros monjes que se encontraban en la superficie que aún estaba con vida.

Cuando ya no escuchaban la campana, retiraban el tubo de bambú y sellaban la tumba. Después de 1000 días, nuevamente la abrían para verificar que el cuerpo ha permanecido incorrupto, es decir, si el cuerpo se ha convertido en una momia.

En Japón, existen templos donde se puede ver a estos Sokushinbutsu, que ahora son adorados, pero que para muchos de nosotros, los de Occidente, sería algo incomprensible e interesante. Lo que me parece interesante, era el hecho que estos monjes aspirantes a Sokushinbutsu pudieron soportar tantos años aislados y en ese aislamiento, realizar esta práctica sabiendo que todo ese sacrificio era únicamente para preparar su propia muerte. 

Pienso que los mantras que recitaban y las largas horas que dedicaban para la meditación profunda durante todo el tiempo que duraba este proceso de “auto-momificación”, ayudaban a eliminar la ansiedad que podría provocar este auto-encierro. Y no solo creo que el grado de concentración que podían alcanzar estos monjes era tan alta que podría eliminar la ansiedad, sino que además, muchas personas afirman que el poder de la mente de estos monjes era tan poderosa que podía haber ayudado a la conclusión satisfactoria de este proceso, por ejemplo, ser capaz de elevar la temperatura corporal a tal grado que podían eliminar los fluidos corporales más rápidamente y así, evitar la descomposición posterior.

FUENTES:

http://www.sodahead.com/living/sokushinbutsu-the-art-of-self-mummification/question-2238437/
http://www5f.biglobe.ne.jp/~syake-assi/newpage147.html




miércoles, 5 de octubre de 2011

EL NAMAZU: EL PEZ QUE PROVOCABA LOS TERREMOTOS

Últimamente han ocurrido una serie de terremotos en casi todo el mundo. La tierra se encuentra en constante evolución y no debe parecernos raro que existan esta clase de fenómeno natural, que para nosotros más bien son desastres naturales.

Con la tecnología que actualmente disponemos, podemos determinar el epicentro o el lugar donde se originó el terremoto, e incluso se puede predecir un terremoto con unos pocos segundos de anticipación, lo “suficiente” como para ponerse a salvo. Pero con esta tecnología, no solamente podemos determinar el lugar, grado de daños causados, etc., sino también, llegamos a investigar el origen de dicho movimiento, que actualmente van desde el famoso calentamiento global, el mítico fin del mundo, o incluso, el proyecto HAARP en donde se dice que la mayoría de los terremotos que han sucedido últimamente, fueron provocados por el hombre (ya no se puede descartar nada).

Pero antiguamente, las personas no iban tan lejos, sino más bien, ellos pensaban que el origen de todo lo inexplicable para el hombre de aquella época, era de origen divino. Por ejemplo, en el Japón del siglo XIX, se creía que el origen de los terremotos era por los movimientos de un pez gato o siluro enterrado debajo de la tierra llamado namazu.

Esta “teoría” cobró más fuerza cuando ocurrió un devastador terremoto en Edo (ahora Tokyo) en octubre de 1855, en donde dejó más de 5000 muertos y cuantiosos daños materiales. Días después, se comenzaron a comercializar imágenes de estos siluros o namazu como una forma de conmemorar dicha noticia, o incluso, como una forma de talismán o amuleto, y de esta forma, nuevamente volvió esta creencia del namazu como el causante de los terremotos. ¿Pero, por qué?


El origen de esta creencia se basa en varias hipótesis, por ejemplo, se cree que comenzó cuando apareció el Hyounenzu 瓢鯰図 (pintura a tinta que representa a un hombre pescando a un namazu con una calabaza) en el siglo XIV y que fue pintada por el sacerdote Josetsu. Y el origen de esta pintura, tal vez se deba a un antiguo proverbio de la filosofía Zen.

También se dice que durante la construcción del castillo Fushimi del shogun Hideyoshi Tomotomi, éste ordenó al encargado de su cosntrucción a hacerlo a prueba de terremotos y para ello, tenía que observar el comportamiento de los siluros, esto fue por el siglo XIV. 

