miércoles, 29 de enero de 2014

Esta Vez, Pasó (Casi) Desapercibido (A Propósito de la Visita del Príncipe Akishino y la Princesa Michiko al Perú)

Hay muy pocas personas que saben que ayer vinieron los príncipes de Japón, el Príncipe Akishino y su esposa, la Princesa Kiko por motivo del 140 aniversario del inicio de las relaciones diplomáticas entre Perú y Japón. 

La visita apenas tuvo cobertura en los noticieros y en los diarios (en donde apenas le han dedicado pequeños espacios para cubrir dicho evento; mientras que en los diarios de la colectividad nikkei, era una visita muy anunciada). Yo, por ejemplo, me enteré por éstos últimos y también porque por mi casa hay un museo al que visitaron y que estaba rodeado -literalmente- por hombres de negro que eran sus guardaespaldas. 

Quizás, la ocasión fue opacada con creces por el famoso Fallo de La Haya que concitó la atención de casi todos (o quizás la visita de miembros de la realeza ya no concita mucho interés en una sociedad como la nuestra). 

Hace más de 40 años, esta misma historia se repetía, aunque no con tanta parsimonia. En mayo de 1967, llegaron al Perú los (por aquella época) Príncipes de Japón, el Príncipe Akihito y su esposa, la Princesa Michiko (padres del Príncipe Akishino), como una forma de estrechar los lazos diplomáticos entre Perú y Japón (ya menguados por la 2da guerra mundial) y, aprovechando la ocasión, para inaugurar además el Centro Cultural Peruano Japonés en Lima. 

Según la revista Caretas, miles de peruanos se congregaron en el aeropuerto y acompañaron a la pareja real en todo su recorrido. 
(Como anécdota personal, por así llamarlo, ayer tuve que hacer unos pendientes y necesariamente, tenía que pasar varias veces por el museo y tanto durante la visita de los príncipes así como después de su partida, las inmediaciones del museo lucían desiertas o con poca gente, salvo el numeroso grupo de "hombres de negro" que de por sí llamaban la atención. Seguramente, que en el Centro de Lima, la situación habrá sido diferente. Realmente, esta visita contrasta enormemente con aquella que se dió en 1967). 

Realmente, si hubiera tenido tiempo, podía haberme quedado a esperar afuera del museo y tomarles alguna foto, aunque sea de lejos, como si fuera un recuerdo, de la misma manera como hizo mi oba hace más de 40 años. Recordé que mi oba tenía una foto de la visita de la realeza japonesa, pero la de 1967, en donde aparece el Príncipe Akihito y la Princesa Michiko junto con autoridades peruanas (no logro reconocer quienes son). 

Visita del Príncipe Akihito y la Princesa Michiko al Perú (Año: 1967)


FUENTES: 
Revista Caretas

sábado, 25 de enero de 2014

El Sansei y el Chullachaqui (Un Corto Post) / The Sansei and the Chullachaqui (A Short Post)

No, no me refiero a un sansei (nieto de japoneses), sino al duende de las montañas que se cree que vive en las montañas de Japón y se llama Sansei (o Yamasei o "duende de las montañas"). Este personaje del folklore japonés es muy parecido a uno peruano, el conocido Chullachaqui (que significa en quechua "pie deforme" o Shapishico) de la selva peruana y que también vive (y se esconde) en las montañas. Además de vivir en las montañas, tanto el Sansei (o Yamasei) como el Chullachaqui tienen una deformidad en los pies: el Sansei tiene un pie, cuya punta está apuntando hacia atrás (y que, normalmente, todos tenemos apuntando hacia adelante), mientras que el Chullachaqui tiene un pie deforme, el cual siempre trata de ocultarlo para que no lo reconozcan.
El Sansei (Yamasei) 山精 (lado izquierdo) comparado con el Chullachaqui o Shapishico (lado derecho)
Imágenes tomadas de Hellyeacreepyshit.com y de Fundación para el Desarrollo de la Selva-Universidad Nacional de San Martín (Fudes-UNSM), respectivamente.

THE SANSEI AND THE CHULLACHAQUI: No, I'm not talking about a Sansei person (grandchild of Japanese immigrants), but the mountain sprite who is called Sansei (or Yamasei, "mountain sprite") and is thought to live in the Japanese mountains. This character of the Japanese folklore looks very similar to the Peruvian monster known as Chullachaqui (in Quechua, "deformed foot" or also known as Shapishico) who lives (and hides) in the Peruvian jungle. Besides living in the mountains, both the Sansei (or Yamasei) and the Chullachaqui has a deformed foot: the Sansei has a foot which is turned backwards (and generally, we have foot facing forward), while the Chullachaqui has a deformed foot, which always is hidden with clothing or shoes so people cannot recognize it.

PARA SABER UN POCO MÁS/FOR KNOWING MORE ABOUT: 


sábado, 11 de enero de 2014

Los Estornudos en Okinawa: Aquellos que Pedían que Comieras Excremento ("Kusukué")

Con este clima tan variable, que podemos disfrutar desde mañanas soleadas con un sol abrasador hasta días nublados que terminan con lloviznas y algo de viento, es muy fácil resfriarse. Todo comienza con un simple estornudo que pareciera que nos avisara que debemos abrigarnos y escuchamos, casi siempre, que nos dicen: “¡Salud!” 

Y, ¿por qué hay un “saludo” para un simple estornudo? Bueno, quizás sea porque un estornudo representa a la enfermedad y es una costumbre de “buena intención” escuchar a alguien que nos desee una buena salud o, en su forma “abreviada”, un “salud”; que en sí tiene una connotación positiva y hasta de buen augurio. 

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Imagen tomada de Suujimichigwa
"Kusukué", "kusukuehyá", "kusukee" o "kusu kwee", distintas formas para decir "come excremento" después de haber escuchado a alguien estornudar.
En Okinawa, en cambio, se acostumbraba a decir “kusukué” o, como mi oba decía, “kusukuehyá ” cuando alguien estornudaba. 
Se escucha bien, y hasta tiene una sutil rima que combinaría con el sonido de un estornudo. Pero, si explicamos su significado, pensaríamos lo contrario. 

Kusukué” o “kusukuehyá” (seguramente habrán otras variantes, de acuerdo a la región en Okinawa) significa “comer excremento” y, aunque suene paradójico, es el equivalente al “salud” que decimos cuando alguien estornuda. 

Esta costumbre la descubrí por casualidad mientras estaba navegando en Internet, en un PDF en donde se relataban algunas costumbres japonesas. Ya casi en las últimas páginas, encontré una descripción sobre los orígenes del “kuskwe” (o "kusukué"), que se decía después que una persona estornudaba. “Kuskwe” no me parecía japonés ni uchinaguchi, por lo que le pregunté a mi mamá si había alguna costumbre relacionada con los estornudos y el "kuskwe".
(Más tarde descubrí que era una de las tantas variantes del "come excremento" o como mi oba decía, el "kusukué". Como muchos sabrán, el uchinaguchi no posee un sistema de escritura estándar, por lo que existen diversas maneras de escribir o representar gráficamente su pronunciación).

Ella acababa de leer sus revistas y estaba casi somnolienta. Parecía que me escuchaba casi dormida, cuando de pronto abrió sus ojos y una sonrisa de oreja a oreja iluminó su rostro, como si le hubiera contado un buen chiste. “¿Kuskwe?... ¡Ah! Sí, sí, me acuerdo… Es Kusukué... Jaja ¡Hace tiempo que no lo escuchaba! Me acuerdo que cuando uno hacía “achí”, oba decía “kusukué” y; con una mirada algo cómplice, como si me estuviera contando un secreto, me dijo: “Eso significa “come unko(*)”

Fruncí el ceño de solo imaginarme su traducción. “!Qué asco!”. Fue lo que pensé al escucharla y como si fuera una niña curiosa le pregunté el por qué. “Ah… eso no sé. Tu oba siempre me decía así” fue lo que me respondió mientras dejaba sus revistas sobre la mesa. Y mi interrogatorio seguía, aún más intrigada “¿Y por qué nunca escuché esa palabra?” Ya mi mamá está acostumbrada a esas preguntas y como casi siempre lo hace cuando no se acuerda de algo, me respondió: “Ya cuando ustedes nacieron, las cosas cambiaron. Oba ya sabía hablar español y no era necesario hablar uchinaguchi… ¡Ah! ya son las 7, voy a ver mi novela”.

