domingo, 5 de enero de 2014

Naeko Toyama: Una Sanbasan Con Nombre y Apellido en Lima (y Miembro de Peru Okinawa Ongaku Kyokai)

Ayer había escrito un post acerca de las parteras japonesas o sanbasan. Al leerlo ya publicado en el blog, me dí cuenta que casi todo el texto giraba en torno a los orígenes de las sanbasan en el Japón y casi no había nada acerca de las sanbasan japonesas en el Perú.
Hay muchos temas que la gente ya mayor pensará, quizás, que no es necesario recordar y que es mejor dejar las cosas se pierdan en el olvido con el tiempo, porque apenas pude conseguir algo de información.

"Eso ya son cosas antiguas... ¡para qué recordarlas!" o el "¿vas a escribir sobre eso? Eso no interesa" o quizás el "no me acuerdo cómo se llama... mejor ya bota esa foto. Para qué guardarla si ya no me acuerdo..."; son algunas de las frases que, hasta ahora, sigo escuchando de mi mamá cada vez que le hago recordar sobre el pasado, al preguntarle cómo se llama tal persona que aparece en una foto o para que, simplemente, me cuente cómo era la vida de antaño.

A veces, el tiempo o los años borran los recuerdos, ya sea por descuido o quizás, por un simple olvido. No podemos recordarlo todo, pero hay recuerdos que deberíamos tratar de conservar, sobretodo aquellos que involucra a personas que son importantes.

En los tiempos de los primeros inmigrantes japoneses al Perú (hablamos, por ejemplo, aproximadamente desde la década de los 20), era una práctica muy común (aunque actualmente continúa siendo una práctica común, sobretodo en los pueblos de la sierra, en donde muchas veces no se cuenta con servicios médicos) llamar a una partera o sanbasan cuando ya se sentían las primeras contracciones o, por lo menos, cuando ya se sabía que el niño estaba próximo a nacer. 

Recuerdo que había leído hace muchos años atrás una entrevista que le hicieron a una antigua partera que trabajaba en Lima y que creo que era una sanbasan, pero lamentablemente, no me acuerdo el nombre ni de la sanbasan ni del periódico (solo recuerdo que era uno de los diarios de la colectividad japonesa) que le hizo la entrevista.
Lo único que hasta ahora recuerdo de aquella entrevista, fue la anécdota que contó esta sanbasan. Contaba que, en aquellos tiempos, toda la familia estaba deseosa por la venida del primer hijo varón (chonan, en japonés). 

Pero, pronto su felicidad se convertía en desilusión al ver que el primer hijo que tanto ansiaban era realmente una niña y terminaban por culpar a la madre de este "incidente". Muchas veces, esta sanbasan salía en defensa de la joven madre, quien apenas acababa de dar a luz y ya se sentía temerosa y hasta culpable de los posibles reproches del esposo y de su familia. Así, esta sanbasan creía que su deber era hablar con la familia y explicarles que la joven madre no tenía la "culpa", puesto el hombre es el que determina el sexo del bebé.

Realmente, como quisiera recordar el nombre de esa sanbasan, pero creo que ya es tarde para recordarlo, puesto que el tiempo pasa y es más fácil olvidar que recordar. Pero, así como mencioné en el post anterior, no solo había la "sanbasan de Lima" o la sanbasan del Callao" que parecen quedar en el anonimato y cuyos nombres y reconocimientos se pierden por culpa del tiempo y el paso de las nuevas generaciones que apenas recuerdan el ayer, sino también habían otras sanbasan, esta vez, con nombre y hasta con apellido y foto.

Gracias al señor Daniel Uehara, Presidente de Yonabaru Chojinkai en Perú, pude conocer, a través de una foto, a una sanbasan con nombre y apellido.
Era la señora Naeko Toyama, una sanbasan que ayudó a muchas mujeres japonesas a dar a luz en Lima. La historia no la conozco muy bien y solamente me guio por la fotografía que recibí y las leyendas que aparecen en ella. 
Sanbasan o partera japonesa Naeko Toyama, Lima-Perú
(Año de la foto: 1959, aprox.)
Cortesía de Daniel Uehara. Tomado del Libro 記念誌 創立五周年 在ペルー沖縄音楽協会 (Kinenshi Souritsu Goshunen Zai Peru Okinawa Ongaku Kyoukai)

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En aquellos tiempos, las instituciones japonesas acostumbraban publicar anuarios o libros conmemorativos por motivo de algún aniversario, en donde generalmente publicaban las fotos de cada uno de sus miembros junto con sus familias y datos personales (dirección, profesión u oficio), como en el caso de esta foto de la señora Toyama, quien trabajaba en el Hospital Santa Rosa, probablemente como partera. Había venido de Okinawa y vivía en el Jr. Paruro del Centro de Lima.

Sin embargo, esta foto sacada de un libro conmemorativo, no era uno de alguna asociación médica (como podría suponerse por el título de partera o sanbasan), sino más bien era de una asociación de música, la de "Peru Okinawa Ongaku Kyokai"  que celebraba su quinto aniversario publicando un libro conmemorativo. Y es que, la señora Toyama, no solo era una conocida sanbasan entre la comunidad sino una conocida cultora de la música okinawense.

Y como la historia es, muchas veces, como buscar una aguja en un pajar, en los sitios menos esperados podemos encontrar algún dato importante perdido. Así como la sanbasan Toyama, también se puede identificar a otra sanbasan de apellido Nakashima.
La sanbasan Nakashima cobraría, en cambio, algo más de relevancia histórica precisamente porque su nombre saldría a la luz pública en uno de los hechos que causaron controversia dentro de la política peruana: el cuestionamiento de la fecha de nacimiento del ex-presidente Alberto Fujimori que explotó en plena década de los '90.

A través del propio testimonio de la misma madre del ex-presidente Fujimori, Mutsue, quien ofreció por la década de los '90 una serie de entrevistas a una periodista japonesa contando cómo llegó al Perú, así como su vida y posterior nacimiento de sus hijos, en especial el de Alberto Fujimori; podemos conocer cómo fue la vida de los primeros inmigrantes japoneses (y no solo tomarlo como una simple investigación periodística con tintes políticos).

La señora Mutsue contaba que la sanbasan Nakashima provenía de la prefectura de Kumamoto y era conocida entre la comunidad japonesa en Lima. La había ayudado en el alumbramiento de su hija mayor, Juana y la de su hijo, Alberto, pero como el parto de éste último ocurrió a altas horas de la noche (en el año de 1938), la sanbasan Nakashima decidió pernoctar en casa de los Fujimori. Como existen múltiples fechas de nacimiento para el ex-presidente Fujimori, se pone en duda la veracidad de su onomástico, el cual siempre ha afirmado como real, es decir, que ha nacido un 28 de julio, precisamente el día en que se conmemora un día más de la independencia del Perú.

Y como en toda investigación periodística se mide al milímetro todos los detalles, la figura de la sanbasan Nakashima cobra, así, cierta relevancia, puesto que presenció el nacimiento de Alberto, pudiendo aclarar en cierto modo la controversia de la fecha de nacimiento.

Desligándonos de toda controversia, lo que sí podemos destacar es la labor que realizaron las sanbasan en el Perú (especialmente en Lima), ya sea facilitando y ayudando a muchas mujeres en su labor de parto y, también, preocupándose, en muchos casos, por su bienestar físico y el de su bebé así como su tranquilidad en un medio en donde la cultura y el idioma era la principal barrera para muchos inmigrantes japoneses.

Sin embargo, no solo podríamos nombrar a la sanbasan Naeko Toyama de Okinawa o la sanbasan  Nakashima de Kumamoto, sino que hay otras que merecen también el mismo reconocimiento y que, por lo menos, sus nombres merecen ser conocidos y no sean simplemente llamadas como la "sanbasan de Lima" o la "sanbasan del Callao". Así como reconocemos a los soldados o mártires de la guerra, deberíamos  reconocer a aquellas héroes anónimas, que traen (y algunos casos, salvaban) vidas al mundo.

POST ANTERIOR:
¿Quién No ha Escuchado Hablar de las Parteras o Comadronas (y, ¿sobre las Sanbasan?)


FUENTES:

sábado, 4 de enero de 2014

¿Quién No ha Escuchado Hablar de las Parteras o Comadronas (y, ¿sobre las Sanbasan?)

Siempre me he preguntado de dónde mi oba habrá sacado el nombre “Margarita” para llamar así a mi mamá. A pesar que mi oba inscribió a mi mamá en los registros civiles como “Margarita”, siempre ha llamado a mi mamá por su nombre en japonés, Sumi. Y, las pocas pocas veces que la escuchaba llamarla como “Margarita”, apenas podía pronunciarlo, porque el nombre era largo y difícil para ella. 