También encontramos construcciones antiguas que datan del siglo XIII y que han sobrevivido al paso de los años y sobre todo de los terremotos, porque fueron diseñados de manera sofisticada para la época (e incluso para nuestros días) para soportar los movimientos bruscos del siluro, o mejor dicho, de un terremoto, por ejemplo, la pagoda Goju-no-To 五重塔 (Pagoda de Cinco Pisos) en Miyajima, que no tiene un mecanismo que no posee clavos sino juntas que se unen entre sí ante un movimiento, reforzándo la estructura.



Por eso se dice que otra hipótesis para el origen de dicha teoría, y la que me parece más lógica, sería que el siluro es un animal, mejor dicho, un pez, que posee una  sensibilidad especial para predecir los terremotos, y que antes que ocurra uno, pueden sentir las vibraciones u ondas expansivas a través del agua y comienzan a comportarse de manera inusual. Por eso, y debido a la imaginativa popular, se ha asociado al siluro o namazu como el causante de los terremotos.


El Namazu era un pez que se encontraba debajo de la tierra y que era sujetado por una gran roca colocada por el dios Kashima, quien era el único que podía controlar al gigante pez colocándole una pesada roca (el kaname-ishi 要石) encima, pero cuando éste se descuidaba, el pez se movía, originándose así los terremotos.


Según la creencia popular, se dice que el gran terremoto de 1855 ocurrió porque el dios Kashima tenía que reunirse con los otros dioses y pidió al dios Ebisu que controlara al namazu, pero se quedó dormido y así, el namazu pudo moverse de la gran roca que lo aplastaba y movió su gigantezca cola, produciéndose así el gran terremoto que terminó cuando el dios Kashima regresó al lugar.


No solamente la imaginativa popular se quedó allí, sino que también se creía que los terremotos eran una forma divina de distribuir la riqueza a costa de pérdidas humanas, y en donde los constructores, vendedores de materia prima, etc. (es decir, todas aquellas personas involucradas directamente con la construcción de casas) eran los más beneficiados porque participaban en la reconstrucción de las grandes mansiones de las élites, quienes por ende, perdieron parte de su riqueza con el terremoto.

Esto es lo que denominaron "yo-naoshi" 世直し , que significa "corregir el mundo", es decir, "corregir" una sociedad que ya se encuentra corrompida.

Sin embargo, no hay que pensar que por aquella época, no existía una lógica científica para dichos fenómenos. Por el siglo XIV, eran muy pocos los privilegiados que tenían acceso a la educación y en este reducido grupo, se sostenía que el origen de los terremotos eran a causa del desbalance de ying y del yang, mientras que la gente del pueblo creía en algo más simple y entendible que dicha teoría, que era que los dioses provocaban esas calamidades.

En los libros de aquella época referentes a los terremotos, solían explicar este desbalance acompañado de grandes ilustraciones metafóricas, es decir, exponían la teoría y la ilustraban con un namazu, como una manera que todos entiendan. Junto con la creencia popular cohabitaban las teorías científicas de la época que trataban de explicar los terremotos. Así,  por ejemplo, junto con la creencia popular, en 1759 se publicó un manuscrito en donde se pretendía exponer las señales que antecede a un terremoto, describiendo 20 tipos de nubes y sus respectivos cambios climáticos. Pero no solo eran las nubes sino que también la formación de gases o neblinas inusuales en el cielo podían considerarse como la antesala de un terremoto; idea que no solo era compartida en el Japón antiguo, sino también en otros países como China o Egipto.


Pasaron los años, e incluso siglos, y fue recién en el siglo XIX cuando las ilustraciones de los siluros volvieron a hacerse populares con el terremoto de Edo en 1855, donde se aprovechó esta situación y muchos artistas vendieron ilustraciones de los siluros (pinturas que fueron llamados namazu-e), a manera de una forma caricaturesca para recordar el terremoto vivido y también, como una forma supersticiosa, es decir, como un talismán para protegerse, o proteger la vivienda contra un terremoto.


PARA SABER UN POCO MÁS: (en inglés)

- Animales y fenómenos atmosféricos usados para anticipar terremotos en la antiguedad 
Legends of Unusual Phenomena Before Earthquakes — Wisdom or Superstition?

- Ilustraciones del Namazu 
Namazu-e: Earthquake catfish prints


-Resumen de la posición del gobierno japonés frente al terremoto de 1855
Bakufu Responses to the 1855 Ansei Edo Earthquake


- Diapositivas sobre el Namazu y pinturas sobre el terremoto de 1855
A Brief Account of the Catfish (Namazu) as a Cultural Symbol in Japan, 15th-20th Centuries

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