jueves, 25 de julio de 2013

Creo en Dios y Soy Supersticiosa: Un Aparente Sincretismo

“Soy católico pero no practicante”. Es la definición (o mejor dicho, la excusa) que seguramente hemos escuchado cuando se toca el tema de “¿eres católico? o “¿vas a misa?” 

En la esquina de mi casa vive una chica que es también nikkei y que participa activamente en la parroquia del barrio. Una noche, llegó a mi casa para hacernos una serie de preguntas, puesto que la parroquia estaba realizando una encuesta a nivel de barrio para determinar, seguramente, el número de creyentes que vivían cerca. Después de hacernos unas cuantas preguntas, entre ellas, nuestros nombres y edades, me preguntó si era católica, a la que respondí con toda la seguridad del mundo, pero terminé dubitativamente al decir: “esteee…no, peeero sí vamos a veces”, cuando me preguntó si iba a misa todos los domingos, aunque lo dijo en un tono más bien amigable que inquisidor.

Generalmente, me incomoda un poco cuando me preguntan si voy a misa, porque no voy fielmente todos los domingos y cuando les digo que lo hago de vez en cuando, una pregunta tan sencilla puede terminar en una pequeña discusión, en caso que mi interrogadora sea una persona “católicamente” tradicional, que ya tuve la oportunidad de conocer hace mucho tiempo. Si hay algunas personas se escandalizan al escuchar decir que alguien solo va a misa a veces, ¿cómo reaccionaran si escuchan a alguien decir que practica dos religiones a la vez? o si, en mi caso, les dijera que soy católica, pero también practico algunos ritos budistas y además de eso, también creo y practico algunas creencias okinawenses, que son mayormente supersticiosas y a veces, contrarias al catolicismo? 
Y creo que no solo pasa esto en mi casa, sino en la mayoría de las familias que tenemos ascendencia okinawense.

La mayoría profesamos el catolicismo, pero si tenemos un butsudan en casa, necesariamente debemos decir que también profesamos el budismo (en cierta manera). Aunque sobre esto último, creo que no profesamos el budismo por convicción, sino por tradición.

Sobre este tema, hay muchos investigadores nikkei-peruanos que han descartado la existencia de un sincretismo religioso entre la comunidad nikkei-peruana, puesto que solo practicamos el budismo por el tema del butsudan (que se centra en el culto a los muertos, desde la perspectiva okinawense) mientras que el catolicismo es profesado en casi todas nuestras actividades: hacemos misa por salud, nos casamos por la iglesia, mandamos a bendecir la casa o el negocio, entre otras; lo que demuestra el predominio de la fe católica. Y en el caso del budismo, específicamente en el caso del butsudan, solo es practicado para continuar con la tradición familiar, es decir, practicamos ritos que pertenecen a una religión específica, pero que nosotros lo tomamos como parte de una tradición.  
Pero hay algunas personas que no comprenden que puede existir una convivencia (casi armónica) entre dos religiones, o mejor dicho, entre una fe y una tradición; pero como ya es "costumbre" en mi casa, yo lo veo como algo normal y me cuesta algo de trabajo tratar de explicar el por qué soy católica y a la vez, pagana (con respecto a algunas creencias okinawenses). Les comparto algunos recuerdos que tal vez, podrían explicar mejor a qué me refiero.

Mi familia, paradójicamente, decidió ser católica por decisión de mi oba. ¿Será por la presión social, de no sentirse marginada en una sociedad mayoritariamente católica como el Perú o porque simplemente quiso ser católica, o tal vez porque frecuentaba a un grupo religioso en donde se reunía con amigos y terminó conociendo la fe católica? No lo sé. Mi oba decidió bautizarse y adoptar un nombre católico, tal vez para simplemente pasar casi desapercibida en una sociedad de tantos Pérez o López. Al bautizarse, decidió llamarse Isabelita y mi tío, Roberto. Nunca me acostumbré a llamar así a mi oba o a mi tío, solo cuando me encontraba con algunos vecinos (no nikkei, por cierto), preguntando “¿y cómo está tu abuelita Isabelita?”, ya sabía que se referían a mi oba. Para mí, era como decir que “Isabelita” o "Roberto" eran sus apodos. Pero yo,  simplemente la llamaba "oba" y "tío".

Recuerdo que ella tenía en su dormitorio varios libros pequeños, escritos todos en japonés, pero en la portada había una pequeña cruz dorada y en una de las páginas estaba representada la Virgen de Fátima. Al pie de su cama, había pegado una manualidad que mi hermano había hecho en el colegio. Era la imagen del Corazón de Jesús, que había sacado de un calendario pasado y que estaba enmarcado con cartulinas de colores y algo de escarcha. Y aunque el paso de los años ya se hacía ver en esa imagen, puesto que ya lucía desvencijada y desteñida, mi oba nunca la quiso retirar, y para que no se caiga de la pared, la pegó con goma, directamente a la pared. 

No me acuerdo quien empezó esa costumbre, si mi mamá o mi oba, pero desde que tengo memoria, cada vez que hacíamos alguna manualidad en el colegio, ya sea alguna tarjeta festiva o algún dibujo mal-hecho, siempre nos dejaban pegarlos en la pared, sea con goma o cinta adhesiva. Y en mi cuarto, mi mamá también había pegado una imagen de un Cristo con su rebaño, sacado también de un calendario viejo. Nunca nos dejó quitarlos, por más viejos, roídos o descoloridos que lucieran, siempre nos decían los mayores: “eso no se bota, ahí sale kamisama”, como si esos recortes de revistas o calendarios ya descoloridos fueran algo sagrados y por más que estuvieran, y lucieran, viejos, nunca podíamos deshacernos de ella, sino, nos hacían sentir como si fuéramos unos sacrílegos. 
Ya cuando mis hermanos y yo crecimos, esas imágenes descoloridas “desaparecieron". 

Pero lo que no pudimos hacer desaparecer, como arrancarlas fácilmente de la pared, fueron las creencias okinawenses que mi oba nos enseñó y que fueron (y son) parte de nuestra esencia como familia. 

Hay muchas creencias (sean japoneses u okinawenses) que podrían entrar en contradicción con la fe católica, como la cremación o los contactos con el más allá, pero que muchos la profesamos simplemente por tradición, para continuar preservando la memoria de nuestros antepasados a través de las costumbres o tradiciones. Por lo tanto, no puede existir sincretismo, más bien, existe una simple amalgama de culturas. 

Cuando era pequeña, veía que mi mamá oraba en frente al butsudan, pero siempre se persignaba al final. Y eso para mí era una clara evidencia que su fe católica primaba sobre la budista y que la forma como uno recuerda a sus antepasados solo lo practicamos por tradición. 
Partida de Bautizo de mi mamá (1953)
(Parroquia del Sagrario, Lima)


Entre el desorden de los álbumes familiares, había encontrado el certificado de bautizo de mi mamá del año 1953, es decir, ya había pasado la mayoría de edad cuando recibió este primer sacramento católico. Quise que mi mamá me contará la razón por la que se bautizó a esa edad, pero no se acuerda mucho. Lo único que se acuerda es que mi oba frecuentaba el Comité de San Francisco de Asís, que es un grupo de ayuda y en donde ella afianzó (y tal vez aprendió) los misterios de la fe católica. Le gustaba reunirse porque se encontraba con muchas amistades y compartían tal vez, experiencias de vida, o simplemente, conversaban con gente contemporánea y que vivieron lo mismo que ella: todas eran japonesas que habían llegado al Perú. Era la época en que mi oba participaba activamente dentro de las diferentes organizaciones de la colectividad, como Fujinkai, el Comité San Francisco, entre otras. 
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Título de la Foto: 
"Comité San Francisco 25 Aniversario de Fundación
9 de julio de 1950 - 9 de julio de 1975"
コミテ-サンフランシスコ創立廿五周年記念
1950年7月9日ー 1975年7月9日
 
Mi oba aparece sentada al lado derecho, 
la primera de la fila
En este grupo, mi oba recibió varios libros, como una pequeña biblia y algunos libros de oración, todos en japonés, y varias ediciones de un mismo libro, el antiguamente conocido “Sonrisas del Sol”, que relatan pequeños cuentos con personajes japoneses en situaciones que mostraban ejemplos de caridad, perdón, humildad, entre otros valores, y que fueron entregados a cada miembro del Comité para que los comparta (regale) entre sus familiares y conocidos que no sabían leer japonés. 