Y mi curiosidad seguía sin ser resuelta: ¿Por qué en Okinawa se deseaba que alguien coma excrementos cuando uno estornudaba (y por eso decían "kusukué") en lugar de desearle una buena salud (“salud”) o echarle una bendición (como el americanísimo “God bless you”)? Yo siempre creía que los excrementos tenían una connotación negativa en todo el mundo, incluyendo en Japón. 

Recuerdo que varias veces escuchaba a mi tío decir “kusotáre” cuando discutía con alguien y que significaba que “ese alguien” era un “excremento” (un insulto tremendo, peor que el conocido “bakatare”). Y, en cambio, mi mamá me contaba que mi oba decía “kusukué” cuando escuchaba que alguien estornudaba. 

Mi curiosidad, naturalmente, seguía creciendo. Pero si bien la memoria es frágil; los recuerdos, no. Y qué mejor que las historias o cuentos que guardan, muchas veces, aquellos recuerdos escondidos. 

Existe una pequeña historia que nos cuenta el posible origen del término “kusukué” o "kusukuehyá" o "kuskwe" (cualquiera que sea la forma como se escriba, lo que podemos afirmar unánimemente es su significado, “come excremento”). 

Hay varias variantes de esta historia, pero voy a contarle la que encontré en inglés (y a la que agregué algunos datos que encontré en las versiones en japonés). 

Había una vez una pareja de esposos que vivía en Yanabara (o Yanahara) y que tenían mucho dinero, aunque su felicidad no era completa puesto que no tenían hijos. 

Cansado de no poder tener un hijo, el esposo, que se llamaba Machaa, decide ir a Tsuji (conocido como el “barrio rojo” de Naha) dejando a la esposa sola en casa sin saber que sus quejas muy pronto se convertirían en dicha, puesto que Usagwa, su esposa, ya estaba embarazada. 

Después de varios meses después de su partida, el bebé nació y la familia envió a un mensajero hasta donde estaba Machaa para darle la buena nueva. Esta noticia lo llenó de profunda alegría que hizo que quisiera regresar cuanto antes a su casa para ver a su hijo recién nacido. Sin embargo, Machaa había iniciado una relación con una juri ("prostituta" en uchinaguchi) pero eso no le importó y, sin decir nada a su amante, emprendió su viaje de retorno a casa. 

La juri murió al enterarse que su amante había partido sin despedirse. Cuando llegó a Yanabara, Machaa, lleno de felicidad, empezó a realizar los preparativos para celebrar la llegada del nuevo hijo. Todo el pueblo compartía la alegría de Machaa y Usagwa, que celebraban la llegada del primogénito. 

Todos estaban presentes en esta gran fiesta. Incluso, había venido una mujer que Machaa conocía muy bien. No era cualquier mujer, sino el espíritu de la juri que había dejado en Tsuji y que había sido encontrada en el camino por unos amigos de Machaa, quienes la invitaron para que disfrutara la celebración por el nacimiento del recién nacido, al igual que todos los demás pobladores. Al encontrarse en la fiesta, Machaa la reconoció y la echó de su casa. Pero su curiosidad hizo que la siguiera. Quería saber hasta dónde se iba y vió que se detuvo frente a una tumba. 

Machaa, quien se había escondido muy bien para que no lo viera, pudo escuchar una voz que se dirigía al espíritu de la juri: “¿Por qué llegaste tan tarde? Ya no puedes entrar?”, a lo que la juri respondió: “Perdónenme, un hombre me decepcionó. Llegué a una celebración por el nacimiento de un recién nacido y por eso he llegado tarde. ¿Me podrían perdonar si les traigo a ese recién nacido?”. Nuevamente, aquella voz dijo “Por supuesto que te podemos perdonar, pero solo si traes al recién nacido. ¿Has pensado cómo harás para cumplir con tu promesa?”. La juri, con el deseo de poder volver a ingresar a su tumba para descansar, respondió: “Puedo hacer que el niño estornude y así, puedo traerlo hasta aquí”. 

Machaa, quien seguía escondido, escuchó con horror toda la conversación. Él sabía que si su hijo estornudaba, moriría. Por aquellas épocas, no solo en Okinawa sino también en Japón, existía la creencia de que el alma de la persona salía del cuerpo cuando estornudaba y ese era el momento en que los malos espíritus podían aprovechar para llevarse el alma. Solo diciendo la palabra mágica ("kusukué"), se podía alejar a los espíritus. 

Imagen tomada de NHK
Machaa, muy presuroso, llegó a la casa y contó a todos lo que había escuchado. Les dijo, “cuando el niño estornude, todos debemos decir “¡Kusukué, kusukué!” y, de ese modo, Machaa pensaba que la juri ya no podría hacer nada a su hijo. 

De repente, el hijo de Machaa estornudó y rápidamente todos los presentes, recordando lo que Machaa les había dicho, dijeron al unísono “Kusukué, kusukué” y ya el espíritu de la juri no podía llevarse el alma del bebé. 

Imagen tomada de NHK
Desde ese momento, la costumbre de decir “kusukué” después de un estornudo se hizo muy común, así como nosotros decimos "salud". 

Esta es una de las versiones que trata de explicar cómo se popularizó el “Kusukúe” después que uno estornudara. 
La gente de aquellas épocas creía que al decir "kusukué", se podía evitar que algún espíritu maligno se llevara el alma que se salía del cuerpo cuando uno estornudaba. Era una concepción equivocada que trataba de explicar una creencia que hasta el día de hoy concita el interés de muchos, que es el desdoblamiento o salida del alma cuando uno fallece o, también, cuando uno, siemplemente, duerme.

"Kusukué" es un término okinawense que significa “come excremento” y que en japonés se dice "kushami” (o "kusame", en japonés antiguo) para responder ante un estornudo. Se dice que podría haberse derivado del término "kusu" ("excremento", "heces") o, incluso de "kuso kurae" ("comer excremento"), y que por su similitud en cuanto a la fonética se le asoció con el estornudo. En la obra Tsurezuregusa, escrito por el sacerdote budista Yoshida Kenko en el siglo XIV, se registra el uso del término "kusame" como un amuleto que protege el alma contra los espíritus malignos. En ella dice que una monja murmuraba repetidas veces la palabra "kusame" como una palabra mágica para proteger a un hombre que posiblemente estaría estornudando en ese momento y que, de lo contrario, moriría si no decía aquella palabra mágica.

Se creía que el excremento tenía fuerzas mágicas contra los malos espíritus. Esta era una creencia que también compartían, por ejemplo, los ladrones japoneses, quienes solían dejar sus propios excrementos en  el dormitorio de la casa a la que entraban como si fuera una protección. 

En fin, pueden haber muchos orígenes acerca de muchos términos (como el "kusukué"), pero ya el uso (y el desuso), pueden hacer que olvidemos el origen de una costumbre, cuyo significado es un tanto "peculiar”.
  
(*) unko= "excremento" en japonés. También se dice "unchi", "ben", "kusu". 

PARA SABER UN POCO MÁS:
FUENTES:

martes, 7 de enero de 2014

"¡Mottainai!, ¿Cómo Vas a Botar?, ¡Si Todavía Sirve!"

"Mottainai...." Se quedó por unos unos breves segundos contemplando el mochi que ya empezaba a honguearse (“a salirle koji”, como mi oba decía), casi con pena, mientras decía “mottainai” con una voz casi imperceptible. Al final, mi mamá lo botó a la basura, casi con resignación. 