Entonces, ¿de dónde le habrá salido la inspiración? ¿Lo habrá escuchado de algún lado? ¿Alguien le recomendó ese nombre? Nunca lo sabré, puesto que mi mamá ya ni se acuerda. He escuchado muchas veces que, antiguamente, las mujeres jóvenes confiaban tanto en su partera que incluso preguntaban si podían recomendarle algún nombre para su recién nacido. Pero no creo que ese haya sido el caso de mi oba con mi mamá, porque la partera de mi oba era japonesa, es decir, era una sanbasan

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Las jóvenes madres sentían mayor tranquilidad al saber que una sanbasan las estaría ayudando durante el parto

(Familiares por parte materna. Foto tomada en Japón, año desconocido )
A los pocos días después de haber dado a luz a su último hijo, mi oba recibía la visita de una sanbasan que venía a la casa para saber cómo estaban ambos. Mi mamá casi no se acuerda de aquella sanbasan, ni mucho menos se acuerda de su nombre, pero recuerda que venía desde Callao y, junto con otra sanbasan que vivía cerca de la casa (Centro de Lima), era una de las pocas sanbasan que existían en Lima y que ayudaban a las mujeres a dar a luz en la casa, aunque solamente atendía casos dentro de la misma colectividad japonesa. 

Lo único que mi mamá recuerda sobre esta sanbasan es que tiempo después abrió una encomendería(*) en el Callao, en donde vendía, entre otros productos, discos japoneses; muchos de los cuales mi oba compraba aprovechando las veces que tenía que ir hasta el Callao. 

Así como mi mamá, casi no tengo muchos datos acerca de la sanbasan en el Perú, pero seguramente que su trabajo era muy similar, en cuanto a sus labores o su remuneración (que podría haber sido con dinero en efectivo o con productos básicos, como arroz o aves de corral), así como las parteras o comadronas peruanas de aquellas épocas. 
El oficio de comadrona o partera en el Perú carecía de teoría pero no de práctica, por lo que las encargadas de este oficio, así como las sanbasan, eran mujeres ya mayores.

Y, ¿por qué se recurría a una sanbasan y no se acudía, en cambio, donde una partera o a un hospital? En primer lugar, los partos se atendían en casa.
A incios del siglo siglo XX, la vida ya de por sí era difícil para los primeros inmigrantes japoneses en el Perú de aquellos tiempos (tanto por el idioma, una cultura diferente, así como el trabajo mismo) y, aún más, el alumbramiento de un niño, por lo que las comunicaciones y contactos eran entre los mismos miembros de la colectividad. Al compartir un idioma y cultura en común, había más confianza y tranquilidad en situaciones como esta; sin importar que la sanbasan viviera lejos de la casa de la parturienta.

Por aquellos tiempos, además, (acotando a lo anteriormente dicho) la obstetricia no era una rama muy desarrollada por la medicina por lo que las parteras tenían el protagonismo dentro de un alumbramiento, salvo en casos de complicaciones que requerían la intervención de un médico profesional y los partos generalmente eran atendidos en la misma casa, sin los cuidados médicos que pueden encontrarse disponibles en los hospitales ante alguna eventualidad. 

Y ya que estamos hablando algo de historia, conozcamos un poco sobre el origen de las sanbasan en Japón. 
Entre el siglo XI y XVIII, cuando aún no existía la obstetricia como ciencia, existían las Koshidaki. Las koshidaki eran mujeres que ayudaban a las parturientas a dar a luz sujetándolas de la cintura con el fin de facilitar el alumbramiento ("koshi", significa en japonés “caderas” y “daki, “sujetar”). 

Con el tiempo y de forma gradual, las koshidaki fueron desplazadas por las Toriagebaba o Toriagebaasan, que significa una mujer mayor (“baba”, “baasan”) que toma o sujeta (“tori”) un bebé con sus manos y lo levanta ("age"). 

Se afirma que estas toriagebaba tenían conocimientos, además, de procedimientos o rituales “mágicos” en caso que un nacimiento sea complicado; a diferencia de las koshidaki que, simplemente, sujetaban las caderas de la mujer. 

Existen rumores que afirman, además, que estas toriagebaba pertenecían al estrato social más bajo del Japón del periodo Edo, es decir, los burakumin, porque tenían contacto con la sangre (una sustancia impura para aquellos tiempos, sea proveniente de la menstruación o, incluso, de la labor de parto). Y, como el parto era uno de los orígenes de esta "sustancia impura", se daba a luz en un área separada del resto de la casa, que generalmente era un lugar oscuro y sucio y que podía ser un cuarto separado de la casa o una pequeña cabaña. Esta toriagebaba no tenían conocimientos modernos como la desinfección o la higiene mínima que se tendría que cuidar para evitar enfermedades o complicaciones futuras, simplemente facilitaban la labor de parto con lo que tenían a la mano, por lo que, más tarde, aparecieron las sanbasan, justamente cuando Japón entra en contacto con occidente y sus conocimientos sobre tecnología, cultura, entre otros; incluyendo el campo de la medicina y sus conocimientos sobre la desinfección de los objetos para prevenir infecciones. 

A inicios del periodo Meiji (1868-1912), es cuando aparecen estas sanbasan y desplazan poco a poco las técnicas rudimentarias y poco higiénicas de las toriagebaba, utilizando en lugar de trapos viejos y muchas veces contaminados, gasas nuevas y esterilizadas, como medidas mínimas de higiene. 
En los inicios de la labor de la sanbasan, aún no estaban exactamente definidas sus funciones, por lo que en diferentes regiones del Japón fueron conocidas con términos muy variados (no solo como sanbasan) que indicaban la acción que realizaban y que iban desde masajear el vientre de la parturienta, cortar el cordón umbilical del niño o bañar al recién nacido.
Imagen tomada de Ebetsu City-Hokkaido
Por ejemplo, en la región de Kyushu eran conocidas como hara-mon-baba (“mujer mayor que masajea el abdomen”), o “heso-baba” (mujer mayor y cordón umbilical”) también en la región de Kyushu, además de Shikoku o “arai-baba” (“Mujer mayor que baña”) en la región de Chugoku y, también como “konasase-baba” (“mujer mayor que permite dar a luz”) en la región de Tohoku.

Con las sanbasan, se inició el interés por la estandarización y profesionalización de las parteras por parte de las autoridades japonesas, promulgándose una serie de leyes, como la de 1874, que regulaban esta nueva ocupación; por ejemplo, determinando que una sanbasan debía tener al menos unos 40 años de edad y contar con una licencia otorgada después de haber asistido 10 nacimientos normales y 2 con complicaciones en frente de un obstetra, así como pasar algunos exámenes de certificación. 

Con el paso de los años, oficialmente en 1947, el término “sanbasan” dejó de utilizarse, para preferir el término “josanpu” ("josan", “ayudar en el nacimiento” y “pu”, “mujer”) porque ya las parteras no solo eran mujeres mayores (el sufijo “ba” significa “mujer mayor”). 

Y como la modernidad llega en todos los ámbitos, nuevamente se decide cambiar el  término "josanpu", prefiriéndose utilizar el término “josanshi” en su lugar, para indicar que podían ser de ambos géneros, sea hombre o mujer, la persona encargada de asistir en el alumbramiento. 

Sea en Japón o en Perú, o en cualquier parte del mundo, generalmente se suele acudir a un hospital o clínica cuando la mujer va a dar a luz, siendo los casos muy excepcionales, en que aún se recurre a una partera o sanbasan, cuando en las épocas de mi oba, era todo lo contrario.

FUENTES:
PARA SABER UN POCO MÁS:
SMITH, Susan Lynn. Japanese American Midwives: Culture, Community, and Health Politics, 1880-1950. University of Illinois Press, 2005.

jueves, 2 de enero de 2014

El Saludo de Año Nuevo de mi Oba (Un pequeño post)

Pensé en escribir un post, aunque sea pequeño, pero el tiempo realmente me quedó corto. Ayer por la mañana entregué un proyecto con el que estuve ocupada desde vísperas de navidad y pensé (nuevamente) en actualizar el Facebook o el blog, pero ni bien comenzaba la mañana del 31, tenía que hacer muchas cosas: limpiar la casa y botar todo lo inservible o roto (la tradicional limpieza de año nuevo u "osoji" en japonés), recoger el pedido de comida japonesa por año nuevo y recibir a las visitas. Terminé a las 8pm, pero me quedé dormida ni bien me senté en el sofá que casi ni los cohetes que reventaban en las calles me podían levantar. 