Algunas veces, mi oba regresaba a casa con varios furoshiki pequeños, trayendo diferentes dulces japoneses, para compartir entre la familia, especialmente nosotros, sus nietos, que aún éramos pequeños. Los había traído porque había regresado de un paseo, no sé si a la playa o al campo, o simplemente porque se reunieron en el mismo Comité, y como toda costumbre japonesa, las oba traían los dulces que “sobraban” a la casa (mi oba siempre llevaba en su bolso un furoshiki o una tela cuadrada grande, en caso que haya "sobrado algo" y tenga que envolver ese "algo" para traerlo a casa.) Y es que así era la costumbre de mi oba, y creo de muchos inmigrantes japoneses, que era la de compartir. Y no solo traía a casa esos dulces, sino que también nos traía algunas luces de la fe católica. 

En casa, cuando estaba sola en su dormitorio, veía que mi oba pasaba algunas horas leyendo la biblia que le regalaron mientras fumaba. Recordarla así me resulta un poco extraña, pero así era ella. Por lo que recuerdo, ella creía en la existencia de Dios, de alguien superior, pero también creía en la protección de los antepasados. Recuerdo que cada vez que alguien se asustaba en casa, especialmente yo, que aún era muy pequeña, ella (al igual que mi tío Sokuko, y quien también se convirtió al catolicismo) hacían unos ritos okinawenses, que ya casi nadie en la familia se acuerda. 

Cuando era pequeña, casi tuve un accidente automovilístico cerca de mi casa, y después que me curaron mis heridas, solo unos pequeños raspones, puesto que mayor fue el susto, mi tio me llevó nuevamente al lugar para curar, según decía, mi mabui (alma). Nos paramos cerca de la pista y comenzó a pasarme un zapato viejo mientras decía unas frases en uchinaguchi que no entendía y luego tiró ese zapato cerca del lugar y regresamos a casa. Él le dijo a mi mamá que ya estaba curada “del susto” (ante una fuerte impresión, se dice que alguien puede quedar en shock y puede presentar diversos síntomas, como fiebre, semi-parálisis temporal, pesadillas nocturnas en niños, entre otros sin razón aparente). 

Mi oba, en cambio, nos hablaba sobre diferentes supersticiones, que son propias de la religión okinawense, una religión basada en ánimas y supersticiones, a diferencia de la católica o budista. Ella fue la que nos inculcó la creencia en la existencia de una vida después de la muerte, en las ánimas, en el significado de los sueños, entre otras. Cada vez que alguien fallecía en la familia y alguien soñaba con ese familiar, uno tenía que enfadarse, puesto que mi oba decía que ese familiar ya fallecido no debería de presentarse en sueños (tal vez porque estaba "llamando" al familiar aún vivo para que lo acompañe en el más allá), y mi oba se colocaba delante del butsudan y comenzaba a orar, pero más que orar, era como una queja, casi como si fuera una reprimenda. Y en caso que continuaran los sueños con ese familiar, mi oba nos decía que teníamos que llamar a un yuta para que se contacte con el difunto, y saber por qué no descansa en paz. Y esta es una costumbre que aún mi mamá lo hace (y yo también).  

Hay una frase que mi oba le enseñó a mi mamá y que ahora, me lo dice algunas veces: "Cuídate tu misma que Dios te cuidará". No sé en dónde lo habrá aprendido, pero me parece que es tan sencillamente hermosa para tomarla en cuenta.  


Me hubiera gustado preguntarle directamente a mi oba: "por qué te bautizaste", o "por qué leías esos catecismos en la casa, pero nunca te veía en las misas los domingos?", o incluso preguntarle: "¿te parece bien si comparto estos recuerdos en mi blog?"; pero ya es un poco tarde para ello. Cuando ella aún vivía yo todavía era pequeña para entender muchas cosas. Lo único que me queda son los recuerdos que tengo, y lo poco que se acuerda mi mamá sobre el pasado (o tal vez siente cierta nostalgia al recordar el pasado y simplemente lo quiere olvidar). 

Por experiencia propia, puedo atestiguar que sí puede existir (cierta) convivencia entre una fe y otra (tradición) dentro de una familia; porque en este caso, es la fe católica que convive con las tradiciones (y costumbres) okinawenses, porque eso es lo que son para mí: tradiciones y costumbres de familia.

PARA SABER MÁS SOBRE EL TEMA:
La Religión entre los Nikkei del Perú. Amelia Morimoto. 1 de mayo del 2007. Discover Nikkei.  

viernes, 19 de julio de 2013

"Teera-Guibu", "Nahua-Guibu": Un Pequeño Misterio en Torno al Apellido de mi Tio (ACTUALIZACIÓN)

Estuve ordenando unas fotos que aún tengo dispersas en los álbumes familiares y encontré una foto un tanto curiosa. Retrataba al papá de mi tío (quien aparentemente no tendría ninguna relación familiar conmigo, pero que luego de una “explicación enredada” que me dieron sobre sus vínculos familiares con mi familia, resulta que "es familia" con mi oji). Se llamaba Kamado Gibu y llegó al Perú en 1929, en donde se dedicaba al comercio.

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Es una foto muy pequeña, en donde casi no se distingue claramente el rostro, pero en ella aparece Kamado vistiendo aparentemente un mandil y portando un lapicero en la oreja.

Al parecer, Kamado fue retratado trabajando y seguramente no merecía la pena mostrar el lugar, porque la foto fue recortada, conservando únicamente su imagen y perdiéndose en el olvido el resto (tal vez, aparecían los compañeros de trabajo o amigos, o el lugar mismo). 

Si la foto hubiera sido conservada completa, nosotros, sus descendientes, podíamos haber conocido un poco más sobre sus primeros años en el Perú, cómo vivió o en donde trabajaba, es decir, hubiéramos podido conocer un poco más de la historia familiar, para así poder reconstruir nuestra historia

Junto con esta foto, también encontré una hoja escrita en portugués con fecha de 1975, en donde se detalla minuciosamente la historia de los antepasados de mi tío Sokuko y su papá Kamado, incluyendo a su abuelo y tíos, así como su llegada al Perú y Brasil desde Yonabaru (Okinawa). 

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Vista de una parte de la hoja encontrada junto con la foto.
Aquí aparece el extracto que me llamó la atención de toda la investigación personal realizada por Susumu Guibu (el autor de esta biografía), quien al parecer era un familiar que se comunicaba a través de cartas con mi tío Sokuko en Perú desde Brasil.


La biografía contiene fechas y nombres, lo que la hace completa y valiosa como historia familiar. Pero lo que me llamo más la atención, es la parte en donde menciona que "...la familia Guibu (así lo escribe), cuyo ideograma es 儀武, (...). Sin embargo, parecen existir algunas ramificaciones o subramificaciones internas, conocidas entre sí como Teera-Guibu (Teera-Jibú), Nahua-Guibu (Nahua-Jibú), etc. Si no me falla la memoria, perteneceríamos a la de Nahua-Guibu."

Hasta ahora no entiendo a qué se refiere con ramificaciones. Estuve  investigando en internet, tanto en español como en inglés, pero como no encontraba nada, busqué esta información también en  japonés (la búsqueda la realicé en katakana, porque al parecer es uchinaguchi, el término "teera" y "nahua"), pero hasta ahora no pude encontrar nada sobre estas ramificaciones. 

Al parecer, estas ramificaciones podrían referirse a subgrupos de una misma familia, pero hasta ahora, todo quedaría como hipótesis. Lamentablemente, en la biografía no se menciona ninguna fuente. Tendría mucha suerte si encontrara a alguien que pueda aclarar un poco este "misterio" (o tal vez, la suerte de este misterio es la de permanecer como tal). Nunca había escuchado sobre los términos "teera" y "nahua" ni mucho menos, acompañados del apellido Guibu (en la biografía aparece así, mientras que en los documentos que poseo, el apellido aparece como "Gibu", sin "u" intermedia). 