Aunque ya pasaron las celebraciones de año nuevo, en mi casa recién terminaron ayer. En mi casa se acostumbra celebrar el año nuevo (oshogatsu, en japonés) con abundante comida japonesa, dulces japoneses (wagashi) y frutas variadas. Y como en mi casa aún continuamos con la cultura “mottainai” de mi oba (aunque creo que sería la costumbre de lo “mottainai”), tuvimos que comer todo antes que se malograra y termináramos por tirar toda esa comida a la basura ("mottainai, ¡cómo se va a botar!")
Una vista de los wagashi (dulces japoneses) que comimos en Año Nuevo
Durante esos días, tuvimos que desayunar, almorzar y cenar las sobras de la comida de año nuevo (pollo con tofú, tempura de kamaboko, arroz chaufa de kamaboko, en fin, mil y una combinaciones que uno inventa cuando tiene sobras y le da pena botarlas). Y ayer, lo último que quedaba eran unas manzanas y el kagami mochi
El Kagami mochi que pusimos en Año Nuevo
Con las manzanas, que ya estaban muy maduras y no durarían ni un día más, preparé un queque de manzanas que quedó muy rico. Y sobre el kagami mochi, bueno, ese sí tuvimos que botarlo. Mi mamá pensaba preparar un dulce japonés que aprendió de mi oba utilizando los mochi del kagami mochi, pero mis prejuicios modernos acabaron por desilusionarla. “¿Vas a cocinar algo con eso? ¡Pero, si ya está hongueado!", fue lo que le dije al verla que estaba lavando los mochi a la cocina. 

Cada vez que veía que desarmaban el kagami mochi y se llevaban los mochi a la cocina, ya sabía que iban a cocinarlos. Era una costumbre que mi oba repetía cada año y aunque casi siempre salían unos puntos negros en el mochi, (lo que significaba que "ya tenía koji”), mi oba no se desanimaba por ello y siempre preparaba un dulce con los mochi con koji

Lavaba cada mochi y retiraba cuidadosamente las partes donde había “koji” y la parte que estaba buena, la cortaba en cuadrados pequeños y lo colocaba en una sartén. A fuego lento, derretía media tapa de chancaca y cuando ya parecía una melaza, echaba los cuadrados de mochi y los mezclaba. “Con chancaca, ¡sale más ajikutá!(*) Y seguía moviéndolo hasta que los blancos trozos de mochi se oscurecieran completamente con la chancaca.  

“Mottainai… ¿Cómo vas a botar? ¡Todavía sirve!" Es la frase que podría resumir la cultura “mottainai” de mi oba, o mejor dicho, la costumbre de las obas por ver todo como “mottainai”. Sacar los cierres o botones de la ropa que ya no usábamos y guardarlos en un tarrito para cuando necesitemos algún cierre o botón o; guardar los envases de yogurt (aquellos que eran más resistentes y venían en forma de copita) para usarlos como vasitos de gelatina o; convertir nuestros polos viejos en trapos para la cocina o; incluso, lavar las bolsas de plásticos y colgarlas en el patio para que se sequen y poder usarlas nuevamente; son algunos ejemplos que mi oba junto con mi oba hacían cuando estaba pequeña y que pueden explicar mejor lo que significa la palabra “mottainai”. 

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Un ejemplo sobre lo que significa "mottainai", según el cómic "Sazae-San" de Mariko Hasegawa
Cuando mi oba era pequeña, no tenía muchas comodidades y esta misma situación se repetía (o, incluso, pudo ser más dura) cuando recién había llegado a Perú y tenía que cuidar a cinco hijos pequeños, por lo que la costumbre que trajo de Okinawa por ver todo como “mottainai” le servía de mucho. Ahora que lo pienso bien, recuerdo que a mí también me sirvió mucho la costumbre de lo “mottainai” cuando yo estaba muy pequeña, incluso hasta ahora. 

Recuerdo que mi infancia estuvo, al igual que la de mi oba, con algo de carencias o como se dice, “uno estaba con las justas”. Me daba cuenta, a mi corta edad, que “estábamos con las justas” porque veía que no tenía muchos juguetes, apenas unos cuantos. Era una época difícil, no porque fuera una época de postguerra, sino porque mi papá ya estaba muy enfermo y no podía trabajar y, sobretodo, porque era la época del gobierno de Alan García, una época que recordamos como la peor pesadilla y, quienes la recordamos, quisiéramos que nunca más volviera a repetirse. 

Era una época en donde todo escaseaba y lo poco que había, “estaba por las nubes” y, en mi caso, los juguetes que yo quería estaban muy lejos de mi alcance. Así de simple puede resumirse esta época. Aunque parecería que no hubiera tenido nada, sí tuve juguetes, aunque eran pocos, pero tenía. 

En mi casa había un triciclo que era de mi hermano mayor, pero como pasa en todas las familias, fue pasando de hermano a hermano, hasta que me tocó a mí. Pero, después de tanto uso, ya no estaba tan nueva y hasta le faltaban algunos adornos y, lo más importante, le faltaba el asiento. Solo había una varilla de acero en su lugar. Aún así, mi oba no quiso botarlo y más bien, me alentaba a usarlo. Amarraba algunos cojines de la sala y los colocaba en donde se suponía que tenía que haber un asiento y después de unos nudos aquí y allá, ¡voilá! ya estaba listo. Me abría la puerta de la casa y yo salía pedaleando feliz con mi triciclo todo despintado y sentada encima de una ruma de cojines de sala como asiento. 

Ahora, me daría vergüenza salir así o de hacer salir así a un niño; pero mi oba no, ella más bien, decía "Mottainai…¡Como van a botar! Todavía sirve!” Y sí, realmente servía, aunque todo destartalado, pero servía. Mi oba me veía sonriente cómo iba pedaleando por el jardín. 

Y no solo con mis juguetes, sino también con todo. Mi oba tenía una tienda en donde tampoco desaprovechaba la oportunidad para ver todo como “mottainai”. 

Solía guardar los papeles platinas de los cigarrillos que vendía en la tienda y cuando ya tenía una cantidad considerable, las transformaba en blocks de notas o para hacer tsurus con ellos. O, también, recuerdo que guardaba todas las chapitas de gaseosa para que nos hiciérmos panderetas con ellas (aunque después, nos las quitaba porque hacíamos mucha bulla en la casa). O los cuchillos de la cocina, que por el uso terminaban sin el mango de madera; pero, como "todavía cortan, mottainai para botar", mi oba forraba con rafia el extremo del cuchillo hasta que se pudiera agarrar sin problemas.

O en sus reuniones con las amigas, tampoco podía faltar la costumbre de lo "mottainai". Casi todas las oba de aquellas épocas solían llevar dentro de sus bolsos un trozo de tela llamada furoshiki y que servía para envolver paquetes y llevarlos fácilmente. Recuerdo las veces que regresaba de alguna reunión de Fujinkai o del Comité San Francisco con algún dulce japonés o, incluso, huevos de codorniz y los dejaba sobre la mesa diciéndonos que "Sobró mucha comida. Mottainai para botar. Ya coman". Y así fue que cada vez que los mayores venían de alguna reunión o de la calle; nosotros, los chicos, siempre los esperábamos ansiosos pensando qué nuevo dulce habrán traían en su "bolsita" (furoshiki).
 
Ya con el tiempo, eso de traer lo que sobraba de las reuniones ya  no se veía tan bien y mi oba dejó, gradualmente, de traer lo que había sobrado (o lo "mottainai" que había sobrado, por así decirlo).

Y como se dice, "lo que se hereda, no se hurta" ni mi mamá ni yo pudimos deshacernos de esta costumbre por ver todo como "mottainai". Mi mamá, por ejemplo, solía colocar tapas de lapiceros a mis colores que ya estaban tan chiquitos de tanto haberlos tajado y que, por eso, apenas podía cogerlos para pintar. Pero ya con las tapitas, podía usarlos hasta que, realmente, ya no sirvieran (es decir, hasta que ya no tuvieran mina). 