En fin, ya hoy por la mañana me puse a pensar qué podía mostrarles por año nuevo y recordé algunas tarjetas de año nuevo y de pascuas que mi oba guardaba desde hace varios años. Ahora los saludos navideños lo recibimos mayormente por email o por facebook, hasta por mensajes de textos, pero ya casi no es común recibir tarjetas de navidad o siquiera de año nuevo. En las épocas de mi oba y mi mamá, se acostumbra enviar postales (sea fotografías convertidas a postales o simples postales como tales), en donde mostraban a la familia reunida como si estuvieran saludando a la persona que recibiera la tarjeta. 

Generalmente, mi oba enviaba postales no solo de la familia, sino también postales de la Plaza Dos de Mayo (Lima, Perú) a la familia que tenía en Okinawa, para que la familia en Okinawa pueda conocer cómo era el lejano Perú que mi oba siempre contaba a través de las cartas. 

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Aquí muestro 3 fotos: La primera, muestra a la casi irreconocible Av. Alfonso Ugarte (centro de Lima) con un saludo al reverso "Akemashite Omedetou Gozaimasu" ("feliz año nuevo", en japonés)

La 2da foto (centro) muestra a la Plaza Dos de Mayo que, así como dice el texto al reverso, como escribió mi oba para un sobrino de Yonabaru, dice "desde la casa en donde vivimos, se puede ver aquél parque, que está cerca de la casa".
(Mi oba se refería a aquella plaza como un parque inmenso, que era como un símbolo de la modernidad de Lima en comparación con el barrio rural de donde mi oba venía).

Y la 3ra foto (derecha), es una postal que mi mamá recibió cuando tenía unos 12 años. 
En el reverso dice: "Recuerdo para mi querida amiguita Margarita por Carmen Higa. Lima, 24 de enero de 1944".

¡Cómo pasan los tiempos! Ahora, los saludos son más cortos y más "tecnotlógicos", mientras que en los tiempos de mi oba, era más detallistas y duraderos en el tiempo (que hasta ahora puedo conservar estos recuerdos).

viernes, 20 de diciembre de 2013

Para Mayores Actualizaciones, Visiten la Página de Jiritsu en Facebook

En la página de Jiritsu en Facebook, pueden encontrar pequeñas notas, fotos o datos que por falta de tiempo no publico en el blog pero que los pueden encontrar en la página del Facebook. HACER CLICK AQUÍ.
(*) Por estos días de fiesta, no podré actualizar el blog, por lo que publicaré algunas actualizaciones en la página de Jiritsu en Facebook. Gracias

jueves, 5 de diciembre de 2013

Aquellos Juegos de Okinawa del Recuerdo (Un Pequeño Recuerdo de mi Oba)

Parece que la navidad es más de los niños. Recién estamos comenzando diciembre y cada vez que enciendo la televisión, casi todo lo que veo son comerciales de juguetes. Hasta me he dado cuenta que cada año que pasa, salen más juguetes nuevos y tanta es la variedad en productos y precios, que hasta me dan ganas de volver a ser niña otra vez. 

Recuerdo que cuando era pequeña no tuve muchos juguetes y casi todos los que tenía los había heredado de mis hermanos mayores. Mi mamá no podía comprarme muchos juguetes porque los precios estaban “por las nubes” y había otras cosas que eran más importantes como la comida, la salud o el colegio; como casi todo en aquella época. 

La época de mi niñez, que ya muchos seguramente ni querrán acordarse, era la temida década de los 80 en el Perú. Era una época en donde era común hablar de los coches-bombas, los toques de queda, la escasez de alimentos, la superinflación y los apagones forzados por algún atentado terrorista. Aunque toda la situación era angustiante y caótica, recuerdo que yo lo veía todo como algo normal y, aunque suene algo ilógico, lo que más me gustaban eran los apagones. 

Era el momento en que mi familia estaba reunida en casa y nos poníamos a conversar o a jugar mientras esperábamos a que regresara la luz. Recuerdo que me ponía a jugar haciendo sombras con las velas mientras que mi oba me miraba desde su sillón. Recuerdo que hacía todo tipo de sombras: una paloma que volaba, un perrito que ladraba o el perfil de un viejo y así me la pasaba jugando solita hasta que la luz regresara. De cuando en cuando, volteaba para ver si mi oba aún estaba sentada en su sillón. Ella se quedaba tan quieta, casi en silencio, mientras me miraba como jugaba que a veces creía que ya no estaba. Entre esa penumbra entrecortada por las velas, podía distinguir su rostro. 

Podía ver que seguía mirándome, con una ligera sonrisa, como si estuviera recordando algo muy bonito. Mientras yo jugaba haciendo sombras con mis manos, mi oba también se entretenía jugando con sus dedos, pero a su manera. 

Sus manos estaban juntas y había entrelazado sus dedos entre sí, dejando los pulgares libres. Movía los pulgares de manera circular y repetitiva, como si estuviera enrollando un hilo imaginario con sus pulgares. Era una costumbre que repetía cada vez que se sentaba en su sillón sin hacer nada. Era una costumbre curiosa que veía en mi oba, pero nunca me atreví a preguntarle el por qué lo hacía. 
Hasta ahora no he visto a otra persona que haga el mismo “juego de pulgares”, como así lo llamo, solo lo he visto hacerlo a mi oba y a un tío. 

Ambos eran de Yonabaru (Okinawa), ambos eran fumadores y siempre lo hacían cuando estaban sentados y sin hacer (ni fumar) nada. ¿Será una costumbre de fumadores “en abstinencia”? ¿Será una costumbre de la gente antigua de Okinawa? ¿O, simplemente, es un juego inventado en el momento? En fin, es una curiosidad tan simple, hasta diría banal, pero aún me causa algo de curiosidad... 

Después de un par de horas, vino la luz. Mi oba se levantó del sillón y, junto con mi mamá, apagaron todas las velas, incluyendo aquella con la que estaba jugando y las guardaron para usarlas en el siguiente apagón. Muchas veces recuerdo que mi oba solía sentarse en el sillón en silencio. A veces miraba el vacío como quien recuerda algo. Una leve sonrisa dibujándose sobre su rostro de cuando en cuando me hacía creer que era un recuerdo muy bonito. 

Recuerdo que lo hacía cada vez que me miraba mientras yo jugaba sentada en el suelo de la sala, como si yo fuera parte de ese recuerdo. A veces jugaba con mis muñecas u ositos y, otras veces, jugaba con mis ollitas y tacitas de té, que eran mis juguetes favoritos. Pero ya una vez que crecí, todos mis juguetes y mi colección de ollitas fueron regalados, o quizás, se fueron perdiendo. Cada vez que veo alguna propaganda de ollitas de juguetes, recuerdo con nostalgia aquellas ollitas, en donde no solo cocinaba para mis ositos, sino también, ponía a volar mi imaginación. 

Ahora que soy adulta y comprendo mejor las cosas, creo que esa nostalgia que siento es la misma que mi oba sentía cada vez que me miraba mientras estaba jugando. Seguramente mi oba recordaba su infancia, cuando jugaba con sus amigas o se inventaba algún juego nuevo. Ella tenía mucha imaginación. Sabía cómo transformar un simple trozo de papel o un trozo de cuerda en algo divertido. 

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Imagen tomada de Photozou
Ayatori o Ayatui
(rombos o "cocadas", como se llama popularmente en el Perú a dichas formas geométricas)
Recuerdo el día en que mi oba se me acercó trayéndome un trozo de lana. “Con esta pita puedes hacer muchas figuras”, fue lo que me explicó mientras se colocaba la pita entre sus dedos. Unas vueltas por aquí y otras por allá y, de repente, tenía algo parecido a una escoba formada solo con los hilos entrelazados entre sus dedos. Me enseñó a hacerlo y ya por la tarde, yo era toda una experta con la pita y ya sabía hacer por mí misma escobas, rombos (o "cocadas", como las llamaba mi mamá de pequeña) y otras figuras geométricas. Estaba tan entretenida que ni me daba cuenta que estaba jugando con una simple pita. 

Era un simple trozo de lana que mi oba había anudado por ambos extremos y siempre la llamaba “pita”. Hasta ahora, que hasta hace unos días encontré por casualidad una website en japonés en donde aparecía la pita de mi infancia. Descubrí que esa pita es un juego que no solo se jugaba en Perú, sino también en Japón y en otras partes del mundo. En japonés se llama Ayatori y en uchinaguchi, Ayatui, pero en mi casa siempre la llamábamos “pita”. 