Hasta ahora pensaba que la historia ya está hecha y los cambios solo se ven en el presente (o en el futuro). Pero, a veces, podemos encontrar algunas sorpresas que pueden hacer que la historia (y en este caso, la historia familiar) nunca termine de escribirse.  



------ACTUALIZACIÓN (21 DE JULIO DEL 2013)------

Dije anteriormente que "Tendría mucha suerte si encontrara a alguien que pueda aclarar un poco este "misterio", y mi deseo fue concedido. Después de la publicación del blog he recibido varios mensajes de algunos lectores (gracias a Marco Takaesu, a alekanashiro Agustín Kanashiro del blog Nada en Especial, a Tomas Arakaki y a Luca Guerra por la información que me enviaron y perdón si me olvido de alguien más, !mil gracias¡) y que me ayudaron a aclarar el misterio en torno a los términos "Teera" y "Nahua" (con referencia a "Teera-Guibu" y "Nahua Guibu"). 

"Teera" y "Nahua" son dos términos en uchinaguchi que, al principio, eran nuevos para mí, pero si se dice "Taira" y "Naha", la historia cambia completamente. "Teera" es la forma como se pronuncia en uchinaguchi este kanji 平良, que a su vez, se pronuncia como "Taira" en japonés; y lo mismo sucede con "Nahua" (o  también "Nawa" o "Nafa"), que corresponde al japonés "Naha", que se escribe así: 那覇.


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Imagen tomada del libro 琉球人名地名辞典:Monographs on and Lists of Personal and Place Names in the Ryukyus, Shunzo Sakamaki
Foto de propiedad de George C. Baxley (www.baxleystamps.com)
Quise demostrar con estas dos imágenes que "Teera" (imagen izquierda) equivale a "Taira" (en japonés), mientras que "Nahua" (imagen derecha), aparece en esta postal como Nawa (otra forma de escritura para Naha, y que también puede transcribirse fonéticamente como Nafa, siendo "Nahua" la transcripción escogida por el familiar de mi tío para escribir esta casi "controvertida" biografía). Y como dice en la biografía, mi tío pertenecería al grupo de los Nahua-Guibu (o Naha-Gibu), es decir, la familia Gibu de Naha (una ciudad de Okinawa).

Al parecer, ante una familia numerosa, los Gibu decidieron colocar el pueblo de donde originariamente vinieron y así se subdividieron en dos "familias": los Gibu de Taira y los Gibu de Naha. Escritos de esta forma, hubiera sido más fácil entender a qué se refería con "ramificaciones" o "subramificaciones" en la biografía, pero de eso se trata la historia: reconstruir a partir de los orígenes (y con los materiales "originales": sea el idioma, costumbres, etc. que, a la luz de la modernidad, podrían adolecer de una supuesta "falta de lógica", como pasó en mi caso).

Esta característica que tenían los antiguos okinawenses (e incluso actualmente muchas personas, sean nikkei, unchinanchu o no, que aún continúan agregando "otro nombre" al nombre de una persona), era con el fin de identificarlos con más precisión. Así como el comentario de Tomas Arakaki (líneas abajo) menciona los casos en que se mencionaba "el ojisan de Limatambo", para poder identificar a una persona en especial entre tantos otros que comparten su mismo apellido. 

Aquí me hizo acordar las veces que mis tíos y oba decían: "el nisan del bazar" o sino, "Tsukazan de Cañete", o algo más "informal", como por ejemplo, "Pan-ya no Uehara", que significaba "Uehara de la Panadería", que era para referirse a un señor de apellido Uehara que había llegado hace poco al Perú y había abierto una bodega, pero como anteriormente había una panadería que era muy conocida por mis tíos, se quedó con este último, es decir, "de la Panadería" (la razón era sencilla, habían varios conocidos con el mismo apellido y no había otra forma de diferenciarlos; puesto que no era común usar los nombres propios o los segundos apellidos cuando se conversaba).

Aquí sacaría perfectamente a colación el tema del yago o yanaa, que no es necesario que escriba sobre este tema, puesto que existen dos buenos artículos que explican muy bien sobre el tema, y que se refiere a los nombres de casa que eran añadidos a los apellidos para identificar a una persona (de la misma manera como los ejemplos anteriores).
Todos los Nombres (parte I) (Por Marcelo G. Higa) (subtítulo: El Nombre de la Casa)

Vemos así, o más bien,  veo así, que lo que no encontramos en los libros, muchas veces lo encontramos en los recuerdos o en las experiencias vividas, que pueden guardar mucha información sobre nuestro pasado y por lo tanto, no deberían quedar en el olvido.


 





domingo, 14 de julio de 2013

Cuando el Duelo se Convierte en Alivio

Hace menos de un mes que había publicado en Facebook, que no iba a poder (y querer) publicar un post por motivo de duelo, y que necesitaría quizás algunas semanas de descanso para un nuevo artículo. Pero he visto que apenas pasó una semana desde que mi tía falleció cuando publiqué un artículo nuevo y luego otro, y otro. 

Realmente mi duelo, tanto para mi familia como para mí, duró muy poco. Quizás porque la enfermedad misma de mi tía fue muy dolorosa para mi mamá y mis hermanos como si fuera un duelo más, que ya era innecesario llevar otro periodo de duelo. Desde que falleció, quisimos llevar la vida lo más normalmente posible, tratar de regresar a aquella vida de alegrías y esperanzas que teníamos antes que mi tía enfermara. Y creo que es lo mejor que se puede hacer después de haber dedicado tanto esfuerzo, sea material, económico o emocional, para tratar que tenga una mejor calidad de vida. 

A veces, recuerdo las veces que maldecía a los cuatro vientos las veces que tenía que llevarla a la clínica o ir al asilo cada vez que se enfermaba, puesto que no había nadie que pudiera llevarla ni nadie que quisiera responsabilizarse por ella, y con todo el coraje encima, iba corriendo a recogerla del asilo para llevarla a la clínica (creo que lo hacía por inercia, casi como una responsabilidad auto-impuesta). Coraje, porque tenía que dejar de trabajar para poder llevarla a la clínica y también, porque estaba cansada de todo esa rutina. También recuerdo las veces, en que me llamaban del asilo, sea un 24 de diciembre o un lunes a las 10 de la noche, para decirme que no quería comer o había que nebulizarla. O también recuerdo las veces, mejor dicho, casi todos los meses, en que tenía que destinar una parte de mis ingresos para solventar sus gastos en medicina, pañales, etc.

En fín, fue una época horrible para mí (creo que esta misma frase lo dije en otro post, cuando hablé sobre la época en que tuve la "osada" idea de ayudar a mi tía, y digo "osada" porque muchos geriatras me recomendaron que no me involucrara mucho con la enfermedad de mi tía, que yo podría agotarme física y mentalmente, pero ese consejo me llegó muy tarde, porque cuando me di cuenta que ya estaba cansada de esa rutina, ya estaba tan involucrada con mi tía, que ya no podía dejarla. Y haciendo una comparación entre qué época fue más horrible si aquella (en la que la cuidaba en la casa) o esta última (que la cuidaba a través del asilo), yo creo que fue la primera, porque felizmente mi hermano me ayudó en esta última etapa, que yo la llamo "etapa: asilo", en comparación con la "etapa: casa").

Pero todo eso acabó, no solo para mi familia y para mí, sino también para mi tía, porque también estaba cansada de toda esa situación. A veces tenía pequeños momentos de lucidez, en donde dejaba ver su esperanza por mejorarse y regresar a casa, de abandonar ese cuarto tan triste y tan ajeno del asilo, que hasta para mí, era muy deprimente el hecho de ir a verla. Cuando falleció,  apenas recibí la llamada del asilo, lo único que pensé era en contactarme con la funeraria y con el sacerdote, casi no tenía tiempo para llorar. No le hicimos velorio, pero si una pequeña pero accidentada ceremonia de despedida en el mar, en donde esparcimos sus cenizas. Hubiera querido que mi hermano estuviera conmigo para hacerlo, pero así pasan las cosas. El mar estaba muy inquieto y terminé con la mitad de la ropa empapada, pero al final, pude esparcir las cenizas y una ola se encargó de llevarlas muy lejos. Aquí terminó todo.

Y continué con mi vida, terminando el trabajo que tenía, tratando de mantenerme ocupada y no caer en pensamientos negativos, y continué escribiendo en el blog, salía a pasear, hacía mi vida normal.