O también, solía conservar las muñecas japonesas que colocaba como adorno en la sala, aunque por los años y la luz del sol que entraba por la ventana ya lucían descoloridas y, por lo tanto, poco atractivas. Siempre decía, "No importa, son bien kawaii... Mottainai para botar". Pero ya cuando nos mudamos de casa, aproveché en "regalarlas" al ropavejero, porque, realmente, daba pena dejarlas en la calle y que el camión de la basura las recogiera. Realmente era "mottainai para botarlas así nomás".

O en mi caso, que acostumbro guardar los envases en que se venden las salsas o la comida preparada en los supermercados para guardar las verduras picadas en la refrigeradora, aunque creo que lo hago más por practicidad o por ser ecológica que por la costumbre de lo "mottainai".
Creo que eso de ver todo como "mottainai", no es del todo tan malo o tan "cachivachero", como siempre le decía a mi mamá cada vez que ella guardaba cualquier cosa por un simple "Mottainai... ¡Da pena botarlo!". Es una enseñanza (pordría llamarse "de vida") que nos dió nuestras oba para que valoremos las cosas que tenemos y no caigamos en el simple consumismo, como el que actualmente es, donde casi todo es "usar y botar". Ahora, las nuevas generaciones tienen todo a la mano y todo es más fácil que antes que, muchas veces, no aprecian o valoran las cosas que tienen. 

Libro "Mottainai Baasan"
Mientras estaba terminando de escribir este post, estaba buscando alguna imagen que ilustre sobre lo mottainai por internet y descubrí que hay un libro que habla precisamente sobre lo "mottainai". Es un libro que, a modo de cuento, nos da algunos trucos sobre cómo aprovechar al máximo lo que comúnmente consideramos como "basura" o "cosa inservible".
"Mottainaibaasan" ("Abuela Mottainai") es el título del libro publicado por Mariko Shinju en el 2005 y que intenta explicar,  a través de ejemplos e ilustraciones, el significado de "mottainai" entre los niños. 
Por ejemplo, si quedaran sobras en el plato y viniera "Mottainaibaasan" (la "Abuela Mottainai"), diría "¡Mottainai!... ¡Cómo dejan tanta comida! Mejor yo lo termino". O, si ve que pelamos una mandarina y botamos las cáscaras, diría, "¡Mottainai! Mejor, hay que secarlos al sol y usarlos en el baño. Las cáscaras secas de mandarina te harán sentir tan bien!"
"¡Mottainai, tantas sobras!"
"Antes de botar, mejor, me lo como"

Así como Mottainaibaasan, y como nuestras propias oba, ¿acaso no tienen razón con lo de "mottainai"? Como estamos en un mundo tan tecnológico y consumista, ¿no sería bueno regresar a la "filosofía" de lo "mottainai"?

ACLARACIÓN DE ALGUNOS TÉRMINOS:
  • ajikuta: palabra en uchinaguchi que significa "delicioso".
  • chancaca: conocida también como panela, dulce hecho a base de la caña de azúcar.
  • Fujinkai: Asociación de Damas Japonesas en el Perú 
  • Comité San Francisco: grupo o asociación en donde se reunía los japoneses que profesaban la fe católica para compartir experiencias, reunirse o conocer un poco más sobre la fe.
  • arroz chaufa: arroz al estilo cantonés, al estilo chino.
  • kamaboko: pastel de pescado
  • tofú: queso de soya
  • tsuru: grulla, en japonés (y que se hace con papel, con la técnica llamada origami).

FUENTES:

domingo, 5 de enero de 2014

Naeko Toyama: Una Sanbasan Con Nombre y Apellido en Lima (y Miembro de Peru Okinawa Ongaku Kyokai)

Ayer había escrito un post acerca de las parteras japonesas o sanbasan. Al leerlo ya publicado en el blog, me dí cuenta que casi todo el texto giraba en torno a los orígenes de las sanbasan en el Japón y casi no había nada acerca de las sanbasan japonesas en el Perú.
Hay muchos temas que la gente ya mayor pensará, quizás, que no es necesario recordar y que es mejor dejar las cosas se pierdan en el olvido con el tiempo, porque apenas pude conseguir algo de información.

"Eso ya son cosas antiguas... ¡para qué recordarlas!" o el "¿vas a escribir sobre eso? Eso no interesa" o quizás el "no me acuerdo cómo se llama... mejor ya bota esa foto. Para qué guardarla si ya no me acuerdo..."; son algunas de las frases que, hasta ahora, sigo escuchando de mi mamá cada vez que le hago recordar sobre el pasado, al preguntarle cómo se llama tal persona que aparece en una foto o para que, simplemente, me cuente cómo era la vida de antaño.

A veces, el tiempo o los años borran los recuerdos, ya sea por descuido o quizás, por un simple olvido. No podemos recordarlo todo, pero hay recuerdos que deberíamos tratar de conservar, sobretodo aquellos que involucra a personas que son importantes.

En los tiempos de los primeros inmigrantes japoneses al Perú (hablamos, por ejemplo, aproximadamente desde la década de los 20), era una práctica muy común (aunque actualmente continúa siendo una práctica común, sobretodo en los pueblos de la sierra, en donde muchas veces no se cuenta con servicios médicos) llamar a una partera o sanbasan cuando ya se sentían las primeras contracciones o, por lo menos, cuando ya se sabía que el niño estaba próximo a nacer. 

Recuerdo que había leído hace muchos años atrás una entrevista que le hicieron a una antigua partera que trabajaba en Lima y que creo que era una sanbasan, pero lamentablemente, no me acuerdo el nombre ni de la sanbasan ni del periódico (solo recuerdo que era uno de los diarios de la colectividad japonesa) que le hizo la entrevista.
Lo único que hasta ahora recuerdo de aquella entrevista, fue la anécdota que contó esta sanbasan. Contaba que, en aquellos tiempos, toda la familia estaba deseosa por la venida del primer hijo varón (chonan, en japonés). 

Pero, pronto su felicidad se convertía en desilusión al ver que el primer hijo que tanto ansiaban era realmente una niña y terminaban por culpar a la madre de este "incidente". Muchas veces, esta sanbasan salía en defensa de la joven madre, quien apenas acababa de dar a luz y ya se sentía temerosa y hasta culpable de los posibles reproches del esposo y de su familia. Así, esta sanbasan creía que su deber era hablar con la familia y explicarles que la joven madre no tenía la "culpa", puesto el hombre es el que determina el sexo del bebé.

Realmente, como quisiera recordar el nombre de esa sanbasan, pero creo que ya es tarde para recordarlo, puesto que el tiempo pasa y es más fácil olvidar que recordar. Pero, así como mencioné en el post anterior, no solo había la "sanbasan de Lima" o la sanbasan del Callao" que parecen quedar en el anonimato y cuyos nombres y reconocimientos se pierden por culpa del tiempo y el paso de las nuevas generaciones que apenas recuerdan el ayer, sino también habían otras sanbasan, esta vez, con nombre y hasta con apellido y foto.

Gracias al señor Daniel Uehara, Presidente de Yonabaru Chojinkai en Perú, pude conocer, a través de una foto, a una sanbasan con nombre y apellido.
Era la señora Naeko Toyama, una sanbasan que ayudó a muchas mujeres japonesas a dar a luz en Lima. La historia no la conozco muy bien y solamente me guio por la fotografía que recibí y las leyendas que aparecen en ella. 
Sanbasan o partera japonesa Naeko Toyama, Lima-Perú
(Año de la foto: 1959, aprox.)
Cortesía de Daniel Uehara. Tomado del Libro 記念誌 創立五周年 在ペルー沖縄音楽協会 (Kinenshi Souritsu Goshunen Zai Peru Okinawa Ongaku Kyoukai)

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En aquellos tiempos, las instituciones japonesas acostumbraban publicar anuarios o libros conmemorativos por motivo de algún aniversario, en donde generalmente publicaban las fotos de cada uno de sus miembros junto con sus familias y datos personales (dirección, profesión u oficio), como en el caso de esta foto de la señora Toyama, quien trabajaba en el Hospital Santa Rosa, probablemente como partera. Había venido de Okinawa y vivía en el Jr. Paruro del Centro de Lima.