Seguí mirando los otros juegos que mostraba y me sorprendí que habían muchos juegos okinawenses (y japoneses) que se parecían mucho a los juegos que mi oba y mi mamá me enseñaron de pequeña, en donde su singularidad radicaba precisamente en su simplicidad y sencillez. Lo simple y sencillo de un juguete era lo que hacía volar la imaginación a los niños en una época no muy lejana y que parece que ya solo es parte de un recuerdo opacado por la tecnología. 

En aquellos tiempos en donde no existía ni la televisión ni los videojuegos, los niños de Okinawa maduraban mucho más rápido. Desde pequeños, sabían que tenían que ayudar a sus padres en los quehaceres domésticos o en las chacras. Era parte de la vida cotidiana, era algo natural. Pero como todo niño aún es un niño, siempre que podían, jugaban con los amigos o con los juguetes que tenían o que ellos mismos se fabricaban con cualquier cosa que podían encontrar a la mano. Y su propia imaginación hacía el resto. La naturaleza misma era lo que estaba a la mano: habían muchos árboles para trepar y jugar así como plantas de las cuales podían utilizar las hojas o las ramas para fabricar sus propios juguetes. Aunque seguramente estos juguetes artesanales o rudimentarios no durarían mucho, la diversión estaba precisamente en su efimeridad: los niños se entretenían recolectando los materiales y podían pasar un par de horas confeccionando su futuro juguete.

Kajimaya o molino de viento
Imagen tomada de Ajimaa
Estos juguetes rudimentarios eran hechos mayormente con las hojas de distintos árboles tanto por los mismos niños o por los adultos, sobretodo cuando los niños eran muy pequeños. Por ejemplo, con un par de tiras de las hojas del árbol Adan se fabricaban los kajimaya ("molino de viento" en uchinaguchi). No solo los niños jugaban con los kajimaya, sino también la gente mayor, aunque  de manera simbólica. En Okinawa, existe una celebración llamada kajimaya que se realiza cuando una persona cumple 97 años, entregándole un kajimaya ("molino") hecho con hojas de Adan que simboliza su regreso a la infancia; puesto que se cree que la persona vuelve a ser niño otra vez cuando cumple los 97 años. 

Imagen tomada de Yorontou Kankou Gaido (Guía de Turismo de las Islas Yoron)
Mukashi mushikago (literalmente, "jaula para insectos antigua". Las jaulas actuales están hechas de plástico y se le llaman mushikago)
Con las hojas del Sotetsu se podían fabricar pequeñas jaulas llamadas mukashi mushikago para guardar a los insectos que cazaban hasta que llegaran a casa, aprovechando la forma de la hoja, parecida a las hojas de las palmeras, que al entrelazarlas entre sí misma, dejaban pequeños espacios abiertos suficientes para que el insecto pueda respirar. 

Imagen tomada de Yorimichi Shashin Nikki 寄り道写真日記
Collar hecho con las semillas del  Jyozudama
También se usaban las hojas para fabricar prendas de vestir provisionales como gorros o sandalias, aprovechando la suavidad y resistencia de las hojas del Wakuji. Pero no solo las hojas servían, también se podían utilizar las semillas y crear pequeños silbatos con las semillas del Sotetsu o del Yarabu. O también, las semillas del Jyozudama, que parecían unas cuentas de cristal y que podían ser enhebradas una detrás de otra, creando collares o pulseras que las niñas lucían orgullosas. 

Realmente, no puedo dejar de asombrarme cuánta imaginación e ingenio de los okinawenses para fabricar tantas cosas útiles (y divertidas) a partir de una simple hoja o semilla. Pero, para los niños realmente no importaría de qué está hecho un juguete, porque con la misma imaginación de los niños, basta y hasta sobra. 

Y a propósito de la infancia, ¿quién no se acuerda de los juegos grupales, en donde la diversión ya no radica tanto en la imaginación, sino en el deseo de los niños por compartir (y competir). En Lima había un juego conocido como "Mundo", que muchas veces he jugado en mi casa y en el colegio, pero que actualmente ya casi no se ve, como la mayoría de los juegos que estamos recordando. En Okinawa y en Japón también se jugaba el "Mundo", conocido como "Kenkenpa", que consiste en avanzar saltando sobre un solo pie a través de cuadrados dibujados sobre el piso.

Kenkenpa
Imagen tomada de Suzume no Kurashi

El nombre de Kenkenpa viene de "ken" que significa "un solo pie" y "paa", que significa "ambos pies", algo muy lógico, puesto que se salta con un solo pie (ken, ken...) hasta llegar a la meta (¡paa!). Según un diccionario de uchinaguchi, en Okinawa hay un juego que consiste en saltar con un solo pie, mientras se sujeta con una mano el otro pie por la espalda y se le llama Giitaa, pero no he podido encontrar otra información adicional, por lo que no sé si el Kenkenpa y el Giitaa okinawense resultan ser el mismo juego. 


Imagen tomada de Wikipedia
Yaces
O, ¿quién no ha jugado con los "yaces" o "yaxes", aquellas estrellitas tridimensionales de metal o de plástico colorido que se jugaba con una pelotita? En Japón, también se solía jugar un juego similar a los yaces, conocido como Otedama, que eran unas bolsitas de tela rellenas con frijoles azuki que servían para darle consistencia a la bolsita. En Okinawa, se llamaba, más bien, Ishinaaguu, porque en lugar de frijoles, debido a la escasez de alimentos, se solía rellenar las bolsitas con pequeñas piedras. Así como los yaces, la gracia del Otedama y del Ishinaaguu consistía en lanzar las pequeñas bolsitas y cogerlas en el aire antes que caigan al suelo. Era un juego más para niñas. 

A continuación, un video en donde se muestra cómo se juega el Otedama

Y sin dejar de lado a los chicos, también hay algunos juegos que solo lo jugaban los niños: las canicas o bolitas y los "hitazos" lo que en Perú se jugaba casi recientemente, por la década de los 90. En Japón se conoce a las canicas como "Biidama" y en Okinawa, "Tamagwaa" y, como nunca he jugado con canicas, no sé cómo se jugaba, pero creo que el objetivo era "comer" la canica del contrincante. 
Biidama o Tamagwaa
Imagen tomada de Kusa Jiro no Kusa Nikki
Casi del mismo modo pasaban con los hitazos en el Perú de los 90. Recuerdo que había un chocolate que regalaba unas figuritas de plástico en forma de moneda lamadas "hitazos" y que servían para jugar entre varios amigos. Se tenían que lanzar cada hitazo sobre una pila de hitazos y ganaba quien pudiera derribar la mayor cantidad de hitazos. El premio era quedarse con los hitazos, que estaban decorados con personajes de los dibujos animados de moda que salían en la TV. En Japón había un juego parecido que se llama Menko y se jugaba similarmente a los "hitazos" de Perú: la misma técnica y objetivo y, naturalmente, el ganador se quedaba con las tarjetas de sus oponentes (eran unas tarjetas de cartón duro que estaban ilustrados). En Okinawa se les llamó Pacchii
Como se dice, "recordar, es volver a vivir". ¡Qué nostalgia recordar aquellos juegos de infancia que alguna vez hemos jugado, sea con amigos o solo! Ahora, los niños juegan solos o con los amigos, pero casi siempre, frente a una pantalla, sea de videojuegos o de la computadora; dejando de lado, muchas veces, a la imaginación. Los juguetes del ayer, realmente, eran mejores: estimulaba la imaginación y nos servía para conocer a nuevos amigos o frecuentar a los amigos de siempre. Ahora, más bien, parece que tendremos que conformarnos con recordarlos solamente, aunque con algo de nostalgia.