Sin embargo, anteayer tuve un sueño muy bonito sobre mi oba y mi tía. Después de tantos días sin creer que no soñaba nada, soñé que entraba a un cuarto oscuro, en donde solo podía ver un ataúd. Mi tía estaba parada al costado, con una sonrisa que denotaba cierta paz o tranquilidad, algo que nunca le había visto en vida. Vestía un traje blanco brillante pero que no enceguecía. Dentro del ataúd estaba mi oba, que se levantó y se acercó a mi tía, y ella también mostraba esa sonrisa. Mi mamá me dijo al día siguiente que desde que falleció mi tía, ella estaba orando frente al butsudan para que mi tía se encontrara con mi oba, y al parecer, ya lo hizo, y se apareció en sueños para decirnos: "estoy bien, ya me encontré con oba". Mi familia y yo creemos en la vida después de la muerte, algo que nos enseñó nuestra oba. En mi familia, mi hermano y yo somos los más sensibles y hemos sido muy afortunados de ver en sueños a nuestros familiares más cercanos que ya han fallecido (como mi papá, mi tío, mi oba, y ahora, mi tía) y saber que "están bien". 

Yo sé que ahora mi tía está bien, descansando en paz. Ahora estoy más tranquila, más relajada, miro con más optimismo el presente, lo que me ayuda a concentrarme más "en lo que haré hoy para el mañana". La enfermedad de mi tía fue una experiencia que me ayudó a madurar rápidamente y a aprender a valorar lo que tengo y sobretodo, a tratar de perdonar  y olvidar (tratar de perdonar a la familia, a la indiferencia, a todo). Fue una experiencia que duró casi tres años, tres años que pensaba que había perdido de mi vida, pero que ahora viendo en retrospectiva, son casi tres años que mi tía pudo ver el esfuerzo que mis hermanos y yo hicimos por ella y sentir que tenía a alguien que si le importaba, y a la vez, son casi tres años en que vi que "la unión hace la fuerza" y que si uno "se cae una vez, se levanta mil veces".



viernes, 12 de julio de 2013

"Si Repites esta Frase, Siempre Tendrás Ropa Nueva" (Una y Otras Costumbres Okinawenses)

¿A quién no le ha pasado alguna vez que al comprarse algo nuevo, por ejemplo, una bufanda, se olvidan de quitarle la etiqueta? A mí me ha pasado un par de veces, pero felizmente mi descuido no pasa de la puerta. Ayer justo tenía que salir por la mañana y quería estrenar una bufanda que compré hace pocos días atrás y mi mamá me dice: “¡Espera! ¡Tienes la etiqueta puesta!”, “¡Ah! Gracias!” (y voy corriendo al dormitorio a cortar la etiqueta). Ya estaba por salir, y mi mamá me dice otra vez: “!Espera! ¡Falta algo más!”, la miro con un “¿Quéee?” de desesperación (puesto que se me hacía tarde). “Falta esto…” y cogió una parte de la bufanda y ya estaba por acercarla a la pared, hasta que le dije: “Ahhh, pero ahorita no, mejor más tarde…” y salí rápidamente. Ya cuando regresé a la casa, más tranquila y sin apuros, mientras me vestía para comer, estuve recordando aquellas veces, cuando era pequeña y mi mamá siempre hacía el mismo ritual cada vez que me compraba ropa nueva. 

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Foto de una tía de mi oba (según lo que recuerda mi mamá), encontrada en el álbum de fotos de mi oba.
¡Cuántas costumbres habrá practicado mi familia desde Yonabaru  y que actualmente sus descendientes (nosotros, los nietos o bisnietos) los estamos perdiendo o, incluso, ignoramos!
Y esa costumbre, mi mamá la aprendió de mi oba (su mamá), quien trajo esta costumbre de Yonabaru, un pequeño pueblo en Okinawa. Recuerdo que cada vez que me ponía ropa nueva (ya sea que mi mamá compraba o que me cosía, puesto que le gustaba mucho la costura), lo primero que hacía mi mamá era cogerme un pedazo de la blusa, por ejemplo, y mientras la tenía puesta, me llevaba hasta una pared de mi casa y daba pequeños toques a la pared mientras decía en voz baja: “chino miku miku duu gan jyuuku” (es uchinaguchi, el idioma de Okinawa, que se traduciría como” ropa nueva, nueva; un cuerpo fuerte”).


Mi oba sabía hablar (además del español), japonés e uchinaguchi, pero mi mamá nunca le tomó importancia por aprender el uchinaguchi, y solo aprendió frases cortas, que ya después nos repetía a mis hermanos y a mí cuando éramos pequeños. Ahora que me acuerdo, creo que mi oba no hablaba muy bien el japonés, y más bien, ella pronunciaba el japonés un poco al estilo “uchinaguchi” (o como se diría comúnmente, “uchinaguchi-zado”), porque recuerdo que mis primeras palabras en japonés las aprendí de mi oba y de mi mamá pero su pronunciación era un poquito diferente con la que me enseñaron años más tarde en el instituto de idiomas. La única palabra que se me viene ahora a la memoria para ponerles un ejemplo, es la palabra “okashi” (dulce en japonés), y que yo siempre pronunciaba como “okuáshi” (porque así me enseñaron en mi casa), pero ya más tarde, los profesores se encargaron de corregirme.

Regresando al tema de la “ropa nueva” mi oba (y mi mamá) decían que si uno practicaba esa costumbre, siempre iba a tener ropa nueva. Y claro, cuando era pequeña, me lo creía todo y dejaba que lo hicieran, porque ahora, si bien no dejo que mi mama siga haciendo eso en mí, porque ya no lo creo, a veces dejo que lo haga solo para darle “el gusto” y esté contenta. 

Pero no solo había esa costumbre en mi casa, sino que también había uno que ya mi mamá no lo practica, pero en tiempos de mi oba, sí. Cada vez que me tropezaba y caía al suelo, iba corriendo a los brazos de mi mamá (o de mi oba, quien estuviera en ese momento cerca) y no solo me abrazaban, sino que a la vez que me abrazaban, decían en uchinaguchi: “mabuyá, mabuyá utikumisoré; mabuyá, mabuyá utikumisoré” y se suponía que con esto ya me curaba del susto. Decían, y siguiendo la creencia de Okinawa, que cuando alguien se asusta, el alma o mabui se salía del cuerpo, y al decir esa frase, el alma “regresaba”. Esta frase tiene mayor relación con el tema de los yuta o chamanes okinawenses, las creencias okinawenses en torno al más allá; conocimientos que eran comunes, según mi mamá, entre la gente de Okinawa, sean yutas o no. 

Y para escribir este post, le pedí a mi mamá que me transcribiera cada una de las frases y me contó sobre otra frase que mi oba decía algunas veces, pero nunca llegué a escucharla. Mi mamá me cuenta que, cuando mi oba se le perdía algo (cualquier cosa, por ejemplo, sus tijeras), ella buscaba por todos los rincones, pero algunas veces decía en voz baja: “soji mayá, soji mayá, yamún tumeti turasuku tu; wamún tumeti turasé” (que sería en español algo así como “yo busco lo tuyo y tu me ayudas a buscar lo mío”). Esta era otra frase en uchinaguchi que mi mamá asegura que era conocido entre la gente “antigua” de Okinawa, seguramente de Yonabaru (el pueblo en donde nació mi oba) y que mi mamá, al escucharlo de mi oba, piensa que se estaba refiriendo a un duende que escondía las cosas y al decirlo, se lograba encontrar el objeto perdido. 

Personalmente, estuve revisando en Internet para verificar el significado, o por lo menos la ortografía de estas frases, pero sin éxito. Lo único que pude encontrar era “mabuya, mabuya, utikuyou” (otra forma de decir: "mabuya, mabuya, utikumisoré”), que se relaciona para evitar la pérdida del alma o mabui. Pienso que no existe nada de información sobre estas frases en Internet (una de las fuentes más actualizada e integral de conocimientos) porque estas costumbres son muy antiguas y que al ser transmitidas de generación en generación por vía oral (como pasó en mi familia), es muy común que se pierdan en el tiempo por la falta de interés, mayormente, de nosotros, que somos la nueva generación. 