Sin embargo, esta foto sacada de un libro conmemorativo, no era uno de alguna asociación médica (como podría suponerse por el título de partera o sanbasan), sino más bien era de una asociación de música, la de "Peru Okinawa Ongaku Kyokai"  que celebraba su quinto aniversario publicando un libro conmemorativo. Y es que, la señora Toyama, no solo era una conocida sanbasan entre la comunidad sino una conocida cultora de la música okinawense.

Y como la historia es, muchas veces, como buscar una aguja en un pajar, en los sitios menos esperados podemos encontrar algún dato importante perdido. Así como la sanbasan Toyama, también se puede identificar a otra sanbasan de apellido Nakashima.
La sanbasan Nakashima cobraría, en cambio, algo más de relevancia histórica precisamente porque su nombre saldría a la luz pública en uno de los hechos que causaron controversia dentro de la política peruana: el cuestionamiento de la fecha de nacimiento del ex-presidente Alberto Fujimori que explotó en plena década de los '90.

A través del propio testimonio de la misma madre del ex-presidente Fujimori, Mutsue, quien ofreció por la década de los '90 una serie de entrevistas a una periodista japonesa contando cómo llegó al Perú, así como su vida y posterior nacimiento de sus hijos, en especial el de Alberto Fujimori; podemos conocer cómo fue la vida de los primeros inmigrantes japoneses (y no solo tomarlo como una simple investigación periodística con tintes políticos).

La señora Mutsue contaba que la sanbasan Nakashima provenía de la prefectura de Kumamoto y era conocida entre la comunidad japonesa en Lima. La había ayudado en el alumbramiento de su hija mayor, Juana y la de su hijo, Alberto, pero como el parto de éste último ocurrió a altas horas de la noche (en el año de 1938), la sanbasan Nakashima decidió pernoctar en casa de los Fujimori. Como existen múltiples fechas de nacimiento para el ex-presidente Fujimori, se pone en duda la veracidad de su onomástico, el cual siempre ha afirmado como real, es decir, que ha nacido un 28 de julio, precisamente el día en que se conmemora un día más de la independencia del Perú.

Y como en toda investigación periodística se mide al milímetro todos los detalles, la figura de la sanbasan Nakashima cobra, así, cierta relevancia, puesto que presenció el nacimiento de Alberto, pudiendo aclarar en cierto modo la controversia de la fecha de nacimiento.

Desligándonos de toda controversia, lo que sí podemos destacar es la labor que realizaron las sanbasan en el Perú (especialmente en Lima), ya sea facilitando y ayudando a muchas mujeres en su labor de parto y, también, preocupándose, en muchos casos, por su bienestar físico y el de su bebé así como su tranquilidad en un medio en donde la cultura y el idioma era la principal barrera para muchos inmigrantes japoneses.

Sin embargo, no solo podríamos nombrar a la sanbasan Naeko Toyama de Okinawa o la sanbasan  Nakashima de Kumamoto, sino que hay otras que merecen también el mismo reconocimiento y que, por lo menos, sus nombres merecen ser conocidos y no sean simplemente llamadas como la "sanbasan de Lima" o la "sanbasan del Callao". Así como reconocemos a los soldados o mártires de la guerra, deberíamos  reconocer a aquellas héroes anónimas, que traen (y algunos casos, salvaban) vidas al mundo.

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¿Quién No ha Escuchado Hablar de las Parteras o Comadronas (y, ¿sobre las Sanbasan?)


FUENTES:

sábado, 4 de enero de 2014

¿Quién No ha Escuchado Hablar de las Parteras o Comadronas (y, ¿sobre las Sanbasan?)

Siempre me he preguntado de dónde mi oba habrá sacado el nombre “Margarita” para llamar así a mi mamá. A pesar que mi oba inscribió a mi mamá en los registros civiles como “Margarita”, siempre ha llamado a mi mamá por su nombre en japonés, Sumi. Y, las pocas pocas veces que la escuchaba llamarla como “Margarita”, apenas podía pronunciarlo, porque el nombre era largo y difícil para ella. 

Entonces, ¿de dónde le habrá salido la inspiración? ¿Lo habrá escuchado de algún lado? ¿Alguien le recomendó ese nombre? Nunca lo sabré, puesto que mi mamá ya ni se acuerda. He escuchado muchas veces que, antiguamente, las mujeres jóvenes confiaban tanto en su partera que incluso preguntaban si podían recomendarle algún nombre para su recién nacido. Pero no creo que ese haya sido el caso de mi oba con mi mamá, porque la partera de mi oba era japonesa, es decir, era una sanbasan

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Las jóvenes madres sentían mayor tranquilidad al saber que una sanbasan las estaría ayudando durante el parto

(Familiares por parte materna. Foto tomada en Japón, año desconocido )
A los pocos días después de haber dado a luz a su último hijo, mi oba recibía la visita de una sanbasan que venía a la casa para saber cómo estaban ambos. Mi mamá casi no se acuerda de aquella sanbasan, ni mucho menos se acuerda de su nombre, pero recuerda que venía desde Callao y, junto con otra sanbasan que vivía cerca de la casa (Centro de Lima), era una de las pocas sanbasan que existían en Lima y que ayudaban a las mujeres a dar a luz en la casa, aunque solamente atendía casos dentro de la misma colectividad japonesa. 

Lo único que mi mamá recuerda sobre esta sanbasan es que tiempo después abrió una encomendería(*) en el Callao, en donde vendía, entre otros productos, discos japoneses; muchos de los cuales mi oba compraba aprovechando las veces que tenía que ir hasta el Callao. 

Así como mi mamá, casi no tengo muchos datos acerca de la sanbasan en el Perú, pero seguramente que su trabajo era muy similar, en cuanto a sus labores o su remuneración (que podría haber sido con dinero en efectivo o con productos básicos, como arroz o aves de corral), así como las parteras o comadronas peruanas de aquellas épocas. 
El oficio de comadrona o partera en el Perú carecía de teoría pero no de práctica, por lo que las encargadas de este oficio, así como las sanbasan, eran mujeres ya mayores.

Y, ¿por qué se recurría a una sanbasan y no se acudía, en cambio, donde una partera o a un hospital? En primer lugar, los partos se atendían en casa.
A incios del siglo siglo XX, la vida ya de por sí era difícil para los primeros inmigrantes japoneses en el Perú de aquellos tiempos (tanto por el idioma, una cultura diferente, así como el trabajo mismo) y, aún más, el alumbramiento de un niño, por lo que las comunicaciones y contactos eran entre los mismos miembros de la colectividad. Al compartir un idioma y cultura en común, había más confianza y tranquilidad en situaciones como esta; sin importar que la sanbasan viviera lejos de la casa de la parturienta.

Por aquellos tiempos, además, (acotando a lo anteriormente dicho) la obstetricia no era una rama muy desarrollada por la medicina por lo que las parteras tenían el protagonismo dentro de un alumbramiento, salvo en casos de complicaciones que requerían la intervención de un médico profesional y los partos generalmente eran atendidos en la misma casa, sin los cuidados médicos que pueden encontrarse disponibles en los hospitales ante alguna eventualidad. 

Y ya que estamos hablando algo de historia, conozcamos un poco sobre el origen de las sanbasan en Japón. 
Entre el siglo XI y XVIII, cuando aún no existía la obstetricia como ciencia, existían las Koshidaki. Las koshidaki eran mujeres que ayudaban a las parturientas a dar a luz sujetándolas de la cintura con el fin de facilitar el alumbramiento ("koshi", significa en japonés “caderas” y “daki, “sujetar”). 

Con el tiempo y de forma gradual, las koshidaki fueron desplazadas por las Toriagebaba o Toriagebaasan, que significa una mujer mayor (“baba”, “baasan”) que toma o sujeta (“tori”) un bebé con sus manos y lo levanta ("age"). 

Se afirma que estas toriagebaba tenían conocimientos, además, de procedimientos o rituales “mágicos” en caso que un nacimiento sea complicado; a diferencia de las koshidaki que, simplemente, sujetaban las caderas de la mujer. 

Existen rumores que afirman, además, que estas toriagebaba pertenecían al estrato social más bajo del Japón del periodo Edo, es decir, los burakumin, porque tenían contacto con la sangre (una sustancia impura para aquellos tiempos, sea proveniente de la menstruación o, incluso, de la labor de parto). Y, como el parto era uno de los orígenes de esta "sustancia impura", se daba a luz en un área separada del resto de la casa, que generalmente era un lugar oscuro y sucio y que podía ser un cuarto separado de la casa o una pequeña cabaña. Esta toriagebaba no tenían conocimientos modernos como la desinfección o la higiene mínima que se tendría que cuidar para evitar enfermedades o complicaciones futuras, simplemente facilitaban la labor de parto con lo que tenían a la mano, por lo que, más tarde, aparecieron las sanbasan, justamente cuando Japón entra en contacto con occidente y sus conocimientos sobre tecnología, cultura, entre otros; incluyendo el campo de la medicina y sus conocimientos sobre la desinfección de los objetos para prevenir infecciones. 

A inicios del periodo Meiji (1868-1912), es cuando aparecen estas sanbasan y desplazan poco a poco las técnicas rudimentarias y poco higiénicas de las toriagebaba, utilizando en lugar de trapos viejos y muchas veces contaminados, gasas nuevas y esterilizadas, como medidas mínimas de higiene. 
En los inicios de la labor de la sanbasan, aún no estaban exactamente definidas sus funciones, por lo que en diferentes regiones del Japón fueron conocidas con términos muy variados (no solo como sanbasan) que indicaban la acción que realizaban y que iban desde masajear el vientre de la parturienta, cortar el cordón umbilical del niño o bañar al recién nacido.
Imagen tomada de Ebetsu City-Hokkaido
Por ejemplo, en la región de Kyushu eran conocidas como hara-mon-baba (“mujer mayor que masajea el abdomen”), o “heso-baba” (mujer mayor y cordón umbilical”) también en la región de Kyushu, además de Shikoku o “arai-baba” (“Mujer mayor que baña”) en la región de Chugoku y, también como “konasase-baba” (“mujer mayor que permite dar a luz”) en la región de Tohoku.

Con las sanbasan, se inició el interés por la estandarización y profesionalización de las parteras por parte de las autoridades japonesas, promulgándose una serie de leyes, como la de 1874, que regulaban esta nueva ocupación; por ejemplo, determinando que una sanbasan debía tener al menos unos 40 años de edad y contar con una licencia otorgada después de haber asistido 10 nacimientos normales y 2 con complicaciones en frente de un obstetra, así como pasar algunos exámenes de certificación. 

Con el paso de los años, oficialmente en 1947, el término “sanbasan” dejó de utilizarse, para preferir el término “josanpu” ("josan", “ayudar en el nacimiento” y “pu”, “mujer”) porque ya las parteras no solo eran mujeres mayores (el sufijo “ba” significa “mujer mayor”). 

Y como la modernidad llega en todos los ámbitos, nuevamente se decide cambiar el  término "josanpu", prefiriéndose utilizar el término “josanshi” en su lugar, para indicar que podían ser de ambos géneros, sea hombre o mujer, la persona encargada de asistir en el alumbramiento. 

Sea en Japón o en Perú, o en cualquier parte del mundo, generalmente se suele acudir a un hospital o clínica cuando la mujer va a dar a luz, siendo los casos muy excepcionales, en que aún se recurre a una partera o sanbasan, cuando en las épocas de mi oba, era todo lo contrario.

FUENTES:
PARA SABER UN POCO MÁS:
SMITH, Susan Lynn. Japanese American Midwives: Culture, Community, and Health Politics, 1880-1950. University of Illinois Press, 2005.

jueves, 2 de enero de 2014

El Saludo de Año Nuevo de mi Oba (Un pequeño post)

Pensé en escribir un post, aunque sea pequeño, pero el tiempo realmente me quedó corto. Ayer por la mañana entregué un proyecto con el que estuve ocupada desde vísperas de navidad y pensé (nuevamente) en actualizar el Facebook o el blog, pero ni bien comenzaba la mañana del 31, tenía que hacer muchas cosas: limpiar la casa y botar todo lo inservible o roto (la tradicional limpieza de año nuevo u "osoji" en japonés), recoger el pedido de comida japonesa por año nuevo y recibir a las visitas. Terminé a las 8pm, pero me quedé dormida ni bien me senté en el sofá que casi ni los cohetes que reventaban en las calles me podían levantar. 

En fin, ya hoy por la mañana me puse a pensar qué podía mostrarles por año nuevo y recordé algunas tarjetas de año nuevo y de pascuas que mi oba guardaba desde hace varios años. Ahora los saludos navideños lo recibimos mayormente por email o por facebook, hasta por mensajes de textos, pero ya casi no es común recibir tarjetas de navidad o siquiera de año nuevo. En las épocas de mi oba y mi mamá, se acostumbra enviar postales (sea fotografías convertidas a postales o simples postales como tales), en donde mostraban a la familia reunida como si estuvieran saludando a la persona que recibiera la tarjeta. 

Generalmente, mi oba enviaba postales no solo de la familia, sino también postales de la Plaza Dos de Mayo (Lima, Perú) a la familia que tenía en Okinawa, para que la familia en Okinawa pueda conocer cómo era el lejano Perú que mi oba siempre contaba a través de las cartas. 

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Aquí muestro 3 fotos: La primera, muestra a la casi irreconocible Av. Alfonso Ugarte (centro de Lima) con un saludo al reverso "Akemashite Omedetou Gozaimasu" ("feliz año nuevo", en japonés)

La 2da foto (centro) muestra a la Plaza Dos de Mayo que, así como dice el texto al reverso, como escribió mi oba para un sobrino de Yonabaru, dice "desde la casa en donde vivimos, se puede ver aquél parque, que está cerca de la casa".
(Mi oba se refería a aquella plaza como un parque inmenso, que era como un símbolo de la modernidad de Lima en comparación con el barrio rural de donde mi oba venía).

Y la 3ra foto (derecha), es una postal que mi mamá recibió cuando tenía unos 12 años. 
En el reverso dice: "Recuerdo para mi querida amiguita Margarita por Carmen Higa. Lima, 24 de enero de 1944".

¡Cómo pasan los tiempos! Ahora, los saludos son más cortos y más "tecnotlógicos", mientras que en los tiempos de mi oba, era más detallistas y duraderos en el tiempo (que hasta ahora puedo conservar estos recuerdos).

viernes, 20 de diciembre de 2013

Para Mayores Actualizaciones, Visiten la Página de Jiritsu en Facebook

En la página de Jiritsu en Facebook, pueden encontrar pequeñas notas, fotos o datos que por falta de tiempo no publico en el blog pero que los pueden encontrar en la página del Facebook. HACER CLICK AQUÍ.
(*) Por estos días de fiesta, no podré actualizar el blog, por lo que publicaré algunas actualizaciones en la página de Jiritsu en Facebook. Gracias

jueves, 5 de diciembre de 2013

Aquellos Juegos de Okinawa del Recuerdo (Un Pequeño Recuerdo de mi Oba)

Parece que la navidad es más de los niños. Recién estamos comenzando diciembre y cada vez que enciendo la televisión, casi todo lo que veo son comerciales de juguetes. Hasta me he dado cuenta que cada año que pasa, salen más juguetes nuevos y tanta es la variedad en productos y precios, que hasta me dan ganas de volver a ser niña otra vez. 

Recuerdo que cuando era pequeña no tuve muchos juguetes y casi todos los que tenía los había heredado de mis hermanos mayores. Mi mamá no podía comprarme muchos juguetes porque los precios estaban “por las nubes” y había otras cosas que eran más importantes como la comida, la salud o el colegio; como casi todo en aquella época. 

La época de mi niñez, que ya muchos seguramente ni querrán acordarse, era la temida década de los 80 en el Perú. Era una época en donde era común hablar de los coches-bombas, los toques de queda, la escasez de alimentos, la superinflación y los apagones forzados por algún atentado terrorista. Aunque toda la situación era angustiante y caótica, recuerdo que yo lo veía todo como algo normal y, aunque suene algo ilógico, lo que más me gustaban eran los apagones. 

Era el momento en que mi familia estaba reunida en casa y nos poníamos a conversar o a jugar mientras esperábamos a que regresara la luz. Recuerdo que me ponía a jugar haciendo sombras con las velas mientras que mi oba me miraba desde su sillón. Recuerdo que hacía todo tipo de sombras: una paloma que volaba, un perrito que ladraba o el perfil de un viejo y así me la pasaba jugando solita hasta que la luz regresara. De cuando en cuando, volteaba para ver si mi oba aún estaba sentada en su sillón. Ella se quedaba tan quieta, casi en silencio, mientras me miraba como jugaba que a veces creía que ya no estaba. Entre esa penumbra entrecortada por las velas, podía distinguir su rostro. 

Podía ver que seguía mirándome, con una ligera sonrisa, como si estuviera recordando algo muy bonito. Mientras yo jugaba haciendo sombras con mis manos, mi oba también se entretenía jugando con sus dedos, pero a su manera. 

Sus manos estaban juntas y había entrelazado sus dedos entre sí, dejando los pulgares libres. Movía los pulgares de manera circular y repetitiva, como si estuviera enrollando un hilo imaginario con sus pulgares. Era una costumbre que repetía cada vez que se sentaba en su sillón sin hacer nada. Era una costumbre curiosa que veía en mi oba, pero nunca me atreví a preguntarle el por qué lo hacía. 
Hasta ahora no he visto a otra persona que haga el mismo “juego de pulgares”, como así lo llamo, solo lo he visto hacerlo a mi oba y a un tío. 

Ambos eran de Yonabaru (Okinawa), ambos eran fumadores y siempre lo hacían cuando estaban sentados y sin hacer (ni fumar) nada. ¿Será una costumbre de fumadores “en abstinencia”? ¿Será una costumbre de la gente antigua de Okinawa? ¿O, simplemente, es un juego inventado en el momento? En fin, es una curiosidad tan simple, hasta diría banal, pero aún me causa algo de curiosidad... 

Después de un par de horas, vino la luz. Mi oba se levantó del sillón y, junto con mi mamá, apagaron todas las velas, incluyendo aquella con la que estaba jugando y las guardaron para usarlas en el siguiente apagón. Muchas veces recuerdo que mi oba solía sentarse en el sillón en silencio. A veces miraba el vacío como quien recuerda algo. Una leve sonrisa dibujándose sobre su rostro de cuando en cuando me hacía creer que era un recuerdo muy bonito. 

Recuerdo que lo hacía cada vez que me miraba mientras yo jugaba sentada en el suelo de la sala, como si yo fuera parte de ese recuerdo. A veces jugaba con mis muñecas u ositos y, otras veces, jugaba con mis ollitas y tacitas de té, que eran mis juguetes favoritos. Pero ya una vez que crecí, todos mis juguetes y mi colección de ollitas fueron regalados, o quizás, se fueron perdiendo. Cada vez que veo alguna propaganda de ollitas de juguetes, recuerdo con nostalgia aquellas ollitas, en donde no solo cocinaba para mis ositos, sino también, ponía a volar mi imaginación. 

Ahora que soy adulta y comprendo mejor las cosas, creo que esa nostalgia que siento es la misma que mi oba sentía cada vez que me miraba mientras estaba jugando. Seguramente mi oba recordaba su infancia, cuando jugaba con sus amigas o se inventaba algún juego nuevo. Ella tenía mucha imaginación. Sabía cómo transformar un simple trozo de papel o un trozo de cuerda en algo divertido. 

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Imagen tomada de Photozou
Ayatori o Ayatui
(rombos o "cocadas", como se llama popularmente en el Perú a dichas formas geométricas)
Recuerdo el día en que mi oba se me acercó trayéndome un trozo de lana. “Con esta pita puedes hacer muchas figuras”, fue lo que me explicó mientras se colocaba la pita entre sus dedos. Unas vueltas por aquí y otras por allá y, de repente, tenía algo parecido a una escoba formada solo con los hilos entrelazados entre sus dedos. Me enseñó a hacerlo y ya por la tarde, yo era toda una experta con la pita y ya sabía hacer por mí misma escobas, rombos (o "cocadas", como las llamaba mi mamá de pequeña) y otras figuras geométricas. Estaba tan entretenida que ni me daba cuenta que estaba jugando con una simple pita. 

Era un simple trozo de lana que mi oba había anudado por ambos extremos y siempre la llamaba “pita”. Hasta ahora, que hasta hace unos días encontré por casualidad una website en japonés en donde aparecía la pita de mi infancia. Descubrí que esa pita es un juego que no solo se jugaba en Perú, sino también en Japón y en otras partes del mundo. En japonés se llama Ayatori y en uchinaguchi, Ayatui, pero en mi casa siempre la llamábamos “pita”. 

Seguí mirando los otros juegos que mostraba y me sorprendí que habían muchos juegos okinawenses (y japoneses) que se parecían mucho a los juegos que mi oba y mi mamá me enseñaron de pequeña, en donde su singularidad radicaba precisamente en su simplicidad y sencillez. Lo simple y sencillo de un juguete era lo que hacía volar la imaginación a los niños en una época no muy lejana y que parece que ya solo es parte de un recuerdo opacado por la tecnología. 

En aquellos tiempos en donde no existía ni la televisión ni los videojuegos, los niños de Okinawa maduraban mucho más rápido. Desde pequeños, sabían que tenían que ayudar a sus padres en los quehaceres domésticos o en las chacras. Era parte de la vida cotidiana, era algo natural. Pero como todo niño aún es un niño, siempre que podían, jugaban con los amigos o con los juguetes que tenían o que ellos mismos se fabricaban con cualquier cosa que podían encontrar a la mano. Y su propia imaginación hacía el resto. La naturaleza misma era lo que estaba a la mano: habían muchos árboles para trepar y jugar así como plantas de las cuales podían utilizar las hojas o las ramas para fabricar sus propios juguetes. Aunque seguramente estos juguetes artesanales o rudimentarios no durarían mucho, la diversión estaba precisamente en su efimeridad: los niños se entretenían recolectando los materiales y podían pasar un par de horas confeccionando su futuro juguete.

Kajimaya o molino de viento
Imagen tomada de Ajimaa
Estos juguetes rudimentarios eran hechos mayormente con las hojas de distintos árboles tanto por los mismos niños o por los adultos, sobretodo cuando los niños eran muy pequeños. Por ejemplo, con un par de tiras de las hojas del árbol Adan se fabricaban los kajimaya ("molino de viento" en uchinaguchi). No solo los niños jugaban con los kajimaya, sino también la gente mayor, aunque  de manera simbólica. En Okinawa, existe una celebración llamada kajimaya que se realiza cuando una persona cumple 97 años, entregándole un kajimaya ("molino") hecho con hojas de Adan que simboliza su regreso a la infancia; puesto que se cree que la persona vuelve a ser niño otra vez cuando cumple los 97 años. 

Imagen tomada de Yorontou Kankou Gaido (Guía de Turismo de las Islas Yoron)
Mukashi mushikago (literalmente, "jaula para insectos antigua". Las jaulas actuales están hechas de plástico y se le llaman mushikago)
Con las hojas del Sotetsu se podían fabricar pequeñas jaulas llamadas mukashi mushikago para guardar a los insectos que cazaban hasta que llegaran a casa, aprovechando la forma de la hoja, parecida a las hojas de las palmeras, que al entrelazarlas entre sí misma, dejaban pequeños espacios abiertos suficientes para que el insecto pueda respirar. 

Imagen tomada de Yorimichi Shashin Nikki 寄り道写真日記
Collar hecho con las semillas del  Jyozudama
También se usaban las hojas para fabricar prendas de vestir provisionales como gorros o sandalias, aprovechando la suavidad y resistencia de las hojas del Wakuji. Pero no solo las hojas servían, también se podían utilizar las semillas y crear pequeños silbatos con las semillas del Sotetsu o del Yarabu. O también, las semillas del Jyozudama, que parecían unas cuentas de cristal y que podían ser enhebradas una detrás de otra, creando collares o pulseras que las niñas lucían orgullosas. 

Realmente, no puedo dejar de asombrarme cuánta imaginación e ingenio de los okinawenses para fabricar tantas cosas útiles (y divertidas) a partir de una simple hoja o semilla. Pero, para los niños realmente no importaría de qué está hecho un juguete, porque con la misma imaginación de los niños, basta y hasta sobra. 

Y a propósito de la infancia, ¿quién no se acuerda de los juegos grupales, en donde la diversión ya no radica tanto en la imaginación, sino en el deseo de los niños por compartir (y competir). En Lima había un juego conocido como "Mundo", que muchas veces he jugado en mi casa y en el colegio, pero que actualmente ya casi no se ve, como la mayoría de los juegos que estamos recordando. En Okinawa y en Japón también se jugaba el "Mundo", conocido como "Kenkenpa", que consiste en avanzar saltando sobre un solo pie a través de cuadrados dibujados sobre el piso.

Kenkenpa
Imagen tomada de Suzume no Kurashi

El nombre de Kenkenpa viene de "ken" que significa "un solo pie" y "paa", que significa "ambos pies", algo muy lógico, puesto que se salta con un solo pie (ken, ken...) hasta llegar a la meta (¡paa!). Según un diccionario de uchinaguchi, en Okinawa hay un juego que consiste en saltar con un solo pie, mientras se sujeta con una mano el otro pie por la espalda y se le llama Giitaa, pero no he podido encontrar otra información adicional, por lo que no sé si el Kenkenpa y el Giitaa okinawense resultan ser el mismo juego. 


Imagen tomada de Wikipedia
Yaces
O, ¿quién no ha jugado con los "yaces" o "yaxes", aquellas estrellitas tridimensionales de metal o de plástico colorido que se jugaba con una pelotita? En Japón, también se solía jugar un juego similar a los yaces, conocido como Otedama, que eran unas bolsitas de tela rellenas con frijoles azuki que servían para darle consistencia a la bolsita. En Okinawa, se llamaba, más bien, Ishinaaguu, porque en lugar de frijoles, debido a la escasez de alimentos, se solía rellenar las bolsitas con pequeñas piedras. Así como los yaces, la gracia del Otedama y del Ishinaaguu consistía en lanzar las pequeñas bolsitas y cogerlas en el aire antes que caigan al suelo. Era un juego más para niñas. 

A continuación, un video en donde se muestra cómo se juega el Otedama

Y sin dejar de lado a los chicos, también hay algunos juegos que solo lo jugaban los niños: las canicas o bolitas y los "hitazos" lo que en Perú se jugaba casi recientemente, por la década de los 90. En Japón se conoce a las canicas como "Biidama" y en Okinawa, "Tamagwaa" y, como nunca he jugado con canicas, no sé cómo se jugaba, pero creo que el objetivo era "comer" la canica del contrincante. 
Biidama o Tamagwaa
Imagen tomada de Kusa Jiro no Kusa Nikki
Casi del mismo modo pasaban con los hitazos en el Perú de los 90. Recuerdo que había un chocolate que regalaba unas figuritas de plástico en forma de moneda lamadas "hitazos" y que servían para jugar entre varios amigos. Se tenían que lanzar cada hitazo sobre una pila de hitazos y ganaba quien pudiera derribar la mayor cantidad de hitazos. El premio era quedarse con los hitazos, que estaban decorados con personajes de los dibujos animados de moda que salían en la TV. En Japón había un juego parecido que se llama Menko y se jugaba similarmente a los "hitazos" de Perú: la misma técnica y objetivo y, naturalmente, el ganador se quedaba con las tarjetas de sus oponentes (eran unas tarjetas de cartón duro que estaban ilustrados). En Okinawa se les llamó Pacchii
Como se dice, "recordar, es volver a vivir". ¡Qué nostalgia recordar aquellos juegos de infancia que alguna vez hemos jugado, sea con amigos o solo! Ahora, los niños juegan solos o con los amigos, pero casi siempre, frente a una pantalla, sea de videojuegos o de la computadora; dejando de lado, muchas veces, a la imaginación. Los juguetes del ayer, realmente, eran mejores: estimulaba la imaginación y nos servía para conocer a nuevos amigos o frecuentar a los amigos de siempre. Ahora, más bien, parece que tendremos que conformarnos con recordarlos solamente, aunque con algo de nostalgia.


NOTA:Para escribir este post, me tomó algo de tiempo en buscar la información, puesto que el uchinaguchi no tiene una representación escrita estándar, sea en romaji (japonés romanizado) o en katakana y, además, no encontré mucha información sobre el tema. Por todo esto, quisiera mostrarles la forma de escritura de los diversos términos en  uchinaguchi mostrados en este post tal como aparecen en las fuentes que he consultado (no puedo asegurar si es la forma estándar o una variante regional), así como algunas palabras japonesas con sus respectivos kanji:
  • Adan:   アダン (en uchinaguchi y en japonés), conocido también  como Adanmugii アダンムギー o Azani アザニ en uchinaguchi. En español se le conoce como Pandano y su nombre científico es Pandanus Tectorious. 
  • Biidama: ビー玉(ビーだま)
  • Gittaa: ギッター, también escrito como Giitaa
  • Ishinaaguu: イシナーグー  
  • Jyozudama: ジュズダマ, conocido también en uchinaguchi como Shidama シダマ, Tsudama ツダマ o Shishidama シシダマ. En español, se conoce como Lágrimas de Job. En japonés, Juzudama 数珠玉 o ジュズダマ. 
  • Kajimaya: 風車 (molino), カジマヤー (celebración de los 97 años) 
  • Kenkenpa:  ケンケンパー 
  • Menko: メンコ 
  • Mukashi mushikago: 昔 虫かご     
  • Pacchii: パッチー  
  • Sotetsu: ソテツ (en japonés), conocido en uchinaguchi como Suchichi スチチ o Totetsu トテツ o Suutiichaa スーティーチャー. En español se le conoce como Cica del Japón o Palma de Iglesia. Nombre científico: Cycas Resoluta. 
  • Tamagwaa: タマグヮー (en uchinaguchi, "Tama": bola y "gwaa": pequeño, chiquito).
  • Wakuji: フクジィ, conocido en uchinaguchi como Pukuki プクキ o Wakunki フクンキ. En japonés, Otogirisouka 弟切草科 y en español, Hierba de San Juan Erecta y Mala Hierba Otogiri.  Nombre científico: Hypericum erectum
  • Yarabu: ヤラブ, conocido también como Yarabo ヤラボ o Yarabugi ヤラブギ en uchinaguchi. Su nombre científico es Calophyllum inophyllum y se le llama Terihaboku テリハボク en japonés y Laurel Alejandrino en español. 


PARA SABER UN POCO MÁS:

FUENTES: 

LA SANBASAN (PARTERA) "MÁS FAMOSA" EN LA LIMA DE LA PREGUERRA: LA SANBASAN TOKESHI

La foto que muestro fue tomada el 27 de febrero de 1930.  Es una vista del patio de Lima Nikko en una ocasión especial.  En ese día, hubo un...