NOTA:Para escribir este post, me tomó algo de tiempo en buscar la información, puesto que el uchinaguchi no tiene una representación escrita estándar, sea en romaji (japonés romanizado) o en katakana y, además, no encontré mucha información sobre el tema. Por todo esto, quisiera mostrarles la forma de escritura de los diversos términos en  uchinaguchi mostrados en este post tal como aparecen en las fuentes que he consultado (no puedo asegurar si es la forma estándar o una variante regional), así como algunas palabras japonesas con sus respectivos kanji:
  • Adan:   アダン (en uchinaguchi y en japonés), conocido también  como Adanmugii アダンムギー o Azani アザニ en uchinaguchi. En español se le conoce como Pandano y su nombre científico es Pandanus Tectorious. 
  • Biidama: ビー玉(ビーだま)
  • Gittaa: ギッター, también escrito como Giitaa
  • Ishinaaguu: イシナーグー  
  • Jyozudama: ジュズダマ, conocido también en uchinaguchi como Shidama シダマ, Tsudama ツダマ o Shishidama シシダマ. En español, se conoce como Lágrimas de Job. En japonés, Juzudama 数珠玉 o ジュズダマ. 
  • Kajimaya: 風車 (molino), カジマヤー (celebración de los 97 años) 
  • Kenkenpa:  ケンケンパー 
  • Menko: メンコ 
  • Mukashi mushikago: 昔 虫かご     
  • Pacchii: パッチー  
  • Sotetsu: ソテツ (en japonés), conocido en uchinaguchi como Suchichi スチチ o Totetsu トテツ o Suutiichaa スーティーチャー. En español se le conoce como Cica del Japón o Palma de Iglesia. Nombre científico: Cycas Resoluta. 
  • Tamagwaa: タマグヮー (en uchinaguchi, "Tama": bola y "gwaa": pequeño, chiquito).
  • Wakuji: フクジィ, conocido en uchinaguchi como Pukuki プクキ o Wakunki フクンキ. En japonés, Otogirisouka 弟切草科 y en español, Hierba de San Juan Erecta y Mala Hierba Otogiri.  Nombre científico: Hypericum erectum
  • Yarabu: ヤラブ, conocido también como Yarabo ヤラボ o Yarabugi ヤラブギ en uchinaguchi. Su nombre científico es Calophyllum inophyllum y se le llama Terihaboku テリハボク en japonés y Laurel Alejandrino en español. 


PARA SABER UN POCO MÁS:

FUENTES: 

martes, 26 de noviembre de 2013

¿Alguien se Acuerda de Algún Bakatare? (Algo de Historia Detrás de Un Pequeño Recuerdo)

Ay no, ese bakatare ya se lo llevó…” fue lo que dijo mi mamá al ver que un señor se le adelantó para coger la última caja de leche que había en el estante y que justamente estaba de oferta. No quedó otra opción que comprar otra leche. 
Mientras caminábamos hacia la caja para pagar, no podía dejar de sonreírme de cuando en cuando recordando al “bakatare” que se llevó la leche, aunque mi mamá todavía lo recordaba con cierta molestia, porque al final tuvimos que comprar otra leche con precio normal. 

Mi mamá, así como mi oba, solían usar la palabra “bakatare” (que en japonés significa “tonto”) a todas las personas que les cayeran mal, aunque en este caso, el señor de la leche no era ningún “bakatare”, sino más bien, un "vivo", pero con su osadía de adelantarse a coger la leche antes que mi mamá ya lo convertía en uno más. 

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Mi oba solía llamarnos "baka" o bakatare" cuando hacíamos alguna travesura, pero más eran las veces que la escuchaba decirme que yo era "iiko" ("buena niña" en japonés).
Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que escuché la palabra “bakatare”. Para mí, “bakatare” no es un insulto, sino una palabra que me remonta a las épocas de infancia que pasé con mi oba. Una época llena de nostalgia y recuerdos. 

Cuando era muy pequeña, recuerdo que mi oba y mi mamá solían hablarme cariñosamente para hacer las cosas, ya sea para ir al baño, para bañarme o comer toda la comida. Hasta llegaban a inventar alguna que otra canción. Aún recuerdo una canción que mi mamá se inventó para cuando me llevaba al baño. Yo apenas tenía unos cinco años y siempre me quedaba dormida esperando a mi mamá. Cuando ella llegaba de la tienda, siempre me despertaba para llevame al baño, mientas me cantaba una pequeña canción improvisada que decía: 
Oshíkko shitá kaná…shhhh…oshíkko shitá kaná” (おしっこ した かな... shhhh... おしっこ した かな)
Hasta podría decir que tenía hasta ritmo, porque aún lo recuerdo y a veces, lo tarareo inconscientemente. En español sería "¿Orinaste?... shhh... ¿orinaste?", en donde el "shhhh" representaba el sonido de la orina que caía y que para hacerlo más tierno, me lo cantaba así “Ochiiiíkkooo chitá kaná…shhhh…ochíiikko chitá kaná”, cambiando todas las “sh” por “ch”. 

Y cuando escuchaba que ya estaba orinando, al final me preguntaba “Ochikko chita?” (¿Ya orinaste?) y yo, aún con los ojos cerrados, le asentaba con la cabeza varías veces un sí. Luego me llevaba cargada a la cama diciendo “Ahora, nen-nen” (que significaba ir a dormir en japonés para niños). 

Me lo hacía tan despacio que ni cuenta me daba de cuándo me llevaba al baño. Realmente, me gustaba cuando mi mamá me decía la palabra "oshikko", porque sabía que mi mamá iba a cargarme y se pondría a cantar. Aunque su significado no sea agradable, el término en sí resulta ser tan simple que me pareció hasta curioso cuando descubrí el por qué se dice así. "Oshikko", así como la canción que mi mamá se inventó, es una simple palabra que parece un juego de niños. “O” es el prefijo que denota respeto, “shi” representa el sonido del agua que corre y “ko” es el sufijo que sustantiva el término y significa “niño pequeño”. Aunque es simple, ¿verdad que resulta algo curioso? 

O recordando la palabra “bakatare”, que siempre escuchaba de mi oba cada vez que hacía alguna travesura, acompañándolo de una mirada seria pero que duraba muy poco porque al poco rato ya me estaba sonriendo. A veces solo me decía que era una “baká” o si estaba muy molesta, me decía “bakatáre”. Pero antes que yo naciera, mi mamá me contaba que mi oba siempre decía “¡Fúrimun!” (“tonto” en uchinaguchi) pero ya con el tiempo, prefirió usar el “bakatáre”, seguro porque denotaba mayor energía (o enfado) cuando lo pronunciaba. 

Cuando era todavía muy pequeña y no sabía escribir, siempre que escuchaba “baká” o “bakatáre”, me imaginaba mentalmente a una “vaca” y mi lógica infantil hacía una pequeña fórmula en mi cabeza “si bakatáre es una vaca y la vaca es un animal; entonces por eso, bakatáre significa tonto” y siempre creía que ser bakatáre era ser un animal (o mejor dicho, un tonto). Y aunque parece una explicación tonta (o "bakatare"), creo que no me equivoqué, porque los kanjis utilizados para representar al término bakatáre 馬鹿 precisamente son kanji de animales, en este caso, el kanji que representa al caballo 馬 (se pronuncia "uma") y al ciervo 鹿 (shika). Pero, habiendo tantos kanji que representan a "persona", "cabeza", "cerebro", "torpe" o tantas combinaciones que se pueden obtener y que pudieran representar a una persona tonta, ¿por qué se usaron kanji de animales, específicamente que representa al caballo y al ciervo? Hay una antigua leyenda china que puede aclararnos un poco. 

Cuando el primer emperador chino Qin Shi Huang falleció en el año 210 A.C. aparentemente habían dos posibles herederos al trono, su hijo mayor, Fusu, y Huhai, el hijo menor. Pero, quien realmente manejaba el imperio era su canciller Zhao Gao, quien ambicionaba tanto el trono del imperio, que optó por deshacerse de aquellos que lo estorbaban, es decir, Fusu y Huhai. Primero, engañó a Fusu, al mostrarle un documento falsificado en donde supuestamente su padre, el fallecido Qin Shi Huang, le ordenaba que se suicidara, un pedido que no resultó nada sorprendente, dada la reputación sádica y cruel de su padre. 

Fusu cumplió con el aparente “deseo” de su padre, dejando al pequeño Huhai como heredero del trono. Así, Huhai fue nombrado Segundo Emperador de China y recibió el nombre de Qin Er Shi. Pero el malévolo canciller Zhao Gao se encargó astutamente de la educación del nuevo emperador, enseñándole aquello que le convenía y llegando a manejarlo a su antojo como un verdadero títere, porque quien realmente manejaba los asuntos del imperio era Zhao Gao. 

Zhao Gao quería eliminar de todos modos al nuevo emperador, por lo que decide hacer un plan para saber quiénes lo apoyaban a él y quiénes apoyaban al emperador. Un día, Zhao Gao decide decide hacer un regalo al nuevo emperador. Le presenta un ciervo, haciéndole creer que era un caballo. El emperador no era tan tonto como Zhao Gao creía, ya que dudó de aquel regalo. “No es un caballo, es un ciervo”, dijo Huhai, ahora conocido como el emperador Qin Er Shin y para corroborarlo, preguntó a la gente que estaba a su alrededor. Algunos le confirmaron que era un ciervo, mientras que otros, que eran simpatizantes de Zhao Gao o que simplemente temían contradecirlo, afirmaron que realmente el ciervo era un caballo. Al final, de manera secreta, aquellos que contradecieron a Zhao Gao, fueron eliminados. 

Con el tiempo, esta leyenda dio origen al proverbio chino que dice “señalar a un ciervo y llamarlo caballo” (en chino, zhǐ lù wéi mǎ 指鹿為馬) y que posteriormente sería conocido también en Japón (en japonés, shika wo sashite uma to nasu 鹿を指して馬となす). Al parecer, este proverbio fue abreviado en una sola palabra que dió origen al término “baká” para designar a alguien tonto (es decir, a un tonto que confundió a un ciervo por un caballo). A pesar de los años, muchos detalles han sido olvidados en el tiempo con respecto a esta leyenda, por lo que no se sabe cómo fue que llegó a conocerse finalmente en Japón, quedando el kanji de "baká" 馬鹿 como el único recuerdo de ese posible origen tan antiguo.

Sin embargo, no se puede confirmar definitivamente que esta leyenda haya sido el origen del término baká o, por lo menos, de la forma cómo se escribe. Para un término tan simple y corto, existen muchas hipótesis que tratan de explicar su posible origen.

Se dice que el término "baka" viene del sánscrito, el idioma que utilizaban los monjes budistas en el Japón antiguo. Pero, no se sabe exactamente de cuál término, aunque se cree que se deriva del término moha ("tonto") y de mahallaka ("estúpido"). En cambio, hay otra hipótesis que afirma que "baká"es el término que se derivó de "wakamono" o "bakamono" y que aparece en documentos históricos japoneses del siglo XIV como el Taiheiki. Incluso, se afirma que el kanji de "baká" es ateji, es decir, solo son kanji tomados por su valor fonético, sin que tengan relación semántica alguna entre sí. Muchas veces, se suele escribir el término "baká" en katakana バカ o hiragana ばか, quizás para  disimular aquella controversia; pero, su uso se debe, más que nada, para enfatizar la intensidad del término (el katakana cumpliría la función de las letras capitales o mayúsculas o las comillas).

Después de todo, aún existe mucha controversia para un término tan simple y "tonto". Para mí, en cambio, es un término que me recordó, por unos momentos, la época que viví junto con mi oba.

FUENTES:
WIKIPEDIA
CARR, Michael. Baka and Fool. 1982. Otaru University of Commerce Academic Collections
JAPAN EXPLAINED FASQ. Why is baka (馬鹿- stupid) written with the kanji for horse plus deer? 


viernes, 22 de noviembre de 2013

Un Pequeño Recuerdo: Los Camotes Sancochados de mi Oba

"Y ahora, ¿qué vas a comer?" fue lo que me preguntó mi mamá cuando estábamos de compras en el supermercado. "Hmmm, no sé" le respondí mientras acariciaba disimuladamente mi estómago. El fin de semana pasado me inventé una receta y preparé unos tallarines con champiñones y leche. Con solo mencionarlo, suena hasta delicioso, pero realmente fue una mala combinación. Al día siguiente me levanté con una tremenda indigestión por culpa de la leche que me sentía como si hubiera tomado miles de litros de gaseosa. 

Con el hambre que tenía, había olvidado que la leche me cae mal, sobretodo de noche. Yo seguía acariciando mi estómago, que de por sí ya lo sentía hinchado de solo escuchar cualquier cosa que sea comida. "¿No quieres comer camote sancochado en el desayuno?" finalmente me preguntó mi mamá, al verme que me quedaba callada mientras caminábamos por los estantes. “No quieres ni frito?” Aunque ella ya sabía cuál iba a ser mi respuesta, siempre me pregunta lo mismo. 

Al final, nos fuimos a la sección de verduras y compramos paltas para el desayuno. Desde hace un par de años, no puedo comer embutidos, comidas picantes, gaseosas o mariscos o leche entera o cualquier comida que sea muy estimulante para mi estómago; aunque de vez en cuando, como se dice, "no pasa nada". 

Recuerdo la época cuando estaba estudiando en la universidad y solía comprarme hamburguesas en el quiosco de la facultad, le echaba bastante ají o rocoto y siempre lo acompañaba con alguna gaseosa. O cuando tenía más o menos unos 7 años y solía tomarme una Fanta con galletas de soda como lonche o las sopas instantáneas que mi hermano mayor preparaba para comer mientras veíamos “La Dimensión Desconocida” o; si todavía no teníamos mucha hambre, se daba tiempo para preparar pollos fritos mientras esperábamos a que mi mamá regrese de la tienda (en aquellas épocas todavía no existía el delivery en Lima y el pollo frito era lo único que mi hermano sabía cocinar). 

Aunque todavía era muy chiquita para usar la cocina (creo que tenía unos 7 años) yo también sabía “cocinar”, según yo. Recuerdo que a mi hermano le gustaba comer las galletas de soda que yo misma untaba con mantequilla y bastante mermelada y esto era lo único que sabía “cocinar”. Por aquellas épocas, mi oba ya era mayor y no podía prepararnos la comida, por lo que mi mamá siempre nos dejaba la comida ya preparada antes de irse a la tienda. 

A pesar que mi mamá siempre andaba ocupada por la tienda y los quehaceres de la casa, hasta ahora me pregunto cómo hacía para tener tiempo y prepararnos comida de calidad, sobretodo en una época tan dífícil como fue la década de los 80. Mi mamá se levantaba temprano para prepararnos leche de soya, tortillas con cebollita china o de hot-dog. Y muchas veces, me preparaba pollos fritos o salchipapas cuando tenía algún paseo en el colegio. Y a pesar que teníamos una tienda, nunca me ponía galletas o chocolates o gaseosa en la lonchera. Me preparaba jugo de manzana, naranjada (jugo de naranja aguado, porque era alérgica a los cítricos) o Milo con agua. 

Recuerdo que ella me daba de comer al mediodía antes de irse a la tienda, porque de otro modo, yo no terminaba de comer. A veces me ponía un muñeco de plástico encima de la cuchara para que comiera. Se esmeraba bastante en nuestra alimentación, siempre se preocupaba por nosotros, porque a pesar que comíamos bastante, siempre estábamos delgados. 

Recuerdo que nos llevaba al pediatra con frecuencia y el médico siempre le decía “no se preocupe, que así es la contextura”. Pero, mi mamá siempre insistía en que nos recetara algún tónico. Y así fue como crecimos, entre comida sana (de mi mamá) y algún que otro tónico. Ya con el tiempo, me he olvidado de los hot-dogs o pollos fritos para el desayuno, como los hacía mi mamá y ahora, me inclino por las paltas, la mantequilla “light” o los huevos sancochados, todo por la salud de mi estómago.

Ayer por la mañana, mi mamá botó a la basura un camote que había comprado la semana pasada y se había malogrado. “Mottainai... por qué no comiste camote?” fue lo que me dijo cuando nos encontramos en la cocina. “¿Y por qué tú no lo comiste?” fue lo que le contesté antes que ella me dijera “A oba le gustaba comer camote sancochado en desayuno…”  Y ahí fue que comenzó a recordar, o mejor dicho, a hacerme recordar las veces que veía como mi oba sancochaba camotes para el desayuno. 

Era paradójico. Mi oba tenía un cafetín (a la que llamábamos de cariño, la “tienda”) en donde preparaban diversas clases de sándwiches. Había un estante especial dentro del cafetín en donde estaban colgados los embutidos, los hot-dogs, salames y jamones. También habían moldes de quesos frescos o fundidos, pollo asado, asado de res con sarza criolla; en fin, había tanta variedad que me costaba algo de trabajo decidirme por alguno de ellos cada vez que iba a la tienda en la hora del lonche. 

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Reunión en donde aparece mi oba (primera, lado derecho).
En las reuniones, se acostumbraba comer comida japonesa, pero en casa, mi oba solía preparar comida sencilla y muy casera.
Pero aún asi, mi oba no cambiaba por nada sus camotes morados sancochados. Solía lavar bien la cáscara y partirlos por la mitad. Los sancochaba hasta que la cáscara quedara tan delgada que pareciera que se deshaciera. Solía acompañar los camotes con un pan tolete y una taza de café con leche. Algunas veces venía mi tío, quien también había venido de Okinawa y nos acompañaba en el desayuno, pero él prefería comer, más bien, unos huevos fritos con la yema sin reventar y dos panes toletes, junto con una taza de café negro. Nunca lo ví comiendo camotes sancochados, solo a mi oba. 

Mi mamá siempre me decía que los camotes eran la comida más barata cuando mi oba era pequeña y que, por eso, ya se acostumbró a comer camotes. Yo, simplemente, la veía cómo comía y pensaba sobre cómo podía comer camotes sancochados, algunas veces hasta con cáscara. Y yo en cambio, desde pequeña era muy quisquillosa con la comida y me había acostumbrado a comer frituras o embutidos. “¿Y mi oba no va a comer pan con hot-dog?” es lo que a veces le preguntaba a mi mamá, pero siempre me decía “No, oba prefiere el camote morado sancochado, ya es su costumbre”. Ahora, pensándolo bien, creo que más que comer camotes morados porque le gustaba, creo que más bien lo hacía por costumbre. Creo que era una costumbre que le hacía recordar aquellas épocas de niñez en Okinawa. 

Mi mamá me contaba que no siempre comía camotes en el desayuno. Cuando mi oba era más joven, mi mamá recuerda que solía prepararse panqueques, solo con harina y agua y cuando iba al mercado y veía que el pescado estaba fresco, compraba pejerreyes y los freía con cabeza y espina y los comía con pan. “Las espinas son muy vitaminosas”, es lo que siempre decía. Muchas veces pensé que era una comida de Okinawa, pero al final descubrí que el “pan con pescado” lo había aprendido de los mozos que trabajaban en la tienda. 

Lo único que recuerdo es que yo solo la miraba cuando tomábamos el desayuno. No sé por qué nunca me han gustado los camotes sancochados. Quizás me llenaba de solo verlos en la mesa todos los días. O, quizás inconscientemente, eso de que era la “comida de pobres”, era lo que hizo que no me gustara. Hasta ahora, no sé. Aún así, no me gustan los camotes sancochados. 

“¿Será por eso que se usa mucho el color morado en Okinawa? He visto que se usan mucho los hachimakis morados en Okinawa” Recuerdas que te conté que Okinawa salvó a Japón de la hambruna con sus camotes morados?(*)... ¿Será que por eso usan tanto el morado en honor a los camotes?”, a modo de broma, fue lo que le comenté a mi mamá mientras estábamos desayunando esta mañana, recordando a propósito del camote que mi mamá tiró a la basura. “Jajaja, ¡cómo va a ser!” a lo que siguió una pequeña pausa con una seriedad que parecía decirme “¿Será...?” Continuamos tomando el desayuno, mientras untaba la palta sobre el pan. Mi mamá parecía que seguía intrigada por el comentario de los hachimakis y los camotes. 


(*) Cuando el camote morado fue traído desde Okinawa a Japón, su cultivo se propagó rápidamente en el archipiélago, lo que ayudó a combatir la gran hambruna que azotó a Japón en 1733). En: Okinawa y los Aportes Culturales y Gastronómicos a Japón (Parte I)

-Mottainai=expresión japonesa que significa "¡Qué pena! ¡Qué desperdicio!"
-Oba= abuela (en japonés)
-Milo (marca de chocolate en polvo)
-Hachimaki = cinta de tela que se anuda en la frente

viernes, 15 de noviembre de 2013

El Hermano que me Permitió Vivir (Un Pequeño Recuerdo)

Hace unas semanas le había enseñado una foto antigua a mi mamá. Cada vez que encuentro una foto antigua, siempre tengo la costumbre de enseñársela a mi mamá y preguntarle acerca de la foto; sobre quiénes son los que aparecen en ella, qué celebraban en esa ocasión o simplemente, qué es lo que puede recordar de esa foto. Pero creo que esta vez mi curiosidad fue inoportuna. 
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Foto tomada como recuerdo de la despedida de un familiar.
Posiblemente fue tomada en Barrios Altos.
(Fecha: 15 de enero de 1953)
En esta foto aparecía mi oba y mi oji paterno junto con mi papá, que por aquella época tenía apenas unos 16 años. “¡Qué curioso!” fue lo primero que pensé en voz alta al ver la foto. “Mi oba sale en la foto toda seria, hasta parece molesta. ¡Y justo a su lado sale mi papá! ¡Quién lo diría! mi oba sale casi junto con el chico que sería su futuro yerno dentro de casi 20 años!”. “!Mira mamá!”, le pasé la foto a mi mamá. Ella se estaba colocando sus lentes, mientras yo le decía “si conocías a mi papá desde hace tiempo, por qué no te casaste antes con él y esperaste tantos años? Si lo hubieras…”. Y de pronto, levantó el rostro y me clavó la misma mirada que tenía mi oba en aquella foto, aunque solo duró por unos breves segundos, fue suficiente como para detener mi inoportuno o, quizás hasta inocente, comentario. No dije más y solo atiné a entregar la foto y esperar pacientemente a que me dijera lo que se acordaba. Luego de unos minutos de haber mirado la foto en silencio, solo dijo “esa foto es antigua, ¿de dónde la sacaste?”. No le pregunté más acerca de la foto y regresé a mi escritorio. 


Solo me dijo que era una reunión de despedida a un familiar que también se apellidaba Tsukayama y que por eso aparecía mi oji con mi papá, o mejor dicho, el chico que después de casi 30 años se convertiría en mi papá. 

Desde que era muy pequeña siempre tenía muchas preguntas, pero no aquellas preguntas que casi todos los niños preguntan “¿de dónde vienen los niños?” o “¿por qué los niños juegan con carritos y las niñas, con muñecas?”; sino aquellas que tenían que ver más con mis papás: “¿por qué los papás de mis amigas son más jóvenes?” o “¿por qué te casaste tan tarde con mi papá?” o quizás el “¿por qué mis hermanos tienen álbumes llenos de fotos, incluso con mi papá y mi oba y yo apenas tengo unas cuantas y ninguna con mi oba o mi papá?” (que ya en un post anterior, les había explicado el por qué tengo tan pocas fotos en mi infancia). 

Siempre mi mamá me respondía que era porque mi oba les hizo el omiai a mi papá y a mi mamá y por eso se demoró en casarse. Mi oba era un poco "estricta" en eso de encontrar el esposo ideal a sus hijas y, en este caso, para mi mamá. El futuro yerno tenía que ser japonés (o, por lo menos, hijo de japoneses), tenía que ser muy trabajador y tranquilo (como se dice comúnmente, un chico sin vicios) y si era hijo de algunos de sus amigos o conocidos (de la colonia*), pues, mucho mejor. Aunque en la época en que fue tomada la foto, mis papás aún eran demasiado jóvenes y no había prisa por casarlos. Pero, ya los años pasaban (y pesaban) y ya se sentía esa presión “social” por casar a los “chicos”. Mi oba ya estaba aburrida de escuchar eso de “¿cuándo se casa tu hija?”, además que mi mamá es la menor de todos los hermanos y la única que estaba soltera. 

Quizás fue ese el motivo que animó a mi oba a conocer un poco más a ese chico, que era el hijo de ese nisan a quien siempre veía en las reuniones de la prefectura o de la colonia y conversar con su padre para concertar un omiai “moderno” entre su hijo y su hija (mi mamá), en plena década de los 70 y en el Perú. 

Mi papá trabajaba con mi oji en la tienda que tenían en La Victoria y eso le gustaba a mi oba. "Es muy trabajador y ayuda mucho a su otosan. Eso me gusta". Y así fue como mi oba se fue encariñando poco a poco con ese chico y lo invitaba a la casa para que conociera a mi mamá. Y como si fueran cómplices mi oji y mi oba, poco a poco auyudaron a que creciera el amor entre mis futuros papás hasta que se concretó en matrimonio.


Era como si mi oba hubiera buscado al mejor galán para mi mamá, y creo que tuvo la mejor elección. Hasta recuerdo que mi mamá me dijo que mi papá era "buenmozo y hasta parecía un artista de cine". Bueno, el amor es así de romántico y hasta empalagoso. 

"¡Ah... por eso era que se casaron tarde!”, fue lo que terminé diciendo mentalmente cuando mi mamá se animó a contarme cómo fue que conoció a mi papá, o mejor dicho, cómo fue que mi oba conoció a mi papá y se lo presentó a mi mamá. “Y por qué la diferencia de edad entre mis hermanos es de solo 1 año y conmigo, son como 8 años?” “Ah, eso ya es otra cosa”, es lo que mi mamá me respondió casi sonriéndose, como quien se acuerda de alguna travesura. 

“Pensábamos tener solo a dos niños pero al final, llegaste de “casualidad”. Ni siquiera sabía que estaba embarazada de ti”. Y me lo dijo con un tono de tranquilidad y mirando al vacío, como quien se estuviera acordando de algo mientras esbozaba de cuando en cuando una pequeña sonrisa. No sé como tomarlo. Si debo de sentirme contenta o quizás, incómoda. Pero al final, sé que si bien mi llegada fue inesperada, sé que me quisieron mucho desde que nací, por las anécdotas que mi mamá me contaba desde que era pequeña, lo que significa que se acuerda más de los anécdotas o buenos momentos que de las travesuras que yo hacía.

Mi mamá me contaba que acudió al ginecólogo cuando experimentó los primeros síntomas del embarazo, pensando que ya estaba empezando la menopausia, sin imaginar que yo ya estaba formándome tímidamente dentro de ella. El ginecólogo, que solo sé que se llamaba Sato, confirmó mi existencia y le recomendó que tuviera mucho cuidado, no solo para ella misma, sino también a mí; puesto que ya pasaba los 45 años y había muchos riesgos de salud para ambas. Recuerdo que mi mamá siempre me contaba que todos creían que yo iba a ser un niño, porque mi mamá sentía las tremendas patadas que le daba dentro de su vientre y siempre bromeaba a todos diciendo que yo iba a ser un gran futbolista. 

Por aquellas épocas no se acostumbraba a hacer ecografías, así que la única manera de saber si era niño o niña, era por los latidos del corazón. El ginecólogo que atendía a mi mamá se apellidaba Sato y le dijo, según los latidos de mi corazón, que sonaba tan fuertes como un tambor de guerra, que era niño, pero luego confirmó lo contrario a medida que iba creciendo. 

Mi hermano mayor estaba muy ilusionado con mi llegada, pues creía que iba a tener otro hermanito con quien jugar. Mi mamá me contaba que cuando apenas tenía días de nacida, mi hermano mayor solía mirarme fijamente cómo dormía cuando regresaba del colegio. Me cuenta, entre risas, que ni bien llegaba del colegio, mi hermano dejaba la mochila a un costado y se paraba al lado de mi cuna para mirarme cómo dormía. “Se le veía tan tierno a tu hermano cuando te miraba tan fijamente, como si fueras un fenómeno” era lo que mi mamá siempre me decía cuando se acordaba de esas anécdotas. Hubiera preferido que me cuente que “mi hermano pasaba horas mirándome de lo tierna que me veía durmiendo", antes que decir que me miraba porque parecía “un fenómeno”. En fin, así es mi mamá, contando la historia tal como sucedió y como fue, así que le agradezco su honestidad. 



Pero, ese no es el único recuerdo que tengo desde que era pequeña. Creo que tenía unos cuatro o cinco años cuando tuve un sueño que me impactó mucho, incluso hasta hace un par de años atrás. Había soñado con un hombre ya mayor que estaba cogiendo del tobillo a un niño recién nacido y me lo mostraba. El niño estaba cubierto en sangre y lloraba, pero no recuerdo que hubiera escuchado el llanto, solo sabía que estaba llorando. Cuando desperté se lo conté mi mamá y a mi oba. 

Esa misma noche, mi oba colocó debajo de mi almohada un par de tijeras de metal con las puntas hacia arriba, diciéndome que con esto, ya no iba a tener pesadillas. Y así fue. No sé si era una costumbre japonesa o si alguien le enseñó a mi oba, tal vez la empleada que era de pronvicia; pero mi oba era muy supersticiosa para ese tipo de cosas y ponía en práctica de todo. Hasta creo que mezclaba lo okinawense con lo japonés y lo peruano. Pero al final, resultó. Por simple coincidencia o sugestión, desde esa noche pude dormir tranquila y no tuve más ese sueño perturbador. Pero, hasta hace un par de años, seguí intrigándome el recuerdo de aquél sueño. Muchas veces he escuchado que si uno tiene un sueño y no puede olvidarlo fácilmente, es porque significa algo. 

Hace un par de años atrás, aquel recuerdo onírico no me dejaba tranquila. De cuando en cuando, aparecía en mi mente el recuerdo de aquel sueño (o quizás pesadilla, aunque realmente, esa vez que lo tuve, no recuerdo que haya estado asustada, sino más bien, tranquila pero impactada). Dentro de mí sentía que significaba algo… pero, ¿qué? 

En uno de esos días de siempre, le conté a mi mamá sobre aquel sueño que tuve hace más de 20 años atrás y que no sé por qué, no puedo estar tranquila. Se lo dije de frente, como quien le estuviera comentando acerca del clima mientras tomaba una taza de café. Pero, realmente, necesitaba descubrir qué significaba, ya no podía esperar más. ¿Necesitaba acaso algún psicoterapeuta o hasta quizás a algún vidente o yuta para que me aclare el significado de ese sueño que parecía que se aferraba fuertemente a mi memoria, para que no lo olvidara? ¿Qué significaba? 

Pero, así como le pregunté, ella también me lo respondió. Mi mamá por fin tuvo el valor de contarme lo que realmente significaba. Nuevamente, volteó la mirada y se puso a mirar el vacío, como quien quiere recordar el pasado como si fuera ayer, regresando hasta el día que nací. Repetía casi los mismos recuerdos que ya sabía, pero había un pequeño secreto que escondía, no por pena o vergüenza, sino como ella siempre me dice “porque no era necesario que lo supieras”. Mi mamá me contó que el día que nací, a las pocas horas o al día siguiente, no lo recuerda bien, pidió a la enfermera que la ayudara a ir al baño. En el baño fue que ella escuchó que se cayó algo. “Nunca me olvido” es lo que mi mamá me dijo, “era como un “pom” que cayó al suelo”, mientras colocaba ambas manos en forma de puño y las hizo caer pesadamente sobre sus rodillas, como para que me imagine lo pasó. “Me asusté mucho”, dijo “pensé que era un coágulo de sangre pero la enfermera me dijo que era un aborto”. Ese “pom” al que mi mamá se refería y que yo misma no puedo describir en palabras, era el hermano gemelo que se estaba formando al mismo tiempo que yo, pero quizás por la edad que tenía mi mamá, no se desarrolló completamente. Ese "pom", ese sonido fuerte, instantáneo, era mi hermano gemelo. Era como si ese hermano me hubiese dado la oportunidad de vivir, en lugar de él, pero no quería que lo olvidara y quizás por eso, tuve aquel sueño cuando tenía apenas unos cinco años, justo después que mi papá falleció. 

Desde ese día, todo tenía sentido. Era como si todo ya tuviera un por qué, más que nada, era un por qué de vida. Cuando era pequeña, mi mamá solía llevarme en octubre a la iglesia Las Nazarenas, en donde se encuentra la imagen del Señor de Los Milagros. Antes de ingresar, mi mamá siempre compraba un corazón de plata y lo dejaba como ofrenda mientras se ponía a rezar. Yo nunca rezaba; más bien, me distraía mirando a toda esa gente que entraba a la iglesia y vendía globos o turrones y, de cuando en cuando, miraba a mi mamá y veía que observaba a la imagen con una expresión de gratitud y hasta creo que era de alivio. Regresando a casa, siempre le preguntaba el por qué dejaba ese corazón de plata. 

Pero solo me decía “Es un agradecimiento” y no me decía más. Hasta ahora, que descubrí aquel secreto que escondía. Más que orar por aquel hermano que no pudo nacer, ella agradecía a la vida, la oportunidad que tuve por nacer. 

Para mí, era un secreto que ella guardaba por años; pero para ella, solo era un "incidente" que no valía la pena contárselo a la familia. Y así fue, nunca se lo contó a mi papá. Hasta creo que tampoco se lo contó a mis tías o tíos. Ese "secreto" solo lo sabía mi oba. Pero como no estaba formado, no le dieron mucha importancia. Tampoco le hicieron alguna misa o rezaron por él. 

Pero lo que todos sí sabían, era que mi nacimiento no era muy fácil. “Por eso te pusimos Milagros. Y Jacqueline, bueno, tu papá siempre quiso ponerte ese nombre”. Eso es lo último que me dijo mi mamá, como poniéndole fin a un cuento que sería el inicio de mi historia. Este secreto fue olvidándose con el tiempo. Quizas no era necesario. Nunca le dieron importancia a aquél “pom”, como mi mamá siempre lo describe. Pero yo siempre digo que era mi hermano.Y aunque tampoco suelo rezar por el alma de aquel hermano, siempre guardo dentro de mi corazón el recuerdo de aquel hermano gemelo que me permitió vivir.

LA SANBASAN (PARTERA) "MÁS FAMOSA" EN LA LIMA DE LA PREGUERRA: LA SANBASAN TOKESHI

La foto que muestro fue tomada el 27 de febrero de 1930.  Es una vista del patio de Lima Nikko en una ocasión especial.  En ese día, hubo un...