Visto en este modo, ¿cuántas tradiciones o costumbres familiares se habrán perdido por el simple hecho que no les tomamos la importancia debida? 

martes, 9 de julio de 2013

Presencia Africana en Japón en el Siglo XVI

En el Perú de la época colonial, y como en la mayoría de los países latinoamericanos, la raza negra se encontraba bajo el yugo del poder europeo, llegando al Perú en calidad de esclavos o sirvientes por el siglo XVI, y por la misma época, ocurría lo mismo en Japón. 
(HACER CLICK EN LA IMAGEN PARA AMPLIARLA, HACER OTRO CLICK PARA VOLVER AL TAMAÑO ORIGINAL)
Una muestra del arte Namban (*), en donde se puede apreciar a africanos y europeos caminando en calles japonesas.
Imagen tomada de: Viático de Vagamundo


Sí, así es. También llegaron africanos a Japón en el siglo XVI. Encontré poca información documentada sobre el tema en Internet, información que sea verídica o que por lo menos contenga un buen sustento teórico, y encontré un pdf titulado “Excluded Presence: Shoguns, Minstrels, Bodyguards, andJapan's Encounters with the Black Other” (“Presencia Excluida: Shogunes, Trovadores, Guardaespaldas y Encuentros de Japón con los Negros”) de John G. Russell (2007), y por otra parte, encontré otras páginas que no solo afirmaban estas inmigraciones, sino que también especulaban sobre los orígenes africanos de Japón o de la existencia de un samurai africano, simplemente en base a la comparación, mayormente a primera vista, de estatuas, pinturas o fotos antiguas o en base a documentos dejados por ciertos investigadores. Sin embargo, estas especulaciones fueron desarrolladas por personas afro-descendientes (según las páginas que visité) cuyo objetivo primordial es, al parecer, reivindicar a la raza negra en la historia mundial.

Imagen tomada de Real History World Wide
Imagen tomada de Flickr (A. Davey)
Derecha: Esta foto la he tomado de una website a favor de la teoría de los orígenes africanos del hombre, incluyendo a los japoneses y en donde aparece un hombre con supuestos rasgos africanos practicando sumo (a primera vista, me llamó la atención, puesto que parecería que realmente hubo africanos a principios de siglo practicando sumo en Japón y que, según esta website, estaría tácitamente avalando la idea de los orígenes africanos de los japoneses). Izquierda: Esta foto la encontré en otra website en donde este singular personaje aparece en otra pose y en donde aparecen los datos de su dueño original. Como esta foto no aparece pintada a mano, sino en blanco y negro, y por lo tanto, posee mayor claridad, pude observar más claramente que el supuesto hombre con rasgos africanos podría ser simplemente un japonés más trigueño debido a la exposición al sol. Por lo que fue una prueba más que me confirmó que los orígenes africanos de los japoneses simplemente quedarían en simples especulaciones por parte de un grupo.


Al principio, pensé que podía considerarse como una posible teoría más (y que no se podría descartar) aquella la del origen africano de Japón o del samurai negro, pero revisando el pdf de Russell, así como las fotos mostradas anteriormente, pude comprobar que dichas especulaciones carecían de sentido. En el caso del samurai negro, se hace referencia a Sakanoue Tamuramaro, quien fue un famoso samurai del siglo VIII, que combatió contra los rebeldes que se oponían al gobierno de los emperadores, como los Ainu o Emishi). Es el autor de una táctica militar muy ingeniosa y que recuerda en el festival o matsuri llamado “Nebuta Aomori” (en la prefectura de Aomori) cada año, en donde desfilan carrozas cubiertas de papel iluminadas en su interior, como una forma de revivir lo que hizo Sakanoue en aquella época, en donde colocó unos artefactos grandes como linternas en la cima de las montañas para llamar la atención de los rebeldes, y una vez que se acercaban a ver qué era aquello que brillaba en las montañas, los acorralaban y capturaban. Se especula mucho sobre el origen real de Sakanoue, algunos investigadores dudan sobre sus raíces japonesas, e incluso afirman que tiene raíces coreanas o chinas, e incluso raíces ainu, incluso, hay investigadores de ascendencia negra que afirman que pudo tener raíces africanas, aunque esto último no es muy creíble por las deficientes evidencias presentadas, así como la hipótesis de budas con supuesto origen africano en todo el Japón (valiéndose solamente de la apariencia física de las estatuas que los representan). 
Sakanoue no Tamuramaro
坂上田村麻呂
Imagen tomada de: 
http://gabumomi.tumblr.com/post/82511811/candyballs-99-copyright-2009 


Sobre este supuesto origen africano, se cuenta con escritos dejados por varios antropólogos e historiadores a inicios del siglo XX e incluso, se especula por el simple hecho de haber visto una estatua del samurai, en donde aparece con supuestos rasgos africanos (cabello ensortijado, nariz ancha). En este punto también destacan la peculiaridad de la raza ainu, que físicamente son distintos a los japoneses (mayor vellosidad, rasgos faciales más marcados, etc.), y por el hecho de tener mayormente una piel más oscura y lucir mayor vellosidad (como largas barbas o poseer más vellosidad corporal que los protege naturalmente del frío de Hokkaido), ya muchos argumentan que los ainu tienen ascendencia africana más que japonesa. 

Aunque sea falso, esta afirmación (sobre las raíces africanas de Sakanoue Tamuramaro o los ainu) hace que se considere la posibilidad que los africanos llegaron a las costas japonesas antes de la llegada de los europeos y, como veremos más adelante,  se sugiere que la presencia documentada de africanos en el Japón del siglo XVI no estaba limitada a la función de servidumbre y esclavitud, como pasó en el Perú. 

Midori Fujita, catedrática de la Universidad de Tohoku, determina que el número de africanos en Japón por el siglo XVI superaba la centena, llegando en calidad de sirvientes, esclavos, asistentes, marineros, soldados e intérpretes y hasta animadores o artistas y que no solamente se encontraban al servicio de los europeos, sino también de los japoneses. 
Imagen tomada de Consciência Revolucionária
Foto sin datos,
japonés o samurai con
posiblemente
sus hijos o su esposa e hijo
(Imagen disponible también en
pinterest)

Ante este panorama, podría considerarse también la existencia de casos de miscegenación (o relaciones interraciales), como en toda sociedad, como así lo demostraría una investigación “casual” que tuvo Mansell Upham, historiador y ex-diplomático sudafricano en la Embajada de Sudáfrica en Tokyo en la década de los 90, quien realizaba una investigación sobre las familias europeas en Sudáfrica y descubrió la existencia de un “Anthony Moro de Japón”, registrado como el hijo de una madre japonesa y de un padre “Moro” y quien fuera vendido a un colono europeo en Ciudad del Cabo en el año 1701. Y si bien, el término “moro” es muy ambiguo, puesto que no se puede determinar si realmente se refiere a un africano negro o a un musulmán, hace que este hallazgo se convierta en una indudable probabilidad. 

Pero lo no se puede dudar, es que existe documentación que certifica que ya en el siglo XVI existía inmigración africana hacia Japón debido a los contactos que mantenía con comerciantes portugueses y holandeses que traían africanos a Japón como sirvientes o esclavos, en forma similar a lo que paralelamente pasaba en Perú. 
El caso mejor documentado es el de Yasuke, un mozambiqueño que fue traído a Japón por el jesuita italiano Alessandro Valignano quien lo presentó a Oda Nobunaga en 1581 para que sea su asistente. Se dice que la reacción por parte de los japoneses hacia Yasuke fue de curiosidad, incluso para Nobunaga, quien llegó al punto de desnudarlo y bañarlo, para cerciorarse por sí mismo que ese era su color natural. El caso de Yasuke muestra que ya a fines del siglo XVI, existe un caso documentado sobre un africano en Japón. Sin embargo, se dice que, así como hubo intercambio comercial entre Japón con China, Corea o Portugal, entre otros, antes del siglo XVI, se dice que también pudo ocurrir una inmigración anterior, debido a los intercambios comerciales que tenia China con África durante las dinastías Tang y Song desde el siglo VII, y con los cuales pudo propiciar la llegada de algunos africanos a Japón. 

A través de un documento de casi fines del siglo XVII, se cuenta la existencia de una persona negra, aparentemente africano que llegó a Japón a través de Corea: “en el país de Inabata (prefectura de Tottori), existió un hombre de siete pies de alto. Provenía del país de “kuro”. Fue capturado en la guerra de Corea [1592— 1 5 98] y traído a Japón. Su color era como el del hollín y las personas lo llamaban kurombo”. (* 7 pies = 213 cm).

"Kurombo", es un término que se utilizaba, e incluso hasta nuestra era, puesto que dentro de mi familia también llegué a escuchar el término “kurombo” ("negrito") por parte de mi oba, quien siempre nos decía, que si queríamos referirnos a un “kurombo” que estaba cerca de nosotros, debíamos decir “shirombo”, que significaría “blanquito” para que “no se diera cuenta” de que estamos hablando de esa persona. Y esto era porque mi oba decía que muchas personas (peruanas, sin descendencia japonesa) ya sabían lo que significaba kurombo y era mejor decir lo contrario, para "no ofender" a esa persona.
Pero no solamente existe el término japonés "kurombo" para referirse a las personas negras, sino que también se utilizaban téminos como "kurobo", "kuroboshu" y "kurosu", que eran usados para referirse a los forasteros de piel oscura en Japón. Este último término (kurosu) fue utilizado en el siglo 16 para identificar a los africanos negros, pero ya para el periodo Edo (1603-1867) incluía también a todas las personas de piel oscura. Hay otro término en japonés, "konrondo" ("esclavos negros"), que se deriva de los ideogramas chinos para kunlun-un 崑崙奴, “esclavos de Kunlun"), que originalmente Kunlun 崑崙se refería a una legendaria cadena de montañas que se creía que cruzaba partes del Tibet y la India y que por el siglo IV se aplicaba a las tribus fronteriza, Khmers y en el siglo VIII a los malayos y africanos. Este término “korondo” se refería a los indios del este, y posteriormente incluía a árabes y africanos. Es decir, a medida que los conocimientos geográficos de China se expandía, así también lo hacía este término, que se aplicaba en forma general a las personas del sudoeste de China.

Volviendo al término "kurombo", que es una forma despectiva de referirse a las personas negras o de piel oscura, el antropólogo Wagatsuma afirma que este término se deriva de Colombo (ciudad de Sri Lanka, antes llamada Ceilán), porque los sirvientes de piel oscura que se encontraban en los barcos holandeses fueron identificados como gente de Colombo”. Un término más neutral y no tan despectivo como "kurombo", sería "kokujin" (koku= negro, jin= persona). 

Hasta ahora, se puede encontrar cierta similitud con el caso peruano: africanos traídos al Perú como esclavos o sirvientes y que se relacionan con la gente local (posible miscegenación en Japón), pero hay un hecho que lo hace diferente, puesto que dice que estos esclavos también podían tener, a su vez, a sus propios esclavos (incluso, esclavos japoneses) fuera del territorio japonés, según los ejemplos mostrados a continuación. Según un aspirante al grado de licenciado, Eric Clemson, sugirió en su tesis de grado que esclavos privilegiados de África y del Este de India tenían, a su vez, esclavos y amantes japoneses, así como lo hacían sus dueños europeos antes de la prohibición de la esclavitud japonesa por parte de Toyotomi Hideyoshi a fines del siglo XVI. A finales de 1598, el misionero portugués Luis Cerqueria informó: "Incluso los lascares (marinos de la India) y los criados de los portugueses compran y se llevan a esclavos [Japoneses]. Se observa que muchos de ellos mueren en el viaje, debido a que son hacinados unos con otros, y en caso que los dueños enfermen (quienes frecuentemente eran cafres y negros de los portugueses), los esclavos no son atendidos. Estos criados dieron un escandaloso ejemplo al vivir en libertinaje con las chicas que compraba, y a quienes las metían en sus cabinas en su viaja a Macao". 

En ese sentido, se menciona (en la Encyclopaedia of Africa, editado por Kwame Anthony Appiah, Henry Louis Gates, y otros) que en Macao, entre los siglos XVI y XVII, incluso los africanos y malayos tenían esclavos japoneses que habían sido vendidos por los portugueses, quienes previamente los habían raptado y vendido como esclavos fuera de Japón. Sobre este tema, no pude encontrar mayor referencia bibliográfica disponible en internet. Puede ser que este tema (esclavos comprando a otros esclavos japoneses) nos remita a casos aislados o a simples hipótesis que no cuenta con mayor referencia.


Sea como fuere el caso, resulta interesante saber que, así como escribí en un post anterior, existe similitud entre la historia del Perú como Japón, y en este caso, el de africanos traídos a Japón y a Perú casi en la misma época (siglo XVI), que si bien, en ambos casos presenta documentación que así lo confirma, puede ser que también haya ocurrido mucho tiempo atrás y que permanezca en el anonimato.

(*) ARTE NAMBAN: "Las primeras pinturas de Occidente llegaron a Japón por medio de los misioneros jesuitas en 1549. Se sabe que San Francisco Javier enseñó una pintura de la Virgen a los primeros japoneses con los que trató, y quedaron admirados. En seguida fue necesario crear academias de arte, en que los japoneses empezaran a pintar en estilo occidental, uniendo las características propias de su tradición al nuevo estilo artístico. Esto dio origen a la Escuela Namban de pintura. En ella hay una mayoría de obras de temas religiosos, pero también surgieron pronto pinturas de temas no religiosos, en las que los artistas podían expresarse con más libertad. Entre estas obras están los Namban Byobu  que describen la llegada de los barcos occidentales a Japón, y en ellas se resaltan las cosas de Occidente que más llamaban la atención a los japoneses. No hubo tiempo, por razones históricas, de que llegara a formarse con total perfección un pintura en que se dieran los elementos del arte de Oriente y Occidente, que hubiera sido una de las escuelas más interesantes de toda la historia universal del arte. Pero quedan algunas obras de esta Escuela Namban, de una enorme originalidad en Japón. (Texto tomado de Japan Foundation, Madrid)

FUENTES:

lunes, 8 de julio de 2013

Esclavos Japoneses en el Siglo XVI en el Perú: Caso México y Perú

Hoy mientras estaba redactando otro post para el blog, encontré de casualidad un artículo que me pareció muy interesante, y aunque el caso es de México, tiene mucha similitud con lo que pasó en el Perú. 

(HACER CLICK EN LA IMAGEN PARA VERLA MÁS GRANDE)





Versión en inglés del artículo
Versión en japonés del artículo
Para ver el enlace donde se puede descargar el artículo original (en inglés y japonés), hacer click aquí.

El artículo que encontré fue publicado el pasado 14 de mayo de este año en The Japan News (la edición en inglés de Yomiuri Shimbun) y en donde informa sobre el descubrimiento de un nuevo documento que registra la llegada de japoneses a México como esclavos en el siglo XVI. Lucio De Sousa, investigador de la Universidad de Evora en Portugal y Mihoko Oka, profesora adjunta del Instituto Historiográfico de la Universidad de Tokyo descubrieron este documento entre los Archivos de la Inquisición de los Archivos Generales de la Nación en México. El documento en cuestión, es parte del interrogatorio que se le seguía a un comerciante portugués llamado Pérez y quien tenía en su poder a tres esclavos japoneses, quienes también fueron registrados como testigos ante la Inquisición antes de 1600.  En este documento figura el nombre “Gaspar Fernandez. Xapón”.
Vista del documento en donde aparece "Gaspar Fernandez. Xapon"

Se tiene registrado que Gaspar, así como Miguel y Ventura (los otros dos nombres que también aparecen con la palabra “xapón” al costado), fueron esclavos que habían sido comprados por portugueses y traídos a México. En el caso de Gaspar, nació en Bungo (ahora, prefectura de Oita) y fue vendido por un mercader japonés a un portugués llamado Pérez por un valor de siete pesos, bajo un contrato firmado en Nagasaki en 1585, cuando Gaspar tenía 8 años. Se cree que trabajó en la casa de Pérez como sirviente, pero no se conocen mayores detalles, así como la vida de Ventura, otro de los esclavos mencionados. Sobre Miguel, el tercer esclavo, se sabe que fue comprado por Pérez a un comerciante de esclavos portugués en Manila en 1594. Una vez que Pérez fuera arrestado por haber sido acusado de practicar el judaísmo de forma secreta en 1596 en Manila, al año siguiente toda su familia, incluyendo a sus esclavos japoneses, tuvieron que viajar de Manila a Acapulco (México) para asistir a una segunda ronda de interrogaciones ante la Inquisición. De este modo, estos tres esclavos fueron inscritos como esclavos de Pérez en el registro de la Inquisición. Ante la audiencia, Gaspar y Ventura testificaron sobre las prácticas religiosas de Pérez y posteriormente apelaron ante las autoridades de que no eran esclavos y así fueron puestos en libertad. En este mismo artículo, se menciona sobre la existencia de información que afirma la venta de esclavos japoneses en Sudamérica en el año de 1596, pero se desconocen los detalles. 

El caso es de México, pero se resalta el paralelismo que puede surgir con el caso de Perú, puesto que también hubo un caso parecido por la misma época (siglo XVII), aunque en el caso de Perú casi pasa desapercibido el hecho de que hubo japoneses residentes en el Perú en la época colonial en calidad de esclavos, quedando, bajo conocimiento general, que la inmigración de esclavos al Perú solamente estuvo circunscrita a los africanos y chinos, pero que bajo la inspección de estos documentos, afirmarían lo contrario.

En el Perú, existe el Grupo de Estudio e Investigación: Presencia de los Japoneses en el Perú. Siglos XVII-XX" del Instituto Riva Agüero de la Universidad Católica del Perú, que al igual que sus contrapartes De Sousa y Oka, investigan la presencia japonesa en el siglo XVI en países de América, y en este caso, en Perú y a través de documentos e investigaciones demuestran que realmente hubo presencia japonesa en el Perú colonial, y en este caso, que hubo algunos japoneses que fueron registrados como esclavos en el Perú.

Así, de acuerdo a una entrevista que le realizaron en un diario de la colectividad peruano-japonesa (Peru Shimpo, miércoles 26 de junio del 2013) este Grupo nos muestra el caso de Francisco, el primer niño japonés que nació en el Perú en 1606 , y quien, según las palabras de José Antonio del Busto (historiador peruano) “fue un hijo legítimo de Tomás de 28 años, indio de la India de Portugal, que dijo ser del pueblo de Goa de Casta Japón, que tenía el rostro herrado, y de Martha, india japonesa también de dicha India de Portugal y de casta Goa. Ambos esclavos de Don Giussepe de Rivera y Dávales, nieto de Nicolás de Rivera el viejo, conquistador del Perú)”. También se destaca que en el Perú ya existían “20 indios xaponeses", tal y como lo atestiguan el Padrón de Indios realizado en 1613.  O también el caso de otro "indio xapón" llamado "Francisco", quien vivió en Córdoba (Argentina y que anteriormente pertenecía al Virreinato del Perú) y fue vendido como esclavo bajo un protocolo notarial de compra venta del 16 de julio de 1596.

Así vemos, que la primera inmigración japonesa no fue en 1899 como generalmente se afirma, que es cuando vino la primera oleada de trabajadores japoneses bajo contrato de trabajo al Perú, sino que se remonta a muchos años atrás, incluso al siglo XVII. La primera inmigración japonesa al Perú, sea que haya sido masiva o no, o que haya sido bajo condiciones de contrato laboral o de explotación o de servidumbre, no puede descartar el hecho de que también hubo esclavitud o servidumbre entre los primeros japoneses al Perú, un hecho que se consideraba que solo era para los primeros inmigrantes negros o chinos.

Tomando el caso de De Souza y Oka, ¿cuántos datos históricos existirán entre los miles de documentos, archivos o libros de la época en el Perú que pasan desapercibidos y que nos pueden ayudar a reconstruir nuestra historia? Puede ser que en los lugares menos pensados, podemos encontrar algún dato perdido.

FUENTES:

   

lunes, 1 de julio de 2013

Algo personal

A veces las cosas pasan todo a la vez, que no hay tiempo para pensar (y a veces es mejor así). El sábado tuve la pérdida de un ser querido, que si bien era una pérdida prevista, nunca pensé que ocurriría tan repentinamente. Mi familia y yo preferimos mantener esta pérdida en silencio porque duele más escuchar un mensaje de pésame, y preferimos continuar con nuestras vidas lo más normalmente posible hasta que el dolor se haga más llevadero. Por lo que creo que no podré actualizar el blog en las fechas previstas, si bien ya el sufrimiento de mi familiar y el mío ya acabó, la pena aún sigue intensa, por lo que no deseo escuchar ningún mensaje de pésame...solo quisiera decir que no podré (ni quisiera) actualizar el blog muy pronto, necesito unas semanas de descanso. gracias

domingo, 16 de junio de 2013

"¿Me Parezco a mi Papá?" / "Do I Resemble My Dad?"

"¡Te pareces a tu oji!", es lo que siempre mi mamá me dice cuando me molesto. No he llegado a conocer a mi oji, el papá de mi mamá, pero mi mamá me cuenta que era una persona muy enérgica y muy temperamental, pero cuando se le pasaba el enojo (que duraba muy poco), era el papá más cariñoso que podía tener. Una anécdota que siempre escuchaba a mi mamá, era que cada vez que mi oji se enojaba con mi oba, discutían muy acaloradamente. Pero al día siguiente, mi oji venía a la casa con vestidos nuevos para mi oba, como señal de arrenpentimiento.

"You look like your oji!", is what my mother always is telling me when I get angry. I have not ever met my oji, my mother's  father, but my mother tells me that he was a very energetic and temperamental man, but when he was not angry anymore (for not so long), he was the loveliest father that she could have. My mother always told me, as an anecdote, about those times when my oji got angry with my oba, they both argued strongly. But, on the following day, my oji came home bringing  with him new dresses for my oba, like a sign of regret.

(HACER CLICK SOBRE LA IMAGEN, PARA VERLA MÁS GRANDE) 
(CLICK ON THE IMAGE FOR A LARGER VIEW)
Mi oji, parte materna. Aqui luce con una actitud un poco relajada, hasta bohemia, pero era todo lo contrario, era muy trabajador y buen padre de familia.
Mi oji, on the maternal side. Here, my oji is standing with a relaxed and even bohemian pose, but he was in fact, quite the contrary, because he was hard-working and a good father.  
Y creo que yo también me parezco a él en eso, porque cuando me enojo con mi mamá, ya sea horas después o al día siguiente, le compro algún dulce o la llevo a comer (como una forma de decir: "¿me perdonas?").  Mi mamá siempre me dice que toda mi familia materna, Shinzato, tenemos ese carácter porque nuestros antepasados eran samuráis, y ahí me menciona a mi tatarabuelo, bisabuelo, etc... y bueno, comienza a contarme toda la historia.

I even think that I resemble him on that feature, because when I  get angry with my mother, whether a few hours later or the next day, I buy her a dessert or take her to a restaurant (like a way of saying: "could you forgive me?"). My mother always tells me that my whole family on the maternal side, that is Shinzato, has that "explosive" personality because our ancestors come from a samurai line, and in this point she mentions about my great grandfather, great great grandfather, and so own... and well, she starts telling me (again) the whole family's story. 
Mi papá con mi oji (en la tienda de mi oji)
Dad and grandpa (oji, in Japanese) in the oji's grocery store.
Nunca he escuchado que me digan que me parezco a mi papá, salvo en lo físico, porque en el carácter, no me parezco nada. Mi papá era una persona tranquila, que casi nunca se enojaba, que tenía mucha paciencia, eso es lo que mi mama siempre me contaba, además, me asegura que nunca habían discutido entre ellos. Hay pocos, muy escasos pero valiosos recuerdos que tengo acerca de mi papá. Recuerdo que él siempre me llevaba de la mano cuando salíamos a pasear, incluso con mi perrito de peluche, con el que yo andaba a todos lados. O las veces que iba a la piscina, que me esperaba a mí o a mi hermano para regresar a la casa, con mucha paciencia, esperándonos a que nos cansáramos de jugar. A pesar que pasaba mucho tiempo en el restaurante (el negocio familiar de mi oba) que teníamos, siempre tenía tiempo para nosotros, al igual que mi mamá.

I have never heard from nobody to told me that I resemble my father, except physically, because I  am nothing like him in terms of personality. My father was a quite person, he hardly got angry and was very patient. That is what my mother has always told me, and also, she assures that there was no quarrel between them. I have few, a very few but valuable memories about my father. I remember that my father always hold my hand when going for a walk, even with my little stuffed-dog, which I always took it with me everywhere. Or even those times when he went to the swimming pool, where he waited for me and my brother for coming home together, waiting for us until we had enough fun playing in the pool. Despite spending most of the time a t the restaurant (the oba's family business) that we had at that time, he always had enough time for us, just like my mother

Realmente, el que podría contar más acerca de mi papá es mi hermano mayor, quien ha disfrutado más tiempo con mi papá que yo (porque él falleció cuando yo tenía 4 años y él tenía 13 años). Él me cuenta que a mi papá le gustaba viajar mucho, sobretodo al campo y al norte del Perú. Le gustaba el clima soleado, respirar aire puro y compartir ese momento con nosotros. También, le gustaba mucho las matemáticas (mi mamá me decía que era muy inteligente). 
In fact, the person who could tell a little more about my father is my elder brother, who spent more time with my father than I (because my father died when I was 4 years old and my brother, thirteen). He tells me that my father liked to travel so much, specially to the countryside and northern Peru. He liked a sunny weather and to enjoy some fresh air and to share that time with us. He also liked mathematics so much (my mother told me that he was very intelligent).

Pero lo que no puedo negar, es que tanto a mi hermano como a mi, nos gusta arreglar o reparar cosas (o al menos, eso intentamos). Creo que es la curiosidad innata que tenemos y que hemos heredado de nuestro papá, porque a él le gustaba reparar todo aquello que estaba malogrado en la casa: radios, los juguetes que se rompían, etc. Por lo menos, mi papá sabía reparar las cosas, era un autodidacta. Le gustaba comprarse libros o revistas sobre mecánica o electrónica y con ello aprendía algo del oficio. En cambio, parecía que nosotros lo malográbamos más y para borrar la evidencia del "delito", simplemente tirábamos a la basura aquello que pensábamos "reparar". ¿A quien no le ha pasado que al querer armar nuevamente algo, por ejemplo, una mini-radio, no sabe de dónde han aparecido todos esos tornillos que al parecer, "han sobrado"?
But what I cannot hide is the fact that both my brother and I like to repair or fix broken stuff (or at least, we try so). I think that our natural curiosity is what we have inherited from our father, because he liked to repair everything that was broke at home: radios, broken toys, etc. But, at least, my father knew how to repair that stuff, because he was a self-taught person. He enjoyed to buy books or magazines on Mechanics or Electronics, with which he learned some of the craft. Meanwhile, it seems that we made them worse and in an attempt to "remove all evidence", we just throw away the stuff considered to be "repaired" by us. But, who has ever experienced that situation, when trying to assemble something again, for example, a mini-radio, that cannot figure out why there are so many screws left, which seems to have appeared "inexplicably"?
 
Mi papá no terminó la secundaria, porque era el mayor y tenía que ayudar a la familia, en este caso, a sus hermanos; pero eso sí, nunca le faltaban las ganas de aprender, aunque sea, por sí mismo. Le gustaba comprar libros de matemáticas o de electrónica, los famosos "Mecánica Popular" o "Selecciones" (que en esa época se llamaban Reader's Digests). Incluso tenía mucha afición por la filatelia y la numismática. Tenía una colección muy variada y hermosa de estampillas de muchos países y años. Y lo digo en pasado, "tenía", porque cuando encontré ese álbum de estampillas, pensé que eran stickers, y comencé a pegarlos en todas partes y en mis cuadernos del colegio (habían muchas estampillas conmemorativas de Mickey Mouse y el Pato Donald, asi que...¿cómo no iba a llamarme la atención?). Pero no puedo decir que me sienta culpable de mi travesura, porque solo tenía 6 ó 7 años cuando las encontré, pero ahora siento algo de nostalgia. Ahora que soy mayor, hubiera sido un recuerdo bonito que me recordaría a él. Y sobre las monedas, felizmente que no se me ocurrió hacer algo con ellas, porque aún las conservamos, muy bien guardadas, por si acaso.

My father did not finish high-school, because he was the elder son and had the responsibility to help the family, specifically, his younger siblings. But, despite everything, he was always willing to learn, even by himself. He liked to buy books on mathematics or electronics, the well-known "Popular Mechanics"  or Selecciones (as Reader's Digest is known in the Latin American version). He even liked Philately or Numismatics so much. He owned a beautiful and well-stocked collection of stamps, from may countries and of different years. And I say it in past tense, "owned", because when I found that stamp album, I thought that these stamps were stickers and I was pasting the "stickers" everywhere and on my school notebooks (there were son may commemorative stamps of Mickey Mouse and Donald Duck, so...how they would not catch my attention?). But I cannot say that I feel guilty about my mischief, because I was only  6 or 7 years old when I found the album, but now, I feel a little nostalgic about it. Now, I am a grown-up, and this album would have been a nice memories about him. And about the coins, fortunately, I did not "touch" them, so we still keep them, carefully stored, just in case.  

Ahora que ya soy adulta, lo extraño mucho, aunque cuando era pequeña, nunca lamenté su ausencia. ¡Qué paradójico!, ¿no? Como les había comentado en un post anterior, tengo a una tía a quien le estoy ayudando, y a veces, me siento impotente de no poder ayudarla más. Y como toda persona adulta, también tengo mis propias preocupaciones y anhelos. Y es en esos momentos, en que siempre pienso: "¿Qué haría mi papá en estos casos?". Aunque no lo haya conocido muy bien, instintivamente pienso en él, es algo que no puedo explicar. A veces le pido consejos a mi mamá, pero la mayor de las veces me deja con más dudas de las que ya tenía; pero eso sí, siempre me apoya en todo lo que decido. Felizmente, tengo a un hermano mayor que es muy parecido a mi papá y muy diferente a mí, en carácter y temperamento, claro está, y es a él a quien siempre recurro para pedir algún consejo, o cuando algo no me sale bien, como dice un refrán: "dos cabezas piensan mejor que una".

Since now I am already a grown-up, I miss him so much, although when I was a little girl, I have ever regretted about his absence. ¡What a paradox!, isn't' it? As I told you in a previous post, I have an aunt to whom I am providing some help, and sometimes, I feel  powerless not to be able to provide her more help than already provided.  And, as any adult person, I have also my own concerns and wishes. And here is when this comes to my mind: "What would my father have done in these situations?" Although I have not met him so well, I think about him, instinctively. This is something I cannot explain. Sometimes, I ask my mother for advice,  but most of the time she leaves me with more questions than I already had, but she always support me in all my decisions, instead. Fortunately, I have an elder brother, who resembles my father so much, and who is totally different to me, both in character and personality. Always asking him for some advice or when something goes bad for me, as a saying says: "two heads are better than one".

Muchas personas, como yo, ya no tenemos a nuestro papá a nuestro lado, pero aunque tengamos a un tío, abuelo o hermano que nos ayuda y guía como si fuera nuestro papá, un papá es irremplazable. Y los que tienen a su padre aún con ellos, traten de vivir cada momento como si fuera el último, disfruten y pasen un tiempo con ellos y aunque a veces los papás nos saquen "canas verdes" (sobretodo a los que pasan de los 30 años y tienen papás ya mayores), tengámosles mucha paciencia, así como ellos nos tuvieron cuando éramos pequeños y hacíamos nuestras travesuras. ¡Feliz día del Padre!    
                                   
Many people like me, do not have their father alive, but even if we have an uncle, grandfather or brother who provide all his support and guidance as he was our father, a father is irreplaceable. And those who have their father still alive, you should try to live every single moment as it was the last one, try to enjoy and spend more time with them, and even sometimes our fathers could "drive us mad", we should be more patient with them, as they were when we were little kids and did mischiefs all the time. Happy Dad's Day! 

LA SANBASAN (PARTERA) "MÁS FAMOSA" EN LA LIMA DE LA PREGUERRA: LA SANBASAN TOKESHI

La foto que muestro fue tomada el 27 de febrero de 1930.  Es una vista del patio de Lima Nikko en una ocasión especial.  En ese día, hubo